Calendario 20 / febrero / 2020 Cantidad de comentario 8 Comentarios
Juguetes para mamá

El portazo al salir dejaba un eco de angustia y de silencio. Ya no se escuchaba la voz alta y grave que tanto la intimidaba. Casi imperceptibles los sollozos aparecían de nuevo atravesando el aire. Tenía que hacer algo. Otras veces no lo había conseguido, otras veces solo se quedaba dentro de su habitación y lloraba igual que su madre, muy bajito. No entendía las palabras ni los gritos. De vez en cuando distinguía su nombre.

Asomando la cabeza desde el marco de la puerta de su habitación, el interminable pasillo le daba miedo. Estaba convencida de que una mano blanca y pegajosa la iba a atrapar para llevarla a un lugar negro y frio del que no podría volver nunca jamás. Una mano gigante que la arrastraría por la espalda hasta el baño y la arrojaría por la cisterna. Una mano enorme que la asfixiaría. Salir corriendo hasta el final, doblar la esquina para seguir un poco más hasta atravesar el pequeño recibidor y, por fin entrar en el salón, le parecía una aventura demasiado peligrosa. Veía la lejana luz reflejada en el suelo iluminando tenuemente las baldosas brillantes que imitaban un dibujo de parqué. El interruptor de los apliques del largo y estrecho recorrido estaba justo a medio camino y alcanzarlo era tan difícil como dar el primer paso.

Volvió a meter la cabeza en su cuarto y miró la estantería. Eligió a la Nancy azafata. La muñeca de tirabuzones rubios con reflejos como chispitas de oro que olía a plástico limpio. Al vestidito bien abrochado no le faltaba ningún botón. Un gorrito blanco con un bordado avión diminuto y un pañuelito al cuello de vivos colores rojos que contrastaban con unos ojos azules preciosos que podía abrir y cerrar moviéndola de arriba abajo. La elevó hasta ponerla a la altura de su cara y le regaló una sonrisa. Seguro que serviría.

De nuevo sacó la cabeza para asomarse al pasillo. Apretó con fuerza la mano de la muñeca dentro de la suya y salió corriendo dando zancadas ruidosas. Llevaba puestos los zapatos del colegio con suela de cuero. Casi se resbala al girar en la esquina pero llegó al vestíbulo y alcanzó el picaporte. Paró en seco y suspiró muy fuerte. Antes de abrir la puerta con el enorme cristal amarillento por donde la luz del salón se filtraba, miró de reojo a su muñeca. Lo habían conseguido.

Su madre, sentada en una silla separada de la mesa, ocultaba su cara mientras se secaba las lágrimas con la palma de la mano. No le preguntó porqué lloraba. No hacia falta. Sabía que tenía tanta pena como ella miedo de recorrer el pasillo sola. Pero allí estaba ella para consolarla.

Elevó a la Nancy hasta ponerla a la altura a su cara y su madre le regaló una sonrisa.

Amalia Marugán
Autora de Vivir como si ya hubieras muerto
8 Comentarios para “Juguetes para mamá”
  1. bubok
    Maria

    Un relato muy bonito, entrañable

  2. bubok
    M. Lluch

    Precioso como se mete en los pensamientos de la niña en un relato tan corto pero cargado de emoción

  3. bubok
    Patricia Pérez Fernández

    Pocas palabras , que nos descubren una historia que se intuye muy larga y muy triste. El bosquejo elegante y sensitivo de una historia de miedo. Me vuelve a gustar esta escritora, de la que me encantó su primera obra, publicada por esta editorial con un gran título: Vivir como si ya hubieras muerto.

  4. bubok
    Clara Cardone Ripoetella

    En sólo unas pocas líneas, se lee, se siente, la angustia…, buen dominio del lenguaje.

  5. bubok
    Paloma

    Estupendo relato con el que la autora pone de manifiesto una lacra de nuestra sociedad.
    Cruel realidad en la que describe maravillosamente sentimientos profundos.
    Mis felicitaciones por esta publicación.

  6. bubok
    Carolina

    Muy interesante y emotivo.

  7. bubok
    jose antonio del pozo

    Excelente relato. Muy bien llevado y expresado.

  8. bubok
    Rosa Parreño

    Amalia relata de manera impecable esos sentimientos y emociones tan duros vividos en una infancia de maltratos.

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