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Los cuatro gigantes del alma

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Impuestos no incluidos
  • Autor: Emilio Mira y López
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 223
  • : 978-84-611-1466-3
  • Ebooks vendidos: 2
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Nunca como ahora, que se está gestando el cauce social del nuevo hombre, se ha hecho tan necesaria la investigación científica —objetiva y sistemática— de la naturaleza humana. Nunca como ahora, también, ha sido tan conveniente que los datos alcanzados por la ciencia se pongan al servicio y beneficio del mayor número posible de personas, para contribuir al alivio de sus pesares.

Así como hay enfermedades hay sufrimientos evitables con sólo observar algunas sencillas normas de conducta. Pero éstas no pueden ser impuestas a nadie, sino que han de ser creadas y adoptadas por cada cual voluntaria y satisfactoriamente, en la medida en que se desgajen de su criterio de acción, de un modo tan sencillo y natural como un fruto maduro se desprende del árbol en que se engendró.

De aquí la conveniencia —y casi diríamos la imperativa urgencia— de ilustrar en los fundamentos del autoconocimiento a la mayor cantidad posible de adultos. Éstos alcanzan, espontáneamente o por estudio, una visión aceptable del mundo en que viven, pero ignoran casi todo cuanto hace referencia a su propio universo personal, del cual aquél no pasa de ser, en definitiva, más que una parte extrapolada.

Dos grandes obstáculos, empero, dificultan este autoconocimiento que Sócrates ya reclamaba, como principio de toda actuación: el primero de ellos consiste en que la propia inmediatez dificulta enormemente todo intento introspectivo (del propio modo como cuanto más acercamos un objeto a nuestra vista peor lo vemos); el segundo deriva de los cambios constantes de nuestro tono vital —reflejados en nuestro humor y en nuestra auto confianza— que nos llevan a teñir siempre el auto juicio estimativo, dándole un exagerado color de rosa o un injustificado tono de oscuro pesimismo. En efecto, el hombre pasa, casi sin término medio, de considerarse el "rey de la creación" a creerse "simple barro"; unas veces se auto juzga como espíritu "cercano a Dios" y otras como una "máquina de reflejos".

Hasta hace apenas medio siglo, la psicología aparecía dividida —al igual que la filosofía— en dos campos ideológicos irreconciliables: en uno se hallaban quienes creían que la esencia y sustancia del hombre es un principio sutil, inextenso y eterno, llamado "alma"; en otro militaban quienes opinaban que desde el más profundo de los idiotas hasta el más excelso de los genios, no pasan de ser acúmulos de materia que toman la forma de "cuerpo humano". Éste, en una de sus partes —el cerebro— engendraría la conciencia, de un modo tan directo y natural como el riñón segrega la orina.

Esas dos actitudes (idealista y materialista) más o menos suavizadas y disimuladas constituían la base de los sistemas psicológicos imperantes. Afortunadamente, hoy se ha superado la "impasse" y comienza a surgir la síntesis dialéctica, impulsora de nuestra ciencia: el ser humano es, sí, un acumulo de sustancia viva, una inmensa colonia celular —si se quiere— pero en él se observan, además de las actividades propias de la vida "elemental" de cada una de sus micro partes, otras —globales, individuales, inter y supracelulares o personales— que le imprimen un peculiar modo de vivir y comportarse, asegurando no solamente su persistencia en el espacio y en el tiempo, sino su expansión y trascendencia en otro plano, más reciente: el plano superpersonal o social.

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