



Hubo en
lo antiguo un rey que erigió en honor a su amado y leal hermano, quien le
sucedería en el trono, una ciudad que llegó a llamarse Filadelfia, que en
griego significa Amor fraternal.
En esta
urbe, sobre la que se edificó la actual Alasehir de Turquía, existió durante el
Cristianismo primitivo del siglo I, una iglesia que llegó a ser prototipo de
muchas que han sido y serán, la única a la cual Dios promete rescatarla de la
Gran Tribulación: un sufrimiento tan grande como nunca lo ha habido desde el comienzo
del mundo ni lo habrá después.
Las
iglesias cristianas que sean como la de Filadelfia serán arrebatadas por el
aire, para que colaboren en la instauración del Reino de Dios. De esto es, en
pocas palabras, de lo que trata el Apocalipsis cuya explicación se pretende en
esta obra.
Aquí
están las instrucciones para que usted pueda tomar parte, si así lo desea, en
este maravilloso vuelo de la iglesia de Filadelfia.
El
libro del Génesis explica cómo el hombre pierde su alma, su cuerpo y su
herencia que es la Tierra. El libro del Apocalipsis, en cambio, explica la
redención, esto es cómo lo perdido es devuelto a su propietario original. El
espaciotiempo es eterno y lo heredaremos de Dios.
Jesucristo
vuelve, pero ya no como aquel niñito que pudo haber nacido en cualquier palacio
del Primer Mundo y ser hijo de reyes poderosos, pero que escogió nacer en el
establo de una aldea pastoril y tercermundista; que pudo haber nacido rollizo y
ojiazulado, pero que escogió un aspecto nada atrayente para su etnia; aquel
hombre lleno de dolor y acostumbrado al sufrimiento, que siempre ha estado
llamando a nuestra puerta.
Ahora
viene como Rey de reyes y Señor de señores, victorioso sobre un caballo blanco.
Pero a poca distancia le seguimos nosotros, la Iglesia de Filadelfia, montados
también sobre caballos blancos.
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