



"En este estado de cosas, ofuscados por los vapores hipnóticos del alcohol, descubrimos una atracción que despertó nuestra curiosidad. Era una carpa de pequeño tamaño, pero decorada de la manera más fantástica. En un gran panel situado sobre su vértice podía verse, toscamente recortada, una descomunal y terrible araña negra con cabeza de mujer. Entre sus pinzas, colgados desordenadamente de los hilos que la sustentaban, se balanceaban los cuerpos de sus presas, todas caballeros con pinta de no estarse precisamente divirtiendo. Este esperpento concentró nuestra atención de beodos desesperados. Un sencillo letrero luminoso dejaba leer el nombre de Migala..."
Con ilustraciones del autor
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