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mhtdtr
Mensajes: 7
Fecha de ingreso: 4 de Julio de 2011

Sujeto cero

26 de Agosto de 2017 a las 23:28

I


Cuando me despierto no consigo reconocer nada de lo que veo. La habitación en la que me encuentro es completamente blanca, similar a un hospital. La cama en la que estaba acostado está hecha por lo que deduzco que he dormido encima, con la ropa puesta. No es la que suelo utilizar ni para trabajar sino un mono blanco que me hace sospechar de que me encuentro en alguna especie de centro médico. La habitación no es grande, apenas tiene una mesa y dos sillas además de la cama y no hay nada más a la vista,; ropa, bolsas o cualquier otro tipo de objeto o armario. Ni siquiera se distingue una puerta por la que acceder. El silencio es total. No sé cómo he llegado aquí ni qué me ha sucedido. Intento pensar en lo último que recuerdo, pero no tengo una imagen clara. Ni siquiera puedo recordar qué día es.


En ese momento se abre una puerta disimulada en la pared. Nadie que no conociese la existencia de la misma podría percatarse de su ubicación. A través ella entra un hombre de mediana edad, 180cm aproximadamente, ataviado con una bata de médico y una carpeta llena de folios que sobresalen. Se acerca a la mesa y se sienta invitando al ocupante de la habitación a hacer lo propio en la silla de enfrente. Lo hace sin hablar, solo señalando, pero de forma tranquila como si tuviese completo control de la situación. Una vez el confundido hombre se sienta el médico comienza a hablar:


-Buenos días. Soy el doctor Pérez. Quería hacerle una serie de preguntas si no le importa.

-De acuerdo – asiente el hombre esperando encontrar alguna respuesta en aquella conversación.

-¿Recuerda su nombre?

-Me llamo Víctor

-Víctor, ¿recuerda cómo ha llegado aquí?

-No – responde Víctor. Estaba tratando de acordarme, pero soy incapaz de saber qué estaba haciendo antes de despertar. ¿Qué me sucede? ¿Es usted médico? ¿Estoy en un hospital?

-Bien, Víctor, le explico. Se encuentra usted en un centro de control de enfermedades. Tuvo un accidente ayer por la noche. Le encontramos inconsciente al lado de una serie de personas que presentaban síntomas víricos muy evidentes.

_¿Qué hacía yo allí? - interrumpe Víctor. ¿Qué tipo de síntomas? ¿Estoy enfermo?

-Es lo que estamos tratando de averiguar, pero es pronto para sacar conclusiones. El hecho de que me encuentre en la misma sala que usted sin ningún tipo de protección debería tranquilizarle. Si tiene algún tipo de enfermedad no es una que se pueda transmitir por el aire o contacto físico.

-No entiendo nada- comienza agitando la cabeza Víctor. -Comprendo lo que me está contando, pero no puedo recordar nada de un accidente o algo parecido.

-Es normal en sujetos que han sido expuestos a algún tipo de trauma tener lagunas en la memoria. La recuperará, pero ahora solo debe preocuparse de descansar y dejarnos hacerle una serie de pruebas para descartar cualquier tipo de enfermedad en su organismo. Tendrá que permanecer en el centro al menos un par de días. ¿Desea que avisemos a alguien?

-Sí, por favor. A mi novia. ¿No puedo hablar con ella?

-No podemos arriesgarnos a que tenga ningún tipo de contacto fuera de esta habitación hasta que no estemos completamente seguros de que no hay ningún problema. Se lo diremos nosotros. Si me escribe un número de teléfono le prometo que contactaremos con ella y la tranquilizaremos.

-Muchas gracias- dice Víctor mientras el médico le acerca un papel y bolígrafo que saca de la carpeta. Víctor escribe el número de móvil de su novia y se lo da al doctor Pérez.


Nada más recibir el número el doctor Pérez se despide indicándole que vendrán en un par de horas para hacerle unos análisis. Se levanta y deja la habitación. Víctor se queda solo de nuevo.


El doctor Pérez se encuentra en una sala de control anexa a la de Víctor. Desde ella se puede ver el interior de la habitación de su paciente a través de un cristal imperceptible desde el interior. Comprueba con un operario que allí se encuentra las lecturas del paciente notando que su corazón está por encima de un ritmo normal, algo esperable al despertarse y encontrarse en una situación tan desfavorable.


Pérez abandona la nueva habitación y accede a un largo pasillo a través del cual llegará a su propio despacho. El pasillo tiene forma circular por lo que carece de esquinas y hay una puerta cada pocos metros a ambos lados. En las puertas del lado este se encuentran una serie de placas con números romanos en orden ascendente. El doctor pasa de la última puerta, numerada como XV y accede a una gran sala común en la que se encuentra con dos colegas.


-Doctor Pérez- comienza uno de ellos. -¿Cómo se encuentra el sujeto hoy?

-No traigo buenas noticias. Creo que va a ser otro fracaso. No es capaz de recordar nada útil, tan solo el número de teléfono de su novia.

-¿El mismo que nos ha dado cada día?- pregunta el tercer doctor que responde al nombre de García.

-Exacto- asiente Pérez. -El mismo maldito número, igual que los otros catorce sujetos. Estoy empezando a pensar que somos incapaces de implantar con éxito cualquier tipo de información en los sujetos.

-No desespere- dice García. Todavía es pronto para tirar la toalla. Recuerde que al principio necesitamos veinticuatro sujetos solo para llegar a tener algo de información útil acerca de su genoma.

-Es verdad- contesta Pérez. -Pero quiero pensar que con lo que sabemos ahora debemos ser capaces de obtener mejores resultados. Llevamos cinco años con el actual proyecto y apenas hemos progresado. Control no estará muy satisfecho si no les ofrecemos resultados para este viernes.

-Control puede irse al infierno si por mi fuera – dice el segundo doctor cuyo nombre es Fernández. -Si no fuese por nosotros no tendrían ni este proyecto para empezar.

-Y si no fuese por ellos no tendríamos los fondos para llevar a cabo nuestra investigación- le increpa Pérez. -Les necesitamos.


En el fondo los tres doctores saben que sin control su descubrimiento habría ido a parar a manos de alguien con el dinero y los medios para investigar a fondo. Aquel sujeto cero que encontraron fue la clave para poder dedicarse por entero a la investigación del genoma, campo en el que los tres eran expertos. Pero tras cinco años de experimentos y pruebas se quedaron sin fondos. Solo gracias a control fueron capaces de proseguir con su investigación, con su sueño de conseguir ser reconocidos por todo el mundo como genios y que sus nombres formaran parte de la historia de la humanidad.


-¿Qué es lo que vas a hacer con el sujeto,?- le pregunta García

-A estas alturas no podemos conseguir mucho de él. Creo que voy a forzarle para conseguir algún resultado antes del viernes. Algo que pueda enseñar.

-¿Forzarle en qué sentido?- pregunta Fernández.

-Hasta ahora hemos fracasado en replicar las habilidades del sujeto cero en cada uno de nuestros sujetos de prueba, pero ¿y si en vez de intentar replicar cada una de sus habilidades individualmente no intentamos añadir todas al mismo genoma?

-Lo que dices no tiene sentido- dice Fernández. -Si con una sola habilidad no hemos obtenido resultados, me parece absurdo forzar el código genético añadiendo una serie de información que el sujeto no va a poder procesar. Sabes que el cuerpo necesita tiempo para asimilar los cambios.

-Esa es la teoría- argumenta Pérez -El caso es que nunca lo hemos intentado, ¿cómo sabemos que no funcionará?. Y además, ¿qué es lo peor que puede suceder?. En el peor de los casos matamos al sujeto, y no sería la primera vez. Creo que no estamos en posición de no intentarlo. Quizá después de la reunión de este viernes no gocemos de más oportunidades.

-Tienes razón- asiente García.

-De todas formas- comienza Pérez. -No os preocupes, si sale mal asumiré toda la responsabilidad. No es que puedan hacerme algo más que apartarme del proyecto.


Dicho esto, Pérez abandona la sala dispuesto a intentar una última alternativa. Ni el mismo confía en que pueda dar resultado, pero se encuentra en una encrucijada. Durante años han probado de todo y nada ha funcionado como querían. Es hora de intentar un nuevo enfoque. Sabe que si fracasa el proyecto será cancelado, o peor, cambiará de manos, incluso a pesar de que los tres fueron los que descubrieron y analizaron primero al sujeto cero. Tras dedicar tantos años a un proyecto Pérez no puede imaginarse haciendo otra cosa, especialmente cuando este proyecto es que le convertirá en un genio científico incomparable en la historia de la genética.


Se dirige a la sala de tratamiento donde da instrucciones a los enfermeros de que administren al sujeto XV una combinación de drogas producidas por la mezcla del genoma del sujeto cero. Prepara la solución durante aproximadamente una hora y se la entrega a los dos enfermeros encargados del sujeto para administrársela vía inyección. Ya no hay marcha atrás, lo que pase a partir de este momento es impredecible.





































II


Han pasado dos horas desde que el doctor Pérez abandonó la sala y Víctor no ha parado quieto en todo ese tiempo pensando y tratando de recordar algo más concreto acerca de lo sucedido la última noche. Ha resultado imposible, no es capaz de recordar ni aspectos básicos de su vida. Solo sabe que tiene una novia, su número de teléfono y su propio nombre. En ese momento dos enfermeros entran en la habitación. Le indican que se siente en la cama para inyectarle un antibiótico. Una vez inyectado dejan la habitación sin mediar palabra y Víctor comienza a experimentar una sensación de sueño muy fuerte.


Cuando vuelve a abrir los ojos se asusta sobremanera. Se encuentra en la cama, pero ya no está solo. Los cuerpos de los dos enfermeros yacen a sus pies y salpicaduras de sangre se encuentran decorando varias partes de la blanca habitación. Su primera reacción es levantarse de la cama y dirigirse a la esquina opuesta de la habitación. Una vez asimilado que los enfermeros no se volverán a levantar se da cuenta de que la puerta está abierta. Puede salir de allí y buscar respuestas. Sus movimientos son lentos pues todavía tiene miedo de encontrar algo al otro lado, sin embargo, no hay nada. La habitación contigua está vacía con la puerta abierta. Sale al pasillo circular y entonces ve una señal luminosa a lo largo del mismo. Sin sonido. Es como una alarma silenciosa, solo el rojo de la luz intermitente interrumpe el blanco inmaculado del pasillo. Piensa que ha debido suceder algo muy malo, quizá la propagación del virus del que hablaba el doctor por lo que lo primero que se pasa por su mente es escapar de allí y después buscar respuestas.


En su camino por el pasillo descubre una serie de puertas marcadas con números romanos. Al no saber dónde se encuentra la salida decide entrar por la puerta marcada con un I. Al abrir la puerta descubre una sala similar a la que se encontraba en el exterior de su habitación. Allí ve una carpeta similar a la que llevaba el doctor Pérez cuando habló con él. Dentro hay un informe médico que indica que el paciente se llama Víctor uno y que no presenta ninguna habilidad del sujeto cero.


Todavía con más interrogantes que antes de entrar decide conocer a ese Víctor uno y accede a la habitación. Allí encuentra a un hombre exactamente como él, idéntico físicamente. Un hombre alto, de unos 185 cm, corpulento, de pelo corto negro y tez morena. Es su vivo reflejo. Víctor es incapaz de reaccionar por lo que no es hasta que el otro hombre habla que sale de su estado de confusión.


-Hola, ¿es usted mi nuevo médico?

-No, mi nombre es Víctor, no soy médico. ¿Tú nombre es Víctor uno?

-Víctor a secas- contesta el hombre. ¿Cómo es posible que te llames igual que yo y luzcas idéntico a mí? ¿De qué trata todo esto? ¿Es un nuevo experimento?

-¿Experimento?- pregunta Víctor. -¿Qué clase de experimentos hacen en este sitio?

-Por lo que preguntas debes de ser nuevo. Había oído rumores de otros sujetos, habladurías de los enfermeros cuando pensaban que dormía, pero nunca he podido salir de esta habitación. Lo que me parece increíble es que seas idéntico a mí, ¿eres un clon?.

-¿Un clon? - pregunta Víctor. -No, he llegado aquí ayer, me han dicho que estuve en un accidente y que podía ser portador de un virus muy peligroso.

-Sí, lo mismo que a mí- dice Víctor uno. -Estoy seguro de que no recuerdas nada del día anterior ni de tu vida previa, solo que tienes una novia y su número de teléfono.

-Exacto. ¿Cómo sabes eso?

-Porque es lo mismo que me sucedió a mí cuando llegué aquí. Desde entonces me han hecho varias pruebas sin resultado alguno. Incluso me han llegado a intentar convencer de que cada día que despertaba acababa de llegar aquí contándome la misma historia que tú me has dicho.

-¿Qué es este sitio? ¿Por qué nos retienen?- pregunta Víctor.

-No lo sé pues nunca he podido dejar esta habitación, pero el hecho de que hayas llegado hasta aquí significa que algo ha pasado. ¿Cómo has podido dejar tu habitación?

-Cuando me he despertado la puerta estaba abierta y dos enfermeros se encontraban muertos a mis pies. He salido y he entrado por la primera puerta que he encontrado. En la sala de al lado he visto este informe que habla de ti- y le señala a Víctor uno el informe.

-No entiendo nada. Deben estar experimentando con nosotros, pero, ¿por qué somos iguales y nos cuentan la misma historia?

-La única forma de conseguir algo de información es salir de aquí.


Dicho esto abandonan la habitación y continúan recorriendo el pasillo hasta que llegan a la puerta marcada con un II. Víctor le cuenta a su compañero que le encontró en una habitación con el número I en la entrada por lo que deciden entrar y comprobar si dentro hay alguien como ellos. Pronto sus dudas se despejan al descubrir otro informe con el nombre de Víctor dos y otro hombre idéntico a ellos en el interior de la habitación. La situación del encuentro anterior se repite y una vez le cuentan al nuevo lo que saben deciden continuar buscando a otros como ellos. Visto que continuando el pasillo hay más puertas marcadas con números romanos deciden separarse e ir abriéndolas todas. Víctor vuelve primero a su habitación para fijarse si hay algún número grabado en el exterior. Así es. El número XV, sin embargo, no puede encontrar su informe en el interior.


Pasados unos minutos quince hombres idénticos se encuentran en el pasillo, cada uno con sus informes. Todos reciben el nombre de Víctor numerados del uno al quince y en todos sus informes se indican que no poseen ninguna habilidad del sujeto cero. A pesar de la alarma silenciosa que parece continuar sin que nadie haga nada, no aparece nadie para detenerles en ningún momento, es como si se hubiesen quedado solos en el complejo. Deciden continuar más allá de la puerta número XV y acceden a la sala en la que los doctores Pérez, García y Fernández hablaron antes de decidir administrar al ahora llamado Víctor quince su solución final.


Allí encuentran los cadáveres de dos enfermeros más con signos evidentes de disparos en la espalda. Más allá de esta sala comienza un nuevo pasillo en linea recta, y al final del mismo un elevador. Sin embargo, no funciona. Tras unos segundos probando a llamarlo llegan a la conclusión de que la alarma silenciosa debe haber activado algún mecanismo de cierre que impide salir del complejo. Deciden investigar sala a sala todo el centro de control de enfermedades.


Durante las siguientes dos horas buscan cualquier tipo de información o forma de salir de allí. No consiguen encontrar a nadie con vida, solo una docena de cuerpos de lo que parecen ser guardias de seguridad, a juzgar por los uniformes que llevan. Junto a ellos encuentran algunas armas que cogen por si llegan a necesitarlas aunque ninguno sabe cómo usarlas. Ninguno de ellos tiene identificación salvo uno que va uniformado de forma algo distinta al resto. En su chapa se lee Bermejo. En su larga búsqueda han sido capaces de encontrar una sala de seguridad con lo que parecen ser controles del complejo. Con más suerte que habilidad son capaces de detener las alarmas silenciosas y de reactivar el elevador central. Una vez hecho se dirigen todos ellos allí para salir donde quiera que sea y buscar ayuda.


En el interior del ascensor encuentran más cuerpos de personal de seguridad. Cogiendo sus armas y apartando los cuerpos suben en el elevador .










III


La alarma se encendió hacía cinco minutos, el tiempo que ha tardado el doctor Pérez en bajar de su habitación en el ala oeste del complejo a la habitación del sujeto XV. Al llegar allí comprueba lo que se temía: el sujeto ha escapado. En su interior dos enfermeros muertos que presentan síntomas de haber fallecido por heridas internas. Quizá la solución final que le administraron había dado resultado, piensa el doctor.


El protocolo es claro. En el momento en que se encienden las alarmas se produce un cierre del complejo que solo puede abortarse desde la sala de control. Al mismo tiempo, un grupo de llamados “limpiadores” accede al complejo a través del elevador central para eliminar cualquier posible contaminación. Este cuerpo de seguridad forma parte de Control y solo actúan en caso de fuga de uno de los sujetos. Hasta el momento no se habían desplegado.


Todo esto significaba que tenía que salir del complejo antes de que el cierre total se completara. Una vez el servicio de limpieza se encontrase en su interior sus ordenes eran ejecutar a todo aquel con el que entrasen en contacto, fuese un sujeto o un médico. Deshaciendo sus pasos se dirige hacía el elevador central comprobando en su camino como las puertas de las habitaciones del resto de sujetos permanecen cerradas. Durante su trayecto encuentra el cuerpo de algunos enfermeros victimas de disparos. Si lugar a dudas del equipo de limpieza que ya ha llegado al complejo y ha comenzado a ejecutar sus ordenes.


Antes de salir tiene que hacer una parada por la sala médica en la que creó la última sustancia que le fue inoculada al sujeto XV. Quiere una muestra de la misma para llevársela. Haya sucedido lo que haya sucedido lo que le queda claro es que esa dosis ha provocado algo en el sujeto que ha desencadenado todo el caos subsiguiente a un nivel similar al que fue testigo con el sujeto cero años atrás.


Una vez con la dosis en su poder comprueba que el camino hasta el elevador central está despejado y se dirige hacía allí. Todavía no se ha completado el bloqueo porque el elevador continua operativo por lo que logra escapar. Al llegar a la superficie contempla de nuevo el mundo que dejó atrás hace cinco años. Los cinco años en los que ha permanecido bajo tierra trabajando Control ha construido a su alrededor una micro ciudad autónoma, en medio de la nada. En la misma viven los miembros de Control, los servicios de limpieza y una serie de científicos, ejecutivos y personas de las que Pérez desconoce su existencia.


Una vez fuera del centro de control de enfermedades, como le gustaba llamarlo, su único objetivo es abandonar la micro ciudad para conseguir su libertad. Para el mundo exterior está muerto. Murió, junto con sus dos colegas, en un accidente de coche cinco años atrás cuando comenzaron a trabajar para Control. Les crearon nuevas identidades tanto a ellos como a todos los trabajadores del complejo. Sin duda, la infraestructura legal para conseguir algo así debió ser descomunal, pero a Pérez nunca le importó mientras le dejasen trabajar en su descubrimiento.


Si consigue escapar sabe que no puede volver a mostrarse nunca más, deberá permanecer en la sombra, siempre escondido, solo con su solución extraída del sujeto cero, pero nunca más tendrá acceso al sujeto mismo que permanecerá con Control. Ellos limpiarán el desastre y volverán a empezar. Contratarán nuevos científicos para que trabajen en la clonación del sujeto cero y el nombre de Pérez jamás será oído de nuevo. Pero no hay otra opción.


Cuando se encuentra corriendo por una de las estrechas calles del sector comercial es descubierto por un agente de seguridad que le da el alto. Pérez no se detiene. Gira en la próxima esquina e intenta huir, pero no es posible porque al final de la nueva calle por la que escapa hay otros dos miembros más de seguridad. Está acorralado. Quizá sea hora de rendirse y afrontar las consecuencias.



















































IV


Han pasado quince días viviendo en una ciudad vacía. Sobre el edificio del control de enfermedades encontraron construida una ciudad llena de edificios, comercios, infraestructuras y vehículos. Todo vacío. Desde el mimo momento en el que los quince Víctor subieron en el elevador han estado solos explorando esta ciudad, sin abandonar sus limites porque tampoco han sido capaces de descubrir cómo hacerlo.


Grandes muros rodean la ciudad aislándola sin una salida aparente. En su interior cuatro barrios principales conforman la estructura de la urbe, cada uno diferenciado de los otros. Ha sido como vivir en una ciudad fantasma. Alimentándose de conservas y cocinando alimentos que han encontrado por todas partes han sido capaces de vivir con comodidad. Han dormido en camas dentro de edificios, pero no han sido capaces de encontrar un solo registro, un solo documento o un solo alma al que preguntar. Las calles vacías, sin dar la impresión de que alguien ha vivido allí alguna vez. El silencio es todo lo que se puede apreciar.


Durante estos quince días los quince Víctor han investigado edificio por edificio siendo capaces de identificar viviendas, comercios y edificios oficiales. Sin embargo, les queda un barrio por explorar, el barrio norte. Allí se levanta una alta torre de oficinas. No la han registrado antes porque han preferido ir limpiando la ciudad por barrios centrándose en los más cercanos al elevador. En el mismo siempre han dejado a un vigilante por si alguien subía, pero nunca volvió a moverse.


Han aprendido que no tienen recuerdos más allá de los tres conocimientos que todos comparten por lo que deducen no son personas normales sino probablemente clones de alguien más.


Juntos, se dirigen al edificio más alto porque piensan que si hay algo o alguien en algún lado, solo puede ser allí. La entrada está bloqueada y les lleva unos minutos y todo su esfuerzo apartar todas las barricadas que se interponen entre ellos y la puerta. Parece como si alguien hubiese querido asegurarse de que nadie entrase. Una vez en el interior la falta de luz es lo primero que se percibe. Si no fuese por la luz del sol que se filtra por los cristales de la entrada no se vería nada. Víctor diez consigue encontrar un interruptor que ilumina todo el acceso principal.


Dos ascensores se sitúan a cada lado de la recepción principal en la que unos monitores reflejan el exterior del edificio. Deciden no separarse por lo que toman el ascensor del lado este. Su idea es subir a la última planta y bajar por las escaleras piso por piso investigando todas las salas que se encuentren. El edificio tiene doce plantas. Al llegar a la última y abrirse la puerta ven un enorme corredor vacío y al fondo el acceso a una gran sala con luz. Se dirigen hacía allí armados con las ametralladoras que tomaron de los encargados de la seguridad muertos del centro de control de enfermedades.


Antes de llegar un ruido les alerta y detiene. Proviene del interior de la sala. Suena como si estuviesen rompiendo algo, tirando cosas. Se perciben gritos que pueden identificarse con la voz de un hombre. Lentamente, los Víctor se encaminan hacía allí y, una vez frente a la puerta, la abren para descubrir en su interior a un hombre de sobra conocidos por todos: el doctor Pérez.









V


Pérez sabe que no tiene escapatoria. Lo que le extraña es que los agentes de seguridad no acaben con él allí mismo en la calle y le tomen prisionero. Le meten en un coche y le llevan al edificio de control. Nunca ha estado allí. Todas sus reuniones con Control se han efectuado telefónicamente, ni siquiera sabe quién forma Control. El edificio es el más alto de la ciudad, doce plantas que albergan todos los abogados, arquitectos, médicos y miembros de seguridad que la ciudad necesita para abastecerse. Cómo consiguieron hacerla funcionar sin depender de ningún gobierno es un misterio que Pérez jamás consiguió averiguar, de hecho, tampoco se molestó en comprender mientras le dejasen trabajar en su proyecto. Control consiguió que su ciudad no figurase ni en google maps y, a pesar de estar ubicada en territorio español, el gobierno no tiene idea de su existencia ni nunca han tenido ningún problema de financiación, supervisión o inspección.


Le escoltan hasta el ascensor donde otros dos guardias de seguridad le suben a la última planta y le hacen recorrer un largo pasillo que lleva a la sala de reuniones principal del edificio. La sala de Control. En la puerta le indican que pase mientras los guardias se quedan allí mismo vigilando que no salga hasta que no se lo ordenen. En el interior solo hay una gran mesa rectangular con dieciséis sillas alrededor todas ocupadas por hombres y mujeres trajeados. En la cabecera una figura de sobra conocida por el doctor Pérez: el sujeto cero.

mhtdtr
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Fecha de ingreso: 4 de Julio de 2011
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  • 16 de Septiembre de 2017 a las 13:25

SUJETO CERO


SEGMENTO 1A


Es la primera vez en toda mi carrera que me llaman a una escena del crimen. Tras diez años en el cuerpo me veo obligado a abandonar la comodidad de mi despacho para dirigirme a un bloque de apartamentos en el que un hombre ha sido encontrado muerto. A pesar de mi experiencia en la academia no me he enfrentado nunca a un caso así, mi trabajo siempre trata acerca de documentos, firmas y solicitudes. Es más, en mis diez años de servicio apenas he visto a un compañero salir a una escena del crimen más que un par de veces. Según las estadísticas los asesinatos apenas ocurren una o dos veces al año y suelen resolverse rápidamente. En una ocasión pude acceder a un informe de uno de estos casos, y si no supiese lo bien que se trabaja en nuestro departamento podría pensar que era demasiado limpio como para tratarse de un caso real.


No es la mejor tarde para comenzar a investigar un caso. Llueve como hace mucho tiempo que no sucede. A pesar de ser verano son comunes en este distrito las lluvias repentinas como esta, no obstante, se trata de la primera del año. Este detalle dificultará la investigación debido a que el cuerpo se encuentra en un pequeño patio que da acceso al bloque de viviendas. Se trata de la disposición habitual para cualquier vivienda del distrito. Todos los edificios son uniformes siguiendo la misma distribución: un pequeño patio de entrada a un largo pasillo que une dos portales, cada uno de los cuales con siete pisos de altura y cuatro domicilios por planta. En todo el distrito Este se repite esta imagen dando a la ciudad un aspecto completamente homogéneo. A algunos no les gusta, pero somos mayoría los que pensamos que cuanto más ordenadas estén las cosas mejor para todos.


Cuando llego a la dirección indicada solo encuentro a un compañero del departamento de avisos. Ellos son los encargados de responder a quienquiera que reporte el crimen y dirigirse los primeros a la escena para documentarla. A partir de ahí, somos nosotros, los detectives, los encargados de investigar las causas y buscar posibles culpables. Al menos esa es la teoría porque nunca se ha juzgado a nadie como culpable de un delito de asesinato. Los pocos casos documentados se han resuelto como casos sin culpable aparente o se han etiquetado como accidentes o suicidios. Es probable que este entre en una de estas categorías. A pesar de todo, es mi primer caso y quiero hacer todo lo posible para resolverlo, por muy evidente que pueda parecer en un primer momento.


-Buenas noches- le digo al compañero de avisos.

-Buenas noches- me responde. –Llevo aquí dos horas, ya pensaba que no vendría nadie.

-¿Dos horas?-pregunto extrañado. –Me han avisado hace apenas media hora. De hecho, el fax que recibimos de vuestra oficina tiene registrada como hora del suceso las 21:00.

-Pues alguien se ha equivocado. El hecho es que desde las 20:00 estoy aquí esperando. Ya está todo registrado en mi informe. Si me lo firmas te dejo con él para que comiences tu labor.


Todavía confuso por esa falta de uniformidad en la información tramitada firmo el informe y me despido de él. Me quedo a solas con el cadáver. Se trata de un hombre joven, sobre los treinta años, pelo corto castaño, ojos verdes, 1.80 de altura y diría que no más de 80 kilos. El forense se encargará de corroborar todos estos datos. El cuerpo se encuentra decúbito supino sin señales de lucha o lesiones aparentes. Está vestido con unos vaqueros y una camisa de manga larga y zapatos marrones. No hay sangre alrededor del cuerpo por lo que descarto una caída desde lo alto.


Saco la cámara y hago algunas fotografías del cuerpo y de la zona. Muevo el cuerpo unos metros y marco el área en la que se encontraba con spray. Una vez analizado todo lo posible llamo a la ambulancia para que vengan a por el cuerpo y lo trasladen a la morgue. Espero pacientemente mientras me fumo un cigarrillo y cuando llegan procedo a realizar una serie de preguntas a los vecinos para recabar cualquier posible información acerca del fallecido y de lo que puede haber sucedido. No saco mucho en claro, los vecinos apenas le conocían. Todos coinciden en que se trataba de una persona extremadamente reservada, que no que hacía ruido y apenas salía de casa. Se mudó a ese domicilio apenas tres meses antes y nunca han visto que entrase nadie más en su casa.


Una vez he terminado me dirijo a la oficina para presentar mi informe. Es un trámite administrativo ya que no se pueden realizar más investigaciones hasta el día posterior al fallecimiento, solo las que podemos sacar en la escena del crimen. Una vez presento mi informe ante mi inmediato superior recojo mis cosas y me voy a casa. Ha sido un día largo y la jornada siguiente lo será más al tener que empezar a investigar activamente el suceso. Cuando llegue a casa estableceré una hoja de ruta para saber qué tengo que hacer y qué líneas de investigación puedo seguir. Me gusta llevar una libreta donde apuntar todo mi trabajo, incluso el más banal, a pesar de que cada vez es más difícil encontrar a la venta este tipo de material. Debido a las restricciones sobre el papel somos muy pocos los que disponemos de un cuaderno o algún libro en casa. Diez años antes era más sencillo, pero tras el inicio de la crisis del papel cinco años atrás multitud de negocios e imprentas tuvieron que cerrar y muchos libros fueron requisados por el gobierno para poder reciclarlo en materiales más necesarios.


Vivo solo por lo que no molesto a nadie llegando a las horas en que lo hago. De hecho, la mayoría de nosotros vivimos solos, no me refiero unicamente a nuestra profesión. Hoy en día es muy complicado establecer relaciones personales. Entre el tiempo que pasamos en el trabajo y las pocas alternativas de ocio disponibles conocer a una mujer es cada vez más complicado. Es normal que la mayoría de los hombres prefieran estar solos a compartir su vida con una mujer, incluso aunque solo sea para un rato. Digamos que la época en que el sexo era algo muy normal e incluso extendido llegó a su fin hace tiempo, más o menos en la época de la crisis del papel. Desde entonces la exposición de mensajes sexuales se han reducido a cero y se han comenzado a inculcar una serie de valores más pulcros que todos hemos abrazado de la forma más natural posible.


Es posible pensar que a muchos no les gustaría llevar un tipo de vida como la que tenemos hoy día, pero poca gente encuentro que eche de menos los viejos tiempos. En general, cada uno está satisfecho con su vida, o eso demuestran las encuestas periódicas que se muestran en los centros de trabajo. Es una de las pocas cosas que todavía se imprimen en papel.


Una vez puestas mis ideas en la libreta ceno algo de sobras de la comida del día anterior y me dirijo a la cama con el objetivo de dormir unas pocas horas antes de volver a la oficina a investigar mi primer posible asesinato.

















SEGMENTO 2A


Tras una noche de poco sueño y mucho pensar en la escena del crimen llego a la oficina dispuesto a trabajar para resolver el caso lo antes posible. A pesar de los comentarios de los compañeros, que piensan que se marcará como suicidio, mi objetivo es poder desarrollar verdadero trabajo policial para saber qué ha sucedido realmente antes de darle una etiqueta cualquiera para cerrar el expediente.


Mi primera gestión es la de dirigirme a la morgue para tener un informe completo de la autopsia. Allí me encuentro con el médico forense que me pone rápidamente al día.


-Buenos días- comienzo. –Soy el detective Morales del distrito Este.

-Buenos días- contesta. –Supongo que quiere la versión rápida.

-¿La versión rápida?- pregunto sin saber a qué se refiere.

-¿Es nuevo en el departamento?- me pregunta.

-No, llevo varios años. Es cierto que es mi primer caso.

-Entonces le cuento la versión rápida, al fin y al cabo es lo que siempre me piden. Verá, hay señales de un golpe violento en el torax. Se descarta la caída desde lo alto. El golpe se lo puede haber provocado el mismo. Ahí lo tiene.

-¿Eso es todo?-pregunto incrédulo.

-¿Quiere la versión completa?

-Por favor

-De acuerdo, para mí es lo mismo, pero es el primero que quiere saber más de lo necesario. El fallecido no tiene señales de muerte por caída, el único golpe registrado en el cuerpo es en la zona del tórax. Podría ser que se haya golpeado con algo o que le han golpeado, no es posible saberlo a ciencia cierta. Lo que es evidente es que tuvo que tratarse de un objeto pequeño, quizá un martillo. El sujeto debió fallecer dos horas antes de la hora que registró como su llegada a la escena. En el estómago no he encontrado nada extraño; venenos o productos químicos que pudiesen haber acabado con su vida, su última comida fue muy ligera unas seis horas antes de la muerte.

-Gracias- le digo. –Por lo que me cuenta lo más probable es que el hombre haya sido asesinado por alguien. ¿Tenía algún resto de fibras, pelo o Adn de otra persona?

-No- responde categóricamente. –Si alguien ha acabado con su vida ha sido de forma muy rápida sin darle tiempo a la victima a reaccionar. Probablemente un único golpe haya acabado con su vida.

-Muchas gracias por la información- le digo

-Es mi trabajo, lo extraño es que alguien se interese tanto por resolver un caso en su departamento.


Con este último comentario abandono la morgue con información importante, pero que no esclarece nada. Si la victima llevaba dos horas muerto y ningún vecino ha visto o sentido nada es porque nadie ha pasado por la zona a aquellas horas o que alguien vio algo y está mintiendo. Lamentablemente no hay forma de sonsacar a nadie ese tipo de información sino son acusados de algo, por lo que mi investigación debe ir por otro lado.


Vuelvo a la oficina para poner toda la información por escrito en mi libreta y allí un par de compañeros me dicen que no pierda el tiempo, que si en una semana no tengo nada cerrarán el caso como suicidio. No intento preguntar por qué piensan eso, pero a la tercera persona que me lo comenta sí le pregunto. Es Javier, uno de mis mejores amigos en el departamento..


-Eres la tercera persona que me dice lo mismo. ¿Por qué siempre sucede esto? ¿Acaso no hay ganas de investigar o es un tema de estadísticas?

-Mira Morales- comienza. En el trabajo todos me llaman por mi apellido, soy el único con el que lo hacen. –Si quieres quedamos mañana en la cafetería y te cuento lo que opino, no es algo que discutir en la oficina.


No insisto más puesto que su forma de decírmelo me hace pensar que hay algo detrás que no conozco y que quizá no debería conocer. Una especie de acuerdo mutuo para hacer las cosas de una determinada manera que yo no he llegado a conocer y que nadie ha compartido conmigo.


Desde ese momento hasta que salgo de la oficina no puedo hacer otra cosa más que pensar en el caso. ¿Merece la pena que lo investigue o no valdrá de nada? Como no puedo esclarecer algo concreto hasta mañana decido volver a casa y olvidarme de todo por un día. Javier me contará su versión al día siguiente y entonces decidiré qué hacer según la información que comparta conmigo. Lo que sí me hace sospechar es que algo extraño sucede porque desde que llevo en el oficio no he visto un informe de una investigación que terminase como asesinato siendo todos los casos suicidios.


Una vez termino de cenar me hago mi té de antes de dormir y enciendo la televisión para matar el tiempo. La mayoría de la gente me dice que tomar un té antes de dormir no es algo muy lógico y que hace que luego me cueste conciliar el sueño, pero la verdad es que nunca he tenido problemas. En el canal 1 siguen emitiendo una serie de documentales acerca de cómo se vive en otros países. Hoy es Francia, ayer fue Alemania. La verdad es que podrían echar siempre el mismo documental y cambiar el nombre del país puesto que los datos que ofrece son muy similares entre sí.


En comparación con España los países que aparecen tienen un peor sistema educativo, sanitario y peores puestos de trabajo, cuando no la tasa de paro es muy elevada en comparación con la nuestra, que es mínima. Las encuestas de satisfacción arrojan datos preocupantes para sus gobiernos ya que grandes porcentajes de población se encuentran insatisfechos y muchos contemplan la opción de emigrar. Incluso la esperanza de vida es de unos diez años menor a la nuestra. La conclusión es clara: en España vivimos mucho mejor que en el resto del mundo.


En el otro canal tampoco hay nada interesante, una película antigua sobre unos militares que logran evitar un golpe de estado. Lo veo durante unos minutos y luego me voy a la cama. Mañana será un día muy largo.























SEGMENTO 3A


No transcurre mucho tiempo desde que me levanto hasta que salgo de casa. Estoy deseando charlar con mi compañero para proseguir con mi investigación. Ayer no quedamos a ninguna hora en concreto, pero es porque sabemos que quedar en la cafetería significa hacerlo antes de entrar a trabajar, sobre las 8:30. Son muchos los cafés que nos hemos tomado juntos a lo largo de los años y si de alguien me fío de lo que me pueda contar es de Javier.


Cuando entro él ya se encuentra allí, en la misma mesa de siempre, la del fondo. No hay nadie más en el café. Me acerco a la mesa y me siento a su lado. Ya ha pedido mi café cortado.


-Buenos días Javier.

-Buenos días Morales. Acaban de traer el café, todavía estará muy caliente.

-Gracias. Estoy preocupado. Es la primera investigación que me encargan y que todo el mundo me diga que no me esfuerce por resolverla me molesta bastante porque no sé qué base tienen para decirme eso. El hecho de que no me pudieses contar nada en la oficina solo me hace sospechar que es algo más grande de lo que pueda imaginar.

-Bueno- comienza él – Tampoco vayas a creer que es algo de gran importancia, es solo que hay cosas que es mejor no hablarlas en el trabajo. Ya sabes que todos tenemos una opinión, pero si la misma difiere de los que dirigen el cotarro puede suponer algo negativo para ti.

-Nunca he tenido problema alguno al respecto en el trabajo- le digo

-Porque siempre has sido muy reservado Morales y nunca has opinado de nada realmente importante. ¿Cuándo fue la última vez que discutiste con alguien de política? Es más, ¿cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien en la oficina hablar de política?

-Nunca, la verdad- admito. –Ya sabes que de lo único que se suele discutir en la oficina es de deportes.

-Eso es porque es un tema vacío, que no hace daño a nadie.

-¿A qué te refieres?- le pregunto intrigado

-A que lo que opines sobre un partido o tu equipo favorito no va a suponer un problema para nadie ni nadie se va a sentir ofendido al respecto. Sin embargo, si hablas de política puedes levantar suspicacias.

-Yo pensaba que, en general, todo el mundo tiene una forma de pensar parecida en el trabajo en lo concerniente al gobierno.

-Ese es el problema. Todos piensan igual, o eso parece, y si alguno de nosotros mostramos opiniones diferentes puede traernos problemas.

-Creo que estás exagerando- le digo

-¿Te acuerdas de Manuel?- me pregunta

-Claro. Era aquel chaval que ingresó con las mejores notas de la academia y que pidió traslado al distrito Oeste un mes después de comenzar a trabajar con nosotros.

-Esa es la versión oficial. El caso es que investigué por mi cuenta y descubrí que nunca llegó a la oficina del distrito Oeste. No tenían ninguna orden de cambio ni conocían a nadie con su nombre y apellidos.

-Qué extraño. ¿Y por qué nos tendrían que decir una cosa si no era real?

-Porque a Manuel le gustaba compartir sus opiniones con cualquiera que le escuchase y no era precisamente partidario del statu quo.

-¿Insinúas que se deshicieron de él?- pregunto con miedo a la posible contestación.

-Estoy seguro que ello. De qué forma no lo sé, pero está claro que pasó mucho más de lo que nos quisieron contar.

-¿Y qué relación tiene todo esto con la resolución de mi caso?

-En el fondo es lo mismo- comienza él -¿Has visto las estadísticas del último año? ¿Y del año anterior?

-Sí, es una de las cosas que me gusta hacer a la vuelta de las vacaciones de invierno.

-¿Y no te extraña que sean tan buenas? ¿Cuántos asesinatos se han registrado en el último año? ¿Y en los cuatro anteriores?

-Es cierto que el crimen ha descendido a mínimos históricos, pero ¿no puede deberse a que realizamos un mejor trabajo y contamos con más medios?

-Es una visión muy ingenua del tema Morales. La verdad es que no tenemos ni más personal que hace seis años ni más medios. Sin embargo, las estadísticas de suicidios han subido. Si te das cuenta estos números no influyen en la tasa de criminalidad ya que van a parte. Por eso todos los asesinatos se clasifican como suicidios en una semana o así desde que inicia la investigación.

-¿Y si la investigación se resuelve?

-Desde que estoy aquí no he visto ni una sola acabar en asesinato. Ni un solo culpable imputado o pruebas medianamente fuertes de que ha sido otra cosa que un suicidio.

-¿Crees que se sabotean las investigaciones a propósito?- pregunto

-Algo de eso hay, sospechamos que incluso las escenas del crimen están manipuladas antes de que lleguemos los detectives.

-¿Sospechamos?- pregunto extrañado ante el cambio de sujeto

-Verás Morales. Fuera del trabajo formo parte de un pequeño grupo de personas que pensamos diferente.

-Nunca me has hablado de ello- le increpo

-Porque nunca he llegado a estar totalmente seguro de que no fueses como los demás. Por muy bien que me caigas las apariencias son las mismas en todos nosotros, la uniformidad es escalofriante una vez comienzas a fijarte. Sin embargo, ahora con todas tus sospechas sobre la investigación, me ha quedado claro que hay algo que no te cuadra con el sistema. Este grupo del que te estoy hablando es algo de lo que nadie puede saber Morales. A pesar de que te parezca algo sin importancia un comentario fuera de lugar puede ocasionarnos muchos problemas.

-No te preocupes por mí, soy una tumba al respecto. De todas formas, pretendo seguir investigando el caso del que me han hecho cargo. Si no consigo nada en una semana veremos qué sucede.

-Me parece bien- me dice. –De cualquier manera, no fuerces las cosas o acabarás teniendo problemas con alguien. No me gustaría que te sucediese nada malo, pienso que puedes ser un activo importante para nuestro grupo. Si te interesa nos reunimos una vez a la semana en un local de uno de nosotros. Me gustaría que te pasases por una de nuestras reuniones.

-Posiblemente lo haga. Con toda esta conversación tengo que reconocer que has conseguido picarme y quiero saber qué está sucediendo de verdad, especialmente en el departamento. ¿Qué día os reunís?

-Los viernes- me indica

-En dos días entonces. De acuerdo, mañana contacto contigo a la salida del trabajo y me das instrucciones de cómo llegar.

-Deja que yo me ponga en contacto contigo. Toda precaución es poca. Hasta entonces ninguna mención de esta reunión.

-Por supuesto- le aseguro.


Cuando me quiero dar cuenta ha pasado casi una hora desde que llegué a la cafetería por lo que salimos y nos dirigimos a la oficina para comenzar a trabajar. Allí cada uno va a su despacho y no intercambios palabra en toda la jornada. Ha conseguido hacerme sospechar de cosas que no me planteaba anteriormente y ha dificultado mi investigación con la que no se qué hacer ahora. Mi idea es llegar a resolverla, pero no sé si eso es posible.

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