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romi
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El valle de los cerezos

23 de Marzo de 2014 a las 12:24

Bubok

398- EL VALLE DE LOS CEREZOS

 

               Que la Alhambra hoy es un monumento grandioso, con mucha fama y muy visitada por los turistas, nadie lo duda. Que en tiempos pasados, cuando este monumento nacía, también fue algo hermoso y único, tampoco hoy nadie lo pone en duda. Pero que en aquellos tiempos, estos palacios y los reyes y personas que lo habitaron, fueron causa de muchas desgracias, guerras, batallas y muertes, también es cierto. Y que la Alhambra para ser alzada y llegar hasta nuestros días y tal como hoy la conocemos, se llevó por delante la vida de muchas personas y la destrucción de muchos paisajes y riquezas, es algo que no todos saben ni tienen en cuenta.

 

               Pero ocurrió así y de ello hay muchas referencias, algunas escritas y, las más significativas y valiosas, por completo ignoradas. Y un caso claro de lo que digo, estuvo en el desaparecido y hoy por completo ignorado Valle de los Cerezos. Lugar hermoso como pocos en este suelo al levante de la Alhambra y antes de las cumbres de Sierra Nevada. Donde el terreno se recoge entre dos largas cuerdas y era bañado por varios arroyos y cascadas que descendían desde lo alto. A media ladera, entre las tierras llanas y las partes altas, tenían ellos huertos. Bancales de tierras que hacía mucho tiempo habían sembrado de nogales y cerezos. Cultivaban también estas tierras con hortalizas y cereales pero lo que con más cariño cuidaban, eran los cerezos.

 

               Por eso estos árboles, algunos tenían troncos muy recios y grandes ramas y otros, cuando llegaba la primavera, se tupian de flores blancas y olorosas. Poco después y al comienzo del verano, estos árboles se cargaban de hermosas cerezas rojas que ellos cogían cada mañana y compartían luego entre sí. También las aves de estos lugares se comían parte de la cosecha y lo mismo otros animales. Pero a ellos no les importaba porque eran amantes de la naturaleza, de la libertad y del gozo que les proporcionaba el rincón donde vivían. Y, sobre todo, de sus hermosos bancales sembrados de cerezos. Por los caminos, para descender desde los bancales hacia las casas o para ir a los arroyuelos o cascadas, sembraron muchas higueras. Y estos árboles, también al llegar el verano, daban riquísimas brevas y luego, higos negros, rayados y blancos.

 

               Pero un día de primavera, justo cuando los cerezos empezaban a llenarse de frutos maduros, al salir el sol, desde las puertas de sus casas, ellos observaron algo muy extraño. Bañados por los rayos del sol, toda la gran ladera de los cerezos, se tiñó de color naranja oro. Luego estos colores fueron cambiando hasta transformarse en brillantes llamas rojas sangre y negras. Asombrados, algunos de los hombres se preguntaban:

- ¿Qué será lo que ocurre esta mañana en los bancales de nuestros cerezos?

- No lo sabemos pero es un fenómeno que nunca se ha visto por aquí.

- Y es hermoso el espectáculo al tiempo que resulta extraño y misterioso.

 

               Y aquella misma mañana y solo unas horas después del espectáculo de colores, aparecieron en el valle muchos soldados y generales. Acorralaron a las personas dueños de los cerezos y los asustaron diciéndoles:

- Los ejércitos y habitantes de la Alhambra, reyes, princesas y otras personas importantes, necesitan alimentos. Desde este mismo instante, este valle ya no os pertenece ni tampoco los cerezos ni sus frutas. Todo lo que hay por aquí, pasa a ser propiedad de los habitantes importantes de la Alhambra.

Y como aquellas pobres personas se asustaron tanto ni siquiera abrieron sus bocas para protestar o pedir explicaciones. Unas horas después, recorrían los caminos de aquel valle para irse lejos y dejar por allí no solo sus cerezos y manantiales sino también sus ilusiones y sus sueños.

 

               Durante un tiempo, personas de la Alhambra, recogieron frutas y hortalizas de aquellos terrenos. Para comérselas en los palacios y para alimentar a los soldados en las guerras. Pero según fueron corriendo los días, todo por aquel lugar iba quedando por completo abandonado. Se secaron los cerezos y las higueras, por los bancales crecieron abundantes y vigorosas zarzas y otra vegetación y las lluvias, las nieves y los vientos, fueron transformando aun más aquel precioso y recogido Valle de los Cerezos. Siguió avanzando el tiempo y como también en la Alhambra y alrededores, muchos morían y otros tuvieron que irse, lo del Valle de los Cerezos quedó cada día más y más perdido y abandonado.

 

               Hoy, de todo aquello, solo a través del tiempo emerge este sencillo relato. No para salvar nada ni para revivir el hermoso Valle de los Cerezos sino para dar testimonio de que la Alhambra, destruyó mucha belleza y quitó la vida a muchas personas pobres. Por eso decía al principio que la Alhambra hoy será un grandioso monumento para los turistas y otras personas pero en sus entrañas, tiene un mundo oscuro lleno de sangre y dolor. Y digo esto porque si aquel Valle de los Cerezos no hubiese sido arrasado del modo en que resultó ¿no habría existido allí durante mucho tiempo y puede aun todavía, un mundo hermosísimo, libre y puro? Algo que incluso superaría en dignidad y grandeza a los propios recintos de la Alhambra y a muchas de las personas que la habitaron.

 

               Porque los pobres, los que rezan cada amanecer al cielo para agradecer el aire que respiran y el agua de los manantiales, tienen grandes tesoros en sus corazones y poseen infinitas bellezas en sus alma. Y son los únicos que de verdad engrandecen todo lo que tocan y llenan de honor y pureza hasta los más pequeños rincones de este suelo.

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