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romi
Mensajes: 679
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

La chica de la guitarra IV

29 de Julio de 2016 a las 13:31
Bubok

Relato por el río Darro, puente del Cadí y Espinosa, bosque y umbría de la Alhambra. Dividido en ocho capítulos:
I- Un corazón enamorado
II- La bufanda amarilla
III- Sonidos de guitarra por la Carrera del Darro
IV- Canción triste a los pies de la Alhambra
V- La princesa
VI- El sueño
VII- El muñeco de trapo
VIII- El libro

IV- Canción triste a los pies de la Alhambra

De alguna manera, el hombre no prestó mucha atención a lo que la niña le confesaba. Puso su mano derecha sobre el hombro de la pequeña y le pidió que se sentara junto a él sobre el muro del río. Confiada accedió ella al tiempo que comentaba:

- Tienes que revelarme el título de la canción triste que me has dicho ella cantó en ese rincón tan especial de la Alhambra.

- Te hablaré de esto y otras sencillas cosas que compartió conmigo aquella tarde y en las que siguieron y considero tan hermosas que para siempre se han quedado por aquí palpitando.

               La redonda luna se había colocado casi por completo encima de los palacios de la Alhambra. Iluminaba con tanta fuerza que se veían

nítidamente las torres y murallas, los árboles en el bosque de la umbría, la corriente del río, la estrecha calle del paseo y las casas, ventanas y balcones en el barrio del Albaicín. El silencio era denso y la delicada música de guitarra no dejaba de oírse.

               Dijo el hombre, sin apartar sus miradas de la

empedrada calle que tenía al frente:

- En la pequeña calle que ves ahí y que es conocida en Granada con el nombre de Lavadero de Santa Inés, se ponía ella a tocar la guitarra. Como puedes observar, está empedrada y, como se encuentra en cuesta, discurre en tramos en forma de anchos escalones. En este primer escalón, es donde siempre se sentaba. En invierno, envuelta en un abrigo blanco y rojo y su cara y cuello, abrigadas con una bufanda oscura. Se defendía de esta manera del frío al modo en que lo hace en su país de las nieves.

               Cuando por las tardes por aquí me acercaba, lo primero

que con mis ojos buscaba era la funda de su guitarra. La extendía por delante de ella y ahí los turistas le dejaban algunas monedas. No muchas y por eso en una ocasión me dijo:

- Hoy, después de casi dos horas aquí tocando, ni una pequeña moneda me habían dado. Y estaba tan triste que por eso me puse a tocar la canción que conoces. Al poco, pasó un hombre, se paró, estuvo escuchando un rato y luego me dejó un billete de diez euros y esto me animó.

               No hice ningún comentario a su confesión pero sí, en

este momento, conocí un poco más su alma. Me dije: “Su ilusión es tan limpia como la de una niña recién levantada. Merece el mejor de los tesoros porque realmente es bella y buena. Se siente pobre y desvalida pero mi corazón la descubre rica, muy rica". A la tarde siguiente, al acercarme al escalón de esta calle, lo primero que oí fueron los sonidos de su guitarra. Interpretaba la canción triste y entonces recordé el título.

Aquella tarde

del rincón por donde la Puerta del Arrabal, cuando terminamos de lo que habíamos planeado, caminamos paseo arriba. Siguiendo la corriente del arroyuelo en sentido opuesto a como las aguas bajaban, acariciados por el fresco del la vegetación que por aquí crece y arropados por la sombra de lo árboles: Almeces, álamos, olivos, higueras, avellanos, granados y nogueras. Las palomas bravías que vuelan y viven por las calles y tejados de las casas en la ciudad, alzaban vuelo a nuestro paso. Ella las observaba y de vez en cuando comentaba:

- ¡Que bellas! Un día tenemos que llevarlas a la exposición de pájaros que organizan en el patio del Ayuntamiento.    

En la terraza

del Parador Nacional, el mismo edificio que en tiempos pasado había sido el convento de San Francisco, nos sentamos. Recinto éste hermoso como pocos rincones en Granada. Queda recogido justo entre jardines y árboles por donde la Torre de las Infantas, dentro del conjunto amurallado de la Alhambra. Desde las mesas bajo la sombra de las enredaderas en esta terraza, se ve al frente y cerca, el Generalife, las huertas y los paseos ajardinados. Más cerca quedan los pasillos entre arrayanes, torres y ruinas, por donde los turistas caminan de un lado para otro visitando estos lugares. Por todo esto y por el perfume de las plantas, el murmullo del agua, el arrullo de las tórtolas, mirlos, gorriones y arrendajos, el silencio y la tranquilada, ella con frecuencia comentaba:

- De todos los sitios que al día de hoy conozco en esta ciudad, este rincón es mi predilecto.

Por mi parte, simplemente comentaba:

- Lo puedo entender.

               Pidió el té, como ella siempre decía indicando de este

modo que esta bebida es especial en su mundo y cultura. Se puso a escuchar las grabaciones de los temas que había interpretado y fue escribiendo el título de cada uno de estos temas. Al llegar al número 990, escribió: “Romance ruso” y entre paréntesis (Белой акации гроздья душистые)

Unos días

después, al pasar yo por aquí, antes de llegar a la pequeña calle que vemos al frente, oí los sonidos de su guitarra. Me paré, escuché atento y adiviné el tema. Lo interpretaba con mucho gusto y sentimiento. Y al terminar, repitió el mismo tema pero en esta ocasión, cantando a dúo con su guitarra. Igual que lo había hecho unas tardes antes por el rincón de la Puerta del Arrabal. Primero lo entonó en su lengua nativa, el ruso y luego lo repitió en español:

Белой акации гроздья душистые

Целуюночьсоловейнамнасвистывал,

Городмолчал, и молчалидома,

Белойакациигроздьядушистые

Ночьнапролетнассводили с ума.

Белойакациигроздьядушистые

Ночьнапролетнассводили с ума.

Садвесьумытбылвесеннимиливнями,

В темныховрагахстоялавода,

Боже, какимимыбылинаивными,

Какжемымолодыбылитогда.

 

Годыпромчатся, седыминасделая,

Листьясрывая с акацийпустых,

Толькозимадаметелицабелая

Можетбыть, снованапомнит о них.

Los racimos fragantes de la acacia blanca

Toda la noche el ruiseñor nos silbaba,

La ciudad fue callada y las casas también,

Los racimos fragantes de la acacia blanca

Toda la noche nos perdía la mente.

Los racimos fragantes de la acacia blanca

Toda la noche nos perdía la mente.

El jardín refrescado por el primaveral diluvio,

Todo el rehoyo de agua se llenó,

Dios, como éramos entonces ingenuos,

Éramos jóvenes nosotros, tú y yo.

 

Los años volaron, con las canas dejándonos,

Arrancando las hojas de las acacias vacías,

Solo el invierno y las tormentas de nieve

Tal vez otra vez nos recordaran a ellas.

Durante un rato, escuché atento y cuando terminó, me acerqué, le regalé un sincero abrazo

y ella me dijo:

- Es una canción triste pero para mí muy hermosa. Es del folclore ruso, muy antigua. ¿Te gusta a ti?

Simplemente le dije:

- Sé que muchas de las canciones rusas, están cargadas de sentimientos, romanticismo y melancolía. La que acabas de cantar, sí que es hermosa.

- Y para mí muy importante. Su título en español es: "Los racimos fragantes de acacia blanca"

En su alma, ya

te lo he dicho, había mucha belleza y un océano de bondad. Pero en su alma yo también vi un gran deseo de amar y ser amada, dolor y tristeza, mucha tristeza. De aquí que en más de una ocasión, llegara a pensar que había venido a Granada buscando un sueño, un abrazo, un beso. Y para que nos diéramos cuenta de ello, empezó a gritarlo a los cuatro vientos por esta Carrera del río Darro, a los pies de la Alhambra, con las melodías de su guitarra y la bonita canción triste que entonaba.

Preguntó la pequeña:

- ¿Y al ver y descubrir en ella esto que me acabas de contar, tú sentiste la necesidad de ayudarle y como no pudiste en la medida que deseabas, no la olvidaste nunca?

Se levantó el hombre de donde estaba sentado, cogió a la pequeña de la mano al tiempo que le decía:

- Ven conmigo que quiero enseñarte algo.

Dreysi
Dreysi
Mensajes: 1
Fecha de ingreso: 10 de Junio de 2018
  • CITAR
  • 10 de Junio de 2018 a las 19:37
Es muy interesante :)

Amor a Cuatro Estaciones

Amor a Cuatro Estaciones
Mi nombre es Christopher y soy así como tú, o tal vez sea todo lo contrario, tal vez no nos parezcamos en nada, tal vez no tengamos nada en común pero sin embargo, podemos ser muy iguales y tener preguntas sin respuestas y búsquedas constantes, aunque creo que mejor no, creo que no me parezco a ti, amigo introvertido, transparente en [...] Ver libro

Autor: narraez

   

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