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romi
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Maravillas ocultas de la Alhambra // Relato 143

18 de Septiembre de 2011 a las 12:37

Bubok

Maravillas ocultas de la Alhambra  // relato 143           

¿El sueño de su vida? Ser guía de los paisajes y maravillas ocultas de la Alhambra. Pero no le gustaba ser guía a la manera convencional. En su alma llevaba un gran mundo lleno de fantasía y un gusto especial por los colores y olores de las plantas, cielos y flores. También una sensibilidad muy fina para saborear las melodías del agua y las caricias del fresco vientecillo. Por eso él, a lo largo de mucho tiempo, a su manera, en silencio y sin contar con nadie, se fue preparando para convertir en realidad este sueño.

         Cada mañana, tarde, muchas noches y amaneceres, recorría en solitario los rincones más emblemáticos de la Alhambra: la Alcazaba, los palacios Nazaríes, el Generalife, sus jardines y sus huertas, los rincones del Partal, el Secano o el lugar donde estuvo la Medina, el palacio de Carlos V, la puerta del Vino, pilar de Carlos V, murallas, bosques centrales y de la umbría y otros muchos rincones por el Cerro del Sol y Llanos de la Perdiz. Y de todos estos sitios, aprendió mucho. Escuchó a los guías, leyó libros escritos para los turistas y también obras de historia y muchos documentos de los archivos de la Alhambra. Pero él, aunque todas las cosas que iba descubriendo y aprendía le gustaban, nunca en su interior se quedaba satisfecho. Se decía: “La Alhambra, la colina donde se cimienta este gran monumento, con sus jardines, fuentes y acequias, tiene que ser mucho más que lo que hasta hoy he conocido y ven los turistas y las personas que lo enseñan”. Y cuando les decía esto a sus amigos, estos le preguntaban:

- ¿Y qué más debe ser la Alhambra, según tú?

- Lo he visto muchas veces en mi sueño y por eso lo tengo claro pero ni a ti ni a otros quiero revelar porque sé que os vais a reír de mí.

- ¿Tan grande es tu fantasía?

- Es mucho más que eso.

         Y a partir de aquel día empezó a distanciarse de las personas mayores, de los guías y de muchos expertos en todo lo que concierne a la Alhambra. Y en su barrio, el Albaicín de las casas blancas en la ladera frente a la Alhambra, fue haciéndose amigo de los niños. Jugaba con ellos y en los ratos de descanso, se sentaba a su lado y les decía:

- Un día de esto, cuando vosotros queráis y con permiso de vuestros padres, tengo que llevaros a los sitios maravillosos de la Alhambra.

- ¿Qué sitios son esos?

- Algo que nunca nadie ha visto y que los mayores y los guías, desconocen y desprecian, porque dicen que es pura imaginación mía.

- Pues a nosotros nos gustaría ir contigo y conocer esos sitios. Porque lo que más nos interesa en esta vida, son las fantasías y las cosas maravillosas de mundos desconocidos.

- Lo sé y por eso os cuento estos sueños. Así que iros preparando y un día de estos, le pedimos permiso a vuestros padres y nos vamos a descubrir lo que os estoy diciendo.

         Los niños, sus mejores amigos, se fueron preparando. Y la que más, fue una niña de ojos azules, pelo negro y sonrisa color de cielo. Se hizo ella muy amiga de él y por eso, desde que supo lo del mundo fantástico por los sitios de la Alhambra, no dejaba de preguntarle:

- ¿Cuándo nos llevas a ver esos sitios ocultos que nos has dicho?

- Lo estoy preparando todo y espero que se presente el día más oportuno.

- Es que me muero de ganas de vivir esta aventura. Y tan ilusionada estoy que hasta se lo he dicho a mis amigas. ¿Pueden venir también ellas con nosotros?

- Claro que sí. Porque cuanto más niños vengáis conmigo, más podréis luego contar a los mayores lo que en esos lugares veáis.

- Y una cosa, el día que nos lleves a ver esas maravillas ¿podré ir vestida como a mí me guste?

- ¿Por qué me preguntas eso?

- Es que tengo un vestido de seda blanco que es precioso. Y si se lo digo a mis amigas, todas podremos ir vestidas igual para que así resulte más interesante todas las cosas bonitas que quieres enseñarnos.

- Pues tú has lo que quieras porque la fantasía e ilusión de tu corazón, solo a ti te pertenece.

         Y tres días más tarde, ya había hablado él con todos los padres del grupo de niños interesados en la aventura. Estos le dijeron que no tenían ningún inconveniente en que los llevara y les enseñara los sitios que él conocía. Así que dos días después, convocó al grupo de niños en las orillas del río Darro. A primera hora de la mañana y como era un día de primavera muy claro y fresco, todos se presentaron vestidos como para una gran fiesta. Ropa nada lujosa pero sí limpia y la niña de los ojos azules, vestida de blanco igual que sus tres amigas. Nada más verlo, ella le dijo:

- Seguro que los sitios que vas a mostrarnos son lujosos y por eso quiero comprobar cómo me siento yo y veo en esos grandiosos salones.

- Te sentirás bien y serás feliz pero ve atenta y no te pierdas ningún detalle de lo que te explique y veas.

- Vamos cuando quieras que me come la curiosidad.

         La joven amiga le dio su mano y, a una señal, se pusieron en camino. Justo cuando el sol comenzaba a colocarse en lo más alto de los palacios de la Alhambra. Por la ladera y a veces por el barranco, subieron despacio comentando mil fantasías hasta que llegaron a un lugar no muy lejos de las murallas. Por entre la espesura de unos árboles, entraron guiados por el joven y enseguida antes ellos apareció la boca de una cueva. No era tal sino el comienzo de una galería que al principio parecía muy oscura pero en cuanto estuvieron dentro, todos comprobaron que se veía como a plena luz del día. Por eso, varios niños preguntaron:

- ¿Por qué se ve tan bien si estamos dentro de una cueva?

- Es una de las maravillas que quería que vierais: La luz oculta que encierra en sí la Alhambra y que nadie ve ni los guías enseñan a los turistas.

- ¿Y a dónde lleva este túnel?

- Sigamos sin miedo caminando y lo veréis en un momento.

Continuaron caminando y solo unos minutos más tarde, se encajaron en la entrada de una estancia grande como un palacio. Asombrados quedaron todos al comprobar lo mucho que relucía. Sus paredes parecían diamantes y los dibujos con los que estaban decoradas, relumbraban como el oro. Algunas columnas reflejaban imágenes como si fueran espejos y de fondo, se oía un delicioso rumor de agua. La niña de los ojos azules, cogida de la mano del joven, le preguntó:

- ¿Pero como es posible que aquí haya tantas maravillas y ninguno las conozcan?

- ¿Te convences ahora que esto no era fantasía mía?

- Lo estamos viendo. ¿Podemos pasear por donde nos apetezca?

- Podéis hacerlo.

- Es que con mi vestido blanco y yo por aquí caminando ¿no te parece que aun todo será más fantástico?

- Claro que sí.

         Y la hermosa amiga se puso a caminar, a dar vueltas, a reír y cantar como si estuviera en la más grande de las fiestas. Las amigas le siguieron y luego los niños las acompañaron. Tocaron las paredes con sus manos, se miraban en los espejos, se sentaban en los bancos transparentes, mojaban sus pies en las claras aguas de los riachuelos y no paraban ni se creían que fuera real lo que estaban viviendo. Pasó mucho rato y entonces el joven dijo a su grupo de amigos:

- Por hoy ya habéis visto y tocado con vuestras manos algunas de las grandes maravillas que la Alhambra oculta. Otro día volvemos y os sigo enseñando.

Y ellos preguntaron:

- ¿Y por qué no le muestras esto a los mayores?

- Ellos no me creerían. Pero vosotros, como sois niños, sí habéis confiado en mí y ya estáis viendo que todo lo que os dije, es cierto.

- Pues en cuanto volvamos a nuestras casas, se lo vamos a contar a nuestros padres a ver qué dicen ellos. Y le vamos a decir que tú eres bueno, te portas bien con las personas y no engañas a nadie.

Y la niña de los ojos azules, se abrazó a su amigo, se acercó a su cara, le dio un dulce beso y le dijo:

- Quiero que desde hoy, siempre que en tus sueños veas estas maravillas ocultas de la Alhambra, me imagines a mí por aquí bailando. ¿Me lo prometes?

Y él, algo sorprendido, dijo:

- Te lo prometo. Desde ahora mismo tú ya eres por aquí sueño entre las fantásticas maravillas ocultas de la Alhambra.

         Cuando los niños volvieron a sus casas, lo primero que hicieron fue contar a sus padres todo lo que habían visto. Ilusionados todos pensando que sus padres los comprenderían y les darían ánimo. Pero los padres, unos y otros, dijeron:

- Muy bonito será todo esto que estáis diciendo pero no debéis hacerle mucho caso.

- ¿Por qué no?

- Nadie nunca por aquí han visto esas maravillas que decís.

- Pero nosotros las hemos tocado con nuestras manos.

- Aunque esto sea cierto, ya veréis cuando lo contéis por ahí, lo que dicen las personas mayores que os oigan.

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