



Siempre me ha parecido observar en las figuras de los ángeles un halo que les ilumina, algo así como un fuego oscuro que arde en el fondo.
Esta poesía surge de ese lugar en el qué las lágrimas se convierten en ácido y la belleza a veces comparte sitio con el lado salvaje. Angeles y demonios, en la proporción exacta y única que todos llevamos dentro.
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