Durante siglos, el nombre de María Magdalena estuvo asociado al pecado y se identificó como una endemoniada, una adúltera y una prostituta, pasando a ser un personaje secundario en la tradición evangélica, a pesar de que fue testigo viviente, entre otros, de dos pasajes cruciales de la vida de Jesús: el de su muerte y el de su resurrección.
Pareciera que el hombre se opusiera a que el inmenso amor de Jesús y su infinita misericordia alcanzaran a Magdalena, pese a que jamás discriminó su perdón por razones de sexo, clase o condición.
Menos mal que, aunque tarde, como casi siempre, la Iglesia católica rectificó y, en 1969, el papa Pablo VI retiró del calendario litúrgico el apelativo de "penitente" adjudicado tradicionalmente a Magdalena. Igualmente, y desde esa fecha, dejó de emplearse en la liturgia de la festividad de María Magdalena la lectura del evangelio de Lucas (Lc 7, 36 - 50) acerca de la mujer pecadora. A partir de entonces, la Iglesia católica ha dejado de considerar a María Magdalena una prostituta arrepentida y, sin embargo, esa es la visión que continúa estando enraizada en muchos católicos que aún la consideran una rosa de pétalos negros.
Ésta no es una biografía de María Magdalena, sino una misceláneade los hechos de Jesús en los que ella estuvo presente y da testimonio del infinito amor de Dios y de su inmenso perdón sin condiciones.
20 de Febrero de 2011 por Gaviotaextraviada Un relato tejido con seda de la más fina y tratado con extrema delicadeza. Poesía e intensa emoción cunden por.sus páginas muy bien documentadas. Su máximo valor: contiene la fuerza de una oración. Expresa el inmenso amor de Dios y cómo nos alcanza a todos.
Un relato tejido con seda de la más fina y tratado con extrema delicadeza. Poesía e intensa emoción cunden por.sus páginas muy bien documentadas. Su máximo valor: contiene la fuerza de una oración. Expresa el inmenso amor de Dios y cómo nos alcanza a todos.