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  • Autor: VERÓNICA SÁNCHEZ MARTÍNEZ
  • Autor: IRENE RODRÍGUEZ ARCIS
  • Autor: LIDIA CEREZO HERNÁNDEZ
  • Autor: CRISTINA CASAS CÁNOVAS
  • Autor: CONCEPCIÓN VALDIVIA JIMÉNEZ
  • Autor: ILLÁN DÍAZ, CONSOLACIÓN ÁNGELES
  • Autor: LAURA CARRIÓN LAGUNA
  • Autor: ZAPATA SÁNCHEZ, MARÍA DEL MAR
  • Autor: PACHECO BARRIGAS, MARCELA ELIZABETH
  • Autor: RUBÉN BERNAL MARRUFO
  • Autor: VERÓNICA MARTÍNEZ LÓPEZ
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 71
  • Tamaño: 150x210
  • Interior: Color
  • Maquetación: Pegado
  • Acabado portada: Brillo
  • ISBN eBook en PDF: 978-84-686-9809-0
    ISBN Libro en papel: 978-84-686-9808-3
Ver ficha técnica completa

El origen de la quimioterapia no lo encontramos en el mundo de la medicina. El primer fármaco quimioterápico empleado para el tratamiento del cáncer no era previamente un fármaco, sino un arma bélica. El gas mostaza comenzó a usarse como arma química durante la Primera Guerra Mundial, extendiéndose aún más su uso durante la Segunda Guerra Mundial. Durante una operación militar de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados estuvieron expuestos al gas mostaza, posteriormente se descubrió que estas personas, a consecuencia de la exposición, tenían un número muy bajo de glóbulos bancos. A raíz de este hallazgo, los médicos de la época llegaron a la conclusión de que si el gas mostaza dañaba los glóbulos bancos, células de crecimiento muy rápido, podrían tener un efecto similar en las células cancerígenas. En base a esto, en la década de los cuarenta, varios pacientes diagnosticados de leucemia se sometieron a un tratamiento con gas mostaza, con la salvedad de que la administración no se realizo por vía inhalatoria, sino  intravenosa, evitando así el efecto irritante de esta sustancia. La mejora de los pacientes fue rápida y notable, aunque eso sí, solo temporal. Aun así, esta experiencia abrió la puerta a múltiples investigaciones dirigidas a buscar otras sustancias con efectos similares sobre las células cancerígenas, llegando hasta el momento evolutivo actual.

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