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romi
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Canción de primavera

15 de Febrero de 2016 a las 13:07
Bubok  

445- CANCIÓN DE PRIMAVERA

Audio y pdfs en descarga gratis de aquí: http://1drv.ms/1GbvpVl

A primera hora de la tarde, se encontraron en el puente del Aljibillo. El hermoso y pequeño puente en el río Darro, donde comienza la cuesta de Chapiz y la del Rey Chico y que se encuentra al final del Paseo de los Tristes. En el muro de este bonito puente, bajo el viejo almez y mirando a la Alhambra, estaba sentado el hombre mayor. El más joven, que llegó solo unos minutos después, al encontrarse con el enemigo, se paró frente a él y lo saludó. Bajaba desde el centro del Albaicín, ladera sur que mira a la Alhambra y cae hacia el río en calles estrechas y largas. Por eso, según había venido avanzando por una de estas calles empedradas, se fue encontrando no con una sino hasta con tres chicas jóvenes que jugaban y tocaban tranquilamente la pequeña y original guitarra. A la primera le preguntó:

- ¡Perdona! ¿Puedes decirme cómo se llama este instrumento?

La joven, sentada en el escalón de la antigua casa, lo miró. Siguió rascando con sus dedos las cuatro cuerdas del instrumento y le dijo:

- Es un ukelele.

- ¡Qué novedoso!

Susurró y siguió caminando.

 

Justo cuando llegó a la calle conocida como Carrera del Darro, sobre la pared de un histórico edificio, frente al sol y frente a la Alhambra, de pronto vio a dos jóvenes. No muy bien vestida y con relucientes aretes en la nariz y orejas. Una de estas jóvenes, tenía en sus manos un instrumento musical exactamente igual al que había visto hacía unos minutos a la otra muchacha. Rasgaba tranquilamente sus cuatro cuerdas y chapurreaba una canción que  de nada conocía. Y como la curiosidad seguía despierta en su mente, se acercó a esta muchacha y le hizo la misma pregunta. La del instrumento en la mano, le respondió:

- Es un ukelele que me ha regalado mi amiga.

- ¿Y la canción que cantas?

- Me la he inventado yo y la titulo “canto a la primavera”.

- ¿Por qué este título?

- Porque la primavera, hoy mismo ha llegado y no sólo en el calendario. Si miras al frente, por la ladera esa que cae desde las torres de la Alhambra para el río y por aquí frente a las aguas y la umbría río arriba, puedes ver que lo que te digo es cierto. La primavera ha llegado y por eso los almendros muestran sus últimas flores mientras ya se ven los brotes en las ramas de los almeces, en la de los sauces y álamos y abren sus flores blancas los durillos y algunas plantas herbáceas.

 

Instintivamente miró para donde la joven le indicaba y descubrió que era cierto lo que le decía. Le dio las gracias y por la estrecha calle de la Carrera del Darro, siguió avanzando hacia la recogida plaza al final. Por donde la iglesia de San Pedro, al lado de arriba de la casa de Castril, Museo Arqueológico ahora cerrado, los vio. Un joven alto, de cabellera rubia, ojos azules y cuerpo recio, venía caminando junto a una muchacha también de melena dorada, ojos algo verdes claros y con la tez de la cara muy blanca. Traían en sus manos el mismo pequeño instrumento de cuatro cuerdas que había visto unos minutos antes en dos personas y lugares distintos. Y en esta ocasión sí prestó mucha atención al tiempo que para sí se decía: “¿Qué pasa hoy en Granada para que tantos jóvenes lleven y toquen este original instrumento de cuerda? Es la primera vez que me ocurre esto y por eso me sorprende. ¿Qué razón hay para ello?”

 

Sin más, tal como subía despacio yo bajaban charlando, se fue hacia los dos jóvenes, se puso delante, los paró y les dijo:

- ¡Perdonad pero es que tengo necesidad de una pregunta!

Ella, muy hermosa y por supuesto con mucho aspecto de estudiante universitaria extranjera, lo miró de frente y expectante. Sin más él le pregunto:

- ¿Es que se celebra hoy en Granada algún concierto con estos instrumentos?

Rápida la joven respondió:

- Que nosotros sepamos, no.

- Pues explícame a dónde vais con este ukelele.

- Has dicho bien, esto que llevo en las manos y parece una guitarrilla, tiene el nombre que has pronunciado. No vamos a ningún lado. Solo paseamos y como esto es pequeño y no pesa nada, lo llevamos como previsión por si nos apetece cantar algo. ¿Sabes tú que hoy es el primer día de la primavera?

 

Miró en ese momento para los bosques de la Alhambra en la ladera que cae para arriba y dio de nuevo las señales de la primavera. Se dijo en su corazón: “Primavera otra vez aquí en Granada y ésta me ha cogido con la ilusión marchita en mi corazón. Ni siquiera sé qué número representa y ni tampoco me resultan hermosos los cantos de los pajarillos por este rincón junto a la Alhambra. Ya soy viejo, de mis recuerdos se están borrando aquellas personas que un día me llenaron el alma de ilusión y hasta este paseo junto al río claro, me sabe a rancio. No es cierto que en mi mundo interior esté de nuevo brotando la primavera”. Y, mientras en silencio rumiaba estos sentimientos a dos pasos de los jóvenes universitarios con su guitarrilla mágica, por su mente pasaron muchos momentos bellos, ahora como en un infinito lejano.

 

Joven que tenía delante de nuevo comento:

- Sé que la mayoría de las flores y árboles en esta ladera que tenemos al frente, brotarán dentro de una semana pero fíjate como ya por ahí hay muchas florecillas amarillas.

Al mirar el descubrió que era cierto pero como conocía esta especie de florecillas, aclaro:

- Son jaramagos. Por esta ladera y en muchos otros lugares de Granada, crecen en abundancia estas plantas y florecen antes que otras. No tienen mucho valor botánico ni para decorar, estas plantas.

- Sin embargo, el color oro claro de sus florecillas, a mí me gustan mucho. Alegra verlas y ponen en marcha la imaginación. ¿Sabes lo que a mí un día me gustaría?

 

- ¿Qué es lo que te gustaría?

- Cruzar las aguas de este río, un día de estos, subir por esa ladera y caminar despacio por entre ese tupido sembrado de florecillas amarillas. Deseo tocar con mis manos todo ese espeso manto dorado y correr como niña feliz tras las mariposas. Quizá pienses que estoy loca pero mi corazón me pide a gritos esto que te he dicho. Porque también pienso que vivir esta experiencia aquí en Granada y justo a dos metros de la muralla de la Alhambra, es una oportunidad única y muy hermosa.

 

Miró a él una vez más para este lado de las florecillas de jaramago y percibió ahora que había muchas. Desde el mismo río Darro, por entre las zarzas y los trozos del puente del Cadí, se veían muy tupido el amplio sembrado de jaramagos, todos florecidos y por eso regalando un paisaje realmente hermoso. Le preguntó a la joven:

- Con esta guitarrilla tuya, mientras corres, tomas el sol, tocas con tus manos y te bañas en el polen de esas mil florecillas ¿Cantarías canciones con sabor a primavera?

- Claro que lo haría pero en el fondo, lo que me gustaría, mientras me fundo con este sembrado de color, es sentirme abrazada por esa persona que en mi corazón añoro. ¿Te imaginas lo dulce, hermoso, misterioso y hondamente espiritual que sería eso?

- Me lo imagino y por eso deseo que algún día, antes de que estas florecillas se marchiten, puedas  realizar tu sueño. Y ojalá de tu corazón salgan tan hermosas canciones que algún poeta o pintor te inmortalice en estos rincones.

 

Y por su mente en este mismo momento pasó la imagen del relato que solo unos días atrás, el que le esperaba en el puente del Aljibillo, le había contado. De nuevo pidió perdón y agradeció a los dos jóvenes su amabilidad. Al despedirlos les dijo:

- Pues que tengáis buenas tardes y de vuestros corazones salgan canciones bonitas que proclamen y celebren la llegada de esta nueva primavera.

 

Los despidió, continuó avanzando lentamente por la calle y al llegar a la plaza ahora conocida con el nombre del Padre Manjón, se fue para la orilla del río. Siguiendo el Murillo que por aquí se pega la parte del cauce. En los sencillos bancos que junto a este muro hay, se fue encontrando jóvenes y turistas sentados. Unos mirando mapas, otros haciendo fotos, comiéndose un bocadillo, tocando la guitarra los más aventureros, muchachas vendiendo abalorios y algunos más asomados al río donde por la orilla de las aguas, ladraban y corrían perros. A unos y a otros los fue observando según avanzaba despacio y a todos los borraba de su mente según quedaban atrás. Otra vez se dijo: “Ya cada día, a pesar de que estos lugares y personas me son familiares, me interesan menos. Siempre todo es igual por aquí y representa y muestra la misma apariencia e imagen una tarde y otra. Es como si mi corazón ya estuviera más que cansado de la vida y de esto los lugares por donde continuamente busco lo mismo sin encontrarlo”.

 

Según se acercaba al puente del Aljibillo, iba mirando y de pronto lo vio. Sentado en el muro del puente que por aquí cruza el río y queda por completo arropado por las ramas de un viejo almez. Miraba en silencio y con mucho interés para las aguas y la pared de enfrente que desde el puente cae para el charco que aquí mismo se remansa. Estaba solo, vestido con un jersey de lana gruesa y algo viejo, pantalones grises y zapatos del mismo color que las murallas de la Alhambra. De estatura baja, cuerpo delgado y muy calvo. Parecía prescindir de todo lo que por aquí sucedía menos de algo que ocurría en alguna de las piedras del muro que desde el puente caen para las aguas del río.

 

Junto a él se paró y en el mismo muro, se sentó. Lo saludó y sin más le preguntó:

- ¿Ocurre algo ahí?

Y el hombre calvo, sin apartar su vista de las piedras en el muro, dijo:

- Celebra la primavera.

- ¿Quién o qué celebran la primavera?

- En ese pequeño agujero, entre las piedras del muro, tiene el nido el carbonerillo. Estoy viendo que va y viene constantemente trayendo insectos en su pico. Seguro que tiene pajarillos y por eso no para un momento.

El que había llegado, miró con interés y no tardó en ver al pequeño pajarillo. Preguntó al que estaba sentado bajo el almez:

- ¿Y de este modo crees tú que celebra la primavera?

- No es que lo crea, es que es cierto. Aquí, a solo unos metros de las aguas claras de este río, bajo la figura de las torres y murallas de la Alhambra, donde el airecillo es puro y fresco y ajeno por completo a las personas que por el lugar pasan, nace la vida desde lo más diminuto pero con un volcán de belleza que asombra.

 

Algo más abajo, hacia la destartalada figura de lo que fue el Hotel Reuma y también sentadas en el muro del río, dos muchachas bebían cerveza de una botella de litro. En el río, por la orilla donde se juntan las aguas que bajan por el barranco del Rey Chico con las de este cauce, un joven y una muchacha se abrazan ajenos por completo a los que se paraban a mirar. Dos perros saltaban y buscaban las piedras que otro joven le echaba a las aguas del río y por el Paseo de los Tristes, iba y venían muchos turistas. El que había llegado, advertía con mucha claridad todo este panorama y a punto estuvo de preguntar. Pero el que observaba al pajarillo entrando y saliendo del agujero en las piedras, dijo:

 

- La naturaleza entera, cada ser vivo y cada persona, celebramos la llegada de la primavera de formas distintas y a nuestra manera. Pero yo no puedo olvidar la historia del hombre que un día vivió cerca de este río y celebraba esta estación del año también a su manera aunque de una forma muy bella.

- ¿Quién era ese hombre y de qué manera celebraba la llegada de la primavera?

- Su nombre no lo sé ni tampoco quién era pero la historia dice que en su pequeña casa con jardín, tenía un rincón donde a lo largo del día se refugiaba solitario. Dentro de este recinto él poseía un instrumento musical que tocaba de una forma primorosa. Escribía versos y, mientras iban pasando las tardes llenas de silencio y perfume por este lugar de Granada, desde su recinto pequeño tocaba y tocaba. Por la ventana miraba para la Alhambra y a ratos se fijaba en las golondrinas que en un rincón de la pared de enfrente, se afanaban en construir su nido. 

 

Y dicen que todo el que pasaba por allí, al oír la música de su instrumento y las canciones que cantaban, en muchas ocasiones se paraban para deleitarse en las originales, dulce y también tristes melodías. Entre sí algunos comentaban:

- Sin duda que este hombre, con sus melodías, música y versos, querrá decir algo.

- ¿Y qué es lo que tú crees que quiere decir?

- No sé expresarlo con palabras pero solo hay que pararse un momento y escucha despacio la música que de ahí sale para asombrarse y descubrir que cada nota de sus canciones encierran universos.

- ¿Pero qué universos?

- No tienen nombre pero el espíritu los se intuye.

 

Y una de aquellas tardes de primavera, este hombre tocó y cantó canciones mucho más hermosas que otras veces. Bastantes personas de este barrio al oírlas, se asombraron mientras miraban a la tarde cayendo y los colores del cielo. De pronto, de su pequeño refugio, dejó de salir música y todos se quedaron esperando a la siguiente melodía. Pero la siguiente melodía no sonó ni en aquel momento ni más tarde ni nunca más. En ningún momento ni días siguientes se volvió a oír la música que aquel hombre hacía.

 

Sí, una tarde de primavera y un poco antes de ponerse el sol, algunas personas oyeron una canción muy bonita. Salía como de las aguas de este río, justo por donde el puente en que ahora estamos sentados. Los que pasaban, al oír esta música, se paraban y se asomaban a este lugar con el deseo de ver quién cantaba. Descubrieron que por todo este sitio, orillas del río, por la calle y aquella explanada a los lados, para arriba y para abajo, como una alfombra de terciopelo color granate tapizaba a lo ancho y largo.

- ¿Qué fenómeno es este?

Preguntaban algunos.

- Nadie lo sabemos.

Respondían muchos.

- ¿Y quién canta una canción tan bella?

- Tampoco lo sabemos porque es la primera vez que esta melodía se oye por aquí.

 

Y como con mucho interés, unos y otros seguían buscando, vieron a un hombre sentado aquí mismo, donde yo estoy ahora. Algunos creyeron que era él y por eso se acercaron para preguntarle. Su silueta se recortaba sobre las torres de la Alhambra y al darle los últimos rayos del sol de la tarde, parecía como transparente en la luz dorada y fuego. Sin embargo, las aguas del río, bajaban muy serenas, diáfanas como diamantes puros y en pequeñas olas que parecían transformarse en algunas de las notas de la canción que se oía.

 

Los más atrevidos, se aproximaron más a la figura del hombre que aquí estaba sentado y desde donde parecía brotar la canción que por el aire resonaba y, de pronto por completo desconcertados, vieron el fenómeno. Sobre las aguas de río y como si fuera aparte de estas mismas aguas y se durmiera en las olas, se vio a una joven muy hermosa. Casi desnuda desde la cintura para arriba y como recostada en una de las olas que por el río bajaba. Miraba muy serena y parecía charlar con alguien que estaba a su lado. Sus ojos eran negros brillantes, tenía una gran melena y su cara relucía fresca como una flor recién abierta.

 

La canción que seguía brotando como de las aguas de este río, ahora se oía más claramente y por eso, todos los que por aquí se habían parado, de pronto quedaron como hechizados. Ninguno se atrevió a acercarse más al hombre que sobre este puente estaba sentado y mucho menos se atrevió nadie a preguntar nada.

 

Solo unos minutos después, la luz de la tarde comenzó a irse, la figura de la joven fundida con las olas de río, se desdibujó corriente abajo y la misteriosa canción, también fue apagándose poco a poco. Todo por el lugar, orilla de rio, plazas y calles, recuperó su color de tierra y piedras oscuras y lo mismo las torres de la Alhambra. Y fue ahora cuando las personas que por aquí se habían concentrado, cuando se hacían más y más preguntas:

- ¿Quién será el hombre que aquí hemos visto sentado y la mujer que dormía dulce sobre las aguas del rio?

- Y la canción que hemos oído ¿de dónde ha brotado tan fabulosamente bellas?

- ¿Tendrá esto algo que ver con la llegada de la primavera?

- Puede que sí y por eso a lo mejor se repite el fenómeno en algún otro momento.

- Pues podríamos preguntarle a las personas mayores que siempre han vivido por estos lugares a ver si ellos saben algo del misterio.

 

Y algunos, no muchos, sí durante un tiempo preguntaron a las personas mayores que iban encontrando por este barrio y en las laderas de las cuevas. Solo un hombre mayor que vivía en la parte alta del Albaicín, un día dijo:

- Lo de la canción de primavera en el río Darro y por el puente del Aljibillo, sí que tiene un mensaje de verdad. Yo oí decir que el hombre que la interpretaba y que luego parecía irse con su amada cuando ésta se dormía en las aguas del río, era precisamente por esto: porque la quería. Al parecer, el tiempo que estuvo junto a ella y pudo oír su voz y tocar sus manos, fue algo maravilloso para él. Se fue de su vida  ella un día y al recordarla y rumiar los recuerdos hermosos que sinceramente le había regalado, se le iba el aliento en estos recuerdos. Se decía: “Has sido lo más dulce y sincera de cuantas mujeres mi corazón ha amado. Noble, sencilla, sin más interés que ser amada y respetada y por eso el tiempo te mantiene viva en mi alma y momentos. Como si ninguna otra cosa, desde que te conocí ya tuviera valor para mí en este suelo. Y mientras vivo este recuerdo como si fuera el latido propio de mi alma, irme contigo es lo que más deseo ahora”.

 

Solo este hombre sabía cómo pero el hecho es que el recuerdo de su amada, lo convirtió en su vida, en música. En una canción tan única y extraña que al oírla las personas, siempre se quedaban extasiados. Y según yo he podido saber, al llegar la primavera de aquel año, su canción y recuerdo de la amada, desde este puente del Aljibillo, se hizo misterio en la hermosa figura de la joven durmiendo sobre las olas de río. Como broche final a una historia única, muy íntima y con olas de pureza y eternidad.

 

Algunas personas más preguntaron a este anciano:

- ¿Pero se sabe si en algún momento, aquel fenómeno de la música y ella durmiendo sobre el río, se repitió?

- Se repite en algún momento este fenómeno, algún daño a llegar la primavera.

- ¿Y pueden verlo muchas personas como en aquella ocasión?

- Solo algunas personas muy concretas que en su interior tengan un sueño y sentimientos elevados y nobles.

- Pero ¿qué señales se verán o escucharemos cuando se acerque el momento de esa escena del río y la canción?

El hombre mayor, dijo muy solemnemente:

- Atención, las señales que precederán a la aparición de la joven sobre el río acompañada de la música de la canción más dulce del mundo, serán estas: unos días antes de la llegada de la primavera, por las calles de Granada, se verán a jóvenes con instrumentos musicales en sus manos. Por algunos lugares en de este barrio del Albaicín y por calles y plazas de Granada. Cantarán, estos jóvenes, canciones especiales como si les salieran del centro de sus corazones e impulsados por algún sueño indescifrable oculto en sus vidas. Las personas que vean y oigan a estos jóvenes tocando sus instrumentos musicales y tatareando canciones en lenguas distintas, creerán que disfrutan de cosas maravillosas y no será así. Porque sus canciones no brotarán de la ausencia de la amada ni del fresco dolor de una pérdida. Pero estas serán algunas de las señales que precederán a la visión de la joven en el río y la canción de primavera. La otra señal, la sincera y buena, es que todo esto sucederá justo en el primer día de la llegada de la primavera.

 

               Con estas palabras, aquel hombre mayor concluyó su relato y las personas que lo escucharon, repitieron estas cosas bastantes veces entre unos y otros. Yo supe de esta noticia y como hoy es el primer día de primavera, aquí me tienes en este puente sentado. Esperando y mirando por si en algún momento veo a la joven sobre las aguas del río y escucho la hermosa música de la canción de primavera.

Y el que había llegado, preguntó al amigo:

-Y si en tu corazón, en el mío y en el de otras personas, no existe ese frío vacío de la ausencia y el agudo dolor de la perdida ¿tendremos la suerte de ver y oír lo que me cuentas?

El que estaba sentado en el puente enseguida respondió:

- Probablemente no. Porque yo creo que el frío vacío de la ausencia y el agudo dolor de la pérdida, es lo que hace que las cosas sean elevadas, resulten hermosas y profundamente llenas de misterio y luz.

 

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