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romi
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Sonidos en el corazón del tiempo // Leyenda

15 de Febrero de 2011 a las 12:34

Bubok

Sonidos en el corazón del tiempo   

Cerca de la ciudad de Granada, por muchos lugares crecen los almendros. Un pequeño árbol que tiene su origen en las regiones montañosas de Asia Central. La difusión a muchos países asiáticos se vio favorecida por el hecho de que la semilla es al mismo tiempo la unidad de propagación y la parte comestible. De este modo se distribuyó por Persia, Mesopotamia y, a través de rutas comerciales, por todas las civilizaciones primitivas. Se cultiva en España desde hace más de 2.000 años, probablemente introducido por los fenicios y posteriormente propagado por los romanos. En toda la cuenca del río Darro, en las laderas frente a la Alhambra y en la umbría que, desde la Alhambra cae para el río, crecen muchos almendros. Todos florecen en los primeros meses de invierno, desarrollan sus frutos a lo largo de la primavera y verano y se cosechan en otoño.  

El fruto de este árbol, es la almendra, muy apreciada para la fabricación de dulces y elaboración de alimentos. Pero en muchos rincones de Granada, cuando los almendros florecen, los paisajes parecen vestirse de gala. Son muy vistosas sus flores y por eso, en sus obras, pintores, poetas y escritores, siempre lo dejaron reflejado. También hay muchas leyendas en torno y con el tema de los almendros y en los momentos de su floración. Una de estas historias tuvo lugar en los mismos palacios de la Alhambra, junto a las murallas y en un rincón del bosque que le rodea:    

            Y cuenta esta leyenda que ella fue muy importante en los palacios de la Alhambra. En sus momentos de infanta, cuando llegó a princesa y cuando ya le faltaba poco para ser reina. Por eso muchos jugaron con ella siendo niña, otros tantos la querían y todos la respetaban. Y el padre, cuando ella le preguntaba:

- ¿Qué es lo que guarda el tiempo en su silencio?

Algunas veces le decía:

- El tiempo es como una cueva redonda, ancha y muy larga. Y dentro, en su corazón, todo lo guarda.

- ¿Hasta lo que hablo con mis amigos y cuando río y juego?

- Y hasta lo que en tu corazón llevas y lo que, cuando duermes, sueñas.

- Entonces ¿el tiempo es también como una flauta?

- Una gran flauta, hueca por dentro y con muchos agujeros. La música, los sonidos, las palabras, duermen en silencio en el corazón de esta gran flauta, llamada tiempo. Pero cuando el aire, la vida, los despierta, salen fuera en escalas, cada uno por su agujero y en sonidos muy concretos.

- Y en ese corazón del tiempo ¿nunca nada se acaba?

- En el tiempo, en el corazón silencioso de la flauta, todo permanece eterno. Durmiendo como a la espera pero con vida propia y con alma.

            Entendía ella a medias estas cosas pero un día dijo a su padre que quería estudiar música. Le buscaron buenos profesores y luego le compraron una flauta. Al poco tiempo ya la sabía tocar con elegancia y, por eso, en muchos momentos, se iba sola a un oculto rincón en la Alhambra. Cerca de la muralla pero por el lado de afuera y entre el bosque. Crecía junto al arroyuelo, un viejo olivo y bajo sus ramas se sentaba y, frente al barrio del Albaicín y valle del río Darro, se ponía a tañer su flauta. Luego paraba y ahí, en muchas ocasiones, meditaba dejando volar sus fantasías y sueños. Como si le interesara algo muy concreto. Quizá por esto, cuando regresaba a palacio, le volvía a preguntar a su padre:

- Y el tiempo, los sonidos que en su corazón guarda ¿dónde están y quién cuida de ellos?

- El tiempo vive en el corazón del Universo y ahí se hace eternidad, dentro del corazón de Dios, que es su dueño.

- Pero ¿y los sonidos que el tiempo guarda en su corazón?

- Son mucho más que la materia y mucho más que nuestros cuerpos porque pertenecen al espíritu, a la luz, a lo bello… Por eso, poco a poco vamos convirtiéndonos no en materia ni en objetos sino en sonidos que el tiempo guarda en su corazón para que ahí todo quede eterno. Es lo único que de nosotros, indefinidamente permanece en el corazón de Universo.

            Y una tarde de primavera, cuando el sol lucía muy brillante, se fue ella al rincón del viejo olivo. Bajo sus ramas se sentó, sacó su flauta y frente al Albaicín y valle del río Darro, se puso a tocarla. Suavemente y con dulzura y al poco, en una de las ramas del olivo, se posó un mirlo. Observó durante un rato y luego el avecilla, quizá animado por los sonidos que brotaban de la flauta, se puso a cantar. Como si quisiera acompañar las melodías que ella interpretaba. Y en un momento, por todo el rincón empezó a extenderse una honda paz, envuelta como en un ancho mar de silencio. Todo así hasta que de pronto, las notas que salían de su flauta, se convirtieron en ecos, muy lejanos y bellos. Se preguntó, algo sorprendida: “¿Qué esto”? Y el mirlo salió volando y, a solo unos metros, se paró. Lo siguió ella sin dejar de tocar la flauta mientras el eco seguía resonando. Se aproximó al arroyuelo y, por entre los árboles del bosque, despacio vio abrirse la entrada de una gran cueva. Y comprobó que era dentro donde se formaban los ecos de las notas que sacaba de su flauta. Movida por la curiosidad y sin miedo entró y, mientras avanzaba, seguía tañendo la flauta. Detrás de ella y sin parar de cantar, revoloteaba el mirlo.

            Se hizo de noche y como no volvía a los palacios, salieron a buscarla. Por el rincón que a ella le gustaba y por todo el bosque y valle del río Darro. Ni oyeron la música de su flauta ni la vieron aquella noche ni al día siguiente ni tampoco al otro. Nunca más se supo de ella pero sí el padre, de vez en cuando, se iba al viejo olivo y aquí se quedaba quieto como meditando y esperando no se sabía qué. Y a veces, cuando creía oír la música de su flauta, muy de fondo y lejos y el canto del mirlo, se decía: “Es como si se hubiera ido al corazón mismo del tiempo y ahí, para toda la eternidad, se ha quedado en forma de música”.

Pasó el tiempo y el añoso olivo murió de viejo. En el mismo sitio nacieron varios almendros que se llenaron de flores a lo largo de muchos años. Hasta que también murieron de viejos y, en la misma tierra, volvieron a brotar más almendros. Todos los años siguieron llenándose de flores y algunas de las personas que conocían esta historia, se acercaban a estos almendros y bajo ellos se quedaban. Unos y otros, buscaban por toda la umbría de la Alhambra, la entrada de la cueva por donde esa se fue y nunca la encontraban. Decían:

- Quizá sea la puerta al corazón de la montaña donde se asienta la Alhambra. Por eso puede que ahí dentro haya algún reino o palacio hermoso donde se ha quedado a vivir para siempre.

- Sí, pudiera ser esto.

Y al caer las tardes y, cuando de las ramas de los almendros colgaban las flores, también algunos decían que hasta podía oírse la música de su flauta.  

Por eso, desde aquellos tiempos y hasta el día de hoy, todavía muchos siguen comentando:

- Una y otra vez, enseñan y explica la Alhambra a todos los que vienen por aquí pero esta historia, nadie la cuenta. Y sin embargo, los sonidos que hay en el corazón del tiempo, lo más espiritual y elevado de estos palacios ¿por qué no se lo enseñan ni explica nunca a los turistas?

- Quizá porque pertenece al gran misterio, al corazón de Dios, a lo eterno. Pero tienes razón: el mayor tesoro de la Alhambra, parece que se concentra en el corazón mismo de la montaña que la sostiene. ¿Por qué nadie le da importancia a esto?

- Sin embargo, la Alhambra, los palacios, torres y murallas, un día desaparecerán. Lo único que para siempre quedará será lo que ella soñaba: los sonidos, la luz y lo bello. Lo que es espíritu y guarda en sí el corazón del tiempo.     

            Aun hoy en día, cada año y en los primeros meses del invierno, siguen floreciendo los almendros que brotaron en el rincón donde ella se refugiaba. Se pueden ver desde el Paseo de los Tristes y la Carrera del Darro y, al caer las tardes, parecen como si decoraran y al mismo tiempo ocultaran la puerta de la cueva por donde se fue. También, si se presta atención, en algunos momentos hasta puede percibirse los sonidos de su flauta.

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