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romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

EL NIDO Y LA MARIPOSA // V y último capitulo del relato: "Desde el Palacio de Huerta Grande"

11 de Agosto de 2011 a las 22:45

Bubok

El nido y la mariposa

                        Nada hay más hermoso y con valor alterno,

                que los limpios sueños del corazón,

solo compartidos y guardados en el cielo.  

V- Solo unos días más tarde, en el pequeño nido de curruca ya había cuatro huevecillos. Del tamaño de una cereza mediana, blancos y con pintas marrones, casi color sangre. Y como el padre fue siguiendo la apuesta de los huevecillos en el nido, se decía: “Como mi niña ya sí sabe de la presencia de este nido, ahora voy a esperar a que la acurruca tenga su puesta de huevecillos completa y entonces de nuevo se lo enseño. Será mejor no molestar mucho a los pajarillos para que no dejen abandonados su nido”.

            Y sólo un par de días más tarde el padre volvió a invitar a su niña para que otra vez viera el nido, ahora ya con sus huevecillos. Y al verlos y tocarlos con sus pequeñas manos, enseguida pensó en sus amigos y por eso dijo al padre:

- Es el momento justo para que vengan y lo vean. ¿Por qué no hablas con el rey y le dices que envíe un mensajero a la Alhambra y que se lo comunique?

- Hija mía, el rey no está para ocuparse en estas cosas pero no te preocupes porque yo tengo noticias.

- ¿Qué noticias son?

- Hace unos días recibimos órdenes, yo y los compañeros que trabajan conmigo en las tierras de esta huerta.

- ¿Y qué órdenes recibisteis?

- La de acondicionar ese ancho camino que, desde las riberas del río Genil, discurre casi por el borde de estas tierras y pasa a solo unos metros de rincón de la hiedra.

- ¿Y para que tenéis que hacer esto?

- Hemos oído que el grupo de príncipes de la Alhambra, los que tú consideras amigos y tantas veces te han humillado, preparan una fiesta.

- ¿Qué clase de fiesta?

- Por lo visto, entre otras muchas cosas, van a celebrar una carrera y por eso tenemos que preparar este camino. Quizás hagan competiciones entre ellos, bailen, beban, organicen conciertos y comidas y también carrera de caballos. Ni yo ni mis compañeros lo sabemos cierto pero esto es lo que creemos.

            La niña inválida de Huerta Grande, guardó unos segundos de silencio. Miró al padre, miró al nido de curruca, observó despacio todo el rincón de la hiedra y luego recorrió con sus ojos el terreno por donde discurría el camino que el padre le había descrito. Y después de un rato comentó de nuevo:

- No me ha gustado mucho la noticia que me has dado pero pienso que si el grupo de príncipes se presentan por aquí, puede ser un buen momento para compartir con ellos este nido de pajarillo y el rincón de la hiedra.

- Sí, quizá sea un buen momento para compartir con ellos lo que deseas pero…

- ¿En qué estás pensando?

- Que hasta me resulta extraño que estos amigos tuyos ni siquiera te hayan dicho que van a venir.

- ¿Piensas que me lo deberían haber anunciado?

- Y también habría sido muy elegante de su parte que te hubieran invitado a esta fiesta suya. Eres la única niña que vive por aquí y ellos te conocen y saben que quieres ser su amiga.

- Todavía no es tarde. Quizá lo hagan. ¿Tienes noticia del día de la celebración de esta fiesta?

- Sí que las tengo. Dará comienzo mañana mismo a primera hora.

            Y aunque la fiesta que organizaban los príncipes de la Alhambra se celebraba al día siguiente, ya la tarde anterior empezaron a llegar personas al lugar. A media tarde la niña vio a muchas personas dirigiéndose  a la Casa de la Parra. Unos lo hacían andando, otros montados en caballos, algunos con burros cargados de cosas para decorar y con alimentos. El padre, como trabajaba al servicio del rey, recibió órdenes para que ayudara a los que llegaban. Por eso él vio que en la Casa de la Parra, además de comida para la fiesta al día siguiente y trajes y ropa, también llegaban hombres con bestias cargadas con sillas de madera, mesas, objetos para la cocina… Lleno de curiosidad preguntó al que hacía de jefe y éste le dijo:

- Todo esto es para la fiesta de mañana. ¿No lo sabes?

- Algo me dijeron pero ¿tantos muebles y vajillas?

- Esta noche misma, algunas personas dormirán en esta casa. Y ellos quieren tener lo necesario y algo más. Por eso hay que traer tantas cosas y preparar para que estén cómodos.

- ¿Y tantos alimentos van a consumir?

- Y quizás hagan falta.

            En ese momento y antes de que la tarde se fuera, llegaron más personas con burros cargados con leña. Ramas secas y troncos de encinas y robles. Mientras los hombres descargaban esta leña en la misma puerta de la casa, entre sí comentaban:

- Para que los príncipes y reyes de la Alhambra degusten buenas carnes asadas en las brasas de la mejor leña de montañas.

Y otros argumentaban:

- Y no solo eso sino que lo rieguen con el mejor vino y aceite de oliva y lo sirvan en bandeja de plata.

- ¡Quién fuera príncipe para disfrutar de una comida tan buena!

            Y, en ese mismo momento, en la casita de madera entre las ramas del nogal, la niña inválida, miraba por una de sus pequeñas ventanas queriendo enterarse de lo que pasaba. Y como veía a tantas personas yendo y viniendo de un lado para otro, para sí se decía: “Mis amigos los príncipes seguro que vendrán mañana. Tengo que levantarme temprano para estar preparada en el momento que lleguen. Y en cuanto los vea, les voy a contar lo del nido en el rincón de la hiedra. Y si ellos quieren los llevaré para que lo vean y disfruten de cobijo tan bonito y maravilla tan perfecta. Seguro que, aunque estén de fiesta y lo celebren con buenas comidas, también van a disfrutar mucho con el rincón de la hiedra y el nido de curruca”.

            Y mientras estas y otras reflexiones se hacía, no dejaba de esperar la llegada de algún mensajero. Porque su corazón le decía que los príncipes de la Alhambra de ninguna manera podrían dejar de invitarla. Y menos, celebrándose estas fiestas justo donde ella vivía y en las tierras y sitio donde pasaba la mayor parte de sus días. También pensaba que como su padre era amigo del rey, esto podría darle algún privilegio. Por eso, aunque se acostó temprano, en cuanto la oscuridad de la noche llegó, no se quedó dormida enseguida. Primero, porque el ruido de los que se movían por la explanada de la cascada y por donde la Casa de la Parra,  no le dejaban relajarse. Y segundo, porque aunque se hizo de noche, seguía esperando la llegada de algún mensajero. Por esto y una extraña inquietud en su corazón, no podía coger el sueño.

            El padre, hasta bien entrada la noche, estuvo afanado con los que llegaban y descargaban cosas tanto en la explanada como en la Casa de la Parra. Luego, cuando ya la noche estuvo muy avanzada y le dijeron que podía irse a dormir un rato, lo primero que hizo fue acercarse a la acequia que había trazado próximo al rincón de la hiedra. En el agua clara se lavó, colocó bien la silla, mesa y el esparto con el que tejía cestas, capachos y alfombras y luego se dijo: “No creo que este rincón sea ocupado mañana. Nadie me ha dicho nada y como tengo permiso del rey, pienso que todo por aquí será respetado. Lo mismo mis cuatro cosas, el pequeño nido de curruca, la acequia y esta hermosa planta de hiedra”. Y mientras se decía esto pensaba en su niña, imaginándola en la casita de nogal. Se dirigió este sitio, llevando en sus manos un puñado de moras y algunos nísperos para dárselos y que se los comiera al levantarse al día siguiente como desayuno.

            Subió despacio y con el mayor sigilo las escaleras que llevaban a la casita, se aproximó a la puerta y, en lugar de llamar o abrir, miró por la pequeña ventana de la izquierda. A la luz de la luna, vio que dormía y por eso, enseguida se retiró. En la misma puerta de la casita, entre las ramas de la noguera, frente a la cascada de la acequia y frente a la clara luz de la luna, se acurrucó. Con la intención de pasar la noche en este sitio, lo más cerca posible de su niña, alejado un poco de las personas que al lugar iban llegando y lo más en contacto posible con las cosas que tanto le gustaban: el chapoteo del agua de la cascada, el canto de los grillos, la luz de la luna, el vuelo de las lechuzas y el ulular de los cárabos y autillos. Y se quedó dormido ya casi de madrugada. Con la imagen de su niña en la mente y también con la imagen de la fiesta al día siguiente y de los príncipes de la Alhambra.

            Al llegar el nuevo día, fueron estos precisamente lo que despertaron a la niña. Porque muy temprano, antes de la salida del sol, los príncipes llegaron a la explanada de la cascada entre la noguera y la Casa de la Parra. Y como aparecieron montados en caballos y rodeados de muchas personas, al ruido de este tropel, la niña se despertó. Desde su cama miró y vio, sobre una muy bonita mesa de mimbre, la fruta que el padre le había dejado para que desayudara. Y cerca de ella un poco asomado a la puerta, descubrió la figura del padre. Desde su cama le dijo:

- Quiero levantarme enseguida para saludar a mis amigos, que ya los oigo por aquí.

- Sí, hazlo. Te ayudo a bajar las escaleras y te llevo hasta la acequia para que laves tu cara y cuerpo. Hoy debes estar lo más guapa posible para recibir a tus amigos.

            Después de desayunar y lavarse en la acequia, acompañada del padre, se dirigió a la explanada y conforme iban llegando, saludaba a sus amigos y les decía:

- Tengo para vosotros una bonita sorpresa.

- ¿Qué es?

Le preguntó una princesa.

- Cuando queráis os la enseño.

- Pues ahora mismo porque dentro de un rato, a la mejor no podemos. ¿Te han dicho que hoy celebramos por aquí una gran fiesta?

- Mi padre me dijo algo.

- Pues es cierto y nosotros, todos los príncipes y princesas de la Alhambra, somos los protagonistas. Vamos a competir en una carrera muy emocionante y luego nos entregaremos premios y habrá una suculenta y abundante comida.

- Sin duda que todo ha ser muy divertido.

- Eso esperamos. Pero ahora y antes de que dé comienzo la competición ¿nos  muestras la sorpresa que nos has dicho?

- Venid conmigo y os lo enseño.

            Y la niña vio como en estos momentos unos hombres se acercaban al padre, le decían algo y luego se lo llevaron hacia la Casa de la Parra. Uno de los príncipes le ayudó a ella y apoyándose en su hombro, todos se dirigieron al rincón de la hiedra. Cuando llegaron al lugar, la joven dijo a sus amigos.

- El rey le ha regalado a mi padre este bonito escondite. ¿Qué os parece?

Y todos los príncipes y princesas, se pusieron a mirar y a curiosear de un lado para otro. Dos de las princesas, se sentaron en la silla y mesa del padre y, frente a las riberas del río Genil, se quedaron un buen rato mirando en silencio. Luego dijeron:

- Este es un mirador fantástico para desde aquí, contemplar y seguir al detalle la competición que estamos organizando.

Y uno de los príncipes confirmó:

- Yo pienso lo mismo. Porque fíjate que el camino por donde discurrirá la carrera de la competición, queda a solo unos metros de este balcón y se vez completamente y con toda claridad.

- ¿Como no habíamos descubierto nosotros este rincón antes? Y lo digo por lo realmente hermoso que es y las grandiosas vistas que desde aquí se observan.

Y otra de las princesas, dirigiéndose a la niña, le preguntó:

- ¿Por qué tu padre nos lo tenía oculto?

            Algo sorprendida la niña, miró a varios de los que consideraba amigos y sin apenas convención, dijo: 

- Mi padre no esconde nada a nadie.

- ¿No? Y entonces este mirador tan hermoso ¿Por qué nunca nos lo ha enseñado?

- Mi padre, solo trabaja a las órdenes del rey y no decide ni es dueño de nada de lo que hay por aquí.

- Y sin embargo, este mirador ahora lo tiene acondicionado como si fuera suyo propio.

- No es cierto eso.

Y en este momento a la riña se le quitaron las ganas de enseñarle a sus amigos el pequeño nido de curruca. Pidió a uno de los príncipes que le ayudara y se fue a la escalera de su casita de madera. Al ver esto otra de las princesas le dijo:

- Y esta hermosa noguera. ¿Con qué derecho vives aquí y te apropias de este árbol?

De nuevo la riña, muy enfadada y confundida dijo:

- Esta casita es un regalo mi padre y el permiso para hacerla aquí, a él se lo ha dado el rey.

- Tu padre, el rey, tu casita de madera, el rincón de la hiedra… ¿Qué más cosas quieres enseñarnos y decirnos hoy?

Y, en estos momentos volvió ella a pensar en el pequeño nido de curruca. Sabía que era algo maravilloso y por eso, su gran ilusión estaba en compartirlo con ellos pero ahora ya no le apetecía. Por eso guardó silencio, sentada en el primer escalón de la escalera de su casita.

            Se retiraron los príncipes y princesas y la dejaron sola. Todos volvieron a concentrarse en el rincón de la hiedra y dieron órdenes para que los criados llevaran al lugar algunas de las sillas que habían traído con los burros y mulos. Y en poco rato, el pequeño rincón de la hiedra, se convirtió en un autentico balcón a las tierras del río y al camino por donde discurriría la gran competición. En un resguardo, a la izquierda y pegado a las raíces de la hiedra, pusieron las cosas que el padre tenía en este lugar.  Desde el primer peldaño de la escalera de su casita de madera, la niña miraba. Triste y con lágrimas en los ojos pensando en el nido del pajarillo y viendo lo que en el rincón estaban montando. Quiso llamar al padre para que viniera que les dijera algo a los príncipes. Pero los demás criados le dijeron que su padre hoy estaba trabajando en la organización del gran evento.

            Dio comienzo este evento a media mañana. Primero con una competición de carreras personales entre los príncipes y princesas. Conforme cada uno iba terminando, los invitados aplaudían y luego comenzaba su carrera otro príncipe o princesa. Como unas dos horas después, dio comienzo otro tipo de carreras, ahora entre los atletas y luego llegaron las carreras de los caballos. Desde el balcón de rincón de la hiedra, los príncipes, princesas y sus amigos, seguían emocionados cada uno de estos acontecimientos y aplaudían, gritaban y saludaban. Desde el peldaño primero de la escalera de su casita, la niña miraba, cada vez más sola y apenada. Esperaba que en algún momento se le acercara el padre y esto sucedió ya casi al final del mediodía. En un momento que lo dejaron libre, se vino al lado de su niña y al encontrarla tan sola y llorando, la consoló como pudo. Una de las mujeres que preparaban las mesas con la comida para los invitados y los príncipes, le ofreció algunas frutas y unos cuantos dulces y luego le entregó un jarro con agua diciéndole:

- No te preocupes porque hoy todos por aquí somos iguales.

Agradeció la niña su cariño y como la mujer y el padre, estaban a las órdenes de los que organizaban la fiesta, tuvieron que irse a su trabajo. Al mediodía, ya muy avanzado, terminaron todas las competiciones. Alrededor de las mesas, en la explanada, en la Casa de la Parra, junto a cascada y el rincón de la hiedra, se fueron juntando los invitados. Muchos de ellos ya con sus trofeos en las manos y otros, simplemente comentando los incidentes de las carreras. Y durante mucho rato, toda la tarde hasta la caída del sol, comieron, charlaron, bailaron, iban y venían, príncipes y criados. Antes de caer la noche la fiesta concluyó y todos, poco a poco, se fueron marchando. También los príncipes de la Alhambra, con sus trofeos y hermosas vivencias del día pero sin despedirse de la niña de la casita del nogal.

            Ésta, ya muy cansada y sin ganas ninguna de fiesta ni de amigos ni comida, dijo a su padre que le ayudara a irse a su casita en el nogal. Dos de las mujeres que servían, le ayudaron y, luego se lo dijeron al padre. Y éste, cuando ya casi todos los invitados se habían retirado, se fue a la casita con su niña. Al llegar la encontró en la cama, acurrucada por completo y sin ánimo para nada. La abrazó el padre, la besó y luego le dijo:

- Ya estás viendo, hija mía. Los amigos, no siempre saben ni pueden darnos todo aquello que las personas necesitamos para la vida. Lo mejor y valioso por encima de todo, es quererse y confiar en uno mismo, ser bueno con todo el mundo y esperar plenamente en el cielo. Tú no eres menos que los príncipes de la Alhambra por el hecho de que ellos tengan riquezas y vivan en palacios.

Y compungida la niña musitó:

- ¿Pero por qué no me han invitado y me han dejado aquí y tan sola?

- Muchas veces ya te lo he dicho: las personas, cada uno somos un mundo.

            La niña, a estas palabras del padre, no dijo nada. Escondió su cabeza entre las sábanas de su pequeña cama mientras el padre se sentaba a su lado. Y luego, cuando ya la noche se extendió por todas partes, la dejó en su cama. En la misma puerta de la casita volvió a tumbarse para pasar la noche cerca de la niña y porque estaba muy cansado. Y en esta ocasión, sí se durmió enseguida. Y tan profundamente que no tardó en soñar.  Y en su sueño vio a su niña que, vestida de blanco, salía de su casita, bajaba por la escalera y, con un grupo de niños  así de su edad, se acercó al nido de curruca mientras les decía:

- Ya veréis que maravilla y delicadeza. Sus cuatro huevecillos parecen perlas, las ramas de la hiedra, collares de jade y el pasto con el que está construido el nido, hebras de oro entre sí enlazadas.

 Y una de la niña del grupo le preguntó:

- ¿Y podremos tocar los huevecillos?

- Podéis pero yo lo haré primero.

Dijo la niña. Y el padre vio como ésta, muy silenciosa y con mucho cuidado, se acercó al nido de curruca, alzó su mano y alargaba sus dedos para tocar los huevecillos cuando, como por arte de magia, del nido salió volando un una hermosa mariposa. Tras ella, vestida de blanco y adornada como la más agraciada de las princesas, por el aire se alejó volando la niña. Al ver el espectáculo todos los niños y niñas exclamaron:

- ¡Qué maravilla! Se va volando al cielo.

            Al despertar al día siguiente, el padre vio que el sol había salido. Tal como estaba acurrucado en la puerta de la casita de madera, se quedó meditando el sueño que había tenido. Y se extrañó que su niña aún no se hubiera despertado y de que a lo largo de la noche, no hubiera dado ninguna señal de vida. Y al mirar para el rincón de la hiedra, para el río, las tierras de las huertas y las cumbres de Sierra Nevada, también se extrañó verlo todo tan intensamente sereno, hermoso y como celebrando una silenciosa y fantástica fiesta. Como nunca se había visto en los palacios de la Alhambra ni el rincón de Huerta Grande ni en todo el reino de Granada. Se dijo: “Voy a levantarme y llamar a mi niña para que vea esto”. Y al instante, reflexionó y se preguntó: “¿Y si fuera cierto que esta noche mi niña se ha ido volando el cielo, tras el vuelo de una mariposa y toda vestida de blanco?”.

Jessaiz
Mensajes: 152
Fecha de ingreso: 15 de Abril de 2011
  • CITAR
  • 12 de Agosto de 2011 a las 9:14

Espero que no te moleste mi mensaje que voy a escribir, pero es que me ha llamado muchísimo la atención la fotografía que has puesto:


Precisamente se trata de una papillo machaon (me refiero a la mariposa, que pertenece a dicha especie, más conocida como "macaón", por lo menos aquí en Cantabria) y es la misma especie que he escogido yo para poner en la contraportada de mi libro titulado  … Y si dibujare la sombra de una pesadilla?

Simplemente quería comentar eso. Espero que no te moleste. ¡Casualidades!

Por cierto, dicho sea de paso: te deseo mucho éxito con tus libros. (¡Que tienes un montón!) ¡Ánimo!
romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
  • CITAR
  • 14 de Agosto de 2011 a las 14:34

Jessaiz, tienes razón: esta es una de las mariposas más interesantes y bellas de Europa.

Gracias y saludos

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