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				  <title>Catálogo de libros</title>
				  <link>https://www.bubok.es/</link>
				  <description>Puedes comprar en nuestra librería todos los libros publicados en Bubok.</description>
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		<item><title>la violencia de las horas</title><link>https://www.bubok.es/libros/21201/la-violencia-de-las-horas</link><description>bubok.es/">

MM busca un tesoro ante la perentoria muerte.

El mapa no está en un pergamino sino en su confusa memoria. Debe examinar
recuerdos dolorosos, como el incendio de su pueblo, la represión de la
dictadura militar, la partida de su pareja en la juventud, un intento de
suicidio y las peripecias del jóven asesino. Y superar las etapas por las que
pasaron su vida y las riquezas.

MM escucha dentro de su cabeza una frase mientras viaja en el tren a su
trabajo. Junto a ésta llegan otros enunciados e imágenes que lo aturden. En el
descanso comienza a transcribir esas visiones. Se obsesiona con estos recuerdos
y vislumbra un tesoro fabuloso en la casa donde iba de niño en siestas
prohibidas.

Él tiene 50 años y vive solo. Es adicto a los medicamentos. También mira
películas viejas y pornográficas y se aficiona a los videojuegos. 

Aquél descubrimiento y una adolescente embarazada le brindan esperanzas cuando
su enfermedad lo arrasa y los delirios lo desesperan.

Forman parte de la trama un muerto, un pueblo seco y lejano, un brujo, dos
amores, el fin de la infancia, un adolescente marginal y la edad de la
decadencia. Todo girando alrededor del tesoro.

No hay un guión predeterminado (plot) sino que se desarrolla a partir de
imágnes y/o frases, lo que conlleva que la trama fluya con naturalidad y lógica
y no por capricho del autor ni con vueltas de tuerca forzadas.

Varía en un capítulo, el del asesino, aquí se utiliza el vocabulario de los
marginales
Se describen sucesos cotidianos que parecen intrascendentes pero luego cobran
importancia.

El lector entrenado puede descubrir entre líneas tanto a Bukowosky, como a
Bolaños, a Levrero a Joyce y a Saer. No es que me parezca, sino que su
influencia ha hecho mella en mis escritos.

Al igual que el protagonista mi cabeza estaba llena de frases e imágenes. Pero
me resultaba imposible darle un marco que las contuviera. Algunas observaciones
de Ricardo Monti, algún libro de Amis, otro de Levrero, párrafos del Ulises
terminaron de cuajar la idea que llevaba tres años madurando. Cuando me despojé
de prejuicios y pruritos escribí sin parar durante seis meses. Incluso relatos
que ya tenía bosquejados (como el del Asesino y el del Vendedor) fueron
sometidos con éxito a esta metodología. Lo que me sucedía a mí le sucedía al
protagonista. Por eso sé que es un producto auténtico y por completo original. 

El título pertenece a un poema de Cesar Vallejo </description></item></channel></rss>