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enricodiaz
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Fecha de ingreso: 17 de Febrero de 2012

un cuento

26 de Febrero de 2012 a las 17:13

LA FUGA

 

 Fue traída por una esperanza, el sueño de componer su vida, el sueño de darse una vez más la oportunidad de volver a creer en “alguien”. El sueño compuesto con el anhelo unido con una promesa, que hacen esos hombres y esas mujeres, en dejar atrás esa desdicha vivida. Pero finalmente dictado por un arranque de esperanza deseando olvidar y finalmente dando ciertas decisiones en su vida. Ella se llama Eliana, similar a una liana o lazo, largo, estirado pero quizás tan tensado por esos girones que jugaron mal los dados “en el azar de las circunstancias”. 

Cuando llegó, aquella tarde fue recibida y llenada con el más cálido abrazo del ser que la   esperaba, Antonio más     conocido como “Tuco” lo llamaron así desde pequeño... Dicen que al nacer había sido tan coloradito que parecía la salsa tuco de tomates.

Eliana acompañada de su pequeño escudero, – su hijo–.  Un infante que recién se iniciaba en los códigos del lenguaje, su habla era demasiado dificultoso.

– No podía expresarse el pequeño. Poco y nada se le entendía a pesar que tenía cuatro años de edad.

Fueron cortos los días en que fue presentada paulatinamente a los integrantes de la familia de “Tuco”. Unos al mirarla con el rabillo del ojo. Sigilosamente con la intención de poder descifrar qué pasado la habrá llevado a estar por estos lares, y con esa presencia elevada al metro setenta y ocho centímetros. Media despótica, pero con el vacío y grisáceo tono que tenía a veces cuando se le perdía la mirada cuando quedaba en silencio. La misma mirada de un animal salvaje cuando recuerda haber sufrido un accidente.

Su hijo tenía la mirada más vivaz pero ingenua, como si fuera la antítesis de su misma madre. Él estaba ávido a vivir o darse a la vida, es justamente la misma mirada cuando las personas aún tienen su corazón intacto.

Eliana tenía la figura similar a una gitana alta, con la cabellera que hacía redobles extensos, como si dibujaran la arena de una loma dura, estática y fría. Parecía una hechicera. Pero al fin y al cabo estaba ligada a Tuco, “el galán”, quien había hecho que venga esta dama desde muy lejos, desde el país del sur, para que radique cerca a él. En contra de todos los pronósticos, en contra de las murmuraciones y las miradas, propias de los lazos de la convivencia.

En el pasado, Tuco había vivido un matrimonio que no traía buenos resultados para ambas partes. Aún así realizaba intentos fallidos en busca de su felicidad con otras mujeres, claro está que su actitud fruitiva le traía resultados muy transitorios. Ayudado con la elocuencia de sus palabras podía encantar a muchas mujeres pero aún así, llegar al corazón de la indicada estaba fuera de su alcance. Porque a veces las mujeres cuya alma es la indicada para vivir eternamente a su lado no son halladas en cualquier lugar, y a veces esto suele ocurrir en el lugar más insospechado.  Entonces aún así, y al ver que su extensa vida social solamente le hacía recordar, que en realidad se encontraba el hombre más solo de este mundo... Obviamente su esposa no podía dejar de percibir como suelen ser todas las mujeres, el distanciamiento sentimental, que día a día ellos vivían, entonces como suelen ser todas las historias con ese camino siempre tienen el mismo final.

Discusión tras discusión hasta que su esposa llegó a sentirse tan vacía, y cuando llegó el primer hombre que se le cruzó por su camino se entregó a él. 

Las traiciones son como gotas de lava que dejando una marca imborrable, terminan formando en sí, una costra, como una herida enorme y viviente, similar a una araña que poco a poco atraviesa y corroe el corazón. Entonces con el corazón enredado en la urdimbre de esa misma tejedora, estaba también arponado...  Las formas o las vías cómo se llegó a enterar Tuco son indeterminadas, sólo parecía que al experto en traicionar conocía tan bien ese trabajo, que su novata esposa no pudo engañarlo. Definitivamente fue el detonante para que de una vez por todas sea el final de ese periodo que se había eternizado amargamente, como una gran marea que arrastra  lentamente mirtos laminados por las rocas

Comúnmente esos finales, son de las peores formas; levantándose la voz, tirando los objetos al suelo, y aventando la puerta como para no volver más. Y efectivamente así fue esa historia y así terminó.

Entonces después de ese periodo de dolor y resentimiento fue donde el mismo Tuco halló una esperanza en medio de ese desconsuelo con nombre propio; “Eliana” algunos la llamaban la hechicera, porque nadie comprendía que una relación pueda iniciarse a la distancia y por Internet. De acuerdo a la mentalidad e idiosincrasia nadie concebía algo así. Pero en realidad cuál podría ser la verdad de las cosas, si solamente son concepciones transitorias, temporales, desvaríos de la percepción que al final de todo no atinan a justificar la misión de la existencia humana. Pero aún así la tendencia de juzgar a los semejantes carga, en sí, - un fundamento inherente y tácito en mucha gente... Pero la verdad no siempre está en las bocas de los hombres.

Vivieron juntos, contentos, solos y felices. Hasta que se vio obligado, a volver a casa de sus padres, pero esta vez, acompañado de su “prometida” y aquel infante. Las razones eran enteramente económicas, además Tuco era un “estratega”. No movía una ficha sin saber “la jugada”. De pronto aparecieron propuestas para trabajar fuera, pero su mujer temporalmente tendría que seguir viviendo en casa de sus padres. Así que la tuvo que dejar. Los días pasaban y su presencia llegó a hostigar, nadie pudo sentirse tranquilo, ni ella, ni los padres de Tuco. De pronto, ocurrió un incidente. Como suelen ocurrir cuando un hogar es interrumpido por una persona ajena como era esta mujer.

El padre de Tuco era un sujeto sarcástico y cómico,- ¡valla combinación! -  Siempre fue reconocido como alguien cuya debilidad eran las mujeres, claro está en sus tiempos de juventud. Pero aún así ostentaba esa mirada vivaracha, como si estuviera orgulloso de su pasado, ostentaba la galantería, aún a pesar de los años... 

Sólo su esposa sabía las situaciones que tuvo con tolerancia extrema que enfrentar al pasar los años, y al asumir su rol de madre. Pero finalmente el amor verdadero lo venció todo. El amor enorme de esta señora lo condujo a pesar de los obstáculos, no sé qué mano usó,  para volverla divina y hacer que yaciera lo sagrado en medio de esa estancia...

 

Es increíble qué susceptible pueda ser la mente humana, cómo las personas de pronto, pueden ser marcadas por algo o alguien por el resto de sus vidas. Así fue cómo se sintió Tuco, en realidad ese fracaso que tuvo en su primer matrimonio, él ya no era el mismo.  Lamentablemente ni su propio padre lo sabía. Porque un día en aquellos en que estaba ausente trabajando fuera, su padre osó hacer otras de sus bromas, otra de sus ironías con índole de galantería y comicidad; – inteligente combinación–, pero con el triste resultado de las malas interpretaciones.

Eliana, más allá de su figura antes descrita ella era muy lista, y la menor oportunidad sabía perfectamente cómo aprovecharla a su favor. Así que inmediatamente llamó por teléfono a su amado; – a su salvador. Para que finalmente la recoja, y no esté ni un día más en ese ambiente, de semejante situación donde insinuaba sentirse acosada por el propio padre de Tuco. Al enterarse inmediatamente, su indignación colmó su paciencia pero se vio obligado en hacer silencio porque al fin y acabo se trataba de su padre. Entonces tuvo que ser un silencio infinito. Y lo único que tenía que hacer era enviarle su pasaje para que no esté ni un día más. Pero Tuco como buen estratega deseaba iniciar unos pagos para la inicial de una propiedad una vez hecho, recién iría a enviarle su pasaje. Mientras tanto el ambiente asfixiado de puyas e hipocresías.  Cada día era completamente insoportable. Hasta que el mismo padre de Tuco había decidido no salir de su dormitorio, como si fuera un preso, o se esté auto encarcelando por el crimen de la insinuación. Lo real de todo es que insinuación o no, él de una u otra manera aceptaba su culpabilidad, dado a la actitud de aislarse. Y aún así los días seguían pasando. Hasta que finalmente le llegó el pasaje, y se fue, casi sin despedirse llena de rencor e intrigas desperdigadas como el galope que hace un mamífero salvaje.“Tuco”, la recibió con el corazón más partido que nunca, - pero indignado...  Él definitivamente no contaba que su propio padre actuaría de esa manera, sea en forma de chiste o no, pero entendía claramente que “la carne es carne” como siempre su propio padre se lo decía... Como si delatara un autoproclamado orgullo libido y viril.

Por otro lado, la herida que quedó en su padre también sirvió para que pueda reconsiderar que hay ciertas bromas que no se deben hacer, principalmente ante una mujer que se encuentra temporalmente hospedada en su casa. Entonces estamos ante la figura de Tuco que se sintió traicionado una vez más, y nada menos ante la imagen de su padre.

El padre que empezó a sentir y palpar lo mal que había educado a su hijo, donde casi llegaba a la conclusión que ese muchacho no merecía el título de ser “hijo”.

Su rostro desencajado arremetió en que los años avancen en cuestión de segundos, dado a tal dolor  casi indecible no sé quién podría determinar si en verdad estaba arrepentido, de pronto llegó a la conclusión que tenía una herida tan honda que ya no volvería a ser el mismo. Por ese dolor constante se agravaba al pasar los días, como si tuviera una hemorragia interna  pero que albergaba cierto secreto que nunca llegué a entender...

Y Eliana, la que “no” tuvo la suficiente inteligencia para poder controlar esa situación de una manera más tratable. Tal parece que era;  “la víctima”, al menos se encargó muy bien de demostrarlo así. Ella al abrazarlo le dijo: me sentí desvalida e indefensa y tuve que sacar fuerzas para enfrentarme a todos, e increparle tenazmente a tu padre que; “a mí no debía seducirme”, y es más me ha debido de ver como a una hija. Tuco ya no tenía palabras, únicamente atinó en abrazarla tan fuerte donde los dos parecían una escultura viviente, trágica y humana.

Después de este suceso pasaron cuatro años, en que el padre y el hijo no se habían comunicado. Tal parece que el silencio y la distancia. Sirvieron para poder olvidar que el padre tenía un hijo, y un hijo se había quedado sin un padre. Después de esos cuatro años, la madre de Tuco empezaba a echar de menos a su hijo, pero llena de su orgullo no se atrevía a irlo a buscar.

Entonces estamos otra vez frente al más puro de los sentimientos, pero obstruido por el insensato e insulso orgullo y de altivez.

Su madre lo había perdonado pero aceptó que su hijo se encontraba bien, tal parece que las malas noticias llegan rápido, y si él hubiera necesitado de ayuda ya hubiera contado con ellos, así era su lógica, al menos eso creía la señora.

Los cuatro años así como sus cuatro hijos, se empezaron a convertir en cinco luego en seis. Y llegó a cumplirse nueve años donde el mismo Tuco, con osadía buscó a sus padres. Había subido de peso, estaba barbado y lucía la misma sonrisa de su padre. Entonces abrió la puerta lentamente salió su madre vestida de negro y lo abrazó tan fuerte que no pudo decir palabra alguna y se quedó desmayada en sus brazos, el susto provocó en Tuco alzar la voz gritando el nombre de su padre, pero la casa estaba vacía y sola, como el mismo corazón de su madre.

 

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