





No sé si soy un poeta. Dicen
algunos que lo soy, y yo sin saberlo. Sabía qué era un poema, pero no sabía qué
era un poeta. Cuando mi corazón no podía contener las palabras, mi mano derecha
las extendía sobre el primer papel que tuviera al alcance. Alguien leyó una vez
y dijo que era bonito. Luego mi corazón no necesitó expresarse más hasta que
conocí a la que ahora es mi mujer. Luego un tiempo de normalidad social, hasta
que murió mi madre; después no he parado de escribir. Ahora que ha nacido mi
hija y he regresado a mi pueblo, vomitado desde el caos de la urbe, no encuentro palabras para expresar todo lo que me sugiere el corazón.
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