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pelagio
Mensajes: 3.420
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009

CHAPA Y PINTURA PARA UN FRAGMENTO DE ANPHORAE

7 de Julio de 2010 a las 13:33

Cómo últimamente no tengo ningún relato presentado al concurso, pero me apetece seguir por aquí, os dejo un fragmento de "lo nuevo". Es una de romanos, como me gusta decir. Podéis destriparlo, darme ideas y ponerme verde, a discreción, fuego. 


     Marco Esquilio se dejó caer en el suelo, sobre un escaso jergón de paja maloliente. Las heridas que laceraban su espalda le mortificaban, pero más aún lo hacía la mala conciencia, que le impedía reconciliarse consigo mismo. Sabía que no llegaría a ver con vida un nuevo amanecer; era un soldado veterano, un triarii de la la primera centuria de la XII Fulminata. El mismo se había encargado de hacer cumplir el férreo reglamento de la legión en multitud de ocasiones, de modo que conocía cual era su destino. No habría piedad para un crimen deleznable como el suyo. 
     La noche sobre el campamento teñía de sombras el perímetro. A lo lejos se podían oír a los decuriones gritando sus órdenes a pleno pulmón.
     ¡Signa inferre! El paso sostenido de los legionarios se perdía en su memoria, como la impronta de un recuerdo indeleble. Pronto los soldados montarían guardia en sus puestos; largas noches al raso, con un piélago de estrellas como techo le precedían en el tiempo. La humedad del limes del Norte, el calor sofocante del desierto y las mieles del oasis egipcio. Ahora le esperaba una muerte ominosa. ¿Qué pensaría Caronte cuando el viera llegar, ataviado de deshonra?  
     >> Lares de la familia, proteged a los que dejo con vida en este mundo. Juno Capitolino, permite que mi alma disfrute de los Campos Elíseos... En mi vida terrena he sido un buen soldado, que mis faltas no empañen el brillo de mis actos en el último trance. Permite que tenga una muerte honrosa. Es lo único que pido. 
     Un murmullo quedo llamó su atención, y al instante guardó silencio. 
     >> -¡Legionario Marco Esquilio, en pie! -La voz atronadora del centinela le sacó de su ensimismamiento. -El decurión Tulio quiere hablarte. 
     Marco Esquilio se puso en pie; tenía todo el cuerpo magullado, así que tuvo que hacer un gran esfuerzo por no mostrarse abatido. 
     >> -¿Vienes a arrebatarme la vida, decurión Tulio? -Preguntó con un deje de ironía. -Hazlo rápido, no me gustaría demorar mi encuentro con los dioses. 
     >> -Tal como esperaba, ni siquiera estando a las puertas del Hades eres capaz de mostrar respeto. -Tulio sonrió con levedad; aun no podía creer que estaba a punto de matar a uno de sus hermanos en armas, a uno de sus amigos. - Vengo a comunicarte la decisión del primer centurión.
     Por un momento Marco Esquilio abrigó la esperanza de poder salvar la vida. Su gesto así lo afirmaba.
     >> -No, no es éso. El centurión permite que tengas una muerte honrosa, la que corresponde a un veterano legionario. Al amanecer me acompañarás más allá de límite del campamento. Prepárate, saldremos pronto. -Dicho esto, Tulio le dio la espalda al prisionero y se alejó sin volver la vista atrás. Jamás había tenido miedo de enfrentarse a la mirada de ningún hombre, pero aquella vez era distinto. 

     El amanecer les sorprendió sobre la colina, contemplando la hermosa ascensión del disco solar sobre la tierra yerma que se extendía desde el campamento de la XII Fulminata hasta las murallas de Jerusalén. El verano había sido excesivamente caluroso y los extensos olivares que sustentaban las colinas parecían retorcerse sedientos. Hacía fresco, una ligera brisa estival suavizaba el calor que sin duda azotaría la planicie hacia el mediodía.
     >>- Arrodíllate, Marco Esquilio. -Ordenó Tulio con un hilo de voz.
     >>- Que los dioses te protejan, Tulio. Fuiste un buen amigo, te agradezco que terciarias por mí ante el primer centurión. -Las palabras del soldado sonaron francas.
     >>- Basta de palabrería. -Tulio desenvainó su gladio, y de un golpe seco rebanó el cuello de su amigo. Un reguero de sangre tiñó de carmesí la arena dorada a los pies de Marco Esquilio.
     Como mandaba la tradición, Tulio ordenó a sus soldados talar dos olivos centenarios para construir con su madera reseca una pira funeraria. Aquellas no serían las exequias dignas de un romano, pero habría de bastar.

     Un hombre ha de hacer lo que ha de hacer. Aquellas fueron las palabras del decurión Tulio ante los rescoldos aún calientes de la pira funeraria. Sus hombres, sus fieles amigos, asintieron en silencio. La vigilia les había mantenido despiertos durante toda la noche; aquí y allá los aullidos de los zorros y el rumor de los viajeros que se aproximaban a Jerusalén, aprovechando el protector velo nocturno, les habían mantenido en tensión. Los alrededores de la capital de Judea no eran un lugar seguro; las bandas de zelotes y de forajidos campaban a sus anchas en un tiempo en que la autoridad de Roma se resquebrajaba como un campo en barbecho. 
     >>- Tenéis mi permiso para volver al campamento. -Los hombres se removieron inquietos.
     >>- ¿Qué quieres decir, domine? -Preguntó uno de ellos, al tiempo que abandonaba el agradable refugio que le ofrecía el fuego aún vivo.
     >>- Quiere decir que me marcho. Abandono; ya casi he cumplido con mi servicio. Poco más puedo hacer. Deseo volver junto a mi padre a Capri. Me necesita; ya tan sólo aspiro a manejar la barca y pescar todos los días desde el amanecer hasta que el mediodía tueste mi espalda. -Los soldados se miraron con extrañeza. Aquel era su decurión más veterano; el hombre que durante años les había guiado en multitud de combates y gracias al cual, habían sobrevivido.
     >>- Pero, Tulio. No puedes dejarnos, la XII Fulminata es tu hogar. -El que había hablado se puso en pie de un salto para interponerse en el camino del decurión.
     >>- Apartate de mi camino, Sixto Metellio. No tengo más hogar que aquél que pisan mis sandalias. -Todos conocían de sobra el carácter irascible del decurión. Ninguno se atrevería jamás a discutir una orden suya.
     >>- Pues iré... iremos contigo. ¡¿Verdad, muchachos?! -El resto de soldados se incorporó al unísono.
     >>- ¡Sí, por Juno! 
     Tulio los miró uno a uno. Eran sus amigos, sus hombres, ningún motivo tenía para dudar de su palabra. 
     >>- No seáis locos, con un desertor sobra. Además, ¿qué mierda pintáis en Capri? Jamás sabríais hundir una nasa o  remendar una red, atajo de inútiles. -Tulio rió con franqueza mientras acogía con vergüenza el abrazo de sus compañeros. 
     >>- Hijos de mala madre, parecéis plañideras. Dejadme en paz. -Afirmó mientras intentaba disimular las lágrimas. 
     

  







simpatialaboral
simpatialaboral
Mensajes: 733
Fecha de ingreso: 6 de Diciembre de 2009
  • CITAR
  • 18 de Julio de 2010 a las 14:38

Es un relato excelente, de romanos, claro. Con un lenguaje culto y adaptado a la época y con todos esos adjetivos que abundaban en el latín, lo que le imprime una densidad que -eso lo sabes- agradará a un tipo de lector, pero a otros les molestará; como siempre.¿Cuáles habrán de ser tus lectores?

Algunas cosillas.

1. Que pensaría Caronte cuando LE....

2. Un murmullo quedo llamó su atención y (yo no empleo las comas delande de una conjuntiva y ni o, porque hace esa función prácticamente siempre. En caso de duda, mejor obviarla).

3. Tal como esperaba. Ni siquiera... (me gusta el punto; son dos frases completamente distintas).

4. Tulio se sonrió (quitaría levedad, porque estás utilizando muchos adjetivos, "de los buenos", y se te agotarán para cuando los necesites)

5. ... a uno de sus hermanos en armas, de sus amigos.

6. ...parecían retorcerse, sedientos. Hacía fresco. Una brisa suavizaba el calor, que sin duda...

7. Fuiste un buen amigo y te agradezco que terciaras (sobra la i en terciarias).

8. La vigilia les había mantenido.... Y, más abajo, escribes "les habían mantenido en tensión". Salvo que cambies todo el párrafo, en el segundo puedes emplear "les conservaba en tensión". Incluso "nutría la tensión del grupo".

9. ...resquebrajaba, como un campo... (una coma)

10. Quiero decir, en lugar de "quiere decir".

11. Escribes "decurion" en tres párrafos. Pon el nombre en alguno, para sustituirlo.

12. ¡¿Verdad muchachos?! Sobran las admiraciones.

pelagio
Mensajes: 3.420
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009
  • CITAR
  • 18 de Julio de 2010 a las 15:49

Gracias por tus apreciaciones, me servirán para corregir el borrador.

En cuanto a la pregunta de quienes han de ser mis lectores. No lo sé, quizás los mismos que me leen ahora y los que me siguen leyendo. Nunca escribo pensando en las personas que me han de leer. Reconozco que el tono redondo del relato histórico me gusta, me siento cómodo. Pero si lees otros de mis relatos, como "Cartas...." o "El peinador de playas", incluso "Una brecha en la memoria", en otro tipo de estilos también me siento cómodo.

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