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romi
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Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

El sueño más bello

22 de Enero de 2009 a las 20:46

Hola a todos: por estos día he escrito un pequeño relato para mi segundo libro: "Te voy a contar un cuento". Lo pongo aquí pos si alguna persona quiere leerlo y dejar su comentario. Lo agradezco.

 

Saludos: romi

 

EL SUEÑO MÁS BELLO

            En las navidades pasadas, en Granada, ha ocurrido un milagro. Te lo cuento y te lo regalo para que lo sepas y lo conserves. Y también para que compruebes que la vida está llena, cada día y en cada momento, de pequeños y hermosos sueños que, a veces, se hacen realidad. Pequeños milagros que, sin merecerlos, el cielo nos regala.

            Llegó la Navidad y, en estos días, en él aumentó la esperanza de volver  verla. Casi dos años hacía ya que se había marchado de Granada. Dos años que habían sido tan largos como una eternidad donde, cada día, hora y minuto, la recordaba. Por eso, sin faltar un solo día, al amanecer cada mañana, se había asomado a su ventana y, mientras la añoraba, había rezado al cielo: “Señor, yo la quiero. Ella es buena y en su corazón tiene un gran sueño. Cuídala y haz que vuelva”.  

           Llegó la Navidad y, con estos días, el frío del invierno. Sobre las altas cumbres de Sierra Nevada, cayeron las nieves. Y también por las montañas, valles y ríos. Desde la ciudad de Granada, desde el mismo centro y desde muchas de sus calles y plazas, Sierra Nevada se veía blanca, inmaculada, reluciente. Como vestida con el mejor traje de novia para la más bella y grande de las fiestas. También a la ciudad la decoraron con miles de luces de colores y, a las iglesias, las llenaron de belenes. Y, por eso, Granada entera y sus tierras, se veían hermosas. Como no ha visto nunca nadie este rincón del Planeta.

            Al amanecer, aquel veinticuatro de diciembre, una vez más, él se asomó a su ventana. Desde su corazón sumido en la nostalgia y hondamente enamorado, miró a los paisajes. Dejó que el frío acariciara su cara, escuchó las melodías del mirlo que  por entre los árboles del jardín cantaba, observó la blancura de la nieve y luego, alzó sus ojos al cielo y rezó: “Señor, Tú sabes que la quiero. Ella es, además de hermosa y débil, buena, muy buena. ¿No podrías hacer un milagro y que volviera?”

            Al caer la tarde de aquel día veinticuatro de diciembre, él se fue a dar su paseo de siempre. Por las calles, plazas y rincones de Granada. Para recordar, una vez más, los sitios que ella había pisado años atrás y para meditarla mientras paseaba en solitario. A él siempre se le ha viste y se le ve solitario paseando por las calles de Granada. También para hacer fotos de los sitios y momentos para luego mandarlas en forma de regalos.  El barrio del Albaicín, el Paseo de los Tristes, la Alhambra y sus bosques, el barrio del Realejo, las riveras del río Genil, las… Todos y cada uno de los rincones más bellos de esta ciudad mágica. Y, por donde dos años atrás, ella había paseado.

            Y, al caer la tarde de aquel día veinticuatro de diciembre, regresó una vez más, a su casa. Al llegar le dijeron:

- Han venido a buscarte y no estabas.

- ¿Quiénes han sido?

- Un matrimonio y una chica joven.

- Te han dicho cómo se llaman.

- No han querido decirlo.

Y, para sí y su corazón, pensó en ella. Sin embargo, no podía ignorar que desde hacía casi dos años, desde que se había marchado de Granada, vivía casi en el otro extremo del Planeta.

            Llegó la Navidad y, aquella noche, esperó un correo. También una llamada y, confiando en el cielo, un milagro. Nada de estos sucedió. Al día siguiente amaneció lloviendo y, al otro, nevó un poco. Hizo mucho frío y así transcurrió el tiempo hasta el último día del año. Una vez más, este día treinta y uno de diciembre, al amanecer, se asomó a su ventana. Desde su soledad y silencio la homenajeó en un sencillo y sentido recuerdo y, de nuevo rezó: “Dios, ya ves que no puedo dejar de pensar en ella. Y ya ves que, como un niño, no dejo de esperar un milagro. ¡¡Es tan bella y tan buena!!”

            Y pensó, que si ella era la muchacha que había venido a verlo, quizá volviera antes de que se terminaran las vacaciones de Navidad. Por eso siguió esperando una llamada o un correo. Por la tarde, solo con él, Dios y su recuerdo, se fue a dar su paseo por las calles de Granada. Llovía y hacía frío. Días tristes de invierno pero muy hermosos porque estaban todos llenos de la añoranza propia que siempre se da por  Navidad. La esperaba. En ningún momento se desvanecía en su corazón el presentimiento de que vendría. Por eso, no dejaba de mirar su móvil, contar los días y las horas y rezar al cielo.  

            Al regresar este día treinta y uno de diciembre, ya casi de noche y con lluvia, de nuevo le dijeron:

- Han venido a verte otra vez.  

- ¿Y no te han dicho quienes eran?

- No han querido decírmelo pero yo les he dado el teléfono. Para que te llamen y así os ponéis de acuerdo.

Dio las gracias y de nuevo pensó en ella. Tenía que ser, quería que fuera.

            Pasaron los días. Llegó el cinco de enero, día de los Reyes Magos. Dos días después, él sabía que empezaban las clases. Y, ese mismo día cinco, casi a las dos de la tarde, sonó el teléfono. Antes de cogerlo pensó en ella. Y sonó su voz. Sin creerlo pero dando gracias al cielo, dijo:

- ¿Eres de verdad o estoy soñando?

- Soy de verdad.

- ¿Dónde estás?

- En Granada. ¿Podríamos vernos? Tengo mucho que contarte.

            Media hora más tarde, bajaba por la Plaza del Triunfo. Imaginándola y soñando el encuentro. Miraba mientras se acercaba y la vio. Junto a la parada del autobús, solitaria, quieta, hermosa… Tal como, desde hacía casi dos años, la había estado viendo en su sueño. Por eso, a medias, creía que fuera cierto pero allí estaba. La abrazó despacio y luego la miró. Sus ojos se nublaron y luego, en la garganta, las palabras se le ahogaron. Poco después caminaron y, en la plaza de Bibarrambla, estuvieron comiendo. Mientras lo hacía ella le contó una extraña historia.

- Es parte de lo que me ha ocurrido en Granada y en estos días de la Navidad.

La escuchó emocionado.

            Al caer la tarde, por las calles de Granada, pasaba la cabalgata de los Reyes Magos. La invitó a verla. Aceptó y, cuando se ponía en sol, el colorido, la música y la luz, llenaron las calles de la misteriosa ciudad de la Alhambra. Ella reía, saltaba, agradecía, miraba… A ella se le veía tan feliz o más que a los mismos niños que por las calles correteaban. Y por eso, se mostraba hermosa como a la más delicada y tierna de las hadas. Decía:

- Cuando el otro año estuve en esta ciudad, en Navidad, volví a mi país y por eso no pude disfrutar de estas fiestas. ¡¡Gracias!!

Ya que la cabalgata se alejó por la Gran Vía, despacio cruzaron las calles. Y, uno poco después la despidió.

            A las diez de la mañana del día seis de enero, el autobús se la llevaba. Unos minutos antes la despedía:

- Gracias por haber venido y gracias por seguir siendo el sueño de mi alma.

Le dijo mientras le daba  un beso y regalaba un abrazo. Después ocultó su cara para que ella no se diera cuenta que lloraba. Y quiso preguntarle que si volvería. Pero, mientras la miraba, le pareció advertí que sonreía y que, en su corazón y alma, se reflejaba la blancura de las nieves de las altas cumbres de Sierra Nevada. Y, entre la blancura inmaculada de estas nieves, le pareció descubrí el azul de su bello sueño. También el celeste resplandor del cielo al que él, desde que la conoce, está rogando.

            Partió el autobús y se la llevó. Alzó él, en ese momento sus ojos al cielo y rezó: “Gracias, Señor por haberla traído. Ha sido un milagro que solo Tú podías realizar. Síguela cuidando para que siempre sea el mismo sueño que, desde que me la mostraste, estoy soñando. No apartes nunca de su vida ni tu bendición ni la sueltes nunca de tu mano”.

            Dos días después, al amanecer, se asomó a su ventana y se recreó en el hermoso nuevo día. Miró luego y encontró el siguiente mensaje:

                 Correo de ella

Muchas gracias por tus correos y fotos bonitas. Gracias por regalarme tus libros, los leo de vez en cuando. Te recuerdo con cariño. Siempre llevaré en mi corazón aquel día feliz en Granada, que compartimos. Un saludo.

                 Correo de él

Te agradezco tu bonito correo y la bondad de  tus palabras. Y te digo que ha sido para mi una gran alegría verte en Granada. Cuando oí tu voz por el teléfono no podía creerme que fuera verdad. Siempre he pensado que, cuando me hablas o te veo, no eres verdad sino sueño. Por eso todavía pienso que no ha sido verdad que hayas estado en Granada.

Pero de todos modos, como este correo sí creo que lo leerás, aunque seas un sueño, te doy las gracias por tu bondad. Y me alegro que, de vez en cuando, leas algo de los libros que te regalé. Están escritos con el corazón y para ti. Porque aunque no te vea y estemos tan lejos, ya sabes que nunca te olvido.

Me gustaría mucho que volvieras a Granada. Te queremos mucho y por eso siempre serás tratada con el mayor respeto. En mí siempre tendrás lo mejor. Eres muy especial, lo sabes.

Así que gracias. Estudia mucho para sacar buenas notas, sed muy feliz y vuelve a Granada. Contigo nos traes la vida, la belleza, el cielo... Todo lo mejor y más bello.  

Te mando un abrazo.

                 Correo de ella

Gracias por tu bonito correo y el mensaje que me pusiste. Yo también me acuerdo mucho de ti y de aquel día que compartimos contigo. De verdad quería volver a verte y hablar contigo. A mí siempre me gustaba hablar contigo sobre cosas. Digo gracias al destino que nos ha dado la oportunidad de vernos otra vez. Es una pena que fue solo un día, pero fue una suerte de todas maneras. Siempre me acordare de ti y tu amistad tan bonita. Y espero que algún día el destino nos una otra vez. A veces el destino nos da sorpresas, ¿verdad? :) Te mando un saludo muy sincero y un abrazo muy fuerte. Te agradezco por todo.

La vida está llena, cada día y en cada momento, de pequeños y hermosos sueños que, a veces, se hacen realidad. Pequeños milagros que, sin merecerlos, el cielo nos regala.

 

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