



Es probable que haya un médico para el alma y también para el corazón.
Es probable que haya venido y se mezclara con la gente común, caminara a su lado sin que ellos lo notaran, los tomara de sus manos en sus noches más negra, y comiera de sus manjares en su día feliz.
Es posible que no supieran su nombre, ni tampoco su morada.
Su comunicación es con los más necesitados, aunque para oír su voz es preciso estar en completo silencio.
Podrán verlo por allí aunque no podrán distiguir su rostro.
Es que su mirada es la de todos aquellos que sufren, y su andar el andar de los lisiados.
Lo veraz compartir su pan con el hambriento y cargar sobre sus hombros al yaciente, enjugar con sus lágrimas sus heridas y llevar sobre su pecho la desdicha.
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