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carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009

Las cosas de la guerra

2 de Febrero de 2010 a las 20:21
Hoy me han jodido bien jodido. Perdonadme por la expresión pero no encuentro otra forma de expresarlo. Os juro que estaba calladito, sin decir nada; os juro que no me moví más de lo estrictamente necesario. Solo estaba esperando el momento de pasar a la acción. Una invitación del jefe como mucho para atacar o para defenderme. Mi posición no era ni siquiera estratégica.

Supongo que estaba en el sitio equivocado en el momento equivocado cuando me atacaron. Fue un movimiento absurdo, una muestra innecesaria de poder, porque en ese momento, os aseguro que no representaba ninguna amenaza.

Cuando estuve en el campamento militar ya nos avisaron:

-Seréis los primeros en caer y no provocaréis ni lástima. Sois tontos y vuestra única misión es obedecer. ¡Cuando os digan que avancéis, avanzáis! ¡Cuando os digan que ataquéis, atacáis! Vuestro objetivo es servir a un bien mayor y jamás deberéis cuestionar vuestra posición. ¡No estáis aquí para tener aspiraciones!

Un discurso ensayado que a ninguno nos sorprendía. Sabíamos cuales eran nuestras posibilidades, sabíamos que sólo éramos la primera línea de defensa… pero seguíamos luchando porque eso es lo que hacen los soldados: obedecen órdenes sin cuestionarlas, asumen su responsabilidad sin quejas y miran adelante con valor.

Cuando llega la primera batalla sufres todo el miedo en tus carnes. Las trincheras suelen llenarse de vómitos y excrementos de los soldados que no consiguen calmar los nervios. Lo que eres cobra sentido en ese mismo instante y no todos pueden soportar la presión. A mí, hoy, en mi primera batalla, parecía que no me iban a vencer los nervios. Parecía que sería capaz de afrontar la muerte, pero no era valor, era inconsciencia.

La batalla empezó con calma. Los generales parecían estar pensando mucho en la estrategia pero solo era cuestión de tiempo. Vi como mandaban avanzar a mis compañeros y comprobé de cerca a qué huelen el miedo y la sangre. Vi a fornidos soldados temblar sólo por recibir una orden y comprobé que todos somos muy valientes hasta que la realidad llama a nuestra puerta.

-¡Avancen por el flanco izquierdo!- fue mi ración de realidad por hoy.

Me temblaban las piernas y a penas podía avanzar. Lo hice el doble de lo que estamos acostumbrados porque así me lo mandaron. Me quedé solo al frente, desprotegido, y sí, sentí más miedo del que he sentido en mi vida.

Bajé la vista y miré al suelo incapaz de enfrentarme al enemigo. “Yo no quería ser soldado” me decía para convencerme y no tener que asumir que nadie me obligó a aquello. Fui yo quien, de algún modo, aunque fuese por omisión, aceptó aquella vida.

La batalla siguió durante horas y yo creía controlados mis nervios. El enemigo parecía no percatarse de mi posición y yo seguía avanzando cuando me lo ordenaban. Llegué a olvidarme de la batalla cuando pude ver el objetivo a escasos pasos de mí. Me olvidé de la sangre, de los caídos y pensé en la gloria.

Ya nos habían avisado: “no estáis aquí para tener aspiraciones”. Se supone que lo tenemos claro al empezar, pero todo soldado aspira a la gloria en la batalla, todo soldado quiere la medalla, matar al general del enemigo y volver cubierto de gloria a casa. Ya sé que nos habían avisado, pero todos preferimos ignorar para justificar la batalla, la sangre y nuestras vidas.

La batalla cobra una nueva dimensión cuando ves el fin. Te engañas y ocultas el miedo hasta que ves al enemigo acercarse decidido y comprendes como va a terminar aquello. Me pareció enorme, fuerte y convencido de lo que hacía. No podía defenderme y no tenía escapatoria. Noté como las tripas se movían queriendo escapar quizá de un cuerpo que las condenaba a la muerte segura, noté como la espalda sufría justo cuando deja de serlo y noté un rastro cálido recorrer mi pierna hasta al suelo. Sí, a mi el miedo también me había vencido.

La torre llegó, recorriendo una perfecta línea recta desde el fondo del tablero y me echó de la partida. Estaba acabado, estaba muerto. La meta ya no tenía sentido… yo jamás sería reina. Nos dijeron que nos olvidáramos de ello, pero nunca dejó de ser el auténtico objetivo de cualquier soldado.

Ninguno se habría prestado a la batalla de no ser por esa remota posibilidad, ninguno habría puesto su vida en juego por un bien mayor. Mentimos como bellacos, dijimos que lo hacíamos por el placer de jugar… pero era falso, solo queríamos ser reinas. Por eso obedecemos órdenes sin cuestionarlas, asumimos nuestra responsabilidad sin quejas y miramos adelante con valor.

Nos avisan, sí, pero preferimos ignorar y vivir de la ilusión. Es una fantasía absurda y tú, amigo peón, jamás serás reina.
nosebundos
Mensajes: 1.334
Fecha de ingreso: 25 de Mayo de 2009
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  • 2 de Febrero de 2010 a las 20:35
plas, plas, plas... (onomatopeya de aplauso).
carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 2 de Febrero de 2010 a las 20:42
me abrumas...

o como decía el chiste de los gallegos:

-pepiñu, pepiñu, me abrumas.
-te lo hago bien eh p*ta, te está gustando.
-oh! pepiñu, me abrumas.
-Te mola como te lo hago ¿eh?
-No pepiñio, no. Que si me abru más que no la notu?

escaleno
Mensajes: 205
Fecha de ingreso: 22 de Septiembre de 2009
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  • 2 de Febrero de 2010 a las 21:38

¡Que bueno!

De poder elegir, yo prefiero las guerras así, sobre un tablero en blanco y negro, aunque siempre tendría las de perder (no se jugar al ajedrez..., ni a las damas)

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 2 de Febrero de 2010 a las 21:43
La verdadera batalla en tu interior se halla. Aprender debes a controlar los demonios que tu fuerza doblan... je je je.... siempre se me va. No lo puedo evitar.

Lo que no quita que sea verdad... no hay más batalla que la que cada uno tenga con uno mismo y no somos mucho más que peones que fingimos aceptar lo que somos. ¡Que hipócritas!

Un abrazo
raulcamposval
Mensajes: 4.218
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 4 de Febrero de 2010 a las 13:57

Aceptar tu condición no es hipócrita, es valiente. Tu peón debería haber sabido que tenía muy pocas posibilidades de hacerse dama. 


De todas maneras da igual qué pieza seas y cuánto de coherencia haya en ti: las circunstancias externas tiene tanta incumbencia en nuestras vidas que a veces no podemos controlar nada. El ajedrez es una metáfora para casi todo. Dependemos de lo que hacen las demás en el tablero, no sólo las enemigas, sino también las nuestras propias. A veces otro peón propio te corta el avance y no puedes hacer nada. 
carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 4 de Febrero de 2010 a las 14:59

Lo importante, querido amigo, no es lo que pase de puertas afuera...

raulcamposval
Mensajes: 4.218
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 4 de Febrero de 2010 a las 16:28

Buf! Ya nos estamos metiendo en otro berenjenal… 


Yo soy yo y mis circunstancias.

No niego que somos dueños de nuestras vidas (cada  uno tiene lo que se merece), pero las circunstancias mandan para bien y para mal, y sólo podemos hacer lo que podemos hacer. Es más, carlosmola podría también comercializar circunstancias favorables: éxito seguro.
carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 4 de Febrero de 2010 a las 16:55
He escrito una respuesta cojonuda. Tenía hasta referencias a Platón. Te lo juro.

Pero después me he rajao'. Me he dicho: "frena tío, que se te va la olla".

¿Sabes que cuando un chaval llega al seminario o al ejército intentan desanimarlo? Se lo ponen muy chungo, los asustan... pero eso hace que estén concentrados y que se olviden del mundo.

El pobre peón sabía que era casi imposible llegar a dama. Pero era ese "casi" lo que le hacía seguir en la partida.

En cuanto a las circunstancias... lo son todo. Hacen de mi vida lo que es pero ¿deberían hacer de mi lo que soy?

Creo en una Verdad absoluta y eterna. Creo en un conocimiento caduco y limitado. Cambiar nuestra actitud y estado de ánimo en funcion del grado de conciencia de la Verdad debería ser absurdo ¿no? Ella sigue siendo la misma.

El "darse cuenta"... ese maravilloso concepto. ¿De verdad es tan importante? O mejor dicho, porque estoy convencido de que lo es. ¿Es bueno que lo sea? ¿O es un síntoma más de enajenación?
raulcamposval
Mensajes: 4.218
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 4 de Febrero de 2010 a las 19:14

No te cortes con las respuestas (¡habráse visto!), que yo tengo correa, como Paco Camps. 


Por un lado entiendo que te refieres a que un mínimo de ilusión y esperanza por conseguir lo que queremos nos hace seguir adelante. Nunca se debe perder la ilusión. 

Por otro lado el ejército y el seminario son circunstancias. 

En tercer lugar, ¿crees que se puede separar tu personalidad de lo que has vivido?

No hay tiempo para más. Un saludo.
sarakey
Mensajes: 441
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 1:39
cita de carlosaribau He escrito una respuesta cojonuda. Tenía hasta referencias a Platón. Te lo juro.

Pero después me he rajao'. Me he dicho: "frena tío, que se te va la olla".

¿Sabes que cuando un chaval llega al seminario o al ejército intentan desanimarlo? Se lo ponen muy chungo, los asustan... pero eso hace que estén concentrados y que se olviden del mundo.

El pobre peón sabía que era casi imposible llegar a dama. Pero era ese "casi" lo que le hacía seguir en la partida.

En cuanto a las circunstancias... lo son todo. Hacen de mi vida lo que es pero ¿deberían hacer de mi lo que soy?

Creo en una Verdad absoluta y eterna. Creo en un conocimiento caduco y limitado. Cambiar nuestra actitud y estado de ánimo en funcion del grado de conciencia de la Verdad debería ser absurdo ¿no? Ella sigue siendo la misma.

El "darse cuenta"... ese maravilloso concepto. ¿De verdad es tan importante? O mejor dicho, porque estoy convencido de que lo es. ¿Es bueno que lo sea? ¿O es un síntoma más de enajenación?
 

Primero decirte que tu relato me gustó mucho (aunque escogieras el final triste). ¿Has leído “Miedo a la libertad” de E. Fromm? Yo creo que “darse cuenta” es la única manera que tenemos para salir de la batalla y dejar de ser peones a la merced de  los demás. Y dejar de soñar. Así se comienza el verdadero camino hacia el descubrimiento de uno mismo. Es el punto de partida.

Marx escribió: “La crítica ha arrancado de las cadenas las flores imaginarias, no para que el hombre lleve las cadenas sin fantasías ni consuelo, sino para que se sacuda la cadena y escoja la flor viva.”

Todo empieza por reconocer la cadena.


Un abrazo.

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 7:52
cita de sarakey
Primero decirte que tu relato me gustó mucho (aunque escogieras el final triste). ¿Has leído “Miedo a la libertad” de E. Fromm? Yo creo que “darse cuenta” es la única manera que tenemos para salir de la batalla y dejar de ser peones a la merced de  los demás. Y dejar de soñar. Así se comienza el verdadero camino hacia el descubrimiento de uno mismo. Es el punto de partida.

Marx escribió: “La crítica ha arrancado de las cadenas las flores imaginarias, no para que el hombre lleve las cadenas sin fantasías ni consuelo, sino para que se sacuda la cadena y escoja la flor viva.”

Todo empieza por reconocer la cadena.



Bueno, a mi parecer, el final no es alegre, pero tampoco es triste. El final es el "darse cuenta" y eso no debería ser triste. Visto desde fuera, nosotros sabemos que el peon no llegará a dama- lo decía por aquí Raul- por lo que la cosa termina como sabíamos que terminaría. La verdad es y ante ella las fantasías se desvanecen. El problema no está en el final, sino en el engaño que le precede. ¿Como se le ocurre al peon pensar que llegaría a dama? Si eso lo consiguen muy pocos.

Lo que yo me planteo por aquí es lo siguiente: si está claro desde un principio como va a terminar, ¿porque el peon debe pasar por el proceso del "darse cuenta"? ¿Porque es tan imporante? ¿no deberíamos de ser capaces de vivir del mismo modo independientemente de los darsecuentas que pasemos?

Mi veciono adolescente quiere ser astronauta. Yo sé desde un principio que no lo conseguirá pero el lo sigue intentando. Algún día, mi vecino tendrá que pasar por un darsecuenta. ¿No sería una muestra de madurez emocional que los darsecuentas no minaran nuestra felicidad y nuestro estado de ánimo? Sí estaba claro que no lo iba a conseguir.

En fin... no sé si me explico, así que es mejor que me calle

Un abrazo a todos
carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 7:54
cita de raulcamposval No te cortes con las respuestas (¡habráse visto!), que yo tengo correa, como Paco Camps. 

Por un lado entiendo que te refieres a que un mínimo de ilusión y esperanza por conseguir lo que queremos nos hace seguir adelante. Nunca se debe perder la ilusión. 

Por otro lado el ejército y el seminario son circunstancias. 

En tercer lugar, ¿crees que se puede separar tu personalidad de lo que has vivido?

No hay tiempo para más. Un saludo.
Bueno, como pregunta no está nada mal:

¿Crees que se puede separar tu personalidad de lo que has vivido?

Me gustaría pensar que sí, pero no, yo no soy capaz. Quizá la cosa viene por ahí, quizá deberíamos tener una capacidad asombrosa para salirnos de nuestro propio cuerpo y nuestra vida durante unos instantes para verlo todo con otras perspectiva y objetivizar parte de lo que sabemos. Bueno, solo quizá.

Un abrazo
sarakey
Mensajes: 441
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 10:25
 

Bueno. Si tomásemos la muerte del peón como una muerte interna. Como ese proceso que describes del “darse cuenta”, pues es verdad que no es triste si no hasta deseable.

¿Por qué ya sabemos cómo va a terminar? ¿Quién lo sabe?

Creo que en ese darse cuenta estás poniéndolo todo. Darse cuenta de nuestras posibilidades materiales de llegar a “algo” y nuestras posibilidades internas de llegar “a nosotros”. La primera depende de un montón de factores ajenos que no podemos controlar. ¿Deberíamos desanimarnos y ni buscar ni soñar con lograr algo que nos apasiona pero que es difícil conseguir? no claro que no. ¿Deberíamos frustrarnos si no lo consiguiéramos? no claro que no. Porque perseguir nuestra realización personal es el motivo de nuestra vida y los factores externos solo son “caminos” para la segunda opción, el encuentro con el verdadero ser,donde somo dueños y señores.. En ambos casos los darse cuenta solo sirven para ir cambiando las estratagemas y los caminos hacia la realización. ¿Quién dice que tu vecino no llegará a astronauta? ¿Quién dice que tu vecino, al soñar con ser astronauta, no encuentre su verdadera pasión, que son los telescopios? Todo radica en la “fe”.


Vivir es llegar y morir es volver.


Tres hombres de cada diez caminan hacia la vida.

Tres hombres de cada diez caminan hacia la muerte.

Tres hombres de cada diez mueren con el ansia de vivir.

¿Cómo puede sobrevivir el décimo hombre?


He oído decir que quien sabe cuidarse

viaja sin temor al rinoceronte,

ni al tigre,

y va desarmado al combate.


El rinoceronte no encuentra donde hincarle el cuerno,

ni el tigre donde clavarle su garra,

ni el arma donde hundir su filo.

¿Por qué?

Porque en él nada puede morir.


(Del TAO TE KING de Lao Tse)

Puf! Carlos. ¡Que me lio! No hay que perder la "fe" tío, ¡Porque si no es el principio del fin!

sarakey
Mensajes: 441
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 13:27
 

En palabras de Fromm:

El hombre, al mismo tiempo que está sujeto, como todas las demás criaturas, a fuerzas que lo determinan, es la única criatura dotada de razón, el único ser que es capaz de comprender a las fuerzas mismas a las cuales está sujeto y que, por medio de su entendimiento, puede tomar parte activa en su propio destino y fortalecer aquellos elementos que dentro de él luchan por la virtud. El hombre es la única criatura dotada de conciencia moral. Su conciencia es la voz que lo llama a volver consigo mismo, ella le permite saber lo que debe hacer a fin de llegar a ser él mismo, le ayuda a permanecer consciente de los fines de su vida y de las normas necesarias para el logro de estos fines. No somos, por consiguiente, las desamparadas víctimas de las circunstancias, en verdad somos capaces de modificar las fuerzas internas y externas y de influir en ellas, así como de controlar -al menos hasta cierto punto- las condiciones que nos rodean. Podemos fomentar y fortalecer aquellas condiciones que desarrollan el impulso por la virtud y favorecer su realización. Pero si bien poseemos razón y conciencia moral, que nos permiten ser participantes activos de nuestra vida, la razón y la conciencia misma están ligadas inseparablemente a nuestro carácter. Si las fuerzas destructoras y las pasiones irracionales ganaron predominio en nuestro carácter, entonces tanto nuestra razón como nuestra conciencia estarán afectadas y no podrán ejercer sus funciones adecuadamente.


El término Fe, como es utilizado en el antiguo testamento -”Emunah”- significa “firmeza”e implica por consiguiente cierta cualidad de la experiencia humana, un rasgo de carácter, más bien que el contenido de una creencia en algo.

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 13:54
Vamos a hacer una cosa... me voy a tomar un tiempo para interiorizar todo esto y contesto luego, je je je je Demasiado denso para leer en diagonal desde el trabajo.

Si es que soy lentito...

Un abrazo
raulcamposval
Mensajes: 4.218
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 14:20

Más que denso, me siento hoy espeso.

El lunes más. 
sarakey
Mensajes: 441
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 15:00
 

Mhhh.... Puede ser que se me haya ido la olla a mi...¡lo siento! ¡Pero es que creo que el pobre peón podría haber llegado a coronar! Que pena...

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 5 de Febrero de 2010 a las 20:19
no se te ha ido la olla mujer, el problema es que llega un punto que estas conversaciones te las tienes que tomar muy en serio o terminas diciendo barbaridades.

Por supuesto que el peon podría haber terminado como dama. Es mas, se dan algunos casos. ¿Te apetece leer un relato? Lo escribí hace mucho tiempo y por lo tanto, me avergüenzo un poco de él, pero una frase tuya me lo ha traido a la memoria.


El mago que vendía esperanza.

En un reino lejano, más allá de dónde ningún viajero se atrevió a llegar, la gente vivía feliz por fin tras conseguir que el mago negro se escondiese en las montañas para no volver. Tras aprenderse todos sus trucos malvados para someterles encontraron la forma de no dejarse atrapar por sus poderes: había resultado tan simple como no querer hablar con él. En seguida empezó a envejecer y a debilitarse, en unos días su pelo se engriseció y su fea cara se llenó de arrugas. Les resultó hasta sencillo empujarlo hasta las montañas para que no volviera a entrar en el pueblo.

Y fue ahí, sólo en las montañas donde urdió su maquiavélico plan para recuperar lo que era suyo. Necesitaba seguir robando tiempo de los hombres para no envejecer. Si robaba el suficiente quizá volvería a ser joven de nuevo y la eternidad podría volver a ser posible para él.

Hacía siglos ya desde la primera vez que había engañado a un hombre para que le vendiese parte de su tiempo y por primera vez en su larga vida se veía cerca de la muerte.

Fue por eso que se vio obligado a preparar una poción que lo disfrazase de hombre joven y fuerte para así poder acercarse de nuevo a los mismos que le habían echado de su lado. Invirtió casi todas las fuerzas que le quedaban en buscar las plantas y animales necesarios para la poción que una vez injerida le convertiría por un día en un hombre apuesto, de cara afable, capaz de despertar confianza en cualquier hombre que hablase con él.

Bajó hasta el pueblo montado en un precioso caballo negro, como si quisiese conservar algo de su identidad en ese día en el que se jugaba el todo por el todo. Cruzo las montañas y llegó a los enormes campos de cereales que rodeaban el pueblo despertando la curiosidad de los campesinos con quienes se iba encontrando.

Jamás habían visto un caballero como aquel con semejante armadura, tan brillante, tan robusta y tan aparentemente liviana. Irónicamente, parecía ser el hombre que todos habrían querido tener cerca en los tiempos en los que el mago les acechaba.

Cuando en la plaza del pueblo desmontó su caballo todos se lo quedaron mirando mientras él parecía ignorarlos. Estudiaba en silencio quien parecía su víctima más fácil y escogió un hombre pequeño de ojos distraídos que parecía estar muy entretenido con una mosca que luchaba por escaparse de su puño cerrado.

Con paso decidido y ligero se acercó al hombre y lo saludó demasiado cortésmente:

-Buenas tardes caballero.
-¿Caballero? ¿Tengo yo acaso pinta de caballero?
-Sin duda- dijo el mago mirando con una mueca los harapos que vestía aquel hombre que no habría conocido el baño en semanas.
-Pues no los soy. ¿Qué quiere?
-Vengo de muy lejos y traigo cosas muy valiosas para vender a los aldeanos.
-¿De muy lejos?
-De muchas lunas de viaje en barco y algunas a caballo.
-¿De veras?- preguntó el hombre incrédulo.
-De veras. Llevo semanas vendiendo por estas tierras lo que traje de esos mundos lejanos.
-¿Y que es?- preguntó el hombre convencido de que aquellos ropajes debían de proceder de muy lejos.
-Lo que todo hombre necesita para ser feliz amigo mío. Vendo esperanzas, ilusiones, sueños, fantasías... Vendo incluso fe en cosas verdaderas.

El pequeño hombre abrió la boca alucinado. Había encontrado la manera de descubrir si existía Dios. Si pudiese comprarle fe en Dios descubriría toda la verdad sobre el mundo del más allá, sabría como entrar en el reino de los cielos y se consolaría al saber que sus enemigos serían castigados... Segundos después se compadeció de si mismo al tener que reconocerle al caballero que no disponía de dinero que ofrecerle a cambio.

-No te preocupes amigo mío. No vengo a por dinero. Tan solo quiero una cosa... una tercera parte de tu capacidad de pensar.
-¿Para que quieres eso?- preguntó el hombre extrañado.
-Soy un comerciante. Compro aquí, vendo ahí... Tu capacidad de pensar me irá bien para comerciar en otros lugares.
-¿Me sentiré más tonto?
-No te darás cuenta. Si algún día te volvieses más listo lo sabrías, pero si te vuelves más tonto es imposible. ¿Como podrías siendo más tonto entender lo que pensabas siendo más listo?
-No podría.
-Así pues...¿trato hecho?
-Trato hecho.
-Estupendo- dijo el caballero sacando una bola roja de una bolsa de piel y dejándola en la mano del pequeño hombre- Tenga y guárdela.
-¿Y la fe?.
-Ya la tiene- dijo con voz tenebrosa mirándole fijamente a los ojos- El Dios en el que has querido creer siempre, existe de verdad. Los libros sagrados, las palabras de los monjes... todo es cierto- y diciendo esto se dio la vuelta y se encaminó a otro aldeano.

El hombre se quedó unos segundos preso de un extraño hechizo y cuando la mirada del mago desapareció de la suya sonrió como nunca antes había sonreído. Sintió su cuerpo muy ligero y una enorme tranquilidad le atravesó. Se había terminado el miedo para él.

El mago por su parte escogió a un hombre que parecía ser soldado de la guarnición que había en el castillo del pueblo. El soldado al ver la armadura que lucía el mago lo recibió con una enorme sonrisa esperando quizá que aquel caballero necesitase de un escudero..., que lo alejase de aquel mundo tan pequeño.

-Buenos días soldado.
-Buenos días caballero- respondió.
-No soy caballero, lo siento.
-¿A no? ¿Entonces que es?
-Soy viajero. Comerciante- dijo despertando la admiración del soldado.
-¿De verdad?¿y que vende?
-Lo que todo hombre necesita para ser feliz amigo mío. Vendo esperanzas, ilusiones, sueños, fantasías... Vendo incluso fe en cosas verdaderas.
-No se si creérmelo.
-Pruebe a comprar. Si le engaño, puede usted atravesarme con su espada.
-No puedo.
-¿Matarme?
-No. No puedo comprar. En época de paz los soldados tan solo recibimos comida. Sin los botines de la guerra no hay dinero.
-No se preocupe. No es dinero lo que quiero. Tan solo quiero la mitad de tu capacidad para pensar.
-¿Para que la vas a usar?
-Para venderla.
-Me parece que pago un  precio muy alto por una ilusión.
-Puede que yo te venda una ilusión, pero lo que conseguirás es la felicidad.
-De acuerdo, trato hecho – dijo el soldado mientras el mago ya le estaba depositando una piedra azul en la mano- ¿y mi ilusión?
-Tu reino crecerá- dijo con voz tenebrosa mirándolo fijamente a los ojos-. Llegará más allá de donde nadie de este pueblo haya llegado. Tu serás el comandante de uno de sus ejércitos y viajarás durante estaciones enteras por todo el mundo con cien hombres a tu cargo- y diciendo esto se dio la vuelta y se dirigió a otro aldeano.

El soldado se quedó también preso de un hechizo unos segundos y tras salir del trance corrió hacia una tienda donde un campesino parecía robar algo de pan y lo detuvo con más energía de la que jamás había creído tener.

El caballero se acercó después al hombre más tonto del pueblo. Estaba sentado en un banco y se entretenía dejando caer una piedra grande como un puño sobre su pie descalzo.

-Buenos días chico.
-Buenos días señor- contestó tímidamente.
-¿Quieres que te venda la cosa más maravillosa del mundo?
-No- contestó riendo.
-¿Cómo que no? Todo el mundo quiere.
-¿Qué es “maravillosa”?
-Algo muy bonito, precioso.
-No, no lo quiero- contestó de nuevo con una sonrisa estúpida.
-Pero si casi no te va a costar nada.
-Da igual. Yo tengo cosas mejores.
-¡No puedes tener cosas mejores!
-¡Que sí! Mira que piedra- le dijo al mago que empezaba a desesperarse.
-Mira chico. Si quieres te lo regalo. No me la tienes que pagar- dijo que el mago pensando que ese chico no tenía porque ceder parte de su inteligencia.
-Vale – dijo el chico contento- déjelo por ahí que me voy a ver los caballos. Hasta luego.

El mago se echó las manos a la cabeza al comprobar que alguien se le había escapado por imbécil. Segundos después vio una joven mujer andando sola por la calle cargando unos enormes cestos de paja. Se acercó a ella con una enorme sonrisa y se ofreció para llevarle los cestos.

-Buenos días Srta. ¿Me permite?
-Claro que sí caballero. ¡Que amable! Muchas gracias.
-No se merecen. Una mujer como usted no debería cargar con semejante peso.
-Gracias.
-De nuevo, no se merecen.
-¿Qué hace en este pueblo?
-Nada interesante. Soy vendedor.
-¿De verdad? ¿Y eso no es interesante? A mi me lo parece... todo el día viajando, conociendo mundo...
-Sí, supongo que es cierto.
-¿Y que vende si se puede saber? –preguntó la mujer muerta de curiosidad y con unas ganas de comprar que se despertaban por momentos.
-Nada que usted le pueda interesar Srta.
-A ver, pruebe. Quien sabe. A lo mejor le compro algo.
-Da igual. No creo que le interese.
-Pruebe hombre.
-No le va interesar, pero bueno, vendo lo que toda mujer necesita para ser feliz amiga mía. Vendo esperanzas, ilusiones, sueños, fantasías... Vendo incluso fe en cosas verdaderas.
-¿Y de dónde las ha sacado?
-De muy, muy, lejos. Tuve que cruzar el río aquél que parece no tener la otra orilla. Y sí la tiene, se lo aseguro, muy lejos.
-¿El de agua salada?
-Aquél río.
-¿Y por cuanto me vendería una fantasía?
-Tengo una muy poderosa que quizá le iría bien. Se la vendo por una quinta parte de su capacidad para pensar.
-Acepto- contestó la mujer de buenas a primeras que a penas escuchó el precio de las ganas que tenía de comprar.
-Aparecerá un hombre- dijo mientras le dejaba una piedra verde en la mano- que te amará toda su vida. Te venerará y te hará feliz para siempre. Su compañía será lo único que necesitarás para darle un sentido a tu vida- y diciendo esto desapareció de su vista.

A los segundos la mujer recuperó una vitalidad inusitada. Corrió a su casa, se peinó y se arregló el vestido. Lució su mejor sonrisa convencida de que debía recibir al hombre que la haría feliz.

El mago en cambio, satisfecho de cómo evolucionaban sus negocios siguió comerciando todo el día. Vendiendo todo tipo de esperanzas y sueños. A partir de mediodía se quedó sentado en un enorme tronco de la plaza porque la gente simplemente acudía a él. Todo el mundo estaba satisfecho con su trato y el rumor de que había un hombre vendiendo ese tipo de cosas se expandió en toda la aldea y llegó incluso a las que había al otro lado de los trigales. No tuvo ni siquiera que andar para vender casi todas las ilusiones y esperanzas que llevaba y se sentía muy contento por su grandísima idea de negocio.

Cuando el sol empezaba a desangrarse en su lenta muerte la gente dejó de aparecer ante él y pensó que era el momento de volver a la montaña. Debía reposar hasta que su negocio diese los frutos que esperaba. Montó en su precioso caballo y salió del pueblo a galope llegando antes de que anocheciese a los campos de avena que colindaban con las montañas.

Fue ahí donde se encontró con un joven pintor que venía de pasar el día en la montaña. Sabía que la noche llegaba y que el hechizo de juventud perdería fuerza enseguida pero la avaricia y las ganas de una nueva venta lo vencieron, así que frenó su caballo y bajó de él con una enorme sonrisa.

-Buenas tardes muchacho.
-¿Buenas? ¡Estupendas! Mire el cielo que bello está. Es increíble. Me gustaría que el anochecer durase horas para poder pintarlo con tranquilidad sin tener que recurrir a la memoria.
-Sí es bello sí.
-Parece que viene de lejos señor. ¿Que le trae a estas maravillosas tierras?
-Soy comerciante.
-¡Preciosa profesión!- dijo el chico-Debes haber conocido lugares maravillosos... A mi de momento me basta con estas tierras, pero debe de haber muchos misterios por descubrir allá fuera.
-Así es.
-Supongo que uno debe sentirse realizado conociendo tanto mundo...
-¿Piensas hacerte comerciante alguna vez?
-No creo... mi hogar está aquí. Pero quien sabe... el tiempo dirá.
-Y de mientras..., ¿no te interesaría comprar algo que desde aquí no puedes tener?
-¿De que se trata?
-Vendo lo que todo hombre necesita para ser feliz amigo mío. Vendo esperanzas, ilusiones, sueños, fantasías... Vendo incluso fe en cosas verdaderas.
-No me hacen falta. Ya tengo mis propias ilusiones y esperanzas.
-Pero estas són auténticas- dijo el mago guiñando un ojo con picardía.
-No más que las mías.
-Quizá algún día descubras que son falsas.
-No es ahí donde reside su valor sino en la fuerza que me dan para buscar.
-¿Para buscar el que?
-Nuevas ilusiones.
-Valiente estupidez- dijo el mago arrugándose y palideciendo al hacerse de noche.
-No voy a intentar convencerle pero... espere un momento. Se está envejeciendo muy deprisa.
-No, que va, que va. Es la noche.
-Ya veo que es la noche... eres el mago de las montañas. ¿Que has venido a hacer aquí? Desaparece.
-Tranquilo, ya me iba.
-Espera un momento. Tu robabas tiempo. ¿Qué haces vendiendo esperanzas? No es tu estilo. Eso no es malo. No creo que hayas venido de las montañas para ilusionar a la gente.
-Bien, no es exactamente eso.
-¿Entonces?¿Qué has hecho por aquí?
-Al darle a la gente esperanzas e ilusiones los he esclavizado. Cuando he vendido a un hombre la fe de que un Dios casi mitológico le va a premiar o castigar por sus actos lo he convertido en mi esclavo y vivirá en función de eso sin pensar, sin decidir... sin vivir. Como el hombre que ahora piensa que debe esperar a ser comandante para cumplir su sueño de conocer mundo o la mujer que piensa, pobre, que algún día un hombre le dará la felicidad. Tarde o temprano descubrirán que es mentira, y entonces el tiempo desperdiciado será mío. Mía será la vida del hombre que ha vivido esperando a Dios para que justifique y juzgue sus actos, mío será el tiempo del hombre cuyo ascenso no llegó y mío será el tiempo de la mujer que deja su felicidad en manos del hombre que tiene al lado. Es más, mío será el tiempo que tarden en descubrir que yo les había engañado.
“Cuando descubran que Dios no existe, que no serán comandantes y que su hombre se llevó su felicidad pasarán años llorando porque no sabían que tan solo tenían que limitarse a vivir. Mientras no sean capaces de hacerlo según sus propias ilusiones y entender que no son más que la fuente otras nuevas como tu has dicho, sus vidas serán mías”.
-No tardarán años en descubrirlo.
-Sí los tardarán, porque me han pagado con su inteligencia. Cuanto menos poderosa era la ilusión y más inteligente era la persona más capacidad de razonar les pedía y créeme todos han pagado gustosos.
-Pero hay algo con lo que no cuentas. Te he descubierto.

El mago empezó a reír con todas sus fuerzas mientras se montaba de nuevo en su precioso caballo negro.

-¡Ve! ¡Corre!- dijo riendo a carcajadas –Dile al hombre que el Dios en el que tiene fe ciega no existe. Dile a la mujer que ya debe haber encontrado a un hombre que no va ser él quien la haga feliz, sino que debe ser ella misma. Dile al soldado que no debe esperar a ser comandante, que venza sus miedos y viaje. ¡Vamos!-dijo gritando alejándose con el caballo- Díselo y te tomarán por loco. Nadie va a querer correr el riesgo de creerte.

Y diciendo esto desapareció entre los árboles convencido de que por fin tenía la eternidad garantizada. 

**********************************************

Quizá no debería enseñar algo escrito de adolescente -podría dañar la poca credibilidad que me queda- pero le guardo cariño por ser el primer relato largo que escribí

Un abrazo
sarakey
Mensajes: 441
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
  • CITAR
  • 5 de Febrero de 2010 a las 21:50
 

Es otro relato muy lindo Carlos. (Que humilde eres joder) Y muy cierto. Gastamos la vida persiguiendo ilusiones y creyendo que la verdadera felicidad reside en las cosas externas y siempre un poco más allá. Por eso el valor del “darse cuenta” y comenzar a vivir el ahora plenamente, sin ilusiones idiotizantes.

Yo no sé si me enredé con tantas explicaciones, pero hablo de fe en ti mismo. Como la del pintor. Sin esa fe fundamental para ir hacia tus verdaderas aspiraciones, hacia esas cosas que te hacen sentir lleno de vida, comenzamos a morir. A conformarnos con sueños ajenos.

Entonces no me queda claro del primer relato. ¿El peón deseaba realmente llegar a ser dama?¿Era esa su virtud a pesar de las deseperanzas de los superiores? ¿Era su potencialidad? O por el contrario había sido timado y le había vendido el mago de las montañas un sueño en el que creer mientras tanto gastaba su vida? No me queda claro. Porque es fundamental. Si ese “darse cuenta” es darse cuenta que había gastado su vida tras una ilusión irreal que no le pertenecía y acaso que ni deseaba, o por el contrario, había luchado en la batalla porque esa era su verdadera virtud, su potencialidad, su propósito interno para así llegar a dama y muere sin realizarse?

Creo que es crucial definir esto. Porque tiene una interpretación muy diferente según que caso. Una muerte así puede ser heroica o por el contrario, hasta tonta ¿?

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
  • CITAR
  • 5 de Febrero de 2010 a las 23:10
doble post
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