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Idelosan
Mensajes: 1.315
Fecha de ingreso: 6 de Noviembre de 2008

¡Los Ecos del Odio atacan de nuevo! En breve, EL UMBRAL DEL HORROR

15 de Febrero de 2009 a las 22:06
Queridos bubokianos, os informo de que, después de mi necesario descanso invernal, hoy retomo oficialmente el blog de la novela fantástica Ecos de Odio (la 1a parte de la cual podeis bubok.es/libro/detalles/6050/Ecos-de-Odio-I-Preludio-de-una-Odisea">descargar aquí). Os invito fervientemente a que entreis y, por supuesto, me comenteis. :)

Bubok

"En Preludio de una Odisea, asistimos al nacimiento de una accidentada aventura entre tiros y explosiones, a la ambientación de todo un nuevo mundo, a la presentación de dispares personajes, surgimiento de un misterioso antagonista, y tímido desarrollo de una siniestra trama... de la que poco se revela.

El Umbral del Horror supondrá la respuesta a muchas preguntas: sabremos los secretos del pasado de Ónix, descubriremos el origen de Moon, conoceremos los detalles de una siniestra trama maquinada desde la impunidad del poder, y nos sorprenderemos con inesperadas relaciones entre personajes, amigos y enemigos, que seguro que nunca os hubiérais imaginado."

¿Os interesa? ¡No dudeis en pasaros por el blog oficial!




rarevalo
Mensajes: 269
Fecha de ingreso: 16 de Abril de 2008
  • CITAR
  • 16 de Febrero de 2009 a las 14:06

Mucha suerte en la nueva andadura de Ecos de Odio. Pronto sabremos que secretos se esconden, aunque primero tengo que terminar la primera parte, que como ya te comenté, tuve que parar.

Ahora me he cogido Mystic Crystal: cuando lo termine, te comento.

Saludos,

http://rarevalo.es.tl

Idelosan
Mensajes: 1.315
Fecha de ingreso: 6 de Noviembre de 2008
  • CITAR
  • 18 de Febrero de 2009 a las 0:49
¡Muchas gracias por tu apoyo, Roberto!

Hoy mismo, acabo de subir el primer capítulo de la segunda parte de Ecos de Odio, el cual voy a postear aquí mismo para vuestro deleite. NO OS ECHEIS ATRÁS si no habeis leído la primera parte, pues he usado la técnica aparecida en la gran película (no recuerdo si en el libro era igual) El Padrino 2: empezar, en una secuela, contando EL PRINCIPIO de todos los hechos, volviendo al pasado, para que los lectores se informen de más detalles acerca de los hechos ocurridos en la 1a, y además puedan engancharse un poco a la historia aunque no hayan visto el principio argumental no cronológico de la misma.

CAPÍTULO 1: 25 años y 126 días atrás...

 

     La región de Kolinnvern, precioso valle y cadena montañosa al noreste de Órice, siempre mostraba bellos paisajes en su época invernal... y ese año no era una excepción. Ríos congelados, bosques tintados de blanco aguardando el despertar de multitud de bestias hibernantes, caminos cubiertos por la fina y fría escarcha... en definitiva, un invierno como otro cualquiera. Como todos los años, varios cazadores tenían por costumbre salir a la caza de los tan valorados Bignoses, o “gorilas de la nieve”, en los días de más ventisca: llegaban a pagar fortunas por casi cada una de las partes del cuerpo de la rara criatura, que al parecer sólo se dejaba ver bajo el manto blanco de una buena tormenta de nieve.

       En el monte Orkint en concreto, uno de los más bajos de la cordillera central, no solía haber prácticamente vida humana: el pueblo más cercano se encontraba a muchos kilómetros de distancia. El pequeño refugio “Escarcha Carmesí” era tal vez el único reducto humano en esos fríos parajes, y servía de formidable reposo y descanso a los intrépidos cazadores que se atrevían a peinar esas zonas, o bien de última esperanza para todos aquellos que, esperando disfrutar de un agradable día de esquí, se perdían irremediablemente por culpa de una tormenta. El refugio era una pequeña, humilde cabaña situada casi en medio de la nada, rodeada por blanco allá donde la vista alcanzase, durante casi todo el año. Construida con fuertes tipos de madera, y equipada con un enorme sistema de calefacción natural central (a modo de columna, en el interior), Escarcha Carmesí era toda una fortaleza contra el gélido viento. Por dentro, alrededor de la gran estufa habían varias mesas y sillas, una barra, servicios, y una decena de camas, separadas entre sí por finas cortinas de un claro color acre, que no desentonaba para nada con la coloración otoñal que predominaba en la acogedora estancia. Ese día en concreto, el refugio estaba muy poco frecuentado, pues acababa ya de anochecer, y durante todo el día se había sucedido por la región una tormenta de nieve increíble, casi sin precedentes, más que suficiente como para imponer respeto a cualquiera.

      La dueña de Escarcha Carmesí, una mujer regordeta de unos cincuenta años, se sorprendió al ver cómo alguien abría la puerta, con intención de entrar. Este simple hecho, ya hizo que una breve pero tremenda ventisca penetrara en la estancia, provocando un escalofrío a todos los allí presentes. Por el umbral de la puerta, atravesó un misterioso hombre, abrigado de pies a cabeza, empapado en sangre, y que llevaba una enorme carga tras él. Llamados por la curiosidad y el altruismo, los dos únicos clientes que en ese momento se encontraban en el refugio abandonaron su sitio en la barra y fueron a auxiliar a aquel hombre sin pensarlo. El primero que acudió, una muchacha pelirroja, se fijó primero en una curiosa espada bicolor que llevaba el nuevo anfitrión atada en un costado... pero sin duda lo que le asombró era la katana que éste llevaba: a la chica le interesaban bastante las armas, y estuvo un buen rato embobada, tratando de adivinar si aquella majestuosa empuñadura y vaina realmente se correspondían con una auténtica hoja de Honoru Hanko. El que vino después, un hombre barbudo de mediana edad, emitió un grito de espanto al ver de qué se trataba la enorme carga del espadachín misterioso.

   -¡¿Es esto un Bignose?! –preguntó el barbudo-

   -¡Dios mío! –La muchacha aficionada a las armas tampoco pudo ocultar su sorpresa-

   -Dejad de molestar, anda, esto ya está bien aquí. –dijo el viajero en un tono despectivo, mientras se quitaba poco a poco su abundante ropa de abrigo-

      El recién llegado, al quitarse su enorme gabardina, dejó al descubierto un misterioso paquete, completamente envuelto por una tela grisácea, que llevaba bien sujeto al pecho. Acercándose por primera vez a la barra, sin siquiera saludar, se limitó a dejar el curioso fardo frente a la señora regordeta. “Ocúpate de él; me lo encontré entre la nieve, en el bosque. No sé como puede seguir vivo”, dijo, mientras volvía de nuevo a recoger todos sus gruesos ropajes para depositarlos encima de una de las camas.

       A la señora le entró el pánico al oír las palabras de aquel inquietante hombre. Dubitativa, miró a su joven hija, que estaba junto a ella detrás de la barra, y ésta se encogió de hombros. Finalmente la mujer le echó valor y destapó aquello que se ocultaba en aquel bulto. Las telas no estaban demasiado frías al tacto de su mano, pero lo que había dentro sí: madre e hija, al ver el contenido de aquel fardo, se quedaron petrificadas.

   -¡Es un bebé! –dijo al fin la hija de la dueña-

   -Dios mío, parece que aún respira... ¡Pero está congelado! –la mujer no daba crédito a sus ojos- Y parece que es...

   -¡Es un maldito brujo! –dijo la chica aficionada a las armas, con furia, una vez se fijó en lo que ocurría en la barra-

   -¡Por todos los dioses! –comentó el hombre barbudo, que hasta oír a la muchacha aún estaba absorto mirando el Bignose- ¡Yo no quiero saber nada de esto! ¡Nada! Yo no he estado aquí, no me habéis visto...

      Seguidamente el hombre temeroso se fue sin más explicaciones a tumbarse en el interior de una de las camas del refugio –la más lejana de la barra, justo al lado de la salida-, y corrió la cortina. El hombre misterioso, por otra parte, observaba atento las reacciones de la dueña y su hija.

   -¡Madre, hemos de ayudarle, fíjate! Aún respira...

   -¡¿Qué demonios estás diciendo?! Hemos de aniquilar a ese mocoso aquí y ahora. –la muchacha aficionada a las armas parecía muy furiosa-

   -Pero... pero si es sólo una criatura... –la angustia de la mujer mayor iba en aumento-

   -Madre, no le hagas caso a esta zorra, ¡¿Cómo vamos a matar a un niño recién nacido?!

   -¡¿Qué me has llamado, niñata estúpida?! –la pelirroja se encaró con la hija de la dueña, con la barra de por medio-

   -¡Ya está bien, jovencitas! Este es mi refugio, y no toleraré que os peleéis entre vosotras por tomar una decisión que es solamente mía. –la mujer pareció haber tomado una fuerte determinación- Voy a bañar a este pobre niño en agua caliente, debe haber cogido una hipotermia.

      La mujer atravesó una pequeña puerta tras la barra, con el pequeño bebé escamoso en brazos. Se hizo el silencio en la estancia, y la tensión se palpaba en el ambiente. Para calmar un poco ese incómodo escenario, la hija de la tabernera preguntó al nuevo huésped:

   -¿Dónde encontró exactamente este niño, señor?

   -Buena pregunta. –dijo el hombre misterioso- Se podría decir que no tengo mucha idea de dónde exactamente encontré a ese pequeño engendro... me topé con él mientras perseguía esta alimaña –señaló al Bignose- por un muy poco denso bosque de abetos glaciales, pero no le presté mucha atención, ya que la tormenta era fuerte y cegaba la vista, y los malditos árboles, altísimos y todos iguales, no contribuyen para nada a la orientación.

      El forastero interrumpió su conversación, se acercó a la barra y se sentó en la parte derecha de ésta, donde antes estuvo el barbudo. La mujer aficionada a las armas, que todavía seguía erguida frente a la posición de la hija de la tabernera, a la izquierda del hombre misterioso, imitó su gesto y se relajó.

   -Ponme una cerveza bien caliente, anda. No voy a soltar tamaño rollo con la garganta seca.

      La muchacha llevó a cabo su papel de camarera, y obedeció al cliente, sirviéndole una enorme jarra de cerveza tibia.

   -Hm, esto no es muy caliente que digamos... –el forastero miró a la chica con reproche- bueno, da igual, sigo. Tal como decía, vi al crío de pasada antes de cogerlo. Tú te preguntarás... ¿Cómo demonios pude verlo tan fácilmente, si lo que buscaba era una enorme bestia? Pues bien, ahí está lo extraño del tema. El niño no estaba solo... tenía esto –se saco la curiosa espada bicolor que llevaba encima, para posteriormente volver a guardarla-, justo a su lado, clavado de forma totalmente vertical en el suelo.

   -¿En serio? –dijo extrañada, la mujer aficionada a las armas- ¿Qué demonios podría estar haciendo ahí una espada y un brujo recién nacido?

   -A mi, francamente me importa poco, aunque no puedo negar mi confusión. Nada más me hice con el Bignose, intenté volver sobre mis pasos, y cuando al fin logré hallar el camino allí estaba aún aquel crío, medio enterrado en la nieve y al lado de esta arma tan ridícula. No sabía muy bien qué hacer, pero ante la duda he preferido coger ambas cosas, hasta que finalmente he podido llegar aquí.

   -¿Qué vamos a hacer con...? –la pegunta de la hija de la tabernera fue interrumpida por la súbita entrada de su madre, desde detrás suyo, que portaba el bebé en brazos-

   -Increíble. –dijo la mujer- Totalmente increíble. El bebé está en pleno estado de salud, ha resistido por completo las bajas temperaturas... –atónitos, todos los espectadores de la escena se fijaron en la criatura, que ahora su portadora levantaba en alto- no parece un niño muy activo, pero sin duda el bañarlo en agua caliente no ha sido necesario para nada, cualquiera diría que es un niño de sangre fría.

   -¡Una razón más para matar a esa alimaña! –dijo la chica aficionada a las armas- Tráemela, será rápido e indoloro. –la excitada muchacha se sacó un cuchillo que llevaba guardado en el pantalón.

   -¡Ni se te ocurra! –dijo la posadera, enfurecida- Este niño se quedará...

   -Este niño se quedará conmigo. –interrumpió el hombre misterioso, firme y decidido-. Anda, tráemelo.

       Apurando el último trago de su jarra, finalmente se levantó y se situó frente a la barra, con los brazos tenidos hacia la mujer.

   -Pero... –la mujer estaba dudosa. Desconfiaba en extremo de aquel siniestro personaje, pero al mismo tiempo le temía muchísimo-, ¿acaso sabrá usted cuidarle?

   -Si lo cuido o no, es cosa mía. –dijo el forastero- Venga, vieja zorra, ¡dame lo que es mío o tendré que arrebatártelo!

       Tras la fuerte amenaza del hombre misterioso, la sala quedó en silencio unos segundos, ante la atónita mirada de todos los que allí estaban –incluido el cobarde hombre barbudo, a través de un pequeño y oportuno agujero en las cortinas de su cama-. El miedo empezó a apoderarse de la dueña del refugio, que acabó dándole aquel pobre pequeño en contra de su voluntad.

       Triunfal, la amenazadora figura se alejó de la barra y envolvió bien de nuevo al bebé en las telas de antes, se lo volvió a colocar sujeto a la cintura, se vistió de nuevo con todos sus ropajes, y se dispuso a coger al Bignose en la entrada de la sala cuando, de repente, la chica aficionada a las armas fue hacia su posición y le plantó cara.

   -Dame ese maldito brujo. –dijo la chica, intentando sonar amenazante, pero sin poder ocultar el miedo en sus palabras-

   -Este maldito brujo es mío, payasa. –al forastero le divirtió la visión de aquella muchacha a medio metro de distancia, empuñando con inseguridad su patético cuchillo. Piérdete.

   -No. –la muchacha, armándose de valor y sin darle importancia al hecho de que su interlocutor le hubiera dado la espalda, avanzó aún más hacia él para impedirle que abriera la puerta- No voy a quedarme de b...

       Para el cobarde hombre que miraba a través de un agujero en su cortina, lo siguiente fue cerrar el ojo súbitamente, confuso y extrañado por el repentino líquido que le invadió la pupila. Cuando se aclaró un poco la vista de nuevo, incrédulo, observó lo que parecía ser un oscuro reguero vertical, plasmado grotescamente desde el otro lado de la fina tela que lo separaba de la cercana escena exterior. No le hizo falta pensar mucho para hacerse una idea del origen de aquel líquido, y no pudo evitar proferir un grito desgarrador. 

   -Vaya... lo sabía... era una... auténtica katana de... Honoru... Hanko...

       Seguidamente, el cuerpo de la chica perdió el equilibrio y se desplomó en el suelo, partiéndose su cadáver en dos mitades por la cintura. Un corte limpio, del que no empezó a manar abundante sangre hasta que estuvieron los restos mutilados de la víctima tendidos sobre la cálida madera del refugio. Mientras el hombre cobarde gritaba y las dos mujeres tras la barra estaban paralizadas del shock, el forastero limpió cuidadosamente la hoja de su katana con la manga de su abrigo, y empezó a emitir un discurso a viva voz.

   -Escuchadme bien, mis queridos compañeros de refugio. Yo nunca he estado aquí, ¿lo captáis? Esta pobre infeliz tampoco, y puede que muriera víctima de la fuerte tormenta que azota esas tierras. Pero supongo que eso ya es asunto vuestro. –el forastero miró a ambas mujeres tras la barra, sonriendo jocosamente- Básicamente, lo que quiero deciros es, que si por alguna de ésas me entero de que los hechos ocurridos aquí hoy han sido reportados a las autoridades, no sólo estad seguros de que nunca podrán encontrarme, sino de que yo os encontraré. Os encontraré a vosotros y a vuestras familias y los haré pedacitos, tan pequeños que ni los gusanos podrán comérselos. ¿Entendido?

      El asesino miró fijamente a madre e hija, tras la barra. Cuando las vio afirmar a ambas con la cabeza, cortó por la mitad la cortina que lo separaba del hombre barbudo, y le incitó a hacer lo propio. Una vez aquel amenazador hombre estuvo seguro de que podía irse tranquilo, se cargó su Bignose sobre la espalda con mucho esfuerzo, abrió la puerta, y se alejó por siempre de Escarcha Carmesí llevando al pequeño brujo bajo su abrigo, dejando a sus espaldas un cadáver fragmentado y multitud de litros de sangre como macabra firma personal.

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Autor: aitorzarate

   

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