



Nuestra ignorancia nos lleva a mezclar la bondad de Dios con la maldad de los hombres y le echamos la culpa de todas las calamidades evitables, sin reparar en que son consecuencia de las decisiones del ser humano. Dios hizo libre al hombre y éste toma sus propias decisiones y no tiene en cuenta a Dios para ello.
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Un emotivo relato en el cual el autor, al evocar un pasaje bíblico, puntualiza el hecho que la bondad de Dios no tiene nada que ver con nuestras decisiones, Dios nos ha hecho libres para decidir.