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bizarro
Mensajes: 5.103
Fecha de ingreso: 12 de Diciembre de 2008

IX EDICIÓN CERTAMEN RELATOS BUBOK

25 de Mayo de 2009 a las 11:10

Seré sucinto.


Por el momento.


El tema para esta edición es:


DIOSES Y MONSTRUOS


Espero que no me deis mucho por culo pidiendo explicaciones.

jcboiza
Mensajes: 268
Fecha de ingreso: 29 de Octubre de 2008
  • CITAR
  • 4 de Junio de 2009 a las 18:38
Perdón me he equivocado de foro y no puedo borrar el mensaje asi que simplemete un saludo a todos
concursoderelatos
Mensajes: 1.692
Fecha de ingreso: 28 de Enero de 2009
  • CITAR
  • 4 de Junio de 2009 a las 18:47
EL MONSTRUO DE THULE

Fueron unas jóvenes doncellas, las primeras que lo vieron en la espesura. Estaban demasiado aterrorizadas para describirlo con precisión pero, entre sollozos y balbuceos, afirmaron que era el ser más horrible que jamás habían contemplado ojos humanos.

La noticia se extendió rápidamente por todo Thule y fueron muchos los ciudadanos que dijeron haber visto a la bestia rondar por los campos y bosques del condado. El miedo inundó los pueblos como una marea imparable, haciendo que las gentes se recogiesen temprano en sus hogares y procurasen realizar todas sus labores en grupo.

Sin embargo, todas las precauciones fueron inútiles; dos semanas después, se produjeron las primeras víctimas. Los vecinos acudieron a la casa del herrero, alarmados por los gritos de angustia de la familia, para encontrarse, imponentes, ante un espectáculo cruel de  cuerpos desmembrados sin piedad. Tan sólo faltaba la hija menor, una niña de apenas diez años, que fue encontrada dos días después en el bosque medio devorada.

A partir de ese momento, se sucedieron las muertes brutales por toda la región. El miedo se convirtió en pánico y los templos se llenaron de fieles, que buscaban en los dioses la ayuda necesaria para librarse del demonio que asolaba sus tierras.

Las noticias de lo que estaba ocurriendo, llegó a los oídos del Rey, que comprendió que debía actuar con firmeza si quería evitar revueltas o incluso males mayores. Decidido a acabar con la bestia, equipó a sus mejores cazadores y guerreros con las espadas y arcos de mayor calidad que los herreros reales fueron capaces de fabricar y los mandó que recorriesen la región hasta acabar con el monstruo.

Cuando llegaron a Thule, con sus armaduras brillantes y sus blasones reales ondeando al viento, el miedo dio paso por unas horas a la alegría y las gentes celebraron el próximo fin del diablo que les atormentaba. Al día siguiente, la expedición partió a lo más profundo de los bosques en busca de la bestia. Esa misma tarde, un caballo solitario, montado por el torso cercenado brutalmente de uno de los caballeros, regresó al pueblo, en un paseo lento y macabro por las calles, que devolvió a las gentes al terror absoluto.

Cuando el Rey supo lo ocurrido, sintió por primera vez en sus propias carnes el temor que asolaba su pueblo desde hacía semanas. Esa misma noche acudió a las hechiceras de Asgalon, una secta, teóricamente proscrita por él mismo, que mantenía vivo el culto a las antiguas deidades de Thule. Las ancianas sacerdotisas tomaron los vapores de las flores de Valein y sacrificaron dos aves del paraíso para consultar sus vísceras. Su mensaje fue claro y conciso: llegaría un paladín, enviado por los mismos dioses, que devolvería al demonio impío a las sombras infernales de las que había surgido.

Aquella noche, los muros del palacio real volvieron a contemplar un ritual de adoración a los dioses antiguos, que no habían visto desde hacía varias generaciones. El Rey esperaba así, que los dioses oyeses su ruego y enviasen pronto su paladín. 
No tuvo que aguardar mucho tiempo; dos días después, un desconocido llegó a Thule, presentándose como Albión, el enviado de los dioses. Fue recibido en la corte de inmediato. Era un hombre joven, de porte regio, vestido con finas sedas y portador de una armadura dorada, brillante como el mismo sol. El Rey le pidió que demostrase su procedencia divina, a lo que el guerrero respondió blandiendo su espada y cortando de un solo mandoble un grueso pilar del palacio. Todo el edificio empezó a tambalearse, pero el caballero levantó con sus manos la columna y, con un mero gesto, la piedra marmolea recuperó su forma original como si nada hubiese ocurrido. El Rey se rindió, ante el evidente origen divino del  caballero, ofreciéndose a entregarle todo cuanto solicitase, si les libraba del monstruo de Thule. Albión pidió una sola cosa a cambio; que se le entregase como esposa a la princesa Viriana, la hija menor del Rey y la mujer más bella de todo el reino.

El Rey accedió encantado, pues no cabía mayor honor para una princesa que esposar a un hijo de los dioses, pero la desgracia sacudió la corte esa misma tarde. Como si el monstruo supiese que su fin se encontraba cercano, atacó el palacio, destrozando muros y paredes, hasta llegar a los aposentos de la princesa. Su ataque fue tan rápido, que cuando la guardia real acudió, la princesa ya había desparecido.

Al conocer lo sucedido, Albión partió, escoltado por los mejores soldados de la guardia real y por el propio Rey, en persecución de la monstruosa bestia. Albión galopaba tan rápido, que el Rey y su guardia le perdieron de vista. Siguieron su rastro con dificultad por las montañas y campos, hasta llegar a un valle sombrío y húmedo. Desorientados, los hombres formaron un abanico en busca del enviado, pero la noche les había alcanzado y la escasa luz hacía imposible localizar su rastro.
 
Cuando ya desesperaban, los ecos de una lucha lejana llegaron hasta ellos desde la profunda espesura. Galoparon con frenesí hasta alcanzar un claro cercano, donde se encontraron con una escena dantesca; un ser monstruoso, mitad humano, mitad bestia, sostenía entre sus tentáculos deformes el cuerpo desfallecido de la princesa, mientras luchaba con Albión, que aguantaba la acometida blandiendo su espada con fuerza asombrosa. 

Al ver llegar a los jinetes, el monstruo dirigió su atención hacia ellos, olvidando por un instante a Albión, que aprovechó para clavarle la espada en lo que debía ser su pecho. La bestia gimió con un sonido que resultó extrañamente humano. Con uno de sus tentáculos se extrajo la espada del cuerpo, arrojándola a la maleza. Después, se volvió hacia Albión, levantándolo en el aire y empezando a apretar con fuerza su cuerpo.

El Rey ordenó a todos sus guerreros ayudar al enviado. Lanzas y flechas se clavaron en el cuerpo de la bestia, que pronto empezó a acusar el ataque combinado de sus enemigos. Las fuerzas empezaron a abandonar sus deformes extremidades, hasta que no pudo evitar liberar a Albión y la princesa, que cayeron al suelo, inertes.
El Rey ordenó entonces redoblar el ataque, comenzando una nueva andanada de flechas. La deforme bestia retrocedió indefensa, enroscándose sobre sí misma, en un esfuerzo inútil por protegerse. Aproximándose a la bestia caída, el monarca se dispuso a acabar con su vida de un mandoble, pero en ese momento el monstruo giró la cabeza encarándole.

El Rey vio por primera vez el rostro del monstruo y lo que se encontró le sorprendió y conmovió profundamente. Aquellos no eran los rasgos de un ser brutal e irracional, sino que sus facciones eran hermosas y su mirada clara y conmovedora. De sus ojos brillantes brotaban lágrimas de dolor y de su boca surgió un susurro: “Mi padre me he enviado para devolver, al demonio que ha estado masacrando a vuestras gentes y que pretendía devorar a vuestra hija, a las tierras infernales de las que ha escapado. Su nombre es Albión”.

El Rey se giró de inmediato en busca del guerrero, para encontrarlo de pie junto a su hija. Su mirada era de profundo desprecio y el Rey comprendió, por fin, cuál era el verdadero monstruo de Thule. 
Mandó de inmediato a sus guerreros atacar al falso dios, pero la fuerza de éste resultó devastadora y sus hombres empezaron a morir uno tras otro. El Rey sabía que moriría allí y que su reino acabaría con él, pero lo que de verdad le destrozaba el corazón era que su hija acabaría en manos de aquel demonio, al que él mismo había abierto las puertas del reino. Desesperado, pensó en arrebatar él mismo la vida a su propia hija para evitarle, así, un terrible destino. Sin embargo, un tentáculo le sujetó la mano impidiéndole utilizar su espada. El enviado de los dioses, al que diese por muerto, se levantó arrojándose con decisión sobre Albión. Con toda la fuerza de sus extremidades, apretó el cuerpo del demonio, sin ceder un instante a pesar del dolor que sentía. 

Los minutos transcurrieron con lentitud, hasta que el faso dios cayó sin vida al suelo, desmoronándose el enviado de los dioses a continuación. En su rostro, muerto, se dibujaba una mirada serena.

Al día siguiente, el reino de Thule realizó la mayor celebración que se recuerda para festejar la derrota de un dios y llorar la muerte de un monstruo.

FIN

bizarro
Mensajes: 5.103
Fecha de ingreso: 12 de Diciembre de 2008
  • CITAR
  • 4 de Junio de 2009 a las 22:06

Definitivamente, no voy a estar disponible a las 00:00. Así que, como sois listos y espabilados, el que se encuentre despierto (los ansiosos de Vixa o Reithor me valen (podría haber dicho puntuales pero he dicho ansiosos, lo sé)) que abra el correspondiente hilo que yo le doy permiso.

 

Reithor
Mensajes: 348
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
  • CITAR
  • 4 de Junio de 2009 a las 23:38
cita de bizarro

Definitivamente, no voy a estar disponible a las 00:00. Así que, como sois listos y espabilados, el que se encuentre despierto (los ansiosos de Vixa o Reithor me valen (podría haber dicho puntuales pero he dicho ansiosos, lo sé)) que abra el correspondiente hilo que yo le doy permiso.

 

Pues me pillas en cena de negocios, así que no seré yo. Salvo que aún no haya sucedido a las 3 de la mañana hora peninsular.
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