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Guirnalda de púas

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  • Autor: Edgar Alejandro Romero Vargas
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 126
  • Tamaño: 210x297
  • Interior: Blanco y negro
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Mate
  • ISBN Libro en papel: 978-607-00-9642-6
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Guirnarlda de Púas: Una Quietud que conoce paraísos y tormentos.

 

 

¡Lector! ¿Ha visto la belleza transformarse en dolor? Pues aquí tiene ante sus ojos  una obra que le hará saber  de tal metamorfosis. Yo le llamaría, “la mariposa que se transforma en oruga”.  Sin duda, al leer “Guirnaldas de Puas”, podemos notar una temporalidad.  El poeta ha cruzado desde  los cielos a los infiernos.  Ha sentido  de tal manera, que su poesía se ha vuelto púa, hiriente como el alambre que alguna vez fue tierno e inofensivo.  Este es un estado posterior, una quietud que no está ausente de pasión sino que es a la vez poética.

 

Para ver esto con  mayor claridad, podemos pensar en “Guirnaldas de Púas” como  un mundo ajeno al nuestro  al cual nos vamos adentrando en versos.  Encontraremos allí paraísos, lugares lúgubres, pasiones, deseos, burlas e ironías, movimientos metafóricos y cuantas cosas  yo  pase por alto y el lector percate.  Pero inmerso en todo ese paisaje está el sujeto, mirando, con cierta sabiduría su creación, me refiero  al poeta. Un poeta que sabe cómo moverse en su mundo, pero prefiere quedarse quieto, pues como dice uno de sus versos:

 

“Te llenaré las venas de mares,

Y en la quietud recordarás mil altares,

En calor el manjar del sembrado beso, nunca faltará,(…)”

 

¡Esto es! La quietud incitando al recuerdo,  de paraísos tal vez  -o mejor aún  de infiernos-  que han sido sembrados. Ya afloraron una vez,  ahora afloran de nuevo, mientras tanto que el verso sirva de preludio.  El poeta ya sabe lo que le espera, y lo acepta. 

 

Si usted es la amada, o juega ese papel,  notará  que recibirá en versos  órdenes y cantos que la orienten en el sujeto que está abordando. Su amante no dubita, sabe lo que hizo y no peca en  imprecisión.  No intente cambiarle su parecer,  acomódese a su poesía, la púa no le obedecerá.

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