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romi
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Buscando nidos de pájaros

11 de Mayo de 2011 a las 20:10

Bubok

Buscando nido de pájaros

            Tarek es el nombre del guerrero árabe que invadió España, atravesando el canal que separaba los dos continentes, donde hay dos peñones que fueron bautizados como Tarek. El canal que los baña se le nombró como el canal de Gibraltarek el cual fue castellanizándose con el tiempo y hoy lo conocemos como Gibraltar. Cuando logró pasar a su ejército mandó hundir todas las naves para así no poder regresar. Este nombre perteneció a un valiente e inteligente guerrero árabe que transmitió toda la riqueza cultural de oriente a occidente.

            I - Una bonita mañana de primavera, cuando ya se derretían las nieves en Sierra Nevada y los campos se cubrían de flores, el príncipe reunió a sus amigos en uno de los salones de la Alhambra y les dijo:

- He convocado esta reunión para deciros que ahora es el momento para salir al campo en busca de nidos de pájaros.

Y preguntó uno de los presentes:

- ¿Cuándo salimos y a qué campo?

- Mañana mismo y comenzaremos por los jardines y huertas de los Alixares, subiremos por las laderas del Cerro del Sol hasta llegar a las altas y pobladas tierras de Dar al-arusa.

- ¿Y qué llevamos?

- Nosotros, caballos, comida rica y abundante para no pasar hambre y muchos criados para que nos atiendan y estén pendientes de nuestras necesidades.

- Pero, la batida por las tierras en busca de nidos de pájaros ¿quién la realiza?

- De eso se encargará otro grupo de criados. Lo nuestro, consistirá solo en ir a esos campos, con caballos y comida, como ya os he dicho y luego reunirnos en las tierras altas. Primero, para la comida en grupo y segundo, para organizar una fiesta y celebrar la recolección de nidos hecha por el grupo de los criados.

            Y aquella mañana, después de un largo rato de reunión, todos acordaron volverse a concentrar al día siguiente muy temprano. Pero antes de retirarse, aun comentaron:         

- Tendremos mañana todo el día completo por delante pero, a primera hora, concretaremos todos los detalles de lo que estamos planeando.

- Esto es una buena idea. Mañana será un gran día de primavera, con cielos muy azules, mucho sol y un clima estupendo. Será un bonito día de campo que culminaremos con una inolvidable fiesta.

- ¿Y no surgirá ningún problema?

- ¿En qué estás pensando?

- Entre los criados y entre los hortelanos que cultivan las tierras por donde los Alixares, sé que hay algunos que pueden oponerse a esta aventura nuestra.

- A los criados, yo me encargo de controlarlos pero entre los hortelanos ¿a quién conoces tú que pueda molestarnos?

- Conozco a un joven de unos dieciocho años que cultiva un trozo de tierra, en compañía de sus padres, cerca de las laderas del Cerro del Sol. Es un joven alto, fuerte, dicen que valiente y muy sabio. Y también mucho lo respetan por la bondad de su corazón y el gran amor que le tiene a los animales.

- ¿Alguien de los presentes conoce el nombre de este joven?

- Yo he oído hablar algo de él y parece que muchos lo conocen con el nombre de Tarek.

- ¿Y por qué pensáis que este joven podría arruinar nuestra concentración y fiesta?

- Precisamente porque Tarek es joven, está lleno de energía, fuerza y rebeldía. Sé, por lo que me han dicho, que es muy crítico con nuestra forma de vida.

- Pues yo pienso que lo mejor que podemos hacer es ignorarlo. No hacerle ni chispa de caso para así no provocarlo y entrar en conflicto con él.

- Sí, lo que dices es muy sensato.

            Y al amanecer del día siguiente, en algunos de los recintos de la Alhambra, los criados tenían ya casi todo preparado: caballos para el príncipe y cada uno de sus amigos, comida muy rica y abundante, algunos arcos y flechas para ir bien preparado, vasija con agua y vino y hasta algunas pequeñas tiendas de campaña por si el príncipe las necesitaba para algún momento de descanso. Al apuntar el sol, el príncipe salió de sus aposentos, saludó a los amigos que ya lo esperaban y uno de los salones, los invitó a un suculento desayuno rápido y luego les dijo:

- El día no puede ser más bueno.

- Eso estábamos comentando nosotros mientras te esperábamos. Y al oír cantar, a primera hora de la mañana, algunas tórtolas y ruiseñores por entre los jardines, se nos ha venido a la mente una pregunta.

- ¿Qué pregunta?

- No tenemos claro si entre los nidos que hoy vamos a recolectar también se encuentran los de los ruiseñores y golondrinas. ¿Podrías aclarárnoslo?

- Ya os lo dije ayer: buscaremos y cogeremos todos los nidos que encontremos. Nidos de tórtolas, de golondrinas, de ruiseñores, de currucas, de chamarines, de mirlos, de abubillas y de mochuelos. Todos valen porque se trata de vivir un día divertido a la vez que respiramos aire puro y comemos y hacemos ejercicios por el campo. Y como broche final, la comida todos juntos y la fiesta para convivir y pasárnoslo bien

- Pues ya no se hable más. Pongámonos en acción y demos comienzo a lo que ya tanto hemos comentado.

            Y no se habló más. Sí el mayordomo dio órdenes a los criados y todos los concentrados se pusieron en marcha. Los primeros que salieron por las puertas de los palacios y luego por la puerta de la muralla, hoy en día llamada de Los Siete Suelos, fueron los amigos del príncipe, precedidos de éste. Todos montados en sus caballos, muy bien enjaezados y ellos también vestidos con trajes de guerra, de fiesta y de campo. Detrás de la comitiva del príncipe y los amigos, salió por la puerta un buen grupo de criados escoltando mulos y burros cargados con los alimentos y todas las cosas que habían preparado. Y al terminar de salir por la puerta de los Siete Suelos, el que conducía al grupo de criados, se puso frente a ellos y en voz alta gritó:

- Aquí mismo y en este momento, empieza la operación. Por el lado de la derecha, que avance un grupo de hombre, por el centro, otro y por el lado de la izquierda, el más numeroso. Y que cada uno, abra bien los ojos y mire y remire en cada árbol, arbusto, matojo, piedra y tronco de viejos olivos. Para que nos se nos quede ni un solo nido sin descubrir, sea de lo que sea. Incluidos los nidos de perdices, cogujada y codornices que, como sabéis, están en el suelo, entre las piedras, la hierba y los matojos.

Y los que ya estaban al frente de cada uno de los grupos, preguntaron al general:

- ¿Y a qué hora nos juntamos y en qué sitio concluimos esto?

El general les contestó:

- Terminaremos al mediodía y nos volveremos a juntar por el barranco que sube desde el final de las tierras de los Alixares hacia las llanuras del Cerro del Sol. Por allí es por donde hemos quedado con el príncipe y sus amigos para, al mediodía, preparar la comida y la gran fiesta.

- Señor, y el príncipe y sus amigos, en esta batida que ahora comenzamos ¿dónde se sitúan?

- Ellos irán delante, como ya estáis viendo pero no buscando nidos sino pendientes de los pájaros que levante vuelo.

- ¿Van a cazarlos?

- Parece que no. Solo quieren verlos para irlos contando y así luego poder relatar a sus princesas la realidad de esta aventura. Y ya se acabó. Que nadie haga más preguntas porque se nos va la mañana y no damos comienzo a la batida. Así que adelante.

Y sin más, dio comienzo la gran aventura de la recolección de nidos de pájaros.

            Se pusieron en marcha los grupos y el general, se quedó en el grupo que avanzaría por el centro. Y, al frente de todos, comenzó a caminar muy valiente, al tiempo que alzaba la voz y decía:

- Adelante mis valientes, vamos a por ellos.

Y aquella bonita mañana de primavera, iluminada por el brillante sol y medio confundidos con la naturaleza, se vio a los hombres avanzando en busca de nidos. Casi como una gran infantería al comienzo de la batalla en una guerra. Y por eso, los que desde los recintos de la Alhambra y sitios cercanos los vieron, sorprendidos comentaban:

- Parece como si fueran a enfrentarse con el enemigo más fiero.  

- Pero no tiene sentido ni parece lógico que tantos se enfrenten a los pequeños nidos de inocentes pájaros.

- No tendrá sentido pero ante nosotros los tenemos claro.

            Por la izquierda del grupo que iba hacia las laderas del Cerro del Sol,       se encontraban las tierras del hortelano padre y el joven Tarek. Una porción no muy grande de tierra, herencia de sus antes pasados y que era lo único que tenían para vivir. Por eso este año las había sembrado con plantas de tomates, berenjenas, pimientos, hierbabuena, perejil y orégano. Y el hijo, para su alimento propio y como algo suyo muy personal, le había pedido al padre, un pequeño trozo de tierra, al lado justo de dos naranjos. Le dijo al padre:

- Sembraré aquí solo cinco matas de tomates, las cuidaré con todo cariño, las sujetaré con palos y esperaré paciente a ver qué cosecha saco sin ayuda de nadie.

Y eso fue lo que hizo. Cavó una pequeña zanja, en forma de surco y en un costado del lomo, plantó cinco matas de tomates. Las regó entusiasmado y le puso algunos palos para que las plantas se sujetaran según fueran creciendo. Y un día, a la semana de haber plantado las matas de tomates, se encontró con una bonita sorpresa. Cuando cortaba un palo, junto a una mata de celindos que crecía en el lado izquierdo, salió volando un mirlo. Miró enseguida y descubrió que aquí mismo el mirlo había hecho su nido. Y como estaba a la misma altura de su cabeza miró dentro y vio que tenía tres huevos. Le dijo al padre:

- Ten cuidado cuando riegues por aquí y no lo molestes mucho. Me gusta que haya venido a construir su nido tan cerca de mis tomateras. Creo que será bonito ver nacer las crías y también será emocionante verlos crecer y luego irse con sus padres.

            Por eso aquella mañana, en cuanto sintió a los hombres avanzar por los campos, el joven les salió al paso, les pidió que se detuvieran y luego les preguntó:

- ¿Quién os ha dado permiso para entrar por estas tierras?

Y ellos le dijeron:

- Estamos cumpliendo órdenes del príncipe de la Alhambra. Buscamos nidos de pájaros y sabemos que en tus tierras es donde más animalillos se refugian.

Y enseguida el joven pensó en su nido de mirlo y en los dos nidos de currucas que, a la derecha y en el naranjo, ya tenían pajarillos. Por eso otra vez les dijo:

- Pero esta huerta es de mis padres y los nidos de mirlos y currucas pertenecen a los animalillos que por aquí viven con nosotros.

- Tonterías. El príncipe es el único dueño de todo esto. Así que apártate del camino y deja que busquemos nidos por entre los árboles y arbustos de tus tierras.

            Y aunque se opuso con todas sus fuerzas, no consiguió cortarles el paso. Empujándolo siguieron adelante buscando nidos y como el joven continuaban oponiéndose, el comandaba este grupo buscanidos, dijo:

- En nombre del príncipe de la Alhambra, quedas detenido.

- Pero yo no he hecho nada. Solo defiendo lo que es mío.

- Sujetadlo, amarrarles las manos a las espaldas, seguid buscando nidos por todos los rincones de estas tierras y sigamos luego nuestra marcha. Llevémoslo a él y a sus nidos a presencia del príncipe para que decida qué hacer.

En un abrir y cerrar de ojos, lo apresaron, cogieron el nido que el mirlo había hecho cerca de sus cinco matas de tomate con sus tres huevos dentro, cogieron luego los nidos de las currucas, cada uno con dos polluelos ya con sus plumas y, al poco, subieron por las veredillas del Cerro del Sol. Con el joven preso y con una buena carga de nidos, además de mirlos y currucas también de tórtolas, de mochuelos y de gorriones.

            Al mediodía se fueron juntando en la parte alta del Cerro del Sol. Por aquí ya habían plantado las tiendas los grupos que habían avanzando por el centro y la derecha. Y en una de estas tiendas el príncipe se había instalado para descansar un rato. En cuanto el grupo de la izquierda llegó, lo primero que hizo el que lo dirigía, fue presentar al joven preso y a los nidos que habían recolectado. Y nada más saber todo lo ocurrido el general entró en la tienda del príncipe e informó a éste del incidente. Salió el príncipe de la tienda, dejando su descanso, muy enfadado se acercó al joven y le dijo:

- Sin darte ninguna explicación, aquí y ahora mismo, podría acabar contigo. Te has atrevido a desafiar mi autoridad y eso no te lo permito.

Y el joven miró al príncipe y, con el mayor respeto, le dijo:

- Alteza, un reino que no respeta a los nidos de los pajarillos ni tiene en cuenta la libertad de las personas, va directamente a la ruina y a la miseria.

Al oír esto el príncipe estuvo apunto de lanzarse contra el joven pero se contuvo, lo miró indignado y le preguntó:

- Entonces, según tú ¿qué modelo de reino es el correcto?

- El único reino bueno y verdadero es aquel donde el respeto es lo primero. Respeto a las personas y a los animales y a lo bello. Ningún otro reino, alteza, tendrá en este mundo un fin bueno.

- Tonterías. Eso que dices ya lo sabemos.

Y el príncipe dio órdenes para que comenzara la fiesta. Pidió que amarraran al joven al tronco del árbol más cercano y ordenó que pusieran todos los nidos de pájaros en una larga mesa de madera y que todo el mundo bebiera, bailara y comiera delante del joven preso. Todos obedecieron las órdenes del príncipe y comenzó la fiesta.

            Al caer la tarde, la gran comitiva, regresó a los palacios de la Alhambra con el joven preso. Al llegar, el príncipe dijo a sus generales:

- Encerrarlos en una mazmorra que mañana decidiré qué hacer con él. Ahora quiero irme a mis aposentos para descansar porque estoy muy agotado.

- Y con los nidos de pájaros ¿qué hacemos?

- Ponedlo a buen recaudo que también más tarde decido qué hacer con ellos.   

         Nota: este relato continúa en una segunda parte titulada “El abrazo del rey al joven Tarek”. Pondré aquí esta segunda parte próximamente.

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