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Curvas y otras fatalidades

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  • Autor: Daniel Hermosel Murcia
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 168
  • Tamaño: 150x210
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • ISBN Libro en papel: 978-84–92662-13-5
  • Descargas: 591
  • Vendidos: 2
Ver ficha técnica completa

"Me encanta conducir de noche, en calma, atravesando carreteras perdidas, mientras escucho mi música triste sobre el murmullo del motor. Conduzco sin destino, en un peregrinaje nocturno hacia el amanecer de una nueva semana. Ese es el momento que marca la hora de regresar a mi cueva, dejar de ser yo y dormitar y vegetar y vomitar, hasta que el sol se apiada de mi desidia y hace mutis por el viernes. Entonces vuelvo a la carretera. "

Así comienza Curvas el relato nos llevará hasta el mar por carreteras oscuras y sinuosas, dando luego paso a otros cuentos breves pero no por ello menos fatatídicos.

1 comentario sobre este libro Regístrate para comentar sobre este libro
24 de Abril de 2010 por DanielHR
Como su nombre indica, Curvas es el primer relato que nos encontraremos al abrir el libro. Leerlo supone embarcarse en una deliciosa road movie literaria en la que se dan cita el amor, el sacrificio y la desidia por una vida a punto de consumirse. El argumento recuerda irremediablemente a Telma y Louise y su lectura es más que recomendable. ¿Quién no se ha sentido alguna vez como Claudia? ¡Ojo! No me estoy refiriendo únicamente a su ambigua relación con Graciela, esa nueva Lolita del siglo XXI de la que no puede evitar enamorarse, sino en la confianza que deposita en ella nada más conocerla. Los encontrados sentimientos que la joven despierta en la protagonista serán el eje central del relato.
Hay una escena en particular que hizo que se me encogiera el corazón. Tras una larga jornada al volante, las dos amigas deciden detenerse a recuperar fuerzas en el clásico restaurante de carretera. Es entonces cuando Graciela, descubre que unos matones la están buscando y, argumentando una débil excusa, se marcha al baño. Su ausencia hace sospechar a Claudia, que descubre aterrorizada que su bolso y su coche (su vida, al fin y al cabo) han desaparecido. Puedo asegurar a los lectores que el dramatismo de ese momento es extraordinario. Ese temor a ser engañada por una desconocida… Es muy difícil que un autor haga que te identifiques con el protagonista de su historia. Y a todas luces, Daniel ha sabido hacerlo. El final del relato es todo un ejemplo de esperanza algo que, queramos o no, se echa de menos en estos tiempos.
Con respecto a las fatalidades, éstas demuestran la versatilidad del autor para “jugar” con los más diversos géneros, desde el clásico relato de terror (Alien) hasta el fantástico (Prólogo de Dragón) pasando por las más lúgubres composiciones (Mar de cristal) y las vidrieras más luminosas (Orquesta).
Cinéfago callejero es la primera de esas fatalidades. El texto nos muestra el retrato de cualquier escritor (disfrazado de espectador de cine) que sale a dar un paseo por la noche. Muchos amigos de Crítica Literaria se verán reflejados en el protagonista, que al fin y al cabo, no deja de ser el propio lector. El narrador actúa como una voz en off que nos sumerge poco a poco en las oscuras avenidas de nuestro barrrio, camuflándose en la luz anaranjada de las farolas y en las hojas secas arrastradas por el viento.
Le sigue November, uno de mis relatos preferidos. Leerlo ha sido como regresar a la infancia o a la adolescencia, cuando en ese camino que te llevaba al colegio, no hacías más que recordar a aquella compañera de clase que te traía de cabeza. Me ha encantado revivir con este relato aquellos días tan extraordinarios. Los amantes de los días de lluvia y la nostalgia tienen aquí una cita ineludible.
Mar de Cristal es la más cruda desesperanza convertida en relato. Se trata de un cuento en el que el tedio de la vida cotidiana se mezcla con la muerte. Sin embargo, el lector podrá resarcirse leyendo Orquesta, una bonita estampa propia de un domingo por la mañana, y que es todo un canto al optimismo.
La Dama y el Dragón nos abre la puerta del género fantástico, pero no nos engañemos, pues es la poesía la que llevará el peso del relato, y no la acción. Para ello tendremos que esperar a Prólogo de Dragón, en el que asistiremos a una batalla al más puro estilo de las filmadas por Peter Jackson en El Señor de los Anillos. La épica resistencia de un ejército que libra su último combate se ve condenada al fracaso cuando el Dragón protector de la ciudadela es abatido por las flechas enemigas. Luchas encarnizadas, mandobles y bolas de fuego terminan por dar al relato ese toque heroico que lo hace muy atractivo.
La hora del lobo nos transporta a esa última frontera que hay entre la realidad y el mundo de los sueños, cuando a primera hora de la mañana, nuestra mente abandona su viaje por la mágica (y a veces tenebrosa) tierra de la fantasía y vuelve perezosa al mundo real. En esta duermevela, todavía lograremos distinguir los últimos vestigios de un sueño que, poco a poco, irá apagándose.
Sin resentimientos es una apuesta por el humor negro y un relato con “trampa”, uno de los recursos que más estimo en Daniel. Lo que a primera vista parece la fría y calculadora reflexión de un asesino, se convertirá en… Bueno, comprenderéis que no pueda seguir. Lo que sí es cierto es que nos encontraremos con más relatos de este tipo conforme profundicemos en la obra de nuestro autor. A veces hay trampas en las que merece la pena caer, y si éstas están preparadas por Turambar, mejor que mejor.
Pillados es… es… eh… uhm… La verdad, no lo sé. Es una composición muy libre, no sé si surrealista, simbolista o cualquier palabreja de esas que usamos cuando no nos enteramos bien de algo. Quizá podamos considerarlo como un capricho de Daniel, un divertido juego con el que intenta confundir al lector. El nivel del juego aumenta de dificultad en La culpa, otro texto libre que está muy bien conseguido. En este caso, tenemos un diálogo de pareja en el que los secretos (mentiras, infidelidades…) y la monotonía se ocultan tras unos puntos suspensivos que, al final del relato, se convertirán en la nota predominante.
Y terminamos con Ordenador, un oscuro relato de ciencia ficción que nos sumerge en la perenne búsqueda de la armonía y la erradicación del mal, aunque en este caso, el caos pueda estar dentro del propio hombre. Cuando el mal se apodera de todo un mundo, a veces es mejor aniquilarlo todo y empezar de cero. ¿Y quiénes podrían hacer mejor esa tarea que nuestras propias creaciones? ¿Qué mejor lógica que la de una fría máquina?
Alien no se queda atrás. Debo decir al lector que fue una de las primeras historias que leí al abrir el libro y que, gracias a ella, me animé a seguir con su lectura. Pero, ¿qué nos cuenta Daniel en Alien?
A primera vista, tenemos a un personaje anónimo perdido en un planeta extraño. Ignora como ha llegado hasta allí, pero una cosa sí que está clara: nuestro amigo está permanentemente vigilado por unos inquietantes seres de grandes ojos negros ("nunca sé dónde están mirando") y piel grisácea. Su enfermiza apariencia hace que los evite como el fuego, si bien casi nunca lo consigue. Siempre que el terror da paso a la lucidez, el visitante recuerda a su familia, quizá situada a millones de años luz. Pero las misteriosas criaturas permanecen vigilantes, y la paranoia y el terror vuelven a nublar la mente del viajero.
Cosas de mosquitos casi puede considerarse como un éxodo bíblico, una exaltación del nacionalismo mosquitil, un discurso épico que promete un mañana mejor... Sí señor, los mosquitos también han creado su propia sociedad, pero ésta se encuentra al borde del abismo. El preciado maná rojo es cada vez más escaso y los líderes de la colonia se ven obligados a pedir a sus súbditos un esfuerzo casi supremo. No obstante, en medio de la multitud que aplaude al líder, hay un individuo que se rebela.
Cosas de lagartijas es un relato optimista y con afán de superación, casi con ecos de una canción de Amaral ("Mañana será un día más / un día menos / en todos los idiomas..."). Las dificultades siempre pueden superarse y la vida, aunque algunas veces sea de color negro, también tiene instantes luminosos y llenos de color (Mira siempre hacia el lado luminoso de la vida, que dirían los Monty Python). Y esta pequeña lagartija nos lo demuestra. Ya lo dice Daniel: "La vida es divertida y emocionante aunque tenga sus peligros". Su némesis la encontraremos en Galerna, un texto gris y oscuro, igual que los días de lluvia que describe, en el que la monotonía y el aburrimiento dan paso a la depresión y a la muerte, siendo testigo de todo el inquieto mar.
Sueños fríos es una mini-trampa, un microrrelato que nos enseña que, pese a la aparente felicidad de esa pareja, la insatisfacción puede aparecer en cualquier momento. ¡Qué diferente, en cambio, resulta todo en Esto que te cuento! Aquí el amor ha conseguido sobrevivir a la muerte, aunque a veces sea necesario pasar página y reconocer la amarga realidad.
Veneno es otro microrrelato, una reminiscencia del reino prohibido al que no se puede acceder... salvo si has comido de la fruta de la que nadie puede comer... ¡Y a la porra la rima!
Si sois amantes de la poesía, tenéis una cita con Cuitando, un poema en prosa que nos transporta a las camas vacías que se llaman soledad... (Sí, ya lo sé. Hoy me he levantado con un hilo musical de fondo). ¿Qué mejor manera de derrotar a la soledad que dormir y soñar con lo que se ha perdido?
Nos despedimos de las fatalidades con El ángel de Santa Clara, un oscuro relato que se desarrolla en medio de un paraje abandonado, digno de un Diario del miedo de Íker Jiménez. Quizá la tensión resulte un tanto sutil (de hecho, no es una historia de "miedo" al uso), pero el tono melancólico y lóbrego del cuento nos obliga a compadecernos de ese niño que cae víctima de un eterno y frío sueño.