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romi
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La madre, la niña y el moral

24 de Abril de 2015 a las 21:23
Bubok

434- LA MADRE, LA NIÑA Y LA MORERA

Audio y pdfs en descarga gratis de aquí: http://1drv.ms/1GbvpVl

A media mañana, la niña salió de la casa y se fue a la morera. La que crecía en la misma puerta y tenía su tronco grueso y torcido hacia las torres de la Alhambra. Puso sus pies en los agujeros que el paso del tiempo había ido horadando en este tronco y, como otros muchos días, trepó hasta la cruz del árbol. En la gruesa rama que se tumbaba para el río, se sentó y se puso a mirar para la Alhambra. El sol caía limpio, iluminando tanto el barrio del Albaicín como las torres, murallas y jardines de la Alhambra. No hacía frío ninguno. Era ya mediado de mayo y por eso la primavera estaba avanzada.

Dentro de la casa, en la pequeña habitación de la derecha, la madre se acurrucaba en la humilde cama. No dormía pero sí se notaba sin fuerzas, con mucho frío en todo el cuerpo y el corazón como apagado. En su mente no existía ningún pensamiento pero sí en su cuerpo, todo entero era un puro dolor sordo y monótono. Quiso llamar a la hija pero no lo hizo y ni siquiera sabía por qué. La casa, pequeña estancia toda desangelada, fría y por completo abandonada, parecía detenida en el tiempo. Sin más vida que el dolorido cuerpo de la madre y la presencia de la pequeña que ni siquiera sabía qué hacer. Sí en su corazón faltaba el cariño, en su cuerpo el alimento y en sus labios la sonrisa. Pero a sus doce años, ni sabía qué era lo que a la madre le pasaba ni por qué las cosas de este modo y en su mundo sucedían.

De las últimas casas del barrio en la parte baja del Albaicín y que rozaban el río, llegó la amiga de la madre. También mayor, con apenas fuerzas ni en sus piernas ni brazos pero sí con el deseo de hacer algo por la que se apagaba en silencio. Encontró la puerta de la casa abierta, entró, avanzó hacia la habitación y al acercarse a la cama, saludó a la mujer y le dijo:
- Un poco de sopa caliente te traigo porque algo tienes que comer. ¿Cómo te encuentras hoy?
Y la madre acurrucada en la cama, apenas movió un poco su cuerpo, miró sin ánimo a la mujer y, aunque quiso decir algo, no le salían las palabras. La que había llegado de nuevo comentó:
- Te arropo un poco con esta vieja manta y mientras te preparas para tomarte la sopa que te he traído, voy a intentar arreglar algo tu casa.

Se puso la amiga a ordenar un poco las cuatro cosas que por la estancia se veían esparcidas y desordenadas y de vez en cuando se paraba para respirar y tomar un poco de fuerzas. Miraba por el hueco de la puerta y veía a la pequeña subida en la morera y sentada en la gruesa rama. Varias veces pensó llamarla pero no lo hizo porque pensó que la chiquilla nada podía hacer para mejorar las circunstancias. Se dijo: “Es tana joven y tiene tan poca experiencia de la vida y las personas que lo que más necesita es cariño y apoyo. ¡Si yo pudiera…!

En las ramas de la morera poco a poco se iban concentrando los pájaros. Palomas, mirlos, gorriones, oropéndolas, estorninos… Todos acudían a buscar las moras maduras y también los verdes y tiernos tallos. Mientras permanecía en silencio y mirando para la Alhambra, la pequeña también se entretenía en cada uno de los pájaros que de un lado a otro revoloteaban. Sentía cierta envidia de estas aves y hasta deseaba comerse las moras más gordas y maduras que se veían en las ramas más altas. Se decía: “Pero como no soy pájaro para poder volar ni puedo subir a las copas de esta morera ni tampoco puedo elevarme por encima de aquellas torres y murallas”.

La humilde casa se alzaba no lejos del río Darro, un poco más arriba del puente del Aljibillo. Por eso desde aquí se veía perfectamente la Alhambra, las aguas del río, el azul del cielo y hasta se oían cantar por las noches los ruiseñores.

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