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cascoscuro
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Primer capítulo de novela en la que estoy currando (Títlulo provisional: Retrospectiva de Sistemas Asquerosamente Caóticos)

16 de Enero de 2010 a las 13:08
Hola a todos,

Bueno, dado que este subforo es para esto, estoy trabajando en un libro y me gustaría, antes de terminarlo (me queda el 25% más o menos para darlo por finiquitado), mostraros el primer capítulo para que me diérais vuestra opinión. Es bastante corto, así que nos os va a llevar leerlo ni cinco minutos.

Cuando llamaron por teléfono y le dieron el recado apenas se lo podía creer: Tenía un nuevo encargo. Un encargo de mierda, pero al fin y al cabo le venía bien ganar dinero para comprar esas baratijas que colocaría desordenadamente en su apartamento, parecido a una materialización de las ideas de un pupilo esquizofrénico de Andy Warhol.

Su trabajo se caracterizaba por una estabilidad frágil. Simplemente había dado con un cliente bastante fiel que, ante el cambio de la más imperceptible variable que rompiera su relación, haría que su carrera se estancara. François era consciente de ello, lo cual le provocaba sentimientos de euforia y alivio las veces que recibía sus encargos, progresivamente menos frecuentes, si bien no le gustaba la dirección que estaba tomando su trabajo.

Se puso su chupa de cuero, cogió su guitarra y, tras cerrar la puerta, se dirigió hacia su desvencijada pero decorada furgoneta, en base a un estilo bastante ecléctico y personal.

Después de un accidentado viaje a través de las densas carreteras de la ciudad, y tras haber superado con éxito una serie de conatos de accidente originados por sus bruscos cambios de velocidad, aparcó en la esquina con un callejón peatonal formado por edificios arquitectónicamente viejos pero elegantes. Cerró sonoramente la puerta de la furgoneta con tal fuerza que se separó del chasis y cayó al suelo. François no se inmutó y siguió adelante, hacia el portal número tres, justo enfrente.

No tardaron en abrirle tras llamar al portero automático. Ni siquiera le pidieron identificación: Sabían de antemano que se trataba del chico de la guitarra que espiaba a los vecinos por dinero y que canturreaba chismorreos bastante jugosos para cualquier persona adicta a la intrigante vida de aquellos seres que se ocultaban tras las puertas del panal que suponía su bloque de viviendas.

François era un autodenominado juglar, un profesional de un viejo pero noble gremio, sin sentido alguno en una época en la que la información bullía desde cualquier parte de la sociedad. Un ser excéntrico salido de la escuela de Bellas Artes, como tantos otros, que quería darle un sentido a la aparente y frustrante inutilidad de la formación académica que recibió. Para él, el estado de la información contemporánea era un flujo de datos sobrecargado, carente de toda belleza. Él procesaba una noticia y le ensamblaba poesía, música y cualquier cosa que excitara el sentido estético de los ocupados y funcionales hombres del siglo XXI.

Su sueño era entrar en castillos y narrar batallas, purgas ocasionadas por la desesperada lucha contra el avance de la peste negra, historias de princesas que calentaban a príncipes pretendientes y provocaban guerras entre reinos e imperios, solo por cubrir una satisfacción ciertamente maquiavélica, etc. Pero la casuística de los tiempos aplastaban el mundo onírico que François amaba y quería explotar económicamente. Tenía que conformarse con cantar y narrar cotilleos de vecinas chismosas y urbanitas de zonas residenciales. Al menos, de momento, esto le valía para pagar las facturas, después de los primeros avisos amenazantes de rigor. Tenía que trabajar mucho para transformar este universo, esta sociedad, en la suya. Pero, ¡diablos si lo intentaría! El planeta necesitaba belleza. Solo así la Organización Mundial de la Salud aceptaría los niveles mundiales medios de endorfinas como suficientes.

No paraba de hacerse trenzas con un mechón de pelo que no soltaba, mientras escuchaba de la vieja señora Kochansky sus sospechas sobre la vida de sus vecinos. Apenas probó el rancio té que le ofreció, pero si comió algunas de las pastas que estaban en la mesa de cristal de estilo rococó. No le quedaba más remedio si no quería acabar como fontanero o político beligerante. Tenía que acechar a los vecinos del quinto y sacar en claro si aquella pareja de recién casados atravesaba una crisis de fidelidad. La señora Kochansky escuchó la noche anterior una discusión fuerte entre los dos, clausurada con el sonido de un objeto de cerámica roto tras chocar, probablemente, contra una pared. Eso encendió su sensible sentido de la curiosidad.

Esperó y se hizo de noche. Tenía el instrumental necesario para hacer su trabajo, sin riesgo de ser interceptado por cualquier miembro de la comunidad de vecinos. La ventana del cuarto daba al callejón, estaba abierta de par en par y no había ninguna luz encendida en la habitación, circunstancias que aprovechó François para arrojar desde abajo un micrófono diminuto, introduciéndolo a través del ventanal con buena puntería. Se metió en su furgoneta y, tras colocarse unos auriculares negros que cubrían sus orejas por completo, sacó de una bolsa una hamburguesa, que había comprado minutos antes en un establecimiento de comida rápida.

Los auriculares tenían una antena que captaba la frecuencia del micrófono con una calidad aceptable en distancias medias, pero pasó bastante tiempo hasta que se escuchara algo diferente de chasqueos.

François disfrutó saboreando su delicatessen mientras escuchaba a bajo volumen funk de James Brown, sin perder la atención a la emisión del micrófono. El sonido de un portazo le sobresaltó, escupiendo toda la comida que estaba masticando y saliva sobre su barbilla y parte de la chupa.

La pareja estaba enzarzada en una discusión en la que las palabras de cada uno se entremezclaban, degradando el idioma a un constante zumbido de tonos agudos. El interlocutor se vio obligado a pensar en el daño causado en las cuerdas vocales de los actores de la conversación. No le fue difícil prestar atención a François, desde luego.


Es la primera vez que emprendo esta aventura de escribir una novela, así que por favor, sed despiadados conmigo en las críticas :P .

Un saludo.

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