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ERNESTO THOMAS GONZÁLEZ

Mi nombre es Ernesto, Thomas González. Nací el 22 de abril de 1968, en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Mi padre, Charles Thomas Peña, fue capitán de barcos mercantes, y mi madre, Milda Rosalía Loitey, fue docente de escuela primaria.

Yo soy el mayor de tres hermanos, de mi hermana Marina, nacida en 1969, y de mi hermano Martín, nacido en 1972. Durante mi infancia, debido a las ausencias de mis padres, ocasionadas por sus profesiones (los viejes marítimos de mi padre duraban meses, incluso hasta un año), y por el hecho de que mi madre trabajaba un doble horario en la escuela primaria, yo, al igual que mis hermanos, fuimos educados por criadas que nos preparaban las comidas y mos higienizaban..

Debido a las ausencias de nuestros padres, tanto yo como mis hermanos, fuimos inscriptos en clubes deportivos, para hacer gimnasia y natación, a causa de las ausencias paterna y materna en nuestro hogar.

Yo no solo tuve en mi niñez un padre ausente por asuntos laborales, sino que mi madre, debido a una actitud machista y antifemenina, , ella sintió que, si ella no trabajaba, y no tenía un título, y no aportaba dinero al hogar, ella se sentía inferior como persona y como mujer.

Pero mi padre, como capitán de enormes buques mercantes, ganaba decenas de miles de dólares por mes- ¿Qué necesidad tenía mi madre de trabajar en la escuela?

Y mi madre, movida por aspiraciones machistas, nos relegó, a mí y a mis hermanos al cuidado de terceras personas o enviándonos a clubes deportivos, mientras ella se dedicó a trabajar en la escuela como docente, y no solo en el horario normal, sino que mi madre eligió nada menos que trabajar en un doble horario, porque ella tenía grandes pretensiones de convertirse en la directora de la escuela.

En total, mi madre trabajaba diez horas por día de lunes a viernes. Para mi madre, según su mentalidad machista, dedicarse a criar a sus tres hijos pequeños, mientras su esposo aportaba el dinero a la casa, equivalía para ella ser inferior, como mujer y como ser humano.

Pero esto ahora no viene al caso.

Debido a las ideologías ultraizquierdistas de nuestros padres (mi padre fue un guerrillero subersivo armado en la década de 1970, y mi madre fue una líder gremialista comunista del gremio de los docentes), nuestra familia se tuvo que exiliar a España por persecusión política.

Nuestra familia residió en España, desde 1976 hasta 1979, donde yo y mis hermanos tuvimos que regresar al Uruguay, a cargo de nuestra abuela paterna, Everilda Peña, debido al fallecimiento de nuestra madre, a sus 47 años, víctima de un cáncer de mama.

A partir de ese momento, yo comencé, con once años, a ser sometido a un tratamiento posicológico, quie preferiría no mencionar.

Lo cierto fue que a mí, teniendo apenas 11 años de edad, se me sometió a un traytamiento psicológico sumamente agresivo, al que yo, tras tolerarlo durante 2 años, me rebelé contra este tratamiento, rompiendo todos los vidrios de mi casa, , y por este motivo fui internado compulsiva y psiquiátricamente por primera vez a mis 13 años.

A partir de esa internación psiquiátrica, a mí, con 13 años de edad, se me pasó a medicar duramente con psicofármacos, y yo ya dejé de ser el mismo.

Dejé de sociabilizarme,me retrasé en mis estudios en el liceo, al que luego abandoné, me fui refugiando cada vez más en el hogar, y fui perdiendo paulatinamente contacto con los adolescentes de mi edad, y mi mundo se fue reduciendo a mi casa, a mi abuela paterna sobreprotectora, al perrito, y a las consultas con mi psicóloga.

Ante los amagues de mi familia de abandonarme, que me provocaban adrede mi padre y mi abuela, yo reaccionaba rompiendo vidrios, y esto generó una segunda internación psiquiátrica a mis 15 años..

En dicha internación psiquiátrica, en el Hospital Musto, a mi se me comenzó a medicar con un psicofármaco inyectable mensual, que me lo recetaron durante 15 años, desde 1983 hasta 1998, que me castró definitivamente para siempre.

así los psiquiatras me eliminaron la posibilidad de tener una ovia, una pareja, y ejercer la sexualidad ya desde mis 15 años.. Actualmente, yo tengo 53 años y soy virgen.. No sé lo que es una mujer, y, sinceramente, no tengo interés en saberlo ni me interesan las mujeres, aunque tampoco soy homosexual.

Y luego, a mis 17 años, fui nuevamente internado. Hasta ese entonces, mis internaciones no duraron más de dos meses cada una.

Pero, sin embargo, ya desde que yo tuve 15 años, mi padre buscó la manera de encontrar alguna institución donde él me pueda internar definitivamente, pero legalmente, en Uruguay, en esa época, era imposible para los menores de edad.

Pero, sin embargo, cuando yo cumplí 18 años, y obtuve la mayoría de edad, mi padre ya pudo internarme en una clínica psiquiátrica por un tiempo indefinido, y así viví yo todo el resto de mi vida, viviendo desde una clínica a otra, salvo esporádicas estadías en mi casa, contra la voluntad de mi padre.

Pero aparte de las internaciones psiquiátricas y los poderosos antipsicóticos que me obligaron a consumir a la fuerza, a mí, a partir de mis 18 años, se me comenzaron a hacer, de manera gratuita e irresponable, una serie de electroshocks tras otra.

La primera serie de 10 electroshocks que me hicieron a mis 18 años, fue la única que me resultó traumática.. Yo sentí que me lavaron el cerebro, que me dejaron sin memoria y sin recuerdos, que me dejaron el cerebro en blanco.

Durante la toda mi vida, me hicieron 48 electroshocks en total. Pero tan solo aquellos primeros 10 electroshocks me afectaron. Al resto de los 38 electroshocks que me dieron, si hicieron un cambio en mí, yo ni lo noté.

Una vez que, después de que con los electroshocks, te carbonizan el alma, la primera vez a uno le duele, pero, una vez muerta el alma, uno ni nota los efectos de esos tratamientos sádicos y salvajes.

Y a mí, que nunca fui agresivo físico, cuando escribí mi novela titulada El Violador, aquí publicada, se generó una verdadera histeria, no solo familiar, sino entre mis psiquiátras, que se llegaron a creer que yo era un potencial e incipiente asesino, y me quisieron dar más electroshocks por haber escrito esa novela.

al final, mis psiquiatras decidieron drogarme muy duramente con anipsicóticos durante más de un año como si yo fuese un delincuente, por haber escrito esa novela El Violador.

No fue por casualidad que yo escribí la novela La Nueva Inquisición, también aquí publicada.

Yo he escrito mis primeros cuentos a mis 13 años de edad.También fui buen dibujante, pero, debido al mal de Parkinson que me causan los psicofármacos, y a que perdí inteligencia y habilidad motriz debido a tantos electroshocks, la calidad de mis dibujos cayó, y a mí me dejó de interesar el dibujo.

También he compuesto música (pueden buscar por ernesto thomas gonzalez, en YouTube)., pero como yo, con los electroshocks, perdí mi sensibilidad musical, para mí, componer música se convirtió en una rutina aburrida y repetitiva, que consitía en ir desde los agudos a los graves y e los graves a los agudos, haciendo piruetas en el trayecto.

Mis familiares, ya sea por envidia, o porque se creen superiores morales, me acusan de ser un soberbio, quizás porque ellos se creen que son muy humildes, y todo lo que he recibido por mi música, mis libros, mis dibujos, fue todo un frío y silencioso desprecio.

Yo viví y vivo, desde mis once años, sumergido en una burbuja médico-familiar respirando un desprecio antinarcisista constante que lo tendré que aceptar y convivir con este por el resto de mi vida.

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