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La Redada del 4 de Abril

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  • Autor: David Cilia Olmos
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 103
  • Tamaño: 210x297
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Descargas: 321
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La madrugada del día 4 de abril de 1990, en la ciudad de México, más de 166 personas fueron secuestradas por la policía. Entre los detenidos se encontraban niños desde seis meses de edad y ancianos, además de una gran cantidad de hombres y mujeres en edad adulta. 

Todos ellos fueron amarrados y trasladados en vehículos policíacos al Cuartel dela Policía Judicial del Distrito Federal donde fueron interrogados como si fueran criminales. Las casas y oficinas donde habían sido detenidos  fueron saqueadas por la policía.

Niños de 4 a 11 años, fueron arrancados de las manos de sus padres para ser interrogados, a sus padres se les amenazó con desaparecerlos y asesinarlos junto con otros familiares.

Como en los viejos tiempo de Brigada Blanca y del Grupo Jaguar, a todos los policías de la ciudad de México se les ordenó cercar colonias enteras, derribar puertas en lugar de tocar el timbre, disparar en lugar de ordenar “manos arriba”, incomunicar familias completas y vecinos, secuestrar a pacíficos ciudadanos y torturarlos frente a sus hijos, padres y hermanos, torturar a familias completas para que se declararan culpables de delitos que jamás imaginó.

Así la policía Judicial del Distrito federal, la Policía Judicial federal, el Grupo Especial de respuesta Inmediata y la Dirección  de Seguridad Nacional imponían un virtual estado de sitio y desplegaban el Operativo Guerrilla, nombre clave que se le dio a la redada policíaca del 4 de abril. Esta era la forma en la que el Procurador de Justicia del Distrito Federal acataba las órdenes del presidente de México, Carlos Salinas de Gortari de resolver el caso de dos vigilantes del periódico La Jornada ocurrida dos días antes.

A 23 años de esa terrible y masiva violación a los derechos humanos, hay que recordar a las víctimas de la redada del 4 de abril del 90 y hacer el reconocimiento a su valor civil y heroísmo frente a las torturas. 

Este libro está dedicado en especial a la abuela de uno de los militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre, quien murió a consecuencia directa de la brutalidad policíaca.

También está dedicado a los y las niñas, a las familias enteras, a los ciudadanos y combatientes por la libertad y defensores de los derechos humanos, a los periodistas comprometidos, y al abogado Adán Nieto Castillo que hicieron posible que esta infamia se revertiera y años más tarde todos los detenidos quedaran en libertad.

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