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ESCRIBIR Y COMENTAR, yo creo

12 de Mayo de 2009 a las 13:40

En cierta ocasión leí que cuando morimos deja de existir aquel que nos vio nacer, porque el ser humano, ya desde su gestación viene absolutamente determinado. Es por ello por lo que yo seguiré siendo siempre el mismo y, como ya os he demostrado como soy, insistiré de nuevo en el mismo tema.

He buscado en internet hasta treinta y cuatro fuentes diferentes que me pudieran aclarar algo más que se entiende en el mundillo literario por RELATO y, una vez hechos mis comparativos y demás chorradas, he llegado a la conclusión de que, por mucho que TODOS vosotros me lo neguéis, un relato es la narración escueta de uno o dos hechos o acciones como máximo y que para realizarlo se necesitan los siguiente elementos mínimos:

1: Introducción o puesta en escena del relato

2: Núcleo y subnúcleos (estos segundos pueden no existir), fundamento

3: Informantes o hilo conductor o como transcurre el tiempo entre elementos

4: Desenlace o conclusión del relato

Es tan sencillo como esto, por supuesto, teniendo en cuenta en nuestro caso la temática de la o las acciones a relatar

Para aclarar aun más lo anteriormente dicho, me he tomado la libertad de analizar pormenorizadamente los elementos que componen el relato ganador de esta semana: MAQUINAS PACHINKO. Pues bien, esto es lo que ha salido:

Su puesto en la multinacional implicaba tareas como aquélla: acompañar a un cliente occidental y estúpido en una visita guiada a Tokio. Así que la noche anterior había trazado un croquis del recorrido y se había aprendido a calzador, como para un examen, datos que ni él mismo conocía. Pero los planes nacieron para ser cambiados...” 1º Informante

Al día siguiente, después de la comida con palillos y el sushi de rigor preparado en abierto” 1º párrafo que no añade nada. Sobra en el relato

el invitado propuso una alternativa al guía” 2º Informante

. Se apresuró a aclarar que la única razón que le movía a hacer aquella propuesta era la curiosidad por algo impensable en occidente y no, como podría pensarse, un gusto por lo depravado. Kenzaburo escuchó, asintió con la cabeza y, sin la más mínima duda, identificó a Mr. Smith como uno de los suyos.” Núcleo principal

Fueron caminando” 2º párrafo sobrante, pues nada afecta al relato

- ¿Está muy lejos?

 - No. Está cerca de aquí. No son muy difíciles de encontrar si uno busca...

 - Nunca me acuerdo de cómo se llaman...

 - Pachinko. Máquinas Pachinko.

 - ¿Pero cómo pueden ser legales las de este tipo?

 - Porque no hay nada ilegal en ellas...”  3º Informante

Muy pronto estuvieron frente a la máquina” Hilo conductor

: una ranura para meter la moneda y un mando que, al girarlo, hacía caer una bola de las docenas que se veían dentro de una esfera transparente.” 4º Informante

Smith, visiblemente excitado, metió una moneda e hizo girar el mecanismo hasta ver aparecer su regalo. Cogió la bola nervioso, la abrió y, al ver el contenido, lo agarró y dejó caer las dos mitades de plástico. Sólo acertó a decir algo que Kenzaburo no entendió” 3º párrafo sobrante, nada añade

antes de llevarse a la nariz las bragas usadas que le habían tocado en suerte” 1º subnúcleo

Sólo dos segundos de placer, de ojos cerrados y abandono, antes de guardárselas en el bolsillo de la americana con gesto de culpa” 5º Informante

Kenzaburo no dijo nada.” 4º párrafo que nada aporta

Kenzaburo no dijo nada porque, mejor que nadie, entendía aquel arranque de lujuria tan parecido al que él mismo sintió cuando, por primera vez, como un juego, metió la primera moneda” 6º Informante

Un arranque inesperado que despertó al monstruo. Un monstruo que, sin saberlo, lo habitaba. Una tenia epiléptica alojada en el estómago, que lo sacudía a cada poco pidiendo más. Una tenia sucia a la que tuvo que dar de comer sin tener en cuenta la inmoralidad del alimento. Una tenia insaciable que en un principio pareció contentarse con la ropa interior con olor a coño, para luego crecer y empujarle a masturbarse enfundándoselas en la mano, a visitar furcias a las que tocaba para que mojaran lo que después se llevaría y, por fin, a buscar un acomodo a su fiebre; un acomodo que encontró en el lugar al que ahora, habiendo identificado a su invitado como un afín, había decidido que irían.

 Esta vez fueron en coche:

 

 - Kenzaburo, ¿está usted casado?

 - Sí -a pesar de conocer la facilidad de los occidentales para indagar en terreno personal y de esperarla, se sintió incómodo con la pregunta.

 - ¿Tiene hijos?

 - Sí.

 - Yo no estoy casado. Lo estuve, pero me divorcié.

 - Ahá...

 - Respecto a lo que ha pasado antes... No quiero que piense...

 - Yo no pienso nada.

 - Perfecto.” 5º párrafo que para nada necesita el relato

Al llegar al local, los recibió un hombre que, pese a la corrección, puso de manifiesto que Kenzaburo era un habitual de la casa. El gaijin, entre la expectación y el recelo, caminó sin despegarse de su guía mientras los llevaban por un pasillo hasta una sala estrecha donde los dejaron a solas. Dos únicas sillas, frente a un cristal inmenso. Al otro lado, gradas prefabricadas y una puerta lateral.

 

 - ¿De qué va esto?

 - Solamente tiene que mirar y elegir. Eso es todo.

 - ¿Elegir?

 - Le gustó la máquina Pachinko, ¿no? Pues esto es aún mejor...

 

 Un par de minutos después, un rebaño de jovencitas, de no más de dieciocho, empezó a salir por la bocana, colocándose en filas paralelas frente al cristal.

 

 - Pero... ¿Pero qué demonios es esto?

 - Ellas no le ven. Elija una. Le enseñará la ropa interior que llevan puesta y podrá llevársela de recuerdo.

 Kenzaburo no miraba a las jóvenes sino a su cliente que, se dio cuenta, estaba a punto de dejar escapar un bufido de indignación y un ladrido pudoroso. Pero no lo hizo; porque la sonrisa de Kenzaburo decía: “Yo ya he visto cómo eres; ¿por qué fingir?”. Y Mr. Smith dejó de hacerlo cuando el anfitrión le dio el empujón que faltaba:

 

 - Dígame cuál prefiere. Dígame el número de la que más le guste.

 - Yo... La 13. Me gusta la 13.

 - Está bien -se acercó al micro que había junto a la puerta, pulsó el botón y dijo- La número 13.” 7º Informante. Este se podía haber resumido bastante

 “Y cuando por fin miró a la elegida, Kenzaburo creyó morir. Y de veras quiso hacerlo al descubrir, detrás del exceso de maquillaje, a su tierna Midori con el 13 pegado al pecho. Después llegó la ira al recordarla diciendo “es el hermano pequeño de un compañero de clase; sólo tengo que cuidarlo un día a la semana y me pagarán muy bien” 2º subnúcleo determinante

”, y deseó entrar como una manada y matarla a palos allí mismo. Pero la vergüenza, por ella y por él, le impidió hacer nada. Así que, sin entenderlo del todo, se quedó inmóvil, incrédulo, extraño en una habitación en la que había estado tantas veces y en compañía de un occidental que tenía la entrepierna levantada en armas pensando en las braguitas de Midori.” 6º párrafo que podía no existir

La bocana por la que habían aparecido se abrió y se las tragó. A todas excepto a la número 13. Kenzaburo, incapaz de mirarla, vio como el mismo hombre que los había recibido, entregaba un menú con seis dibujos a Mr. Smith: las seis posturas que la muchacha podía ofrecerles al otro lado del espejo doble.

 

 - Vamos, elija una. Yo ya he elegido las otras dos.

 

 Kenzaburo negó con la cabeza.

 

-          ¡Venga, hombre! No me haga usted ese feo...” 8º Informante

Y Kenzaburo eligió la número seis instintivamente; la misma que elegía siempre como broche final. Y sólo después de hacerlo, recordó quién iba a ser esta vez la muchacha.” Hilo conductor hacia el desenlace

Al llegar a la postura número seis, con la niña de espaldas a cuatro patas, como un cachorro de perra, con una falda tan corta que subía hasta enseñar la ropa interior y mirándose al espejo, mirándolos a ellos, con más lujuria de la que era posible adivinarle, Kenzaburo se echó a llorar. Quedamente. Porque no entendía cómo los muslos tersos de su pequeña, cómo aquel culito menudo y prieto, cómo aquellos pezones marcando la camiseta, lo estaban poniendo tan caliente como todas las veces en las que había elegido a otras para vaciarse de vicio.

 Ahora sabía que no era posible. “ Desenlace

Pero...¿donde está la introducción? No hay.

Bueno, esta es mi opinión de cómo se analiza si lo que tenemos delante es un cuento, una narración, un artículo periodístico, un ensayo, una novela corta… o UN MALDITO RELATO, porque creo que saber diferenciarlos es tan importante como saber escribirlos, o eso creo a mi edad y con mis años

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