



El pabulo del rumor, en la sucesión de Marco Ulpio Trajano, ha dejado con los años un rastro de intrigas, maquinaciones y traciones para conseguir la ansiada púrpura.
Este rumor, en algunos casos ahondó en el terreno de lo indudable y no deja fuera de aquellas maquinaciones a la propia esposa del emperador, Pompeia Plotina, a la que algunos acusan de haber actuado más allá de los límites lógicos, llegando a enfrentarse a lo que más temía la acendrada superstición del pueblo romano: la muerte.
Cierto o no, el nombramiento de Adriano para acceder al Imperio es uno de los mayores misterios que rodean el devenir del Imperio Romano, en su época de mayor esplendor.
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