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romi
Mensajes: 678
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El baúl de la memoria

12 de Febrero de 2009 a las 12:46

Hola: de nuevo pongo aquí un sencillo relato por si alguna persona tiene el gusto de leer y dejar algún comentario.

 Agradecido y saludos: romi

 

 El baúl de la memoria

            El pueblo es pequeño, blanco, de casas bajas y alzado justo en lo más alto de la roca. Por eso, todo el pueblo, es como un balcón al amplio valle, por donde se remansan las azules aguas del pantano. Un mirador único en el mundo, no solo frente al valle y aguas del embalse, sino también frente a las hermosas montañas, cubiertas de nieve y espesos bosques.  

            Por el lado de arriba del pueblo de la roca, sale un camino. Hoy carretera asfaltada, aunque mala y estrecha, pero en otros tiempos fue un vereda de herradura. Uno de los muchos caminos serranos que iban a las aldeas y cortijos. Una más de las muchas sendas que atraviesan las sierras del grandioso Parque Natural y, que ahora, solo usan los turistas y los aficionados a las bicicletas.

              El cortijo, lo poco que de él queda todavía, se asienta al final del camino. Muy elevado en las laderas que sostienen al pueblo pero no en lo más alto de la montaña. Cuando lo construyeron lo hicieron justo sobre un pequeño puntal, muy cerca del copioso venero y a la derecha de la cañada de fértiles tierras. Como si también hubieran buscado que desde el cortijo se viera media sierra. Por eso el cortijo siempre fue un hermoso y estratégico mirador natural, algo más pequeño que el del pueblo pero realmente excepcional.  

            Aquella mañana de invierno, ya próximo a la primavera, el autobús se paró a la entrada del pueblo. Al borde mismo de la carretera, donde él estaba esperando. La vio enseguida, la saludó, le ayudo a bajar y, sin apenas pronunciar palabras, comenzaron a subir por el camino. Con la mente puesta en las ruinas de la antigua casa y con la inquietud palpitándole en el alma. Preguntó él:

- ¿Cuánto años hace de todo esto?

Respondió ella:

- Dentro de unos días voy a cumplir los cincuenta y mi abuelo murió al poco de nacer yo. Él se fue de esta vida  con setenta y dos.

            Media hora más tarde llegaron a la pequeña explanada. Por delante de las ruinas del cortijo. Y, durante unos minutos, aquí se pararon y observaron despacio sin pronunciar palabra. Luego ella lo fue guiando, salvando las piedras de la ruina y los trozos de paredes, restos de lo que había sido el gran cortijo. Y, conforme iban de un lado para otro, en la mente de ella se activaban los recuerdos: “Esta fue mi habitación, allí teníamos la cocina, en éste rincón estuvo la despensa, en aquella habitación murió mi abuela, aquí… ¡Qué lástima de todo esto!” 

            Y se pararon por el lado de arriba. Por donde la roca del manantial, frente a unas cuantas piedras grandes y un poco en forma de losas. Tapaban la entrada de un pequeño hueco.

- Aquí es donde lo guardaban mis padres.

Dijo ella.

Y él se puso y, con gran esfuerzo, fue apartando las piedras. No tardó mucho en aparecer el hueco y, al fondo y un poco hundido en el suelo, se vio la caja. Un baúl, construido de madera de pino laricio, ya color ceniza pero con aspecto de sano y recio. Sacó ella la llave de su bolso, se agachó y lo abrió. Y, antes sus ojos, aparecieron los manojos de papeles. Algunos en forma de cuaderno y otros en hojas sueltas todas muy amarillas y llenas de letras trazadas a mano.

            Aclaró ella:

- Mi madre me decía que algunas de estas cosas están escritas por el abuelo de mi abuelo. Muchos de estos cuadernos también los escribió mi padre y algunos les escribí yo, en los años que viví en este cortijo.  Los hechos, las vivencias, la memoria de casi doscientos años. Y, sobre todo, la historia de cuando declararon estas montañas Coto Nacional y en la etapa de la construcción del pantano. El Coto Nacional y el Pantano, fue la ruina de todos nosotros. A raíz de estos acontecimientos, tuvimos que marcharnos de estas montañas. ¿Crees tú que se podría escribir un libro con todo esto?

 

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