



A sus 25 años Ernesto no sabía hacer nada. Es un relato corto sobre el drama del desempleo, la ferocidad laboral, la inadaptación y la mordacidad del entrevistador, que ostenta un poder casi divino. Un escrito que brindo a quienes aún creen en este viejo proverbio: Las grandes almas tienen voluntades, las débiles sólo deseos.
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