




Doy al lector un conjunto de cortos
escritos que llamo retratos. La mayoría son de personajes y personas del mundo
de la política y del futbol. No hay nada predeterminado en ello; simplemente ha
surgido así en estos dos colectivos, pero la cosa será ampliable a otras
personas de otros mundos, aunque estén en este. A veces son personajes
colectivos, o personajes que la historia les has dado un rol de colectividad.
En nuestra historia literaria lo comienza quizá El Lazarillo de Tormes, pero es Quevedo con su Buscón quien le da marchamo literario específico. Esta es sola una
opinión de simple lector de los clásicos. Me gusta el género, siempre que el
retrato trascienda lo meramente físico y sea el espejo de una idea, un
comportamiento, una representación de algo que está en esa cosa que llamamos
sociedad o en una parte de ella. Y todo en el tiempo y en el espacio, porque,
lo notable, lo extravagante, lo aborrecible, no admite generalización. Retratos
de personas, historias de la historia y colectivos que irán creciendo -eso
espero- al socaire de la denuncia y de lo peculiar. A veces en tono jocoso, a
veces intentando lo sarcástico, otras lo hagiográfico, pero siempre que sea
destacable, huyendo de lo trivial y manido como de la peste. Esa es la
intención: que lo consiga o no será deudor mi parco ingenio.
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