bubok.es utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y a recordar sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Ver política de privacidad. OK
Buscar en Bubok

Imágenes del poder en la edad media. Tomo II. Estudios in memoriam del Prof. Dr. Fernando Galván Freile

de Varios autores
  • Autor: Varios autores
  • N° de páginas: 500
  • Tamaño: 240x170
  • Formato: Paperback / softback
  • isbn: 9788497735650
  • Idioma: español
  • visitas: 0
EL REY ALFONSO VI (M. 1109) EN LA OBRA DEL OBISPO PELAYO DE OVIEDO (M. 1153)RAQUEL ALONSO LVAREZUNIVERSIDAD DE OVIEDOResumenEl obispo Pelayo de Oviedo (m. 1153) fue uno de los prelados que apoyaron a Alfonso VI (m. 1109) en las reformas realizadas en su reino. En este art­culo se estudia la visi³n que el cl©rigo ofrece del monarca en sus obras m¡s importantes, el Liber Testamentorum Ecclesiae Ouetensis y el Corpus Pelagianum.Igualmente, se intenta reconstruir el m©todo hist³rico seguido por el escritor y algunas de las fuentes usadas en sus escritos.Palabras clave: Obispo Pelayo. Alfonso VI. Rey Pelayo. Liber Testamentorum. Corpus pelagianum. Arca Santa. Planto. MiniaturaR©sum©Le roi Alfonso VI (m. 1109) poussa quelques importants changements dans son royaume. Pour en reussir, le roi s’appuya sur les plus importants de ses ©vªques, Pelage d’Oviedo (m. 1153) parmi eux. On ©tudiera dans cet article l¿image du roi donne© par l¿ ©vªque dans les plus importantes de ses oeuvres : le Liber Testamentorum Ecclesiae Ouetensis et le Corpus Pelagianum. On essaiera aussi d’expliquer la m©thode historique utilis©e par Pelage ainsi que de montrer quelques sources us©es dans ses chroniques.Mots cl©s: vªque Pelage. Alfonso VI. Roi Pelage. Liber Testamentorum. Corpus pelagianum. Arca Santa. Planctus. Enluminure.Hace algunos a±os, el profesor Fernando Galv¡n Freile publicaba el ºnico trabajo dedicado hasta la fecha, desde una perspectiva de Historia del Arte, al manuscrito 1513 de la BNE, manifestando as­ su inter©s por la fascinante figura del obispo Pelayo de Oviedo. En recuerdo de Fernando, me ocupar© en este art­culo de algunos aspectos relativos a la producci³n literaria del prelado, utilizando para ello, entre otras fuentes, el c³dice objeto de aquella pionera investigaci³n.I. EL OBISPO PELAYO DE OVIEDO: VIDA Y OBRAEl obispo Pelayo forma parte del grupo de cl©rigos que desempe±³ un destacado papel en la adopci³n de usos litºrgicos y culturales europeos en el Reino de Le³n. No conocemos la trayectoria anterior a su llegada a Oviedo, si bien probablemente era asturiano o leon©s y fue quiz¡ educado en el monasterio de Sahagºn o estuvo relacionado al menos con ese establecimiento. Aunque sin pruebas concluyentes, se le ha identificado con un di¡cono documentado en 1096 en la catedral, estimando por tanto que en ese momento ya se encontrar­a en Oviedo. Sin que puedan descartarse estas suposiciones, lo cierto es que la primera aparici³n indiscutible del obispo se halla al principio del Corpus pelagianum, donde se indica la fecha de su consagraci³n como obispo: Pelagius ovetensis ecclesi¦ episcopus fuit consecratus sub Era MCXXXVI. IIII. Kalendas Januarii.O sea, el 29 de diciembre de 1098. Puesto que en esos momentos todav­a ocupaba la sede de Oviedo Mart­n, se crey³ que Pelayo desempe±ar­a las funciones de obispo auxiliar. Ya B. F. Reilly llam³ la atenci³n sobre lo an³malo de este cargo, in©dito en la Edad Media. Recientemente, E, J©rez ha propuesto una soluci³n satisfactoria al problema: la data incluida en el Corpus pelagianum habr­a sido reproducida por el copista con un peque±o error de puntuaci³n. En realidad, reconstruye E. Jerez, la lectura correcta ser­a Era MCXXXVIII, I kalendas Januari, 31 de diciembre de 1101, ya desaparecido su predecesor por tanto.En los a±os siguientes se mantuvo invariablemente pr³ximo a los c­rculos cortesanos, tanto bajo Alfonso VI, al que estimaba especialmente, segºn veremos, como en ©poca del reinado de la hija de ©ste Urraca. Tras la muerte de la reina, en 1126, la estrella del prelado se eclips³, inici¡ndose una ©poca de dificultades con el sucesor Alfonso VII. Pelayo acab³ por ser depuesto en el concilio de Carri³n (1130), aparentemente a causa de su oposici³n al matrimonio del monarca con Berenguela, emparentada con el novio en un grado prohibido por la Iglesia. La ca­da en desgracia de Pelayo no ha dejado de causar extra±eza, y para comprenderla se han buscado diversas explicaciones.En todo caso, Pelayo desocup³ en 1130 la c¡tedra episcopal de Oviedo, si bien recuper³ el cargo, brevemente y en circunstancias oscuras, entre los a±os 1142 y 1143. Muri³ en 1153.Pelayo de Oviedo es autor de un importante corpus literario en el que destacan una compilaci³n documental, el llamado Liber Testamentorum Ecclesiae Ouetensis, y la serie de composiciones hist³ricas englobadas en el Corpus Pelagianum. La primera obra, conservada en su versi³n original ricamente iluminada, es el ms 1 del Archivo de la Catedral de Oviedo, un espectacular cartulario ilustrado con inusual profusi³n. No conocemos la segunda m¡s que a trav©s de la enmara±ada serie de copias cuya secuencia ha sido recientemente revisada por E. Jerez. Siendo muy recomendable la lectura de este trabajo para el conocimiento de la obra pelagiana, a nosotros nos bastar¡ en este momento con una breve informaci³n. En resumen, y espero no traicionar demasiado las tesis tan pulcramente sostenidas por el autor, en la biblioteca de Oviedo hubo al parecer tres colecciones distintas relacionadas con Pelayo: La primera se conservaba en el llamado Codex uetustissimus ovetensis, desaparecido pero copiado a iniciativa de Ambrosio de Morales en el famoso BNE ms 1346 (fol. 1 v-96). Aqu­ se recogieron redacciones tradicionales algo retocadas por el obispo. Corresponder­a a un estadio primitivo del Corpus Pelagianum. La segunda se conoce como Compilaci³n A y ha llegado a la actualidad a trav©s de numerosas copias de las que nos interesan, por sus ilustraciones, las realizadas a fines del siglo XII: el BNE ms 1358 y, especialmente, el bello BNE ms 2805. La tercera, y ºltima, es la Compilaci³n B, compuesta por una combinaci³n de las anteriores. De sus copias, destaca el BNE ms 1513, posiblemente realizado en el siglo XIII y que cuenta con una amplia serie de miniaturas.E. Jerez concluye proponiendo que esta Compilaci³n B representada especialmente por BNE ms 1513 se termin³ de reunir y copiar una vez muerto el obispo Pelayo, a±adi©ndosele adem¡s en ese momento los textos preliminares. Debemos entender, en consecuencia, que tambi©n las ilustraciones del prototipo ser­an posteriores a 1153.Disiento de esta estimaci³n. Creo, por el contrario, que indicios iconogr¡ficos y compositivos indican que tanto la Compilaci³n A como la B fueron ilustradas en ©poca del pol­grafo ovetense, si bien es posible que se realizara algºn a±adido al nºcleo inicial despu©s de la muerte del prelado.Tampoco hay acuerdo sobre la cronolog­a del LT. E. E. Rodr­guez D­az propuso la temprana fecha de 1109 para un primer bloque al que se habr­an a±adido las donaciones de Urraca y la historia de la fundaci³n de Lucus Asturum despu©s de 1118, si bien las miniaturas podr­an ser posteriores a todo este proceso. En general, se considera una obra algo m¡s tard­a, realizada ca. 1118-1130. A pesar de los esfuerzos realizados, no se han localizado paralelos convincentes que expliquen y ayuden a datar las miniaturas de este desconcertante manuscrito, si bien algunos detalles sugieren una cronolog­a temprana.Especialmente llamativa es la serie de variadas y extravagantes coronas con que se cubren los reyes del LT. La de Fruela II, por ejemplo, parece una versi³n simplificada del tocado de la Gallia del grupo de provincias que rinden homenaje al emperador en los Evangelios de Munich de Ot³n III (Munich. Bayerische Staats Bibliothek, Clm. 4453, fol. 23 v.), de 983-1002. En el mismo s©quito, Germania lleva una corona escalonada semejante a la de Alfonso II en el LT. La Biblia de Roda (BNF, ms. Lat. 6, fol. 66 r), de la segunda mitad del siglo XI contiene igualmente algºn objeto parecido. Tambi©n presentan notables semejanzas con las coronas del c³dice ovetense las de los Reyes Magos de la Adoraci³n esculpida en un hueso de ballena, una pieza probablemente hecha en el norte de Espa±a que se conserva en el Victoria and Albert Museum de Londres. Desdichadamente, la obra se fecha de manera imprecisa en la primera mitad del siglo XII.II. ALFONSO VI EN LA OBRA DE PELAYO DE OVIEDOLas referencias a Alfonso VI pueden encontrarse en toda la obra del obispo Pelayo, en el LT y en el CP. En esta ºltima composici³n se trata la figura del monarca en el Liber Chronicorum, tanto en las interpolaciones a±adidas por el obispo a la Adefonsi Tertii Chronica como en su propia composici³n hist³rica.III. ALFONSO VI EN EL LIBER TESTAMENTORUMLa colecci³n de donaciones que beneficiaron a la Iglesia de Oviedo, copiadas en el LT incluye, claro, las efectuadas por Alfonso VI junto con algºn otro privilegio concedido por el monarca. De todo el lote, ºnicamente se consideran indudablemente aut©nticos unos pocos documentos. Otros dos son sospechosos por lo menos de manipulaci³n y el resto absolutamente falsos. Aut©nticos o falsos, se trataba probablemente de reunir un grupo significativo de diplomas relacionados con Alfonso VI que ir­an encabezados por una miniatura del monarca seguramente a p¡gina completa, una composici³n que se conserva en las donaciones efectuadas por Alfonso II, Ordo±o I, Alfonso III, Ordo±o II, Fruela II, Bermudo II y Alfonso V. Desdichadamente, las representaciones de Ramiro II, Fernando I y Alfonso VI han desaparecido, aunque al parecer dejando huellas que quiz¡ permitieran su recomposici³n. Para el caso de Alfonso VI se ha sugerido, partiendo de algunos rastros de oro en el folio enfrentado, una escena desarrollada en la C¡mara Santa de la catedral, identificaci³n que parece dif­cil asegurar sin los correspondientes estudios t©cnicos, si fuera posible realizarlos. Por el momento, debemos conformarnos con aproximarnos a la imagen del monarca, more pelagiano, a trav©s de otras obras del prelado.IV. ALFONSO VI Y EL ARCA SANTA DE LAS RELIQUIASEl relato de las vicisitudes del Arca Santa es sin duda la pi¨ce de r©sistence de las composiciones pelagianas. Relatada una vez y otra en su producci³n literaria, la historia no es nunca exactamente la misma pero el narrador se las arregla para suministrar informaciones complementarias sin incurrir en contradicciones, rasgo indicativo del rigor con que fue planificada la obra. A nosotros nos interesa el recorrido del relicario a partir de su llegada a Asturias.Una de las partes m¡s significativas del CP es el Liber cronicorum ab exordio mundi, pieza hist³rica compuesta por diversas cr³nicas anteriores, cuidadosamente interpoladas por el prelado, que concluye con el Chronicon regum legionensium, escrito por ©l mismo. Del Liber cronicorum forma parte una manipulada Adefonsi tertii cr³nica en su versi³n Ad Sebastianum, en la que encontramos esta primera aparici³n del Arca Santa en tierra asturiana. La llegada se hace coincidir con la elecci³n del pr­ncipe Pelayo como caudillo de los insurrectos, lig¡ndose de esta manera el inicio de la Reconquista a este nuevo palladion que se presentaba como protector de Espa±a. El obispo, de un plumazo, eliminaba la larga tradici³n que hac­a al Ap³stol Santiago custodio del Reino de Asturias, a la vez que propon­a un nuevo centro de peregrinaci³n localizado en su di³cesis. Las miniaturas con que se ornamentan los manuscritos, sin representar directamente el Arca Santa, manifiestan sin embargo un inter©s destacado por el caudillo asturiano. El BNE ms 1513 presenta al pr­ncipe en compa±­a de Sebasti¡n, obispo al que se atribu­a la cr³nica manipulada por el historiador. Mucho m¡s expresivo es el BNE ms 2805. En este c³dice, la Adefonsi tertii chronica s³lo se copia fragmentariamente a partir de Mauregato y en ella no aparece por tanto el pr­ncipe Pelayo. Su figura se trata, sin embargo, unos folios antes, en la Chronica Albendensia, reproducida en este caso de manera m¡s o menos literal. Al llegar al cap­tulo correspondiente al Ordo gotorum obetensium regum, la inicial de la primera palabra, primum, adquiere un espl©ndido desarrollo independiente. El texto describe sumariamente la victoria obtenida por los resistentes asturianos ante los invasores musulmanes, sin referencia alguna a los prodigios que favorecieron el triunfo cristiano. En el scriptorium de Oviedo se compens³ la sequedad de la cr³nica con el poder de la imagen al representar en la “P” inicial al rey Pelayo en la batalla de Covadonga. Que esta representaci³n, la m¡s antigua conservada del caudillo asturiano, haya pasado hasta el momento pr¡cticamente desapercibida se debe a la err³nea identificaci³n del personaje con su hom³nimo, nuestro obispo de Oviedo. El texto, sin embargo, no deja lugar a dudas: Primum in Asturias Pelagius regnauit in Canonicas (…). Por el astil de la “P”, que arranca de un drag³n, ascienden los musulmanes intentando alcanzar la parte superior donde la figura del caudillo, en el interior del alv©olo de la letra, emerge tras una estructura arquitect³nica, una fortificaci³n quiz¡. Detr¡s de ©l, un mont³n de piedras recuerda las armas que, segºn la Adefonsi tertii chronica, se usaron en la lucha. Pelayo va ataviado como rey, con una corona que de nuevo responde a modelos miniados de finales del siglo XI, por ejemplo la que lleva el monarca entronizado en el centro de una de las tablas lunares del ms 17 del St. John’s College, de Oxford (fol. 27 v), de ca. 1080-1100. De las iluminaciones hisp¡nicas inmediatamente posteriores desaparecer¡n estos repertorios, un tanto fantasiosos. Coronas del tipo descrito no se encuentran ni en el “Tumbo A” de Santiago de Compostela (1129-1134) ni en el “Libro de las Estampas” de la catedral de Le³n (ca. 1200), estudiado por Fernando Galv¡n. El pr­ncipe asturiano sostiene, adem¡s, una cruz en la mano izquierda a la que se±ala con el ­ndice de la derecha, manifest¡ndose de esta manera inequ­vocamente el protagonismo del objeto. La relaci³n entre la llamada Cruz de la Victoria, donada por Alfonso III a la catedral de Oviedo en 908, y la leyenda que supon­a que el alma de madera de la joya hab­a sido enarbolada por Pelayo en la batalla de Covadonga, no aparece en las fuentes literarias, como notaron H. Schlunk y P. Henriet, hasta el siglo XVI. Efectivamente, Ambrosio de Morales recoge la tradici³n, carente de base documental segºn se cuida el erudito cl©rigo de advertir, en su Viage Santo. No creo arriesgado identificar la pieza representada en el BNE ms 2805 con el comentado nºcleo l­gneo de la Cruz de la Victoria, retrotrayendo por tanto el origen de la leyenda a ©poca de Pelayo de Oviedo. En los dos casos los brazos son desiguales, m¡s largo el vertical, y de remate trilobulado, y el gesto realizado por el caudillo, se±alando con el dedo la cruz, indica la relevancia del objeto. En todos los inventarios que detallan el contenido del Arca Santa, tambi©n en el recogido en el LT, se incluye un fragmento del lignum crucis, una reliquia que probablemente se encontraba tambi©n en el locus practicado en el cruce de brazos de la Cruz de la Victoria como era habitual en este tipo de objetos desde ©poca visigoda. Aventur¡ndonos a errar reconstruyendo las conexiones mentales establecidas por el gran fabricante de mitos patrios que fue Pelayo de Oviedo, creo posible que el prelado haya deseado relacionar la reliquia supuestamente llegada en el Arca Santa a Asturias en el momento de la insurrecci³n cristiana con la bella cruz conservada en el tesoro de San Salvador. La llamada Cruz de los ngeles, donada por Alfonso II a la catedral de Oviedo en 808, vio igualmente nacer su leyenda en el siglo XII. Aunque el relato se desarroll³ por primera vez en la Historia Silense, es probable que lo hiciera partiendo de una idea forjada en la oficina pelagiana. En el LT se menciona la Crux ibi monstratur opere angelico fabricata spectabile modo, una milagrosa t©cnica de nuevo recordada en el manuscrito llamado de Valenciennes, c³dice en el que ya J. Ur­a R­u sospech³ una intervenci³n pelagiana, probable a juzgar por este tipo de coincidencias. El prelado prefiri³ poner en manos del insurgente pr­ncipe el artefacto encargado por Alfonso III al que coste³ su admirado Rey Casto quiz¡ porque la Cruz de la Victoria pareci³ m¡s apropiada para ser usada como ense±a b©lica a causa de la funci³n procesional de la que careci³ inicialmente la de los ngeles. S³lo la aparici³n de un in©dito pelagiano podr­a asegurar la hip³tesis que aqu­ se propone. Espero, sin embargo, que las justificaciones expuestas la hagan razonable. Se vislumbra tras esta asombrosa representaci³n del pr­ncipe cristiano, que supera ampliamente el texto que ilustra a la vez que lo glosa, el aliento creativo de nuestro imaginativo prelado. Las miniaturas del BNE ms 2805 se basar­an, as­ pues, en modelos proporcionados por el scriptorium ovetense m¡s de cincuenta a±os antes.La siguiente estaci³n del periplo asturiano del Arca Santa resulta m¡s conocida gracias a los perspicaces estudios que le dedicara S. Moralejo, el primero en advertir los paralelismos establecidos entre los episodios veterotestamentarios y la historia de la reconquista hisp¡nica en los relatos del obispo Pelayo. Tanto el LT como las interpolaciones a la Adefonsi tertii chronica nos muestran el relicario precariamente instalado en tiendas de campa±a, como el Arca de la Alianza antes de la construcci³n del templo de Jerusal©n, hasta que Alfonso II, como un nuevo Salom³n, disponga la erecci³n de un edificio para resguardarlo. El Rey Casto aparece en una conocida miniatura del LT arrodillado ante una Maiestas Domini, posible trasunto del Arca Santa ya embellecida con su hermosa cubierta rom¡nica de plata.El revestimiento arg©nteo fue, al parecer, un regalo de Alfonso VI, segºn indica una colecci³n de testimonios, casi todos m¡s o menos dudosos por otra parte. Descartadas las menciones altomedievales de reliquias en la catedral de Oviedo, todas ellas referidas sin duda a las de consagraci³n de los altares, la primera noticia del conjunto sagrado resulta ser la recogida en la conocida acta de apertura de 1075, un documento que, tanto B. F. Reilly como A. Gambra consideraron, por lo menos, sospechoso, atribuy©ndolo el segundo a la oficina pelagiana. Conservado en una copia del siglo XIII, el diploma es realmente extra±o, aunque encuentro alguna dificultad para atribuir su creaci³n al obispo. La sencillez del pasaje que relata la llegada a Asturias del relicario, por ejemplo, resulta absolutamente ajena a su tono literario, tan aficionado a los exotismos geogr¡ficos. En todo caso, pocos a±os m¡s tarde sabemos con certeza que la leyenda del Arca Santa de Oviedo era conocida en Europa, segºn demuestra la ep­stola dirigida por Osmundo de Astorga a Ida de Boulogne (1082-1096).Disponemos, adem¡s, de una excepcional prueba material de la difusi³n alcanzada a fines del siglo XI por la devoci³n a las reliquias de Oviedo. Se trata, claro, del espl©ndido revestimiento regalado a la catedral por Alfonso VI. Aunque la propuesta sea interesante por m¡s de un motivo, no me parece aceptable el retraso cronol³gico defendido por J. Harris, partidaria de datar las l¡minas de plata ca.1120, ya muerto por tanto Alfonso VI y producto del encargo de Pelayo de Oviedo. Por razones expuestas en otro lugar, el Arca Santa, regalada por Alfonso VI, estaba con seguridad en la C¡mara Santa de Oviedo antes de 1102.V. LA PELAGIANA BIOGRAFA DE ALFONSO VIYa hace algunos a±os que B. F. Reilly advirti³ la extraordinaria importancia que las informaciones del obispo Pelayo presentaban para el conocimiento del reinado de Alfonso VI. Las p¡ginas dedicadas a este monarca cierran el Chronicon regum legionensium manifestando adem¡s el estrecho v­nculo que uni³ a prelado y monarca. En esta ocasi³n nos detendremos en dos pasajes del texto: el env­o de legados a Roma y el elogio y planto funerario por el rey.Pelayo inicia el ºltimo cap­tulo de la cr³nica present¡ndonos un rapid­simo triunfo del rey sobre sus hermanos, sin entrar en muchos detalles, claro. Inmediatamente, el monarca se apresura a enviar legados al papa, una actuaci³n destinada a introducir en sus reinos el rito romano. Es muy conocido el papel desempe±ado por Alfonso VI en esta profunda transformaci³n y varios autores han llamado tambi©n la atenci³n sobre este episodio relatado por el obispo de Oviedo y han discutido su exactitud. Yo deseo destacar, sin embargo, algunos aspectos ajenos al rigor hist³rico de la informaci³n pero ºtiles para comprender los mecanismos creativos de Pelayo de Oviedo. En primer lugar, es preciso tener en cuenta que, en realidad, las ºltimas dudas planteadas al rey acerca de la conveniencia de la reforma no se disiparon por iniciativa papal, sino gracias a la gran influencia ejercida sobre el monarca por Hugo de Cluny. No deja de resultar significativo que el obispo no mencione ni una sola vez en toda su obra, si es que no se me ha pasado por alto alguna cita, a la poderosa congregaci³n borgo±ona. Algo pudo tener que ver en esta omisi³n el prolongado enfrentamiento del prelado con la sede toledana, regida por el cluniacense Bernardo de S©dirac a partir de 1085, pero tambi©n es posible advertir un inter©s por las simetr­as biogr¡ficas de signo m¡s ideol³gico que pol­tico. En efecto, una de las actividades fijas de los gobernantes preferidos por el obispo Pelayo es el env­o de embajadas diplom¡ticas a la corte papal, un viaje seguido generalmente por la celebraci³n de un concilio. Las primeras p¡ginas del LT est¡n ocupadas por una de las m¡s curiosas invenciones pelagianas: la fundaci³n de la ciudad de Lucus Asturum inmediatamente convertida en sede episcopal. El rey v¡ndalo Guntamundo ser­a el responsable de este establecimiento urbano, en realidad un nºcleo de origen romano aun muy insuficientemente conocido. El monarca en cuesti³n era adem¡s, segºn Pelayo, cat³lico. El punto de partida de esta extravagante novela no es otro que la Historia Wandalorum, de Isidoro de Sevilla. El erudito hispalense contrapuso en esta obra la crueldad de Hunerico, infatigable perseguidor de ortodoxos, a la clemencia de Guntamundo, a qui©n dedica este breve pasaje: Aera DXIIII Hunerico succedit Guntamundus, regnans annis XII. Qui statim ecclesiae pacem reformans catholicos ab exilio reuocauit.Pelayo no necesitaba m¡s para convertir al arriano v¡ndalo en cat³lico y creador de una ciudad en Asturias, sede episcopal adem¡s. Corroborando el primer cap­tulo del LT, en la Historia Wandalorum del CP se enriquece tambi©n la narraci³n isidoriana con esta ficticia fundaci³n. Una vez construida en ella la iglesia de Santa Mar­a, Romam legatos suos misit para solicitar al Papa la celebraci³n de un concilio que diera al enclave rango episcopal. Que tambi©n Alfonso II, segºn el LT, estaba en contacto con Roma, se deduce de la respuesta que el Papa envi³ al monarca a cargo de los presb­teros Severo y Siderio, una ep­stola, claro, completamente falsa pero que se destaca en el LT mediante una miniatura.No es de extra±ar, por tanto, la prisa con que tambi©n Alfonso VI dese³ comunicar con la sede de Pedro en la cr³nica de Pelayo. A finales del siglo XI, en Roma se percib­an las peculiaridades litºrgicas hisp¡nicas como una desviaci³n de la ortodoxia que deb­a ser rectificada, de modo que la celeridad regia manifestar­a un especial celo religioso. Pero, adem¡s, tal diligencia no pod­a ser m¡s conveniente para los intereses del prelado. Si el obispado de Lucus Asturum, m¡s tarde trasladado a Oviedo, hab­a sido fundado por un monarca cat³lico, la di³cesis quedaba exenta del dominio arriano, una lacra que, a pesar de toda su antig¼edad y prestigio, no dej³ de macular a la sede toledana.Alfonso VI no hac­a otra cosa que recuperar en su reino la pureza de la fe que en Asturias nunca se hab­a perdido, una idea presente en toda la obra pelagiana al presentar a Asturias como basti³n protector del cristianismo, las reliquias y la monarqu­a Por eso no resulta sorprendente que, como ya advirtiera B. S¡nchez Alonso, la escena elegida para ilustrar el reinado de Alfonso VI en BNE ms 1513 sea precisamente la que representa al monarca enviando a sus representantes a la curia romana. F. Galv¡n supuso que esta imagen, al igual que las restantes del c³dice, reinterpretar­a con alguna variaci³n estil­stica la existente en un manuscrito original iluminado en ©poca de Pelayo.Tanto la intencionalidad ideol³gica de la miniatura como su adaptaci³n al discurso general pelagiano dan la raz³n al tan prematuramente desaparecido medievalista.Algºn otro rasgo indica tambi©n esta inspiraci³n en un perdido prototipo. Hace unas p¡ginas se comentaba la frecuencia con que un monarca aparece en compa±­a de un obispo en BNE ms 1513. Estos emparejamientos se encuentran tambi©n en el LT, en cuyas miniaturas prelado y gobernante comparten en ocasiones asiento. El acto de la donaci³n piadosa explica estas agrupaciones. En el CP, los compa±eros lo son por razones hist³ricas: el personaje y su cronista, un pretexto que indica un inter©s especial por destacar la importancia de estos obispos historiadores, pluriempleo compartido por todos ellos con Pelayo. Otros detalles compositivos apuntan en esa misma direcci³n.Volvamos a la escena en que Alfonso VI env­a sus representantes a Roma. Dir­ase un trasunto, pasado por un filtro estil­stico nuevo, de la p¡gina del LT en que Urbano II entrega a dos cl©rigos un documento destinado al obispado de Oviedo.El final del Chronicon regum legionensium servir¡ tambi©n para clausurar estas p¡ginas: la ºltima y m¡s extensa parte de la biograf­a de Alfonso VI se dedica casi ­ntegramente al elogio del rey y al planto causado por su defunci³n. El lamento por la muerte del monarca es un g©nero absolutamente desconocido en los reinos occidentales hisp¡nicos antes del siglo XII excepto en el caso del que Eugenio de Toledo dedicara a Chindasvinto, insultante composici³n en la que las l¡grimas se vert­an no por el sentimiento provocado por la p©rdida del rey sino a causa de sus iniquidades, un tipo de manipulaci³n literaria inversora del significado de determinadas ceremonias o comportamientos muy frecuente, como pusiera de manifiesto P. Buc, en un buen nºmero de cronistas de la Alta Edad Mediad europea.Probablemente a causa del gran prestigio de estos intelectuales espa±oles, y en contraste con el creciente ©xito del g©nero en el resto de Europa, el planto por el rey se encuentra igualmente ausente de la literatura occidental hisp¡nica en los siguientes siglos. Cuando por fin se introduzca en ella, los autores deber¡n recurrir a materiales de procedencia diversa para confeccionar este tipo de composici³n, in©dito en nuestro territorio.Uno de los m¡s antiguos redactores de plantos reales, quiz¡ el primero, fue Pelayo de Oviedo. El lamento se dedic³, claro, a Alfonso VI. Su an¡lisis propiciar¡ una aproximaci³n a la cultura del prelado permiti©ndonos a la vez vislumbrar algunos materiales coleccionados en la iglesia del Salvador.La pieza, realizada a base de elementos extraordinariamente heterog©neos como se ver¡, est¡ compuesta por dos secciones. La primera se dedica al elogio del monarca, estando la segunda, profundamente innovadora como se ha comentado, dedicada al relato de la enfermedad, muerte y funerales del rey. Un prodigio anunci³ la defunci³n de Alfonso VI: en la iglesia de San Isidoro de Le³n, unos d­as antes de que se produjera el suceso, delante del altar del titular, plorauerunt lapides et manauerunt aquam, una de las m¡s evocadoras im¡genes literarias creadas por el obispo Pelayo. Los sucesos extraordinarios anticipadores de la muerte de los gobernantes forman parte del repertorio literario de la Antig¼edad cl¡sica. Son frecuentes, por ejemplo, en Suetonio, siendo heredados por los escritores de la Edad Media. En la tradici³n hisp¡nica, sin embargo, ©stos se asocian a desastres o acontecimientos extraordinarios, no relacion¡ndose con la muerte de los reyes hasta la Chronica gothorum pseudo-isidoriana, obra del siglo XII en realidad. Estos prof©ticos prodigios son en general de una variedad limitada: fen³menos naturales sorprendentes, monstruosos o producidos fuera de ©poca, el nacimiento de un animal deforme o una granizada tard­a, por ejemplo, o bien apariciones fantasmag³ricas m¡s o menos aterradoras. Las piedras llorosas no figuran habitualmente en el cat¡logo y pueden considerarse, en buena medida, una creaci³n pelagiana basada en su variada erudici³n clerical.En ºltimo t©rmino, la imagen de una estatua inanimada, de m¡rmol o bronce, que vierte l¡grimas como muestra de extraordinario desconsuelo aparece en la literatura cl¡sica asociada al trist­simo final de N­obe, pasando en Dion Casio a preludiar la muerte de Escipi³n. El tema pudo resultar conocido para los autores medievales a trav©s de algºn escritor tard­o como Iulius Obsequens. En todo caso, por lo menos desde el siglo VIII circulaba por Europa, apareciendo en un texto que probablemente sirvi³ de modelo directo a Pelayo. En el Liber diurnus romanorum pontificum, un formulario producido en la corte de Roma, etiam lapides ipsi, fl evimus exitum, cuando se produc­a la defunci³n de un papa. Aunque oficialmente derogado en el siglo XI, algunos canonistas continuaron utiliz¡ndolo hasta el siglo XII, y no resultar­a sorprendente que la biblioteca de Oviedo, en una Espa±a crecientemente dominada por los usos romanos, dispusiera de un ejemplar.La muerte del rey profetizada por el prodigio da lugar al desesperado llanto del pueblo. Desaparecido el protector, los sºbditos se desesperan: gritan, se rasgan las vestiduras, se rapan los cabelles, se autolesionan. A diferencia del callado llanto caracter­stico de las fuentes anteriores, los acompa±antes del cortejo fºnebre de Alfonso VI dabant uoces usque ad celos. A esta innovaci³n puede supon©rsele un origen textual franc©s, pues aparece, ya en el siglo VII, en la Vita de Santa Radegonda de Poitiers obra de Baudonivia y vuelve a encontrarse en la Vita Roberti regis. Este ºltimo texto, compuesto ca. 1040, nos interesa especialmente pues, como advirtiera C. Carozzi, se inspira en la biograf­a de saint G©raud, de Od³n de Cluny. Quiz¡ alguno de estos libros se encontrara tambi©n en la cada vez m¡s sorprendente y nutrida biblioteca de Oviedo. Para terminar, sabemos, con absoluta seguridad esta vez, que el obispo Pelayo conoc­a tambi©n la cron­stica franca. En BNE ms 1513, est¡ copiado el Prologus velorigo gentium francorum, un cap­tulo de la Continuatio que se adjudica, a falta de una atribuci³n m¡s precisa, al llamado Pseudo-fredegario.Formularios romanos, cr³nicas y hagiograf­as francesas, textos cluniacenses quiz¡, comparten los h­bridos anaqueles mentales de Pelayo con Isidoro de Sevilla, Juli¡n de Toledo y los cronistas de Alfonso III. Es muy probable que ese mismo biling¼ismo favoreciera la estrecha relaci³n sostenida por el prelado con Alfonso VI. El monarca, que fue el m¡s habilidoso de los hijos del navarro Fernando, lo era tambi©n de la leonesa Sancha, la nobillissima puella de la Historia Silense.
...[Leer más]
ESTE LIBRO NO SE ENCUENTRA DISPONIBLE. PUEDES VER MÁS ABAJO OTROS LIBROS DE TEMÁTICA SIMILAR QUE PUEDEN INTERESARTE.
Otros libros de este autor
Los clientes que compraron este libro también compraron

La librería Bubok cuenta con más de 70.000 títulos publicados. ¿Todavía no encuentras el tuyo? Aquí te presentamos algunas lecturas recomendadas basándonos en las valoraciones de lectores que compraron este mismo libro.
¿No es lo que buscabas? Descubre toda nuestra selección en la librería: ebooks, publicaciones en papel, de descarga gratuita, de temáticas especializadas... ¡Feliz lectura!

Bubok es una editorial que brinda a cualquier autor las herramientas y servicios necesarios para editar sus obras, publicarlas y venderlas en más de siete países, tanto en formato digital como en papel, con tiradas a partir de un solo ejemplar. Los acuerdos de Bubok permiten vender este catálogo en cientos de plataformas digitales y librerías físicas.
Si quieres descubrir las posibilidades de edición y publicación para tu libro, ponte en contacto con nosotros a través de este formulario y comenzaremos a dar forma a tu proyecto.

¿Quieres que te informemos de cómo publicar tu obra? Déjanos tu teléfono y te llamamos sin compromiso.

Introduce el nombre

Introduce el teléfono

Introduce el E-mail

Introduce un email válido

Escoge el estado del manuscrito

Gracias por contactar con Bubok, su mensaje ha sido enviado con éxito. Una persona de nuestro departamento de asesoría al cliente se pondrá en contacto contigo a la mayor brevedad.
Enviar