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Un atardecer de Junio

  • Autor: Josetxu Canibe Berganza
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 192
  • : 978-84-614-2851-9
  • Descargas: 139
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Creo que todo libro es un reto, puesto que implica dar respuesta a una serie de preguntas. No en vano se dice que para escribir una biografía se necesitan seis años. Cuando la Fundación Isidro Uzkudun me propuso el proyecto de escribir la vida de Isidro, lo primero que me planteé fue si este hombre, si este misionero asesinado cobardemente tenía algo que aportar a nuestra sociedad del siglo XXI. Si su conducta, su estilo, su entrega pudieran ser un referente, pudieran entrañar un mensaje a nuestra gente

No quiero ser mártir

Isidro fue un hombre normal, que no quiere decir mediocre. Aunque la expresión parezca contradictoria, fue un hombre corriente y al mismo tiempo extraordinario. Detalle que muchos de los lectores han percibido. Muchos analistas de nuestra sociedad denuncian que le falta, que carece de referentes , de modelos cercanos. Distintos lectores me han comentado el impacto recibido al escucharle:”Yo no quiero morir en Ruanda, no quiero ser ningún mártir. Lo que deseo es jubilarme y disfrutar de la vida en San Sebastián”. Ciertamente no se sentía llamado a alcanzar las cumbres de la heroicidad, aunque después, las consiguiera

 

Chulo de pueblo

Por otro lado, algunos observadores anotan que actualmente la sociedad valora, admira lo auténtico. Por eso gusta de las biografías. Sin duda ninguna Isidro destacó por su transparencia, por su autenticidad, por rechazar la doblez, la falsedad, la hipocresía. He tenido cuidado para no idealizarle. Un compañero sacerdote le espetó: ”usted es un chulo de pueblo”, al mismo tiempo que otro compañero comentara: “fue una convivencia gratísima y rica humana y espiritualmente. Creo que me tocó vivir con el mejor amigo que he tenido en mi vida y de cuya experiencia guardo un recuerdo inolvidable”

Isidro por su sencillez, por su naturalidad, por su autenticidad y por su entrega y honestidad puede servir de referente a gente religiosa y no religiosa, creyente y no creyente.

 

El tal Isidro, una gran persona

Volviendo a los retos y a los objetivos, la vida de Isidro es un mentís rotundo de la frase  del actor británico, Hugh Laurie : “las personas virtuosas son falsas y aburridas”. No he inventado nada. Simplemente he pretendido presentarle tal como fue. No sé si lo he conseguido. Como manifestó una folclórica “eso lo tiene que decir el público”. Y del público recojo  tres testimonios. Los tres son laudatorios, ya que los críticos, los negativos no se suelen transmitir al interesado. Los dos primeros me han llegado indirectamente. Uno de ellos pertenece a un misionero, que ha trabajado muchos años en Ruanda y decía lo siguiente: “Quiero subrayar el valor que da el autor a la pura anécdota. (…)  Y añade: “Quiero insistir en un aspecto importante. Con relación a Ruanda nos encontramos en una situación grave de desinformación, de presentación del nuevo régimen político en plaza como modelo de desarrollo para África. La mayoría de los periodistas pasan de largo de los lugares donde vive y sufre el pueblo humilde. (…) . A esto vengo: a que he encontrado al autor del libro valiente primero para recorrer el país por los lugares donde el hombre sufre; y luego para contárnoslo. Con un lenguaje llano y sencillo, sin levantar la voz, como un periodista que se limita a decir lo que ve con palabras ordinarias, como quien no hace más que lo que debe, dice las cosas que es urgente decir sobre Ruanda actual, y que parece que otros no ven”.

El segundo comentario proviene de José Antonio Pagola,  quien en un correo enviado al Secretario de la Fundación,  dice  “me parece acertado. Es ágil, agradable y lleno de pinceladas que acercan de alguna manera a su figura, aunque acercarse al misterio de una vida es tarea imposible. He   escuchado comentarios muy positivos”. El tercero lo recibí directamente por correo electrónico también: “ayer en el viaje, leí el libro. ¡Me ha encantado!. Varias veces lloré. Me ha parecido fantástico, muy ágil de leer, expresivo, vital, rico. Y el tal Isidro gran persona”. Quizá esta última lectora se ha pasado algún pueblo. Pero conociéndola, no es para despreciar su testimonio.

 

El entorno

He dedicado varias páginas del libro a describir el entorno de la vida de Isidro, que vivió 35 años en Ruanda, en África. Por ello, recordando la  conocida observación de Ortega y Gasset:”El hombre es su yo y su circunstancia”, me he detenido en el entorno pues es la única manera de comprender la vida de Isidro.  Me he extendido suficientemente en describir la situación turbulenta de Ruanda y de la República Democrática del Congo especialmente los últimos 20 años. Isidro no sólo estuvo y está cerca de África. Se ha hecho tierra suya en un abrazo permanente. Su cuerpo fue enterrado en suelo ruandés.

 

Recorría caminos

Nuestra sociedad, nuestra Iglesia necesita de personas referentes, imitadoras del buen samaritano. Los viejos misioneros (y los nuevos) se han ganado el respeto de la opinión pública. Isidro gustaba de visitar los caseríos, los poblados dispersos por las colinas dialogando sin prisas con sus habitantes. Entablaba conversación con los numerosos transeúntes. Los senderos de Kayenzi y de Mugina ya no conocerán el caminar de un quijote, que hablaba a las gentes repartiendo bondad, soluciones y ánimo. Fue “la rama del árbol en la que los pájaros se posaban”. Termino con un deseo: que los viejos misioneros nunca mueran.

 

                                                                                               Josetxu Canibe

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