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HIJOS DE CAIN

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  • Autor: jose francisco santiago fernandez de obeso
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 621
  • Tamaño: 210x297
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • Descargas: 3
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Maikel admira la labor de Melody. Sabe que todas las personas de este mundo serían mejores con los demás y consigo mismas, crecerían emocionalmente más sanos, sufrirían menos con ayuda de la sicología. Siente que el pensamiento es un arma poderosa a la vez que una carga constante, inevitablemente constante, cuya pesadez resulta tantas veces insoportable. Que el suicidio sea la primera causa de muerte entre los humanos debiera hacernos reflexionar con sosiego sobre la insoportable levedad del ser, fragilidad tanto física como mental. Ese Discurso Interior en un entorno predeterminado, bestial, que llamamos civilización. Crecer tiene lo suyo, la juventud dura lo que dura, la madurez tiene su puntazo y la vejez es el tiempo de la basura. Se pueden interpretar de otra manera pero los hechos suceden. El suceso es uno y las interpretaciones tantas como pensantes.  Maikel dice que nada tuvo importancia y se la dimos, ¡to pa na! Antes que nosotros pasaron millones de muertos, después de nosotros… ¿Inmortales? por supuesto. Antes de nacer ya éramos, después de morir seguimos siendo. Polvo antes, polvo después, viajamos con el viento. La forma humana, estado pasajero, uno más del polvo cósmico, como cualquier otra forma de vida, ni más ni menos. No pasa nada. Nada es lo que parece. No tiene importancia, se la damos, que es cosa diferente. Podemos celebrar nuestra insignificancia, nada tenemos pues nada nos pertenece. El cuerpo es nuestra prisión y parece que no queremos escapar de él. Carne y hueso que se pudrirá, como todo. La búsqueda del placer nos hace adictos a la vida y aunque no se cumpla nos mantiene aferrados al deseo, querer la vida, temer la muerte. Finalmente solo aspiramos a sentirnos vivos, como sea. El gozo quizás se reduce a eso y nos aferra a la vida como ventosas a la superficie. La materia, la coñona materia y su dictadura, su kímika hacedora del instinto de supervivencia. El Ego incompatible con la Humildad y la Insignificancia.

 

No se echa de menos lo que no se sabe que existe. No se siente. Si se abre la mente al Conocimiento surge el Deseo que se confunde con la Necesidad. La barbarie es el escenario caótico del “yo más que tú”. Y este escenario lo llamamos civilización y nos autoproclamamos con autoadmiración, seres inteligentes, homo sapiens, hijos de Dios, hacemos Historia, diseñamos el Futuro.  Sobrados de Miedo, expuestos al Dolor Físico y Sufrimiento Mental. No tengáis duda, después de esta vida nos espera el Paraíso: la Paz.

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