



Él sabe que la vida a veces es amarga, pero que incluso en lo más amargo, existe un punto de placer. No se rompe la cabeza. Vive su vida, de la mejor forma posible, y elude plantearse preguntas. Sabe que rara vez llega a alguna conclusión...
Y un día, de mañana, el aire huele raro. No tendrá que hacerse preguntas, tendrá que sobrevivir.
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