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LAS AVENTURAS DE LAURITA Y VALENTINA (y dos cuentos más)

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  • Autor: Antonio Mora Plaza
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 168
  • Tamaño: 170x235
  • Interior: Color
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Descargas: 279
  • Vendidos: 4
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Como ya es sabido, Valentina y Laurita eran dos gemelas de nueve años que gustaban mucho del paseo por el bosque. Correteaban, saltaban, recogían flores, las deshojaban, imitaban el trinar de los pájaros y, a veces, se subían a los árboles si no eran muy altos. Lo que no sabían ellas era que con ello las flores morían, los pájaros se veían burlados y los árboles sufrían sintiendo que podían caerse. Sí, porque los árboles sienten y padecen, aunque los humanos no nos lo podemos ni imaginar. Un día, en unas de sus correrías, cuando hacía viento y cerraban los ojos para evitar lo importuno de su acción, cayeron en una cueva. Y sintieron caer en blando a pesar de que perdieron la noción del tiempo de caída porque se les hizo eterno. La cueva estaba llena de espejos y galerías, de tal forma que parecía un laberinto; un laberinto, pero sin ninguna geometría, de forma caótica, como trabaja la naturaleza cuando no la desvirtúa la mano del hombre. Notaron ambas que cada galería por la que se internaban olía a perfumes que nunca habían olido; también, que en los recovecos de las galerías habían innumerables anillos, collares, pulseras y piedras preciosas de tales colores, brillos y transparencias que nunca habían visto. Todo les resultaba como en un sueño. Sin embargo, cuando fueron a coger alguna piedra preciosa, algún collar, no notaban el tacto y eso las asustó. Pero hubo una excepción, porque Valentina tomó un anillo que fulguraba en extremo, se lo colocó en su dedo corazón y lo sintió pesado. Y así pasaron el día, trotando, probándose y vuelta a quitar todos los anillos, collares, pulseras y piedras preciosas que encontraban a su paso, hasta que, agotadas, se quedaron dormidas.

         Y entonces… se despertó Laurita. Sí, todo había sido un sueño, pero cuando se iba a dar la vuelta para agarrar de nuevo el sueño miró a la cama de su hermana; vio que la colgaba el brazo derecho y, a continuación, el corazón le dio un vuelco porque vio también que del dedo también corazón de su hermana estaba anudado un… anillo: era el mismo anillo que el del sueño. No podía creerlo. Despertó a su hermana y le dijo:

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