



Kaisei alarga sus horas entre lienzos, hojas en blanco, perdido en su habitación. Consciente de que esta se puede transformar en mil mundos incomprensibles.
Erottica, al otro lado del balcón, parece por momentos una fantasía, por momentos una realidad, sumida en su música extraña y su ego.
El límite siempre es difuso. Las certezas, escasas.
Lo único real es el presente.
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