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Liderazgo Emprendedor

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  • Autor: Juan Carlos Medina Velandia
  • Editor: LandFord
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 61
  • Ebooks vendidos: 2
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Cuenta la historia que en una importante multinacional que denominaremos “LEAD” el dueño y presidente de la empresa “Tom” había decidido retirarse para darle las riendas de su emporio a un joven ejecutivo, hombre o mujer, cuya principal característica fuera la de ser un excelente líder para que continuara con el emprendimiento de su vida. Este hecho marcaría un nuevo rumbo en el negocio, pues se hacía menester elegir un sucesor idóneo y capaz, no sólo de reemplazar a “Tom” sino de potenciar su obra.

 

Nos encontramos en algún lugar del mundo, tal vez en su país y en su ciudad, o muy cerca de ella. Los protagonistas son los empresarios y todos aquellos emprendedores que con audacia y dedicación han forjado negocios familiares, comenzando de la nada y con un solo centavo en el bolsillo para llegar a lo que son hoy en día, verdaderos emporios en donde no habría bolsillo lo suficientemente grande para almacenar los beneficios que se generan a diario. Pero más allá del dinero, les enorgullece su obra, y más que el reconocimiento exterior, se sienten plenos y extasiados con el aprecio de sus empleados.

 

Estos resultados sorprendentes que no fueron forjados, ni en uno ni en cinco años, sino en más de medio siglo, son ejemplo para la juventud de hoy en día, que quieren obtener los resultados cada vez, más y más rápido, en un abrir y cerrar de ojos, como si la obtención del dinero fácil fuera suficiente recompensa para sacrificar lo que sea. Es un culto a la paciencia y a la tenacidad, al esfuerzo y a los férreos valores, de aquellos empresarios de antaño, que mano a mano y codo a codo trabajaron junto a sus más leales colaboradores para crear industria y convertir los sueños en realidades.

 

¿Qué si tuvieron fracasos? Claro y muchos ¿Qué si se les presentaron dificultades? No cabe duda ¿Qué si tuvieron ganas de renunciar y rendirse? En el cuerpo de cada uno de estos hombres experimentados, se reflejan las marcas de los desvelos y frustraciones. Pero, a pesar de los obstáculos, creyeron en su destino y en su misión por encima de todo, se aferraron a la más pequeña motivación para mantenerse en el camino, y supieron ser leales y gallardos con sus adversarios y compañeros de lucha.

 

Si realizáramos un paralelo entre los ancestrales líderes y los actuales, encontraríamos que los primeros vivieron épocas sin la presencia de Internet ni el acceso fácil a la información, pero a cambio les sobró pasión e iniciativa; no existían las mismas facilidades para la investigación y el sondeo previo, pero éstas fueron suplidas con la recursividad y una aguda intuición; no contaban con los recursos y facilidades del mundo moderno, pero nunca les faltó el hambre de logro y la persistente visión; no afloraban las oportunidades de los mercados internacionales, pero en su lugar los acompañó siempre la enjundia y la dedicación.

 

Nuestros viejos emprendedores nacían y se hacían fruto de sus circunstancias familiares, sociales y situacionales, que los preparaba para afrontar por sí mismos su destino, eran capaces de abrir trocha y de sembrar en terreno fértil su futuro patrimonio, el cual sería heredado a las siguientes generaciones; recordemos que para nuestros abuelos era fundamental garantizar la estabilidad monetaria de sus hijos y nietos. En contraposición, los emprendedores actuales se fabrican en botica, surgen y desaparecen como por arte de magia, cuentan con todos los soportes y preparación para alcanzar el éxito, pero adolecen de la constancia y persistencia requeridas para que los negocios perduren en el tiempo.

 

Durante muchos años nos acostumbramos a ser empleados, con las comodidades naturales que esto representa, y la consecuente reducción de las habilidades emprendedoras, que se forjan cuando existe la necesidad de conseguir recursos, asumir los riesgos, manejar la incertidumbre, tener hambre y desarrollar la capacidad para ser un poco toderos.

 

Unos y otros han sobresalido por sus habilidades directivas y de liderazgo, porque en toda actividad y en cualquier época, siempre se han necesitado las pequeñas sociedades, el trabajo en equipo, la colaboración y el esfuerzo conjunto. Con más o menos centralización, con mayor o menor delegación, con más o menos iniciativa, con mayor o menor esfuerzo, pero al fin y al cabo, ejerciendo el liderazgo. Aunque los antecesores eran más persistentes, los líderes de hoy son más entusiastas; los primeros eran integrales y los de ahora son especialistas; primero idealistas y después prácticos, iniciaron siendo recursivos y se convirtieron en ágiles, y así sucesivamente podríamos seguir diferenciando los estilos de emprendimiento de cada época.

 

Pero lo primero es lo primero, y en nuestro caso se trataba de escoger una empresa que fuera capaz de representar al gremio, destacada por sus logros materiales y sociales, reconocida por sus pares en su trayectoria y superación de dificultades, guiada por un líder intachable y admirado, fiel reflejo de lo que aspiramos algún día a ser. Dentro de la organización debía fluir e incubarse algún cambio organizacional que nos sirviera de ejemplo para analizar las experiencias de liderazgo y las cualidades esenciales de desempeño. Aunque la labor aparentaba ser ardua y dispendiosa, coincidimos pronto en el candidato ideal, bajo el nombre de “Lead” se amparaba un negocio pujante y complejo, y en las manos experimentadas de “Tom” se erguía un Líder ejemplar.

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