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jpiqueras
Mensajes: 2.807
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009

LXXIX Edición (EL TEATRO) : Comentarios en el entreacto.

26 de Marzo de 2012 a las 23:14

Ya está abierto el hilo para los relatos sobre el Teatro. En el sentido más amplio que queráis imaginar.

Este hilo será para los comentarios durante las próximas semanas.

Y ahora, aunque ello suponga exponerme a que alguien me regañe por ello, voy a hacer una propuesta: Con el precedente de aplazamientos semejantes en semanas santas o navidades, ¿podríamos paar por alto la semana próxima, con sus fiestas, sus nazarenos, sus procesiones, sus saetas, sus viajes, sus desplazamientos y todo eso?

Si no os parece bien sólo tenéis que decirlo. De modo que de momento el plazo para los relatos teatrales queda provisionalmente fijado para las 22:00 horas de la noche del jueves santo. Pero a poco que haya consenso podríamos aplazarlo.

Sea como fuese os ruego que comencéis a enviar vuestro relatos teatrales al otro hilo. Y disculpadme por lo que he tardado en abrir estos hilos de la 79ª edición.

Y gracias a todos los que seguís por aquí haciendo posible que vayamos camino de las ochenta ediciones.

Buenas noches y buena suerte.

 

oterocouto
Mensajes: 285
Fecha de ingreso: 1 de Febrero de 2012
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 13:15

AMPLIACIÓN DEL PLAZO

Entiendo que es una excepcionalidad y por mi parte no hay inconveniente; a mí me parece incluso una buena idea. Pero mejor resolverlo entre hoy y mañana y no esperar al jueves de la semana que viene, ¿no os parece?

Saludos

carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 13:31
Por mí vale. Siempre desde el buen rollo y la amistad que siento por vosotros, claro.
ElCubo
Mensajes: 1.621
Fecha de ingreso: 15 de Agosto de 2010
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 14:07
Acepto "pulpo".
jaumemoreso
Mensajes: 947
Fecha de ingreso: 9 de Abril de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 16:46
Para mí tampoco hay problema por un aplazamiento, aunque creo que esto de la semana santa es todo "teatro" :P
lasacra1
lasacra1
Mensajes: 1.821
Fecha de ingreso: 24 de Febrero de 2010
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 16:52
A mí el aplazamiento me viene incluso bien. Así que por mí sí. Y si al final es que no, no importa, haré lo posible por estar.

¿Teatro? Me gusta el tema ¿Puedo subir aquí un capítulo de mi "Determinantes" que habla del teatro? ¿Puedo?, ¿puedo?, ¿puedo?
carlosaribau
Mensajes: 2.104
Fecha de ingreso: 2 de Septiembre de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 17:01
Por supuesto que puedes... tú lo puedes todo.
lasacra1
lasacra1
Mensajes: 1.821
Fecha de ingreso: 24 de Febrero de 2010
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 17:24
Pues aunque sólo sea por no seguir escuchando a Aribau con su insistencia para que suba el relato (jejeje)... ahí va:

(voy a pasarlo por el blog de notas, que si no queda muy feo)
lasacra1
lasacra1
Mensajes: 1.821
Fecha de ingreso: 24 de Febrero de 2010
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 17:27
Por qué no llegué a ser una estrella del espectáculo

En la facultad formé parte de un grupo de teatro. Lo coordinaba un tal Luis no sé qué más. Yo no había oído su nombre en mi vida, pero según me dijeron gozaba de cierto prestigio y era muy respetado en el mundillo.
Aquello no era como yo había imaginado. Pasábamos el tiempo haciendo ejercicios que a mí me parecieron bastante inútiles, pero que según mis compañeros tenían mucho sentido. Caminábamos por el escenario sin dirección determinada procurando no tocarnos, gritábamos como poseídos o simplemente nos quedábamos quietos respirando profundamente.
Un viernes nos mandó preparar un ejercicio para el lunes siguiente. Teníamos que interpretar a una croqueta; no nos dio más pistas. El lunes saldríamos uno por uno al escenario y realizaríamos nuestra interpretación.
Me pasé la tarde dándole vueltas al ejercicio, no tenía ni idea de por dónde cogerlo. El sábado le pedí a mi madre que preparara croquetas, pensé que quizás así me llegaría la inspiración.
Observé como picaba cuidadosamente el jamón y el huevo duro; la vi preparar la bechamel sin dejar de moverla con paciencia; me concentré en la forma en que mezcló el jamón y el huevo con la masa; admiré el cuidado con el que la cubrió con un paño para dejarla reposar y enfriar; más tarde me maravillé viéndola dar forma a cada una de ellas ayudándose de dos cucharas; memoricé el método de empanado: pan rallado, huevo, pan rallado; sonreí con el chisporroteo del aceite mientras se estaban friendo y las saboreé con paladar crítico para intentar encontrar la esencia de la croqueta.
Aquello me quedaba grande. Por más que le daba vueltas no lograba encontrar la forma de plasmar el significado de la experiencia croquetil sobre el escenario. Al final decidí que lo más sencillo sería tumbarme en el suelo y rodar sobre mí misma haciendo ver que me estaba empanando. No estaba segura, pero quizás remataría la escena saltando sobre una imaginaria sartén y, con pequeños saltitos, y alguna ayuda onomatopéyica consumaría mi fritura.
Llegó el lunes y comenzaron las interpretaciones. A mí me tocaba salir en cuarto lugar; me vine abajo cuando comprobé que los tres compañeros que salieron delante de mí habían tenido exactamente la misma idea que yo. Los tres se empanaron y se frieron y, para los tres, Luis tuvo palabras de aprobación a las que acompañó con alguna que otra corrección.
Era mi turno y estaba dispuesta a repetir el numerito de mis tres compañeros. Si ellos habían coincidido en su interpretación nada impedía que la mía fuera muy similar; además yo sabía que había trabajado en ese ejercicio de forma seria. Pero entonces el prestigioso Luis pronunció la palabra fatídica.
    - ¡Sorpréndenos! -gritó agitando las manos y abriendo mucho los ojos.
Evidentemente, empanarme y freírme no iba a resultar ni original ni sorprendente, así que me quedé sobre el escenario quieta y haciendo funcionar mi mente a toda velocidad para encontrar alguna faceta nueva de la croqueta que pudiera reflejar de forma brillante en el entarimado.
    -¡Vamos, empieza! -comenzó a impacientarse el director de escena mientras yo seguía allí, quieta, dándole vueltas a la cabeza.
Pasado un tiempo que a mí me pareció una eternidad pero que en términos absolutos no debió de superar el minuto, Luis se levantó de su silla y caminando hacia mí me preguntó que cuál era el problema. Cuando se encontraba a no más de veinte centímetros de distancia tuve la inspiración.
     -No hay ningún problema -dije sonriendo -, es que estoy aún en masa y estoy reposando y enfriándome.
Escuché cómo mis compañeros trataban de disimular sus risas. Luis me miraba desconcertado. No sabía si calificar mi ocurrencia de genialidad o directamente expulsarme del grupo. Creo que se dio cuenta de que no estaba tratando de tomarle el pelo, tal vez mi temblor de manos y mis ojos vidriosos le convencieron de que únicamente había tratado de ser original. Quizás por eso o quizás porque pensó que de habérsele ocurrido a él, mi interpretación sería arte, se giró hacia el grupo y llevándose el índice a la boca les mandó guardar silencio.
    -Algo falla en tu interpretación -me dijo sin dejar de gesticular con las manos y los pies -, he captado el reposo, pero no me ha llegado el enfriamiento. Inténtalo de nuevo.
Y de nuevo me quedé allí quieta, esta vez pensando en cómo podía dar a entender que me estaba enfriando. Me di cuenta de que tenía las manos heladas, así que muy lentamente me acerqué hasta dónde estaba el director y le metí la mano por la espalda.
Dio un gritillo junto a un respingo y se puso a aplaudir de manera demasiado entusiasta.
    - ¡Es genial! ¡Es genial! -repetía una y otra vez sin dejar de dar pequeños y ridículos saltos.
Cuando acabamos el taller ese día, me pregunté si realmente Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Pedro Muñoz Seca habían pensado en croquetas al crear a sus personajes. Aquello me pareció realmente tonto y decidí seguir disfrutando del cine y el teatro como lo había venido haciendo hasta ese momento, es decir como lectora y espectadora. La idea de un Hamlet empanado y frito no me sedujo en absoluto.

mariaclara
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Fecha de ingreso: 4 de Enero de 2011
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 18:01
Esta quincena no sé si voy a participar porque he pensado en apuntarme a un curso de escritura; bueno, durante un mes que es lo que dura el curso. ¿Alguno de vosotros sabe algo de Fuentejara? (Es donde he visto el taller que me interesa)
jpiqueras
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Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 20:45

Buenas... vaya... siento haber levantado la liebre del aplazamiento. El caso es que ahora, tras una tarde (¡por fin!) tranquila, con una pequeña siesta reparadora incluida, he caído en la cuenta de que el jueves 12 de abril me voy unos días de viaje. Precisamente aquellos días en que tocaría hacer el seguimiento de las votaciones. Y aunque me llevaré la tablet esa tan maja, no es lo mismo que el teclado del ordenador. No le es para mí, por lo menos.

De modo que vamos a ser fieles a las bases del concurso. Si no os importa (y disculpadme otra vez mi pájara de estos días) podéis postear vuestros relatos teatrales hasta el jueves santo, día cinco de abril, por la noche. Si alguien tiene un pequeño problema de última hora lo alargaremos hasta la media noche. Eso lo hemos hecho más de una vez y no altera la esencia de los plazos, las bases y las consensuadas normas.

Hasta ese día, a dos relatos por día, nos da para poder votar a cinco ;o) 

jpiqueras
Mensajes: 2.807
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 20:46
cita de lasacra Por qué no llegué a ser una estrella del espectáculo

En la facultad formé parte de un grupo de teatro. Lo coordinaba un tal Luis no sé qué más. Yo no había oído su nombre en mi vida, pero según me dijeron gozaba de cierto prestigio y era muy respetado en el mundillo.
Aquello no era como yo había imaginado. Pasábamos el tiempo haciendo ejercicios que a mí me parecieron bastante inútiles, pero que según mis compañeros tenían mucho sentido. Caminábamos por el escenario sin dirección determinada procurando no tocarnos, gritábamos como poseídos o simplemente nos quedábamos quietos respirando profundamente.
Un viernes nos mandó preparar un ejercicio para el lunes siguiente. Teníamos que interpretar a una croqueta; no nos dio más pistas. El lunes saldríamos uno por uno al escenario y realizaríamos nuestra interpretación.
Me pasé la tarde dándole vueltas al ejercicio, no tenía ni idea de por dónde cogerlo. El sábado le pedí a mi madre que preparara croquetas, pensé que quizás así me llegaría la inspiración.
Observé como picaba cuidadosamente el jamón y el huevo duro; la vi preparar la bechamel sin dejar de moverla con paciencia; me concentré en la forma en que mezcló el jamón y el huevo con la masa; admiré el cuidado con el que la cubrió con un paño para dejarla reposar y enfriar; más tarde me maravillé viéndola dar forma a cada una de ellas ayudándose de dos cucharas; memoricé el método de empanado: pan rallado, huevo, pan rallado; sonreí con el chisporroteo del aceite mientras se estaban friendo y las saboreé con paladar crítico para intentar encontrar la esencia de la croqueta.
Aquello me quedaba grande. Por más que le daba vueltas no lograba encontrar la forma de plasmar el significado de la experiencia croquetil sobre el escenario. Al final decidí que lo más sencillo sería tumbarme en el suelo y rodar sobre mí misma haciendo ver que me estaba empanando. No estaba segura, pero quizás remataría la escena saltando sobre una imaginaria sartén y, con pequeños saltitos, y alguna ayuda onomatopéyica consumaría mi fritura.
Llegó el lunes y comenzaron las interpretaciones. A mí me tocaba salir en cuarto lugar; me vine abajo cuando comprobé que los tres compañeros que salieron delante de mí habían tenido exactamente la misma idea que yo. Los tres se empanaron y se frieron y, para los tres, Luis tuvo palabras de aprobación a las que acompañó con alguna que otra corrección.
Era mi turno y estaba dispuesta a repetir el numerito de mis tres compañeros. Si ellos habían coincidido en su interpretación nada impedía que la mía fuera muy similar; además yo sabía que había trabajado en ese ejercicio de forma seria. Pero entonces el prestigioso Luis pronunció la palabra fatídica.
    - ¡Sorpréndenos! -gritó agitando las manos y abriendo mucho los ojos.
Evidentemente, empanarme y freírme no iba a resultar ni original ni sorprendente, así que me quedé sobre el escenario quieta y haciendo funcionar mi mente a toda velocidad para encontrar alguna faceta nueva de la croqueta que pudiera reflejar de forma brillante en el entarimado.
    -¡Vamos, empieza! -comenzó a impacientarse el director de escena mientras yo seguía allí, quieta, dándole vueltas a la cabeza.
Pasado un tiempo que a mí me pareció una eternidad pero que en términos absolutos no debió de superar el minuto, Luis se levantó de su silla y caminando hacia mí me preguntó que cuál era el problema. Cuando se encontraba a no más de veinte centímetros de distancia tuve la inspiración.
     -No hay ningún problema -dije sonriendo -, es que estoy aún en masa y estoy reposando y enfriándome.
Escuché cómo mis compañeros trataban de disimular sus risas. Luis me miraba desconcertado. No sabía si calificar mi ocurrencia de genialidad o directamente expulsarme del grupo. Creo que se dio cuenta de que no estaba tratando de tomarle el pelo, tal vez mi temblor de manos y mis ojos vidriosos le convencieron de que únicamente había tratado de ser original. Quizás por eso o quizás porque pensó que de habérsele ocurrido a él, mi interpretación sería arte, se giró hacia el grupo y llevándose el índice a la boca les mandó guardar silencio.
    -Algo falla en tu interpretación -me dijo sin dejar de gesticular con las manos y los pies -, he captado el reposo, pero no me ha llegado el enfriamiento. Inténtalo de nuevo.
Y de nuevo me quedé allí quieta, esta vez pensando en cómo podía dar a entender que me estaba enfriando. Me di cuenta de que tenía las manos heladas, así que muy lentamente me acerqué hasta dónde estaba el director y le metí la mano por la espalda.
Dio un gritillo junto a un respingo y se puso a aplaudir de manera demasiado entusiasta.
    - ¡Es genial! ¡Es genial! -repetía una y otra vez sin dejar de dar pequeños y ridículos saltos.
Cuando acabamos el taller ese día, me pregunté si realmente Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Pedro Muñoz Seca habían pensado en croquetas al crear a sus personajes. Aquello me pareció realmente tonto y decidí seguir disfrutando del cine y el teatro como lo había venido haciendo hasta ese momento, es decir como lectora y espectadora. La idea de un Hamlet empanado y frito no me sedujo en absoluto.

De momento tenemos matería para unos primeros comentarios: un relato, para animación de todo esto, fuera de concurso, que nos ha subido LaSacra. Aunque en algún momento lo parezca, no va en realidad de aquella pseudo turista con acento americano, doña Croqueta. Tampoco tiene que ver con el elevado valor simbólico de la reducción y la gelificación al nitrógeno líquido de los alimentos en la vanguardista cocina de Ferrán Adrià. No. En ese simpático relato de Sacra la presencia de la croqueta avanza de lo cotidiano y entrañable (en las escenas en que rememora en su casa, con su madre, el cariño con que elabora el apreciado alimento) al absurdo del pretencioso simbolismo del teatro progre y vanguardista, ese que al verlo y tener que aguantarlo me hace añorar mis años jóvenes, en el Calderón, viendo a Manuel Dicenta y su compañía, y deleitándome del regalo de su dicción, su interpretación e. incluso, su vestuario, durante la representación de Los Intereses Creados. Aquello era teatro.
jpiqueras
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Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 20:57
cita de mariaclara Esta quincena no sé si voy a participar porque he pensado en apuntarme a un curso de escritura; bueno, durante un mes que es lo que dura el curso. ¿Alguno de vosotros sabe algo de Fuentejara? (Es donde he visto el taller que me interesa)

A poco que puedas nos escribes un relato, MariaClara. Tómatelo como una práctica del curso de escritura. Tus relatos siempre son bienvenidos. Y quiero decirte que escribes bien. Lo que ocurre es que te lanzas y redactas y redactas. Y luego te olvidas de pulir algunas cosas que, inevitablemente, son fruto de esa  espontánea rapidez. Creo que tienes notable imaginación y ello hace que el registro temático de tus relatos sea de lo más variado. Te gusta pasar de lo gótico a lo romántico, pasando por lo moderno y sin olvidar la lo futurista. Parece que te encuentras más a gusto recreando determinadas atmósferas, es cierto, pero en general encuentras en el lenguaje escrito el camino correcto para desarrollar las numerosas ideas que se te ocurren. Insisto en que debes pulir lo escrito leyéndote con tranquilidad, tratando de salir de ti y ponerte en lugar de una persona que no sabe deque va aquello, que además de ir captando los mensajes y las ocurrencias va viendo las palabras, las frase, las tildes, las expresiones y todo eso.

estrellafugaz
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Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
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  • 27 de Marzo de 2012 a las 22:25
cita de jpiqueras

Buenas... vaya... siento haber levantado la liebre del aplazamiento. El caso es que ahora, tras una tarde (¡por fin!) tranquila, con una pequeña siesta reparadora incluida, he caído en la cuenta de que el jueves 12 de abril me voy unos días de viaje. Precisamente aquellos días en que tocaría hacer el seguimiento de las votaciones. Y aunque me llevaré la tablet esa tan maja, no es lo mismo que el teclado del ordenador. No le es para mí, por lo menos.

De modo que vamos a ser fieles a las bases del concurso. Si no os importa (y disculpadme otra vez mi pájara de estos días) podéis postear vuestros relatos teatrales hasta el jueves santo, día cinco de abril, por la noche. Si alguien tiene un pequeño problema de última hora lo alargaremos hasta la media noche. Eso lo hemos hecho más de una vez y no altera la esencia de los plazos, las bases y las consensuadas normas.

Hasta ese día, a dos relatos por día, nos da para poder votar a cinco ;o) 

Pues a mí me parece perfecto que no se aplace. De hecho, si llevo dos ediciones sin enviar mis relatos al concurso es sólo porque en la edición LXXVI, la de los puertos, se prorrogó el plazo 24 horas.
mariaclara
Mensajes: 364
Fecha de ingreso: 4 de Enero de 2011
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  • 28 de Marzo de 2012 a las 9:20
cita de jpiqueras
cita de mariaclara Esta quincena no sé si voy a participar porque he pensado en apuntarme a un curso de escritura; bueno, durante un mes que es lo que dura el curso. ¿Alguno de vosotros sabe algo de Fuentejara? (Es donde he visto el taller que me interesa)

A poco que puedas nos escribes un relato, MariaClara. Tómatelo como una práctica del curso de escritura. Tus relatos siempre son bienvenidos. Y quiero decirte que escribes bien. Lo que ocurre es que te lanzas y redactas y redactas. Y luego te olvidas de pulir algunas cosas que, inevitablemente, son fruto de esa  espontánea rapidez. Creo que tienes notable imaginación y ello hace que el registro temático de tus relatos sea de lo más variado. Te gusta pasar de lo gótico a lo romántico, pasando por lo moderno y sin olvidar la lo futurista. Parece que te encuentras más a gusto recreando determinadas atmósferas, es cierto, pero en general encuentras en el lenguaje escrito el camino correcto para desarrollar las numerosas ideas que se te ocurren. Insisto en que debes pulir lo escrito leyéndote con tranquilidad, tratando de salir de ti y ponerte en lugar de una persona que no sabe deque va aquello, que además de ir captando los mensajes y las ocurrencias va viendo las palabras, las frase, las tildes, las expresiones y todo eso.

Gracias por tus palabras, me animan a continuar. Intentaré escribir uno para esta quincena, pero luego, depende de cómo sea el taller, me dedicaré a él. 
jpiqueras
Mensajes: 2.807
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 28 de Marzo de 2012 a las 12:40
¿Dónde están esos relatos?

Por si ayuda a inspirarse, recuerdo un concurso de micro relatos, en junio, de tema bastante relacionado con el de esta quincena. La frase de inicio obligada era "Al lateral del escenario". y claro, los micro relatos fueron bastante teatrales.

http://www.bubok.es/foros/tema/6893/XIX-edicion-del-concurso-de-microrrelatos-Al-lateral-del-escenario-Micros/#ultimo_mensaje

A propósito, ¿es cierto que ayer era el día del teatro? Me pareció leerlo en la cosa esa del Internet, la wikipedia.

Un apunte sobre el alcance del significado del término TEATRO. No hay problema, cualquiera de sus acepciones vale para el concurso. Lo mismo las del diccionario de la RAE

teatro.
(Del lat. theātrum, y este del gr. θέατρον, de θεᾶσθαι, mirar).
1. m. Edificio o sitio destinado a la representación de obras dramáticas o a otros espectáculos públicos propios de la escena.
2. m. Sitio o lugar en que se realiza una acción ante espectadores o participantes.
3. m. Escenario o escena.
4. m. Lugar en que ocurren acontecimientos notables y dignos de atención. Italia fue el teatro de aquella guerra.
5. m. Conjunto de todas las producciones dramáticas de un pueblo, de una época o de un autor. El teatro griego. El teatro del siglo XVII. El teatro de Calderón.
6. m. Literatura dramática. Lope de Rueda fue uno de los fundadores del teatro en España.
7. m. Arte de componer obras dramáticas, o de representarlas. Este escritor y ese actor conocen mucho teatro.
8. m. Acción fingida y exagerada. Arturo le echa mucho teatro a sus intervenciones.
9. m. p. us. Práctica en el arte de representar comedias. Ese actor tiene mucho teatro.

Aparte de lo que dice la RAE en su diccionario, recuerdo que también se hablaba del teatro en las facultades de medicina como el lugar donde se operaba o se diseccionaba con los estudiantes o los médicos jóvenes situados en unas gradas alrededor. Tuve la oportunidad de ver alguna de esas antiguas aulas en el Clínico en mis años de estudiante. Y bien mirado, las clases (a la manera de antes, con una simple pizarra y unos trozos de tiza, sin el PowerPoint) tenían mucho de teatro. Y cuando das una conferencia o una charla, allá en lo alto del escenario, junto al atril para las notas, mirando al público que llena las butacas de platea, hay algo de teatro en todo ello. Puede haber un guión previo y hay, seguro, una puesta en escena, una representación.

Tal vez alguien quiera escribir alguna cosa sobre aquel invento de unos señores que hablaban en latín, que dieron en unir dos teatros situados en forma simétrica para formar aquello que llamarían luego anfi-teatro. Estará doblemente en tema. Nada que objetar, en mi opinión.

Y que decir del teatro de operaciones en una batalla. O del gran teatro del mundo, del autor de Segismundo. Perdón por la rima; era tan obvia…

Sea como fuese, espero vuestros relatos teatrales. “De cómo el fantasma de la opera fue desahuciado por un impago de la hipoteca del teatro”, por ejemplo.
ElCubo
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  • 28 de Marzo de 2012 a las 16:42
cita de estrellafugaz
cita de jpiqueras

Buenas... vaya... siento haber levantado la liebre del aplazamiento. El caso es que ahora, tras una tarde (¡por fin!) tranquila, con una pequeña siesta reparadora incluida, he caído en la cuenta de que el jueves 12 de abril me voy unos días de viaje. Precisamente aquellos días en que tocaría hacer el seguimiento de las votaciones. Y aunque me llevaré la tablet esa tan maja, no es lo mismo que el teclado del ordenador. No le es para mí, por lo menos.

De modo que vamos a ser fieles a las bases del concurso. Si no os importa (y disculpadme otra vez mi pájara de estos días) podéis postear vuestros relatos teatrales hasta el jueves santo, día cinco de abril, por la noche. Si alguien tiene un pequeño problema de última hora lo alargaremos hasta la media noche. Eso lo hemos hecho más de una vez y no altera la esencia de los plazos, las bases y las consensuadas normas.

Hasta ese día, a dos relatos por día, nos da para poder votar a cinco ;o) 

Pues a mí me parece perfecto que no se aplace. De hecho, si llevo dos ediciones sin enviar mis relatos al concurso es sólo porque en la edición LXXVI, la de los puertos, se prorrogó el plazo 24 horas.
¡Tiquismiquis!
estrellafugaz
Mensajes: 746
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
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  • 28 de Marzo de 2012 a las 18:25
cita de ElCubo
cita de estrellafugaz
cita de jpiqueras

Buenas... vaya... siento haber levantado la liebre del aplazamiento. El caso es que ahora, tras una tarde (¡por fin!) tranquila, con una pequeña siesta reparadora incluida, he caído en la cuenta de que el jueves 12 de abril me voy unos días de viaje. Precisamente aquellos días en que tocaría hacer el seguimiento de las votaciones. Y aunque me llevaré la tablet esa tan maja, no es lo mismo que el teclado del ordenador. No le es para mí, por lo menos.

De modo que vamos a ser fieles a las bases del concurso. Si no os importa (y disculpadme otra vez mi pájara de estos días) podéis postear vuestros relatos teatrales hasta el jueves santo, día cinco de abril, por la noche. Si alguien tiene un pequeño problema de última hora lo alargaremos hasta la media noche. Eso lo hemos hecho más de una vez y no altera la esencia de los plazos, las bases y las consensuadas normas.

Hasta ese día, a dos relatos por día, nos da para poder votar a cinco ;o) 

Pues a mí me parece perfecto que no se aplace. De hecho, si llevo dos ediciones sin enviar mis relatos al concurso es sólo porque en la edición LXXVI, la de los puertos, se prorrogó el plazo 24 horas.
¡Tiquismiquis!
Y tan tiquismiquis: como que me voy de visita a los micros con intención de enviar algo y veo que la expresión inicial es El cabrón de mi vecino. ¿Cómo voy a escribir yo algo que empiece así?
estrellafugaz
Mensajes: 746
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
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  • 31 de Marzo de 2012 a las 13:00
Mi no-aportación quincenal al concurso de relatos. Ya la próxima convocatoria, si la hay, participaré plenamente.
Ah, y se puede leer mejor en mi blog.

EVA Y SU MARIONETA

El despertador a las siete, como cada mañana: la realidad. Como cada mañana al oírlo, la misma impresión de un sacacorchos perforándole el cerebro. Si no fuera porque, aparte de ese trabajo tan aburrido, tiene una ilusión… Bueno, en su vida también está Eva, su novia desde hace cinco años, pero, sobre todo, está su gran ilusión, esa a la que Eva llama más bien obsesión. Ilusión u obsesión, él sabe que un día saldrá de su ordenador la obra de teatro definitiva, la que hará levantar al público de sus asientos y hará temblar, a base de aplausos, toda la sala.
    Sólo salir a la calle camino del trabajo empieza a concebir el mundo como otra obra de teatro de la que él es autor. Su cabeza empieza a trabajar:

DRAMATIS PERSONAE:
Antonio, oficinista
Ernesto, vendedor de periódicos
Ignacio, ciego
Paseantes (a gusto del director)
Anselmo, conductor de autobús
Pasajeros de autobús (a gusto del director)
4 oficinistas
3 clientes de banco
Eva, novia de Antonio
Clientes y camareros de bar (a gusto del director)
Espectadores de teatro (a gusto del director)
20 actores de teatro

Y lo mismo que cada mañana se dirige hacia la parada del autobús mientras desarrolla las acostumbradas acotaciones:

Escena I
Luz de mañana primaveral. De un lado al otro del escenario, la calzada y la acera de una calle típica de una ciudad de provincias. A la izquierda del espectador y sobre la acera, un quiosco de periódicos; a la derecha, una cabina de la ONCE; en el centro, una parada de autobús. Por la calzada, cruzan coches de derecha a izquierda (a gusto del director). Rumor de fondo.

Atraviesa la calle y ya está en la parada del autobús. Es viernes y podrá soportar la jornada laboral pensando en lo que le espera a la noche. Ha quedado citado con Eva a las ocho para tomar algo y luego, ya a las diez, asistirán al estreno de una obra que promete. Un grupo innovador de los de perfomance, happening, improvisación y cosas así.
 Clásicos y modernos. Eso es lo suyo: estar a la última en cuanto a innovaciones dramáticas pero sin olvidar a Esquilo, a Molière, a Shakespeare… Lo mismo que el tránsito de su calle al autobús: su tramo de calle es un escenario clásico, simétrico, con la parada de autobús en el centro y la cabina de la ONCE y el quiosco flanqueándola. El autobús, en cambio, el lugar donde se desarrolla su Escena II, es un tránsito a la postmodernidad asimétrica: en la zona posterior, la misma distribución de asientos a ambos lados mientras que delante los cuatro asientos para jubilados de la izquierda no tienen correspondencia a la derecha. Y no digamos cuando a todos los pasajeros les da por sentarse a la izquierda o a la derecha y dejar el otro lado vacío por lo que sea, para que no les dé el sol, por cosas del azar y el caos…
Por fin, la oficina, la asimetría total donde todo es impar:

Escena III
Oficina bancaria. A la izquierda, mostrador y ventanilla de la caja: un cliente frente a la ventanilla y otros dos guardando cola. A la derecha, tres mesas de oficina con sendos empleados. En una de ellas,  un cliente discutiendo acaloradamente.

Él, detrás de la ventanilla y otra vez la realidad: la abuela que no entiende el recibo del gas, el parado que pregunta si le ha llegado la ayuda de los 400 euros, el ama de casa que no entiende cómo tiene la cuenta en negativo… mientras desde su puesto le llega la conversación por la que el director le explica a un cliente que, diga lo que diga la tele, las hipotecas son deudas que, como tales, hay que pagar. Aun así tiene tiempo para pensar en lo suyo: revisitar a los clásicos, eso es, que le gustó la expresión. Porque todo autor que se precie ha de demostrar conocerlos y ser capaz de darles la vuelta. Por ejemplo, una obra en cuya apoteosis final las vírgenes de Fuenteovejuna se pelean entre ellas ante la puerta del comendador porque todas quieren ser la primera en ser desvirgada por él. Se lo planteó hace meses a Eva:
-Eso es trangresión pura.
-Yo lo veo más bien como machismo normalito.
Un incomprendido, eso es lo que es. Ya ni pensar entonces en un Edipo en el que el protagonista no yace sólo con su madre sino también con su hija o, más aún, con sus dos hijas. Si bucear en el tabú del incesto doblemente –y simétricamente, con la madre y con las hijas- no es el máximo ejemplo de transgresión…
Y así, tenía el ordenador repleto de ficheros con ideas esbozadas a las que algún día acabaría por dar forma completa. En uno había imaginado a Hamlet ya rey de Dinamarca y felizmente casado con Ofelia. En otro, como una vez asistió con Eva a una representación de La casa de Bernarda Alba y ella le dijo que la madre era una bruja, había imaginado un final en el que Pepe el Romano, el amante de Adela, la hija menor, acaba huyendo a caballo con Bernarda, la madre, y así todas las hijas quedaban liberadas de la opresión… O la versión del Hipólito de Eurípides en la que los dos personajes que morirán trágicamente, el propio Hipólito y Fedra, su madrastra, llevan reloj en la muñeca simbolizando la inexorabilidad de su destino que, tarde o temprano, acabará por cumplirse. Y llevaba días intentando darle la vuelta a La vida es sueño con una novedad que no acababa de pulir pero que partía de la idea de presentar a Segismundo constantemente durmiendo en su torre.
A ello daba vueltas su cerebro en el trabajo. Una forma como otra cualquiera de pasar la mañana mientras se lo permitiera la faena. Siempre intentando no despistarse porque, siendo responsable de la ventanilla de caja, podía sufrir algún descuadre que tuviera que cubrir de su propio bolsillo. Así hasta la escena IV, simétricamente inversa a la II y que consistía en el regreso en autobús a casa para comer. Y eso desde hacía un par de meses, porque antes la escena IV transcurría en el bar de comidas junto a la oficina bancaria. Hasta que Eva le regaló un microondas:
-Para que te hagas la comida en casa. Los sábados por la mañana te acompaño al hipermercado para la compra de la semana. Luego, lo que ahorres, la diferencia entre lo del hipermercado y lo que hubieras gastado comiendo por ahí, lo metes en una hucha y, cuando esté llena, a la cartilla.
Porque Eva es una novia de las de verdad, de las que te dirigen la vida. Lo mismo le hizo con el tabaco:
-¿Cuánto gastas al día en tabaco?
-Unos cinco euros.
-Pues dejas de fumar y esos cinco euros, también a la hucha.
Él, obediente, dejó de fumar. Fue el argumento definitivo por el que se autoconvenció de que la quería de verdad. Anda que iba él a dejar de fumar así como así. Del mismo modo que Eva era la única persona capaz de conseguir que alguna parte de su vida no se tradujera en escena teatral porque, para él, el mero hecho de abrir los párpados al despertar era ya levantar un telón que no caería hasta cerrarlos al dormir. Eva sabía devolverle al mundo real sobre todo en ocasiones como la que se solía repetir todos los viernes y se repetiría ese cuando la trajera a casa. En esos momentos ambos improvisaban una escena que, con pocas variantes, se desarrollaba así:

(Antonio permanece de pie mientras Eva se sienta al borde de la cama y empieza a desabrocharse la camisa)
EVA: Espero que ahora hagas caer el telón, dejes al otro lado todos tus teatritos y tonterías, y estés por lo que hay que estar.
ANTONIO: ¿Y cómo me vas a convencer?
(Eva se desabrocha el sostén y lo deja sobre la colcha)
EVA: ¿Te parece suficiente?
ANTONIO: Estoy seguro de que aún te quedan argumentos.
(Eva sigue desvistiéndose y, cuando queda completamente desnuda, se pone en pie y gira sobre sí misma exhibiendo su desnudez mientras sonríe)
EVA: ¿Y ahora?
ANTONIO: Ahora eres mi retablo de las maravillas.
(Antonio hace mutis en el cuerpo de Eva y Eva hace mutis en el de Antonio)

Pero esa escena ocurriría a la noche cuando volvieran del estreno teatral. De momento aún iba por su escena V, la más difícil porque sólo contenía un personaje, él mismo. Él preparándose la comida en el microondas, él poniendo la mesa, él comiendo, él recogiendo, él fregando los platos… Para luego ya sumergirse en lo suyo y o bien meterse en el ordenador o bien leer obras dramáticas compulsivamente. A veces releía a los clásicos, a veces a los modernos. Para eso iba los domingos por la mañana al mercadillo de libros de ocasión y lo revolvía todo en busca de aquellos librillos de la colección teatral de la editorial Escélicer. Se tumbaba en el sofá e igual le daba Ibsen que los hermanos Quintero, Jaime de Armiñán o esos autores españoles de los cincuenta con nombres imposibles como Edgar Neville o Lauro Olmo.
    A eso dedica la tarde hasta la hora de la cita con Eva. Luego sale de casa y coge otro autobús repitiendo casi sin variantes las escenas I, andar hasta la parada, que ahora será la escena VI, y II, el viaje en el autobús, ahora escena VII, hasta apearse junto a la esquina donde han quedado. Luego otra escena, la VIII, con un solo personaje durante la cual no puede evitar pensar, mientras espera a Eva, en aquello del Arte nuevo de hacer comedias de Lope de Vega tan apropiado a su situación; partiendo del teatro en verso e intentando adecuar las estrofas con lo que ocurre en escena escribe Lope un endecasílabo que a él le viene que ni pintiparado: el soneto está bien en los que aguardan. Sólo que él se ve incapaz de improvisar ese soneto y, además, al momento está allí Eva.
    Entran de la mano en un bar, se sientan en una mesa y, antes de que él sea capaz de construir en su cabeza las acotaciones para esa escena, la IX, y antes incluso de poder mirar en las pizarras qué hay de tapas y bocadillos, Eva le rompe todos los esquemas al iniciar un diálogo que ni de lejos estaba previsto en su guión:
    -Nos podríamos casar.
-Bueno.
-Estoy harta de volver a casa al día siguiente de dormir contigo y que mi madre me repita la misma canción: “No, si a mí no me parece mal que os acostéis, que yo no soy una antigua. Además, sois novios formales y tú ya eres mayorcita. Pero preferiría que os acostarais con papeles. Que os casarais o que os arrejuntarais, que dicen que si os empadronáis los dos en el mismo domicilio, eso ya vale como casorio.”
-Pues nos arrejuntamos, como dice tu madre. Haces la maleta mañana y te instalas en mi casa.
-¿Pero tú te crees que esas cosas se pueden decidir así?
-Pues, ¿cómo?
-Te vienes el domingo a comer a casa y te explicas delante de mis padres. Y si acaso, ya después hago la maleta y me voy a tu casa. Y la semana que viene decidimos qué muebles no quiero ver más por tu piso. Ah, y todos esos libros viejos que tienes en la alcoba oliendo a moho, al trastero.
-Lo que tú digas.
    
Acaban de entrar a la sala, toman asiento en sus butacas y ahora su cabeza trabaja doblemente: de un lado intenta redactar las acotaciones para la escena que tiene delante –patio de butacas con espectadores acomodándose, escenario…- y de otro está ya avanzando la que puede ser una de sus escenas más brillantes, la del domingo comiendo en casa de Eva y en la que, como prácticamente es una pedida de mano, nada podrá dejarse a la improvisación: la iluminación, la gesticulación, la dicción, la distribución de los personajes, que ojalá su hermano esté con la resaca y no abra la boca… Hasta que Eva le coge de la mano y le dice:
-¿Te ha quedado claro lo del domingo? Porque si no, al salir de aquí, me llevas a casa y…
Se apaga la luz mientras él dice a todo que sí. Cesan los murmullos. El escenario y el patio de butacas están en la oscuridad. Se enciende de repente un foco en el centro de la parte anterior del escenario iluminando una figura femenina con atuendo de monja. Y ese personaje se dirige a los espectadores:
-La única diferencia entre nosotros, actores, y vosotros, espectadores, es que vosotros habéis pagado por venir y nosotros cobraremos porque habéis venido. Por lo demás, nosotros somos actores de una obra que hemos escrito nosotros mismos mientras vosotros lo sois también de ese gran teatro del mundo que habrá escrito Dios o quién sabe.
La monja se vuelve y camina en dirección al fondo al tiempo que se van encendiendo focos hasta dejar visible todo el escenario. Éste representa tres filas de un patio de butacas de teatro. La monja acaba por sentarse en la única butaca vacía y da la mano al actor que está a su lado y cuyo atuendo delata que no puede ser otro que don Juan Tenorio. Por tanto, ella era doña Inés. Antonio va identificando al resto de actores sentados: el de la túnica debe de ser Bruto según el Julio César de Shakespeare; aquél, don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina; la de más allá, Celestina, tuerta como la representó Picasso; aquel andrajoso, alguno de los personajes de Esperando a Godot
Transcurren en silencio cinco minutos en los que los espectadores cuchichean identificando a los personajes que representan los actores. Después, el escenario queda unos segundos a oscuras transcurridos los cuales se encienden todos los focos pero iluminando el patio de butacas. Más silencio.
Antonio cae en lo que había dicho doña Inés: ellos, espectadores, están sentados bajo la luz representando el gran teatro del mundo mientras los actores los contemplan desde la oscuridad. Pasan los minutos… ¡Cómo no se le había ocurrido a él esa idea! Transgredir, subvertir invirtiendo la relación entre el actor y el espectador. Ahora los espectadores son actores y los actores, espectadores. Eso es, socavar el teatro desde su raíz. Sigue corriendo el tiempo y Eva le mira de reojo. La sala lleva al menos cinco minutos en silencio cuando alguien desde atrás grita:
-¡Venga, todos a la taquilla a que nos devuelvan el dinero!
Después, pitidos, abucheos… y Eva que le susurra al oído:
    -Anda, vámonos a casa, y a lo nuestro.

jpiqueras
Mensajes: 2.807
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
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  • 2 de Abril de 2012 a las 10:13
Gracias por amenizar esto un poco. Muy sutil eso de : “Ya la próxima convocatoria, si la hay, participaré plenamente.”. Me refiero a lo de “si la hay”... :o(

Confieso que hasta esta mañana no había vuelto por aquí, tal vez por haber estado un poco ocupado, entre otros menesteres, con lo del concurso quincenal de poesía. Liberado por fin de las tareas de MdC del concurso poético, regreso por estos territorios del relato breve.

Debo decir de entrada que el mogollón de relatos que hemos recibido hasta el momento han quedado, todos ellos, descalificados. Las bases del concurso lo dicen muy claro:
"El relato en cuestión, deberá tener una extensión entre 200 y 1700 palabras, y deberá ceñirse en mayor o menor medida a la temática que se establezca cada quincena para las obras." Es obvio que ninguno pasa de las cero palabras y al no tener contenido me ha resultado imposible juzgar sobre si se ciñen o no al tema teatral. Por lo tanto sólo van a poder participar los relatos que lleguen a partir de ahora y que cumplan con las bases del concurso. Bases que como es habitual estamos dispuestos a aplicar con cierta flexibilidad y basándonos más bien en el espíritu que en la forma de la letra. Es decir, guiados por una buena dosis de sentido común y conscientes de que el hacerse el quisquilloso, en los tiempos que corren, no tiene demasiado sentido.

Dicho todo esto... ¡A escribir! ¡A participar! ¡Aaaaaa jugar! Y a disfrutar, sobre todo eso, a disfrutar.


jpiqueras
Mensajes: 2.807
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
  • CITAR
  • 3 de Abril de 2012 a las 11:39
A este paso batimos el record de participación... ¿Podría inscribirse en el libro Guiness? Casi nueve días.... ¡Y cero relatos!


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