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javiernadalescritor
Mensajes: 1
Fecha de ingreso: 7 de Diciembre de 2017

Alguien que me quiere mucho me trajo este libro del infierno

7 de Diciembre de 2017 a las 16:45

Aquí os dejo tres de los textos que componen el que será mi primer libro autoeditado en caso de que la campaña de crowdfunding que tengo en marcha llegue a buen puerto: ALGUIEN QUE ME QUIERE MUCHO ME TRAJO ESTE LIBRO DEL INFIERNO. Si son de tu agrado no dudes en echarme una mano AQUÍ. Bienvenido a tu infierno. Mi infierno. Nuestro infierno.

                                 

 ¿Dónde has estado?

I

El NOVIO y la NOVIA se encuentran en los baños mixtos de la discoteca, a rebosar de gente y humo, descendiente de las plazas públicas. Ella está apoyada en el fregadero , un tanto pálida y contemplando curiosa y sorprendida su reflejo en el espejo. El NOVIO la vigila preocupada.

NOVIO- ¿Estás bien?
NOVIA- Sí, he bebido mucho, pero ahora se me pasa.
NOVIO- Es que bebes siempre mucho. Siempre te pones demasiado borracha. Tienes que aprender a controlarte. Yo, por ejemplo, tomo alcohol pero…
NOVIA- ¡Cállate, por favor!
NOVIO- ¿Por qué gritas ahora, eh? ¿Es necesario chillar?
NOVIA- Es que me pones de los nervios y estoy que me dan vueltas las paredes.
NOVIO- Si aprendieses a no beber tanto no te pondrías de los nervios.
NOVIA- Sí, tienes razón.
Hay un silencio en el que la NOVIA sigue escrutando sus ojos y el NOVIO trata de interrogarla con la mirada.
NOVIO- ¿Qué te pasa? ¡Joder! ¡Siempre que salimos de fiesta igual! Están todos mis amigos preguntándome. Siempre con tus bajones y tus depresiones repentinas. A mí también me haces daño, porque me preocupo por ti y nunca podemos divertirnos. Estás triste desde que te conozco, y cuando bebes más todavía. Cariño, ¡¿qué pasa?!
NOVIA- ¡Ay, déjame! ¡Me agobias!
La NOVIA le aparta bruscamente.
NOVIO- Yo también tengo sentimientos, ¿vale? Y antes te he visto hablar con un tío, ¿es por el tío ese?
NOVIA- No le conocía de nada, sólo le estaba preguntando por el ropero para dejar la chaqueta.
NOVIO- Pues hablabas mucho con él.
NOVIA-¡Ay, me ha empezado a marear y yo le he dicho que me dejara en paz! ¡Deja de atosigarme con tus paranoias absurdas!
NOVIO- ¿Te lo vas a follar?
NOVIA- ¡Dios, vete a la mierda!
La NOVIA sale corriendo. El NOVIO sale detrás de ella.

II

ÉL entra en los lavabos. Respira hondamente unos segundos, como quien trata de librarse en vano de un peso abismal. Después enciende un cigarrillo. Acto seguido aparece el NOVIO, con ademán histérico, los ojos muy abiertos, que escrutan y rebuscan. Enciende su cigarrillo, se relaja levemente y mira hacia su lado.

NOVIO- ¿Qué? ¿Cómo va la noche?
ÉL- Normal. Estoy pensando.
NOVIO- Mal sitio para pensar (risas) ¿No va bien?
ÉL- No sé, no sé qué responder a eso.
NOVIO- ¡Qué cabrón! (risas) Yo estoy buscando a mi novia. Estoy hasta los cojones de ella. Se pone ciega y empieza a hacer tonterías y a desaparecer… Estoy muy hasta los cojones, te lo juro… Tío, yo sólo quiero lo mejor para ella y… No nos vendría mal disfrutar juntos por ahí una noche, últimamente no están muy bien las cosas… Pero es imposible, eh… Empieza a beber y a beber…¡y cómo bebe, eh, eso hay que verlo!… Ella no hace ningún puto esfuerzo, tío, parece que todo se la sude, y yo la quiero tanto… ¿Por qué todo se nos resiste? ¿Por qué siempre andamos detrás de algo? ¿Cuándo cojones voy a tener lo que quiero, tal como lo quiero? ¿Es que de verdad es inalcanzable? (…) Y aquí estoy tras de ella y, tío, estos lugares en el fondo dan miedo… La música a toda hostia… todo el mundo borracho y drogado… luchando por no ser consciente o por escapar… es una lucha muy aburrida, pero por lo menos es una lucha… fuera de aquí está todo muerto… la alegría, la crudeza, la frustración… Joder, menuda chapa te estoy dando, ¡perdona! (risas) Yo estoy un poco ciego también… ¿A ti qué te pasa? ¡Va, cuéntamelo, yo ya te he contado mi vida, cabrón! (risas) Toma, un cigarro. Es por alguna tía también, ¿no? ¡Reconozco esa expresión, campeón!
El NOVIO mira a todas partes mientras habla, tratando de verla pasar y aferrándose a quedarse en un punto fijo para encontrarla.
ÉL- Mira, en mi habitación había un colchón en el suelo… Llevaba ahí follando toda la tarde… Ella arriba, conectada a mí, recibiendo mi locura directamente al cerebro, todas esas vibraciones histriónicas… Yo encima, taladrándole y jurándole amor eterno… cubiertos de besos y golpes, insultándonos y bendiciéndonos hasta que eyaculábamos y todo se calmaba y se formaba una niebla de sudores y vapores humanos y sobre ella nos elevábamos y contemplábamos toda la creación y los misterios de la vida. La vida así era sencilla. En ese colchón haciendo el amor y hablando… conversábamos durante horas y diseccionábamos el mundo y abríamos el desfile de nuestro cuerpo para que el otro arrancara las máscaras a los arlequines de plastilina diabólica que bailaban danzas distintas con cada una de sus extremidades, danzas que iban en sentidos opuestos, y llorábamos de risa y de pena y nos abrazábamos fuerte para lograr fundirnos o poder escucharnos mejor al menos. La oía latir, oía cada chirrido, cada explosión de sus entrañas. Llevábamos ahí tumbados casi día y medio. Apenas comíamos y nos habíamos tirado cuatro noches seguidas bebiendo, haciendo el amor y dándonos puñetazos. Los procesos del alcohol eran místicos para nosotros y los comentábamos constantemente: el lento probar y asimilar, el júbilo, los charcos de meado, el éxtasis, el baile, la pérdida de consciencia, la riada de risa, de sentimientos incontrolables y deformadores del rostro amparados en lo efímero de la borrachera, el desmayo siguiendo en pie y consciente, despertar casi muerto con la consciencia del camino que toman los cadáveres junto a la muerte, la resaca, notar el corazón como un dios severo… los sudores, la ansiedad y las caídas, intentando aferrarte a tu propio cerebro y volver a follar y desintegrarse en palabras y emociones… beber, follar, bailar, reír, llorar, bailar, follar, beber, llorar, reír, llorar, beber, follar, bailar, reír, reír, reír, follar, beber, llorar, bailar, reír, beber, bailar, bailar, llorar, reír, bailar, beber… Aquel amor me dio la idea para una revolución… Era una revolución individual y furtiva, diseñada para rescatar a individuos singulares y particulares que buscaran la salvación. Quería convertir la fórmula de aquel amor en universal, quería amar a todas las mujeres, a todos los seres humanos, a todo lo que alcanzaba a conocer de la misma manera que a aquella chica…Y así todo se fue a la mierda. No encontré a nadie que entendiera lo que intentaba construir… Cada mujer con la que me acostaba… en cada círculo donde argumentaba todo eso en lo que yo creía me echaron a patadas e insultos después de besarme y hacerme el amor. Yo creía haber descubierto algo importantísimo, algo sagrado, en lo que radicaba la solución a todos los conflictos que me torturaban a mí y a mis semejantes… ellos me hablaban de amor conyugal, de respeto, de celos, de propiedad, de represión… quería propagar lo natural del amor libre, del amor sin límites, del amor como el conjunto de explosiones que dan forma al tejido social, sexo y amor animal sin límites, colmado de belleza, satisfacción y riesgo… ellos no querían eso… ellos querían habitaciones oscuras y morir abrazados a un solo cuerpo y una sola experiencia, querían colmar su hambre con un único alimento y dejar que su cuerpo cadavérico enterrara con brutalidad de animal deforme el verdadero y único deseo, que es el padre de todas las aberraciones… y en ella descubrí, al mismo tiempo, cosas horribles… En los peores momentos me clavaba las uñas, me rasgaba la carne con su rabia, con su machaque y chantaje emocional, con sus gritos, con su hipocresía, con sus mentiras que querían hacerse pasar por amor…. (…)¿Qué es el amor sino la aceptación total del otro? ¿Quién está dispuesto a quedarse solo antes de renunciar a un solo pedazo de sí mismo, a enseñar sus miserias para que el otro le vea claramente, sin tonterías? (…)Era un acto demente tras otro, gritando y vociferando y llorando como animales de pelea rodeados de animales de zoológico que salían de sus casas con rumbo al sacrificio y ni se atrevían a mirarnos. Habíamos descubierto algo juntos ella y yo y no quiso compartirlo. Y así nos lo cargamos, murió en nosotros y ya estaba muerto en los demás. Yo aún creo en todo eso, pero… creer uno solo en el amor es complicado y ya no me siento de la misma manera, me siento muy cansado… pero aún tengo ganas… de todo….
NOVIO- Joder, hablas de puta madre, tío. Ya sabía yo que era algún tema de faldas. Lo que dices es verdad, pero no sé… las cosas son de otra manera… Oye, voy a ver si encuentro a esta de una puta vez, que por aquí no pasa y ya me estoy poniendo de los nervios… Igual se ha ido… Me caguen su madre….Bueno, tío, encantado y… ¡anímate, cabrón, que todo se arregla!
ÉL- Vale… ¿Me darías otro cigarro antes de irte?
NOVIO- Claro, hombre. Venga, nos vemos.

III

El NOVIO desaparece. ÉL queda pensativo, descifrando. Enciende el cigarrillo. Aparece la NOVIA.
NOVIA- ¡Eres tú! ¡Te he estado llamando! Te he llamado, ¿por qué no cogías el teléfono? ¡Eres un gilipollas, hijo de puta! ¡Nos hemos equivocado! Tal vez fue en algún momento cuando discutíamos borrachos, tal vez arrojamos algún insulto que al caer en el lago de lágrimas provocó una onda que se extendió demasiado lejos, hasta el corazón… tal vez juramos demasiado y no pudimos cumplirlo o me puse demasiado borracha una noche y él se aprovechó para trastear dentro de mí y cambiar el curso de la sangre en mis venas para alejarme de ti… O lo decidí yo racionalmente en un momento de cordura pero… te echo tanto de menos… ¡Soy muy infeliz, vuelve conmigo! A la mierda meses de silencio y de orgullo… ¡Te quiero! ¿Por qué no me has cogido el teléfono? ¿Por qué me has dejado sola? ¡Cabrón de mierda, te odio! ¡Te odio! (…) ¿Es que ya no te acuerdas de nada? ¿No te acuerdas de lo felices que hemos sido tú y yo? ¿No te acuerdas de cuando tú y yo nos abrazábamos y nos cubríamos de besos y el sol entraba por la ventana y nos iluminaba? ¡Habíamos sido escogidos! ¿Ya no te acuerdas de los juramentos? ¿Para qué tantas horas a oscuras hablándonos y examinándonos, prohibiéndonos el sueño y el descanso? Cuando le conocí a él estaba harta de ti, de que te desaparecieras, de no poder amarrarte a mí, de no poder predecirte… De ver que huías y volvías y cambiabas de forma y tamaño cuando creía tener un hogar. Que no estuvieses sólo conmigo, que tu cuerpo, que tus besos, que tu alma pudiera ser de otras mujeres… No podía imaginarte follando con otra, no podía soportar que lo nuestro fuera imitable, que cualquier otra pudiera ser como yo… Pero habría aguantado eternamente, habría preferido morir gracias a ti que vivir para cualquier otro objetivo…(…)Contigo aprendí que la muerte no es algo tan difícil ni tan alejado. Está en el día a día, en nuestro interior… y ambos despertamos ese espíritu en el otro… Pero era una muerte tan maravillosa, tan dulce, tan divertida… ¡Nunca me he sentido tan viva como en mi proceso de muerte a tu lado! (…) Y lo conocí a él y vi una persona buena… ¡A la mierda las personas buenas y bondadosas, su preocupación por ti sólo esconde sus intereses personales! Siento todo el tiempo una soledad absoluta, me levanto escondiendo las lágrimas cada día, me siento el único ejemplar de mi especie… ¡Necesito volver contigo! ¡No quiero pasarme la vida sintiendo que nada llega a traspasar mis murallas más tercas, prefiero morir contigo y que el alcohol me quite el hambre y la sed y verme atrapada en tus ojos mientras nos miramos follando sin que nada importe excepto nuestros dos cuerpos, marearme al sudar y colocar mi cuerpo para ti, para que lo destroces en mil pedazos y no le quede cascarón a mi alma! ¡Me siento tan sola! ¡Le odio, odio a todo el mundo, sólo te he querido a ti! ¡Tenemos que volver a estar juntos, si no nos vamos a arrepentir! Nos pasaremos todo nuestro futuro anhelando el pasado, intentando desandar la línea recta del tiempo, esculpiendo, pintando y cantando sus escenas. ¡No quiero eso! Yo sólo quiero ser feliz, estar satisfecha y tranquila. Contenta como cuando era una niña y no tenía este peso encima.
ÉL- Escucha, yo…
Aparece el NOVIO cuando la NOVIA se acerca y besa a ÉL.
NOVIO- ¡A la mierda el amor y los buenos sentimientos y las palabras bonitas y la puta ternura y los planes de futuro, mal paridos por los sueños! ¡A la mierda el levantarme sobrio algún día y todo lo que algún día me esforcé por construir!
El NOVIO se acerca y golpea a ÉL, arrojándolo al suelo y cebándose a golpes. La NOVIA se interpone para intentar detenerle.
NOVIA- ¡No! ¡Déjalo, déjalo, por favor! ¡Ha sido culpa mía, todo ha sido culpa mía, yo he sido la que se ha acercado!
NOVIO- ¡Ya sé que es tu puta culpa! ¡¿Qué estabas haciendo, dime, qué cojones estabas haciendo?! ¡Me das asco, me das puto asco! ¡Me cago en tu vida, zorra subnormal! Vamos, ven aquí.
NOVIA- ¡No!
NOVIO- ¡Si no vienes se acabó todo, ¿me oyes?! ¡Se acabó para siempre!
NOVIA- ¡Pues se acabó para siempre!
NOVIO- ¡Mira, me voy antes de que vengan los seguratas y me meta en algún lío mayor! ¡Ya te arrepentirás, imbécil! ¡Ya comprenderás lo gilipollas que eres!
El NOVIO se marcha. Ella queda llorando ante ÉL, que se encuentra inconsciente en el suelo.
ELLA- ¡No, no, no! ¡Despierta! ¡Di algo! ¡Era una pesadilla, despierta! ¡Nada ha pasado, nada de esto ha pasado, todo va bien! (risas y llanto, está empezando a delirar) ¡Vaya cagada! ¡Te quiero, te quiero! ¡TE QUIERO, DESPIERTA, TODO HA SIDO UNA PESADILLA! ¡Volvamos a estar juntos! ¡Vuelve conmigo! ¡Pasado, presente, futuro, es lo mismo para mí! ¡Sólo has estado tú y en torno a ti ha girado toda mi existencia! El pasado lo utilicé para preparar tu venida y para recibirte con eternas celebraciones, el presente para llorarte y el futuro para planear tu vuelta! (…) ¡Me siento tan sola! ¡Dios! ¡Dios, Satanás, la puta de mi madre que me trajo a esta tierra entre llantos, doctores y vísceras, debiste equivocarte y me pariste por el culo, eso debió ser! ¡Debería haber salido apuñalándote la tripa, debería haberte roído las entrañas mientras podía! ¡O debería haberme quedado allí dentro para siempre, flotando y durmiendo en tu interior, convertirme en algo oculto que nunca sale a la luz y se pudre allí dentro! (dirigiéndose a ÉL) ¿Qué nos han hecho, cariño? ¿Por qué nos crearon para equivocarnos? ¿Por qué funciono a medias? ¿Por qué soy una radio obsoleta y un tranvía averiado? ¿Por qué no funciono para mi propia felicidad y sólo soy una máquina que cumple un destino autómata en un tipo concreto de desgracia? ¡Me siento tan sola y no hay manera de quitármelo de encima! ¿Cómo voy a construir sin puta tierra sólida bajo los pies de mi cordura? ¡Sólo me queda vagar sin nada estable, sin ninguna posibilidad, camuflándome en la demencia y entre los líquidos! ¿Qué me han hecho? ¡Quiero arrancarme esta soledad! ¡Si pudiese sacármela del pecho apalearía y torturaría a toda esta tristeza que me ama más que mi propia madre! ¡Ella es mi verdadera madre! (…) ¡Te quiero! ¡Vuelve conmigo! ¡Me siento tan sola! (…)

Eva

Estoy tumbada en la cama vestida sólo con las bragas. Tengo los dedos pegajosos de comer embutido con las manos. Mis labios húmedos y carnosos están recubiertos de una fina capa de grasa animal. El olor a alcohol de mi aliento penetra en mis fosas nasales. Me siento en paz.
Estoy con él, un tío que conocí esta misma noche y con el que de alguna manera ha surgido un cariño y una confianza espontáneos. Estamos los dos desparramados sobre la cama. Intercambiamos el relato de nuestra vida y nuestra cosmovisión. Filosofamos, debatimos y juzgamos y todas las palabras, salgan de mi boca o no, captan mi atención completamente. Semidesnudos, alineados por la casualidad, ebrios y satisfechos sexualmente, las frases surgen de una manera fluida y natural y la charla, calmada y sabia, se alarga y se alarga. Él tiene una barba fina e incipiente y unos ojos negros llenos de maldad, de furia, de arrepentimiento, de contradicciones. Su pelo es una llama congelada, su cuerpo limpio y delgado de músculos marcados y marcado por cicatrices que la inquietud y las uñas afiladas han compuesto a base de arrancar costras y de recibir golpes, como una especie de tortura y suicidio en miniatura. Ese cuerpo lleno de inteligencia me habla con reminiscencias de un ideal perdido en algún lugar de la historia pasada, cuando belleza física y espiritual se aunaban para colmar a seres perfectos y enorgullecer a unos dioses inspirados. Lo observo hablar y me resulta hipnótico, y me hace recordar y narrar. Le empiezo a contar y mis labios empiezan a moverse, a escenificar la secuencia física de mi historia:
-Yo antes era una persona triste, una persona tan triste… No puedes ni imaginártelo. Si me hubieras visto en aquella época habrías flipado. Era como contemplar a una emperatriz, una vez desposeída de su dominio, rebuscar entre la basura y las heces un poco de comida podrida. Era como ver a una bruja y hechicera que ejercía su sabiduría a niveles de consciencia suprahumanos babear frente al televisor, agotada por la presión de un trabajo mecánico e intensivo. Como una amazona sometida con correa y obligada a caminar a cuatro patas el resto de su vida. Eso era yo.
Trabajaba en un bareto de mala muerte donde los hombres me decían asquerosidades y me manoseaban el culo cuando iba a retirar sus copas vacías. No tenía otro remedio. Odiaba a mis padres y vivía alquilada con el novio que tenía por aquella época, un ser humano disminuido y sombrío con el que compartía una especie de depresión conjunta. Ser guapa, pese a todo, era mi mayor adversidad. No disfrutaba de mi belleza. Mis atributos eran los que hacían que todos aquellos hombres se fijaran en mí. Todas aquellas cucarachas con colmillos, todas aquellas sonrisas lúgubres que al verme afilaban sus dentaduras y cuyo crepitar me mantenía abrazada a la almohada y analizando mi destino, con los ojos creando fantasmas o toda una vida por entonces inexistente para el resto de mi cuerpo, que suplicaba libertad de una manera que mi mente no comprendería hasta mucho después.
Mi belleza fue el motivo de que me cruzara con él y posara su vista, plagada de dientes, sobre mí. Debe ser la belleza la que hace que las presas sean el centro de atención de sus depredadores. Se trataba de mi jefe en aquel bar de mala muerte. Un hombre rechoncho, peludo y apestoso empeñado en embutirse en trajes y sumergirse en perfumes para intentar camuflar su vomitiva presencia, para tratar de convencerse de que la grasa que sudaba a mares por los poros de su piel no era la misma que en la que está envuelto el embutido al extraerlo de su envoltorio. Su aspecto era el de un inmenso trozo de panceta aceitoso con camisa y pantalón de vestir.
Primero me declaró su amor. Le rechacé amablemente, hasta con cariño y compasión, pero él lo tomó como un insulto. Interpretó mi negativa como una humillación. Después de eso, tras enjuagarse las lágrimas en el agua salada del baño, debió ver por primera vez, claro y límpido, al enorme tocino sudado que era en el espejo de aquella pocilga que regentaba. Te juro que intenté ser amable, pero ninguna mujer podría enamorarse de un hombre así. Fanfarrón, materialista, uno de esos hombres que creen que todo puede obtenerse y construirse con dinero.
A partir de ahí empezó mi pesadilla. Se dedicó a hacerme la vida imposible. Me bajó el sueldo y me culpaba a gritos continuamente y de manera exagerada por supuestos errores que ni siquiera había cometido. Una vez me hizo entrar en uno de los cuartos privados a expensas del público y allí me abroncó hasta hacerme llorar y llorar mares. Decía que los clientes y mis compañeros se quejaban de mi, que no era lo bastante servicial y que iba demasiado a lo mío, que allí se trabajaba en grupo y que había que tener siempre una sonrisa en la cara como acompañante de lo que demandasen los clientes. Por aquel entonces ya estaba bien sumida en mi propio infierno, acababa de cortar con mi novio porque no me sentía con fuerzas de pensar en algo más que en mis propios fantasmas. Estaba viviendo sola y no me quedaba ninguna amiga con la que pasar mis ratos libres en compañía; con todas había perdido el contacto o estaban estudiando o trabajando fuera.
Mi jefe también tenía una parafilia sádica relacionada con la mierda. Le encantaba que yo fregara los retretes. La primera vez que tuve que limpiar los restos de mierda de decenas de clientes incrustados por todo el váter, los meados derramados por todo el suelo que llegaban hasta la puerta, impregnándome por completo de ese olor a borracho patético que no sabe ni sujetar su diminuta minga ni apuntar con ella correctamente al lugar habilitado, me eché a llorar otra vez. Con guantes de látex, una escobilla adornada con fragmentos de heces como joyas engarzadas de un olor nauseabundo, mezcla de alcohol y tripas enfermas, con el hedor a orina entrando por mis fosas sin dejarme respirar, me dije a mí misma: “Esto es lo que eres. Meado pestilente, mierda, un montón de mierda nauseabunda”. Y las lágrimas no paraban de brotar y mezclarse con todos aquellos líquidos y vapores.
Por suerte no acepté las invitaciones de ninguno de los vomitivos clientes del bar. No me fui con ellos, no bebí de su dinero, no entré a sus casas, no me dejé penetrar por aquellos penes marchitos apuntalados y alzados a base de fantasías de humillación y sometimiento. En esos asquerosos todo se centra en los genitales. No besan, no acarician, no pronuncian palabras agradables, todo gira en torno a que salga su chorrito de semen turbio de sus testículos flácidos.
Para sumarse a todo aquel panorama, mi jefe empezó a tocarme cuando me cambiaba. Entraba al cuarto de los empleados y se manoseaba el paquete y me miraba fijamente mientras yo me desvestía y vestía para volver a dormirme en aquella pesadilla. Y si me pillaba desprevenida y al margen de la mirada de clientes y compañeros me manoseaba, me daba cachetes en el culo al pasar, intentaba besarme o sencillamente intimidarme con el relato de lo que me haría cuando al fin estuviese en la cama conmigo. Me ofreció dinero a cambio de chupársela en los servicios varias veces, y todo lo que te estoy contando era una constante todo los días de aquel infierno tan particular. Volvía a casa deshecha tras cada una de esos jornadas, no podía dormir porque no podía parar de llorar, y no era un llanto normal, sollozado, silencioso. Era el aullido de una loba directo al núcleo mismo de la luna. Vomitaba de los nervios. Empecé a adelgazar. Sentía que se hallaba dentro de mi toda la carga de la humanidad, toda la tristeza de la superficie de la tierra. Las plantas arrancadas, los animales apaleados, colgados boca abajo y desangrándose lentamente, los cuerpos maltratados y mutilados. Todos los lamentos se hacían conscientes en mí mientras el planeta luchaba por eludirlo. Sentí que me ahogaba allí adentro. No podía salir a la calle ni relacionarme con nadie, ni siquiera mirar a mis semejantes a la cara. Sus pupilas estallaban en mi pecho provocando convulsiones demasiado evidentes. Mis gritos y llantos desgarradores intentaban liberarme del mal que sentía , del inmenso cúmulo de basura que yo avistaba con sólo detenerme ahí dentro, en el centro de mi autopercepción y del universo mismo. Estas expresiones emocionales y convulsivas no las había visto jamás en ningún otro ser humano. Mi terror, por tanto, se reproducía a la vez que mi enfermedad. Caía por un abismo que no me aniquilaba, sólo me alejaba de los demás. Comprobé verdades que me aterroriza narrar. Comprendí que estábamos perdidos, que todos sin excepción estábamos condenados, que no había esperanza para la humanidad. Viví mi martirio a escondidas, sabiendo que nadie podría comprenderlo, pues empezaba a desvincularse de mis propias circunstancias vitales. Los ojos, la boca, las arrugas faciales producto de la expresión se disociaban tomando su propio camino independiente. Las caras de las personas ya no significaban nada para mí, ya no irradiaban ninguna cercanía ni lejana similitud. Las extremidades se disociaban del tronco y los cuerpos se convertían en piezas sueltas de carnicería y perdían todo su atractivo sexual. Me mareaba y vomitaba por no poder empatizar y participar de lo que me rodeaba. Algún día yo habría sido una niña, algún día no fui una enferma, algún día estuve en paz y tranquila sin tener que llorar todo el tiempo para sentirme humana y digna, una persona con esperanza. Antes me habría bastado tan solo con caminar y mirar mi reflejo. Ahora en él sólo veo esquinas.
Un día que me manoseó el culo delante de todo el mundo, rompiendo ya la última de las barreras y su único miedo, convirtiendo la humillación en un acto público, le solté una bofetada. Empezó a reírse. Renuncié al trabajo aquel mismo día, le dije que iba a denunciarle. Él no paraba de reír. “En unas semanas te tengo de vuelta aquí. Llama cuando te veas sin pasta suficiente, recuerda que solo aquí se te quiere, cariño”. Sólo tenía razón en una cosa: en que estaba bien jodida. En aquel sitio me pagaban muy bien y cobraba muchas propinas por convertir mi cuerpo en un urinario público. Mi cuerpo y mi belleza sólo servían para eso, para tener trabajo donde la asquerosidad del hombre reinaba en su altar, sin turbantes ni cadenas, donde te invitaban a salir y te manoseaban y violaban con la mirada o te dedicaban palabras que sus mismas madres al escucharlas habrían abortado al instante.
No sabía qué cojones iba a hacer. No quería volver a trabajar de nada que anteriormente hubiese ocupado mi tiempo. Al cabo de unos días que pasé bebiendo cerveza en la cama, maldiciendo mi suerte, paseando lágrimas y gastando un rollo de papel higiénico diario para secarlas, sonó mi teléfono. Era Eva, una chica que había entrado al trabajo semanas antes de que yo renunciara y que conocía mi historia. Me dijo que tenía todo su apoyo y que podía quedarme en su casa si no tenía dinero para pagar un alquiler. A las dos semanas, con el comienzo de mes y mi cuenta bajo mínimos, me mudé allí. Vivía en un ático sólo para ella, con una terraza enorme con plantas de todos los colores y formas y enredaderas que trepaban por las paredes y cubrían la estancia del sol y el calor excesivo, y permitían la entrada sólo a estímulos agradables para el oído y la piel humana. Había una fuente de piedra de la que manaba agua todo el tiempo de la boca de un pez de grandes dimensiones abrazado y capturado por un querubín alado. Me sentaba a leer y a reflexionar escuchando aquel rumor incesante del curso del pequeño manantial y me permitía relajarme un poco. Hasta había días que no necesitaba el llanto para aliviar mis nervios.
Eva me cuidaba. Me decía que me quedara allí cuanto quisiera. En aquella terraza me daba masajes en la espalda que me dejaban semidormida en sus brazos. “Yo- me contaba- vendo cocaína y hachís. Al principio se trataba de un sobresueldo, actualmente es mi principal fuente de ingresos. Puedes vender tú también. Estoy en el bar por tener un dinero extra. Quiero comprarme un terreno en la montaña y construir una casa yo misma en él, lo más alejado posible, donde sólo escuche el juego de los pájaros y el rugido de los bosques, y donde pueda llevarme dos o tres personas conmigo con las que compartir un estilo de vida distinto. ¿Has estado sola de noche en un bosque alguna vez? La oscuridad no asusta y la luz de la luna se filtra entre los árboles, y te sientes alumbrada por el mismo Dios y cada paso que das está lleno de misterio y acompaña a los latidos de tu corazón”.
A las dos semanas estaba vendiendo yo también. Siempre imaginé la vida del camello como peligrosa y relacionada con personas horribles y siniestras de rostro demacrado y silencioso, pero en realidad era bastante aburrido. Ella me cedió algunos clientes para que pudiera comenzar. Venían a casa o quedabas con ellos en un punto, tenías un rato de charla cordial, os dabais la mano y cada uno tenía lo que quería. “Sólo tienes que entrar en esos círculos. Sólo tienes que relacionarte con gente que consume, ser amable, estar siempre disponible. Su carácter compulsivo y vicioso hará lo demás. Tu número irá girando. Pronto tendrás decenas aporreando tu teléfono, hablando lenguajes cifrados, poniendo en funcionamiento la economía”.
Un día interrumpió de repente mi naufragio diario en aquella pequeña fuente. “Ven conmigo un momento, quiero enseñarte algo”. Eva me condujo hasta su habitación. Abrió un armario gigante de madera lleno de ropa. Lo que parecía la pared de fondo de este mueble con un sencillo gesto se convirtió en una puerta corrediza que ampliaba su capacidad ostensiblemente. En este espacio adicional y oculto había joyas, sobres que aparentaban contener dinero en efectivo y carpetas con fundas de plástico transparente a rebosar de papeles sellados escritos a ordenador, en los cuales no nos detuvimos ni el más escueto instante. Lo que parecía el final se convirtió en entrada de nuevo, de una forma mucho más compleja que la anterior. “Hubo que hacer estos apaños de seguridad, he tenido más de una vez a la policía abriendo puertas en esta casa”.
Tras aquella segunda pared estaban todos aquellos paquetes de cartón precintados con cinta transparente hasta el delirio. Eva se sacó una navaja del bolsillo y abrió uno de ellos. “Tienes que empezar a labrarte tu independencia económica. Empezarás con alguno de mis clientes, después ya irás progresando por ti misma, yo puedo conseguir cuantos necesite. Mi trabajo en el bar para ese asqueroso es sólo una excusa para declarar a hacienda y que me dejen tranquila, además lo tengo cogido por los cojones. Ninguna mujer solitaria, sin raíces ni nómina puede vivir del aire. Hay que construir murallas para ocultar la verdad, puntos muertos donde el poder no alcance a ver ni consiga adentrarse. El fondo marino de la delincuencia. Los lugares donde la presión en el interior del agua es tan elevada que impide a cualquier tecnología humana ni siquiera avistar lo que allí sucede deben estar poblados de seres hermosos que viven bajo el único dominio de su libertad. En estos paquetes hay casi trescientos mil euros. ¿Nunca habías visto tanto dinero junto, eh? ¿Has visto las noticias? Esta basura es muy adictiva, barata y los efectos degenerativos se manifiestan muy lentamente. Un pobre desgraciado puede darte muchísimo dinero antes de necesitar una desintoxicación por haber liquidado sus ahorros y haber vendido su anillo de compromiso. ¡Puede darte tanto dinero mucho después del divorcio y el falso libre albedrío en el vicio y la autodestrucción! Cariño, tú y yo haremos lo que queramos con esta vida. No volveremos a trabajar y escucharemos los pájaros y el murmullo ancestral del viento entre los árboles cada día, cada noche desentrañaremos un enigma”. Y esa fue la primera vez que Eva me besó. Y fue un beso cálido que no comprendí, que achaqué al cariño recién surgido entre nosotras y a la emoción por revelarme aquel secreto.
Una noche regresé a casa y la encontré ataviada con un vestido muy ajustado y unos imponentes zapatos de un grueso tacón negro que parecían poder conmocionar la médula espinal de un hombre sólo con chafar con seguridad el suelo. Estaba pintándose los labios y peinándose mientras se observaba con perspicacia y una sonrisa en el espejo. “Saca la botella de vino blanco que hay en el último estante de la nevera, sírvenos dos copas y ponte guapa- me dijo-. Hoy vamos a divertirnos”. Me di la vuelta para cumplir con todo lo que ella había dispuesto para ambas. “Escúchame, bonita, casi puedo leerte el pensamiento. Sé que toda tu vida has sido un animal indefenso a merced de los depredadores, que la huida ha sido tu única arma, pero voy a decirte una cosa. Una gacela podría propinarle una estocada letal a un león acechando y esperando su sueño en la oscuridad. Incluso podría devorar el cadáver y aprender a disfrutar de un placer que en principio debería resultarle antinatural. Ningún ser vivo fue dado a luz sobre la faz de la tierra configurado para repetirse durante el resto del árbol genealógico. Los genes son resultado de un proceso acumulativo e igual que tú eres débil, ellos también lo son. Esta noche vas a encontrar tus propios clientes. Sólo tienes que preguntar, hablar, relacionarte. Luego ellos necesitarán lo que están predestinados a recibir. Y tú y yo nos haremos ricas, ricas para comprar no la libertad, sino la posibilidad de ser libres. Es un trabajo sencillo y divertido, pero debes buscar siempre los puntos muertos, siempre los pasadizos y los fondos marinos, donde la presión es tan elevada que la ley y la moral no pueden utilizar sus sentidos”. Al cabo de unas horas y un par de botellas de vino estábamos dentro del lugar. Era una discoteca con varias barras donde seguían sirviéndonos toda clase de alcohol de alta graduación. Eva conocía a las chicas de la barra, que se bebían con nosotras las copas a las que nos invitaban de una forma interesada, ridícula y sin ingenio cualquiera de los hombres que nos veían reírnos a carcajadas en la barra mientras brindábamos, y nuestros exquisitos cuerpos vibraban por la alegría espontánea y momentánea. Recuerdo llevar bolsitas de plástico con la sustancia escondidas en el coño y el sujetador, hablar y vendérselas a un montón de tíos. Recuerdo a uno de ellos, un individuo fornido y varonil, llevaba camiseta y vaqueros, no iba nada arreglado. Nada más entrar al retrete para cerrar la transacción se mojó el pelo en uno de los grifos para tratar de domarlo con sus torpes manos bajo la luz a punto de apagarse y rodeado por el humo. Tras darle la mercancía me agarró de la cintura y me besó, primero en la boca y después empezó con las tetas. Quería devorármelas, quería adorarlas, las besaba de una forma tan delicada y asquerosa, elevándolas con las palmas de sus dos manos hacia sus labios gruesos y húmedos. Yo solté un gemido profundo de desesperación que me sorprendió a mí misma. ¡Para, dios, para! Salí de allí acalorada, corriendo a contarle a Eva lo que acababa de pasarme. “Veo que aún no sabes en qué sitio estás. Voy a presentarte a unos amigos que acabo de conocer – me contestó ella-. Esta es mi amiga, está bastante borracha, no sabe todavía salir a divertirse”. Uno de sus amigos era el hombre de los retretes que había intentado propasarse conmigo.
Al cabo de unas horas más estábamos en el salón de casa de Eva. Ambas postradas en el suelo desnudas, yo con ese mismo hombre encima y ella con otro de sus amigos. Era noche de luna llena y su radiación blanca iluminaba con precisión la estancia y los rasgos de nuestros rostros y los huecos de nuestros cuerpos con crudeza. Alumbrados por el mismo dios, ese hombre me penetraba y cuando todo su miembro se introdujo en mi vagina noté bullir un caldero de magma que luchaba por emerger por la superficie terrestre de mi piel. Observé en sus dos ojos inequívocamente las dos lunas que marcan el camino de la excitación. Nuestros ojos permanecieron unidos en todo momento. Me agarré con mis piernas a su fuerza, le envolví con mis muslos y él me mordisqueaba y me lamía el cuello y la cara, provocándome heridas y moratones. Por primera vez me sentí poderosa siendo capturada, por primera vez la presa se convirtió en el depredador. Apreté y le estrangulé con mi vagina y él empezó a eyacular. Noté como se desinflaba, como se sometía y se deshacía ante el yugo de mi placer. Lo escuché gemir enloquecido y sus gemidos se convertían en ráfagas de clavos que avivaban viejos recuerdos. Continuó follándome sin poder detenerse, presa de una espiral de carne que desdibujaba los contornos de los cuerpos y le ponían boca y grito a cada poro de la piel. Incliné la cabeza a un lado y allí estaba Eva, gozando rendida contra el suelo, con el varón enloquecido apretando sus pechos, buscando su corazón, intentando devorar el centro de su vitalidad, postrada y triunfante entre espasmos. Encontré sus ojos, que junto a los míos flotaban como vapor de incógnita, dispuestos a caer sólidos en cualquier momento sobre muelles con el cuello colgando y entre la vida y la muerte, sonriendo a un amago de iluminación y autoengaño. Besé sus labios abiertos y grandiosamente refulgentes, inflados de color y éxtasis. Lamí sus labios y su lengua como si le lamiera el coño y juntas llegamos al orgasmo, juntas hicimos llegar al éxtasis de nuevo a nuestros dos esclavos y nos levantamos, nos abrazamos y nos besamos con desesperación, como se besaría a un poco de agua, como se besaría a dios en el cielo, mientras la luna nos señalaba como el centro del infinito de las galaxias, como el ejemplo para un universo incomprensible. Los dos hombres cayeron al suelo extenuados, deshidratados, hambrientos, mareados y colmados. Nosotras nos alzamos en un amor que aún resonará tiempo y tiempo después de perdernos en el laberinto de nuestras muertes.
Me desperté a la mañana siguiente con un dolor de cabeza irresistible y con Eva hurgando en las carteras de aquellos hombres. “Tú rebusca en ésta y revisa los abrigos, éstos van bien cargados. Y no te preocupes, lo que había en sus copas es suficiente para tumbar al diablo”. Abrí la cartera que Eva me había dado sin comprender nada. “Eva – le dije-, esto no está bien. Aquí habrá más de cuatrocientos euros. Dios, ¿quién es toda esta gente? No puedo hacerlo, han sido buenos con nosotras, o como mínimo inofensivos”. “Y esto- contestó ella- es lo que pagó tu hombre por ti. Escúchame, a la totalidad de personas que te rodean se la suda lo que te pase. Podrías morir mañana y no soltarían una lágrima y los comercios abrirían igual. No hay nadie inocente. Con su pasividad y su bondad convierten el mundo en lo que es: una basura. Con su sumisión y con su cobardía, con su insulsez y su crueldad civilizada son culpables presentes de cada instante de sufrimiento que padecemos las personas sensibles. Yo me río de todas las revoluciones de masas que salen a la calle a demostrar su propia impotencia, cercados por la autoridad y enarbolando la bandera del pacifismo. Yo me río del que pretende liberar a las masas, ya que es incapaz de emprender su propia liberación. Yo he visto el desinterés de mis semejantes hacia su propio destino, he vistos a los seres humanos en actitud pasiva y de resignación ante su propia tortura y destrucción particular por parte del engranaje de esa colosal maquinaria social que ya ni entendemos ni controlamos. Niego mi ayuda a todo aquel que no luche por su propia alma, que esté comprometido con su libertad hasta las últimas consecuencias, hasta límites inhumanos. Sólo amo a aquel que no comprende su rebelión y se deja guiar por fuerzas puramente instintivas que le conducen por trayectos cuyos laberintos ondulan y moldean todas sus cualidades a cada momento, y que aprovechan puntos muertos del sistema para poner en práctica su libertad. El mecanismo del dinero, lejos de ser un secreto para nosotros, está supeditado a nuestros deseos y mientras los ciudadanos, despreocupados de su suerte, recogen basuras, sirven platos de comida y conducen a gente en taxis y autobuses, siempre al servicio del otro, nosotros contamos billetes que hemos obtenido utilizando nuestro propio ingenio y dotes sobrenaturales, igual que Cristo convirtió agua en vino, igual que la transmutación en los procesos alquímicos, compramos con dinero no asalariado la creación de microclimas libres, invisibles para el sistema. Coge ese puto dinero. A la mierda las princesas tímidas y encantadoras. Despierta, chica. Vamos a llegar a las montañas, al cielo, a la mismísima luna. Él podría haberte tenido gratis, pero al no creerse capaz tras de su máscara de hombre repugnante y acomplejado, de pseudohombre encorvado y desdibujado, escogió comprarte. Tú creías ser amada y sólo eres mercancía. Yo te enseñaré lo que es el amor, aunque todavía hoy sea imposible definirlo con palabras”.
Y cogí el dinero, todo el dinero, y gané una barbaridad indecente de euros esa misma noche, mucho más de lo que cobraba trabajando un mes en aquel antro del que ya sólo me quedaba un vago recuerdo. 
Cuando ellos al fin despertaron nosotras estábamos ya vestidas de andar por casa y sumergidas en vague

La simplicidad del primer millón

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A lo largo de 46 capítulos, Aitor Zárate nos descubre lo alejado o cerca que estamos de conocer como funciona el mundo del dinero. Nos propone ganar nuestro "Primer Millón" y nos muestra tanto las claves para conseguirlo, como soluciones para no caer en las trampas que "El Sistema" pone en nuestro camino. La Simplicidad del Primer [...] Ver libro

Autor: aitorzarate

   

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