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romi
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Publicado hoy en el periódico de Granada // 24-12-2009

24 de Diciembre de 2009 a las 12:17

Uno de los periódicos que se publica en esta ciudad, Ideal de Granada, hoy ha sacado un suplemento especial. Dedicado, como todos los años por estas fechas, a “Relatos de Invierno”. En la página 35 de este suplemente ha salido publicado hoy, 24-12-2009, el relato mío que pongo aquí por si alguna persona quiere leerlo. Lo acompañan con un dibujo hecho por una niña de 10 años: Raquel Cuenca.

 

Felices fiestas a todos. 

 

 Un día de nieve especial  

            Y estábamos nosotros, el Anciano y yo, mirando al cielo y me comentaba él:

- Esas nubes negras que por allí vienen asomando traen nieve.

¡Qué bien! Me dije mirándote a ti y observando las montañas que tenía enfrente. Y a él le respondí:

- Es aun buena fecha para que caiga la nieve por estas tierras nuestras. Todavía no han florecido ni los almendros ni los cerezos ni las orquídeas en los campos. Si por estos días nieva será un frío bueno para las cosechas.  

       Y justo en este momento vimos que del Cortijo de la Viña salía la niña. Bien envuelta ella en su abrigo, con su bufanda puesta y también su gorro de lana de las ovejas del pastor de las montañas. Acompañándola viene su amigo el niño del río y los dos se dirigen a nosotros. Al llegar, nos dijo:

- Con tanto frío puede ponerse a nevar en cualquier momento.

Y contestó el Anciano:

- Vamos ahora a tu refugio de madera en lo alto del Cerro de la Viña.

Y sin más nos pidió ella que te lleváramos a ti. La complacimos y nos pusimos a subir por la cuesta. Y no habíamos andando cien metros cuando los primeros copos ya caían de las nubes negras. Se arropó ella un poco más y el Anciano se embutió en su chaqueta. El niño nos dijo:

- Desde la casa de madera, junto a la ermita, qué bien vamos a ver caer la nieve sobre las cumbres de la sierra excelsa.

        Y esto es cierto: Desde el recogido refugio de madera que a la niña le regalaron los del Cortijo de la Viña, es desde donde mejor se ven las altas cumbres blancas. No hay, en toda la provincia de Granada, un balcón más elevado y mejor situado. Por eso le comenté:

- Así, mientras nos recogemos en este rincón, gozamos de las cumbres por donde ayer estuvieron tus amigas. Y al calor del fuego que encenderemos yo te voy a leer lo que tengo escrito en mi cuaderno.

Los tiernos copos se iban durmiendo sobre el verde de la hierba, en la ladera y cañada de las nogueras y sobre la viña y las crestas del cerro. Más a lo lejos, hacia Granada y la vega, los trozos blancos que descendían de las nubes, se fundían con las nieblas. Al sur y a la izquierda, por donde las Sierras de Cazorla, la oscuridad de las nubes era mucho más densa.  

       Y lo volvía yo a decirle a ella:

- Y si tus tres amigas vienen les vamos a pedir que nos cuenten la aventura de su excursión de ayer. Y también que nos hablen de Rusia y nos narren alguna historia de cuando ellas eran pequeñas.

Y añadía el Anciano:

- En cuanto lleguemos yo me encargo de encender un buen fuego. Y, luego, junto a las llamas nos sentamos y que nieve fuera que nosotros no pasaremos frío.

Y la niña seguía diciendo:

- Pero si mis amigas vienen, aunque pasemos frío, yo quiero hacer con ellas un buen muñeco de nieve.

Y estos momentos ya nieva mucho. Quizá más de lo que va soñando ella y, por eso, antes de llegar a la alberca que recoge el agua para regar las tierras de la huerta, ya el suelo casi se ve cubierto de nieve inmaculada. Y los tiernos copos que caen cada vez son más grandes, blandos como ovillos de seda y como las bocanadas de vaho que, al respirar, exhalamos. Y caen tantos y tan aprisa que ya no se ve ni la cresta del cerro de la derecha ni la cañada de los naranjos ni las montañas por donde el pastor anda con su rebaño. Desde mi lugar, en la fila que trazamos por la senda cerro arriba hacia la cabaña de madera, voy observando a la niña. Y veo que sobre su cabeza, cubierta por el gorro de lana, la nieve se va trabando. Como si quisiera cubrirla toda bajo un fino manto inmaculado. Comento, como susurrando:

- Que no pare de nevar por lo menos en tres días o en una semana o en un año que la nieve, aunque nos traiga frío, es buena, muy buena.

         A la niña nuestra, le gusta mucho la nieve y le gusta verla caer. Y de esto también me alegro yo. Quizá ella sabe, o por lo menos lo intuye, que pocas cosas hay más hermosas en este suelo que ver la nieve dormirse sobre la hierba y ver la hierba cambiar su traje verde por el blanco seda.

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