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romi
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El jardín más bello

7 de Junio de 2012 a las 12:08

Bubok

El jardín más bello

 

               Era jardinero del jardín más bonito que en aquellos tiempos había en la Alhambra. Y no solo le gustaba a él labrar, podar y regar las plantas sino que cada día dedicaba mucho tiempo a imaginar el jardín más original, relajante y bello. Decía a sus compañeros:

- Tengo que encontrar el diseño más hermoso que nunca se haya imaginado.

- ¿Y para qué quieres ese diseño tan especial?

- Porque pienso que un jardín no debe ser solo plantas verdes, flores y agua. Por encima de todo, un jardín debe ser obra de arte, en la misma medida que un poema, un cuadro, un gran palacio o una pieza de música.

- No te entendemos mucho pero si tu sueño es ese, te deseamos suerte.

Y a escondidas, luego los amigos lo criticaban diciendo:

- Es un visionario y lo único que pretende es ganarse la simpatía del rey. Ya veréis como lo suyo es puro cuento, como el de otros muchos.

 

          Y en el fondo, también decían esto porque el hombre de los sueños, del jardín, con frecuencia hablaba con el rey. Y siempre que el rey le condecía audiencia, sacaban a colación y platicaban del mismo tema:

- Mire usted, majestad, que lo que yo quiero es sembrar y cultivar el mejor y más bello jardín del mundo. Usted, su familia y los palacios que en esta colina han levantado, se merecen un edén como el que sueño.

- ¿Y qué es lo que necesitas para llevar a cabo tu proyecto?

- Solo un trozo grande de tierra, acequias con abundante agua, algunas plantas ornamentales y árboles de todas las especies, formas y frutos.

- Pues las tierras que me pides y las acequias con agua, lo tienes concedido desde ahora mismo. Pero antes de llevar a cabo tu propósito, quiero que me expliques el diseño del jardín que en tu mente tienes.

- Gracias majestad, y le prometo mostrarle cuanto antes lo que me pide. Cada día perfilo un poco más los detalles del edén que le he dicho para no dejar nada al azar y que todo sea bello y con sentido.

 

          Y aquella misma tarde, el hombre se fue a las laderas del Cerro del Sol. Al este de la medina de la Alhambra y cerca de una pequeña llanura. En este lugar se sentó, frente al sol que caía por la Vega de Granada y con las cumbres de Sierra Nevada, a su izquierda. Frente a él y más cerca, también le quedaban las torres de los palacios y murallas, los jardines que cultivaba y algunos huertos. Miró despacio durante mucho tiempo mientras meditaba de qué modo podía perfilar el mejor diseño para el jardín que le había prometido al rey. Antes de caer la noche, pidió audiencia al rey y cuando estuvo junto a él, le relató la idea del oasis que ya tenía perfectamente claro en su mente. Escuchó el rey muy interesado y al final dijo:

- Pues adelante. Pero ahora quiero preguntarte: ¿Cuándo podré ver materializado tu sueño?

- Eso es lo que le iba a decir. Que a partir de ahora necesito hombres que me ayuden y medios para adquirir plantas y árboles. Y usted, aunque se lo coma la curiosidad, lo siento mucho pero no podrá ver esta hermosísima obra hasta que pasen tres años.

- ¿Y eso por qué?

- Porque las plantas necesitan echar raíces, brotar y dar flores. Usted sabes, mejor que nadie, que todo en esta vida necesita tiempo para madurar, para echar raíces y luego dar su fruto. Para los grandes proyectos, las prisas nunca son aconsejables.  

- Pues del mismo modo te concedo esto pero, pasados tres años, quiero ver por fin la fantasía que ahora me prometes. Desde ahora mismo ya estoy impaciente.

- Fíese de mí, majestad que ya verá como al final no le defraudo.

 

          Salió el hombre de los palacios y al día siguiente dio comienzo al proyecto que había soñado. Al levante de la medina, reunió una cuadrilla de hombres y se pusieron a remover tierra. Rebajaron el nivel del suelo, hicieron un gran hoyo, ancho y largo pero con escasa profundidad, trazaron acequias y siguieron trabajando a lo largo de muchos días. Casi un año y unos meses después, por todos estos sitios, sembraron muchas plantas ornamentales y árboles decorativos y de buenas frutas. Vertieron el agua de las acequias en la depresión que en el terreno habían tallado y dejaron que siguiera pasando el tiempo. Al llegar la primavera, las plantas y los árboles brotaron y el agua se remansaba clara y teñida de verdes y azules. Y al tercer año, cuando de nuevo la primavera desplegó sus alas por todos los lugares próximos a la Alhambra, el hombre volvió a pedir audiencia al rey. Se lo concedieron y en cuanto el jardinero estuvo ante su majestad, le dijo:

- Quiero mostrarle la obra que le había prometido. Subamos a lo más alto de la torre y se la enseño.

 

          La hizo caso el rey, subieron a lo más alto de la torre y cuando ya estuvieron aquí, miraron para el lado de la medina. Y, al comienzo de las laderas del Cerro del sol, el rey vio un bellísimo lago rebosante de aguas azules y verdes y rodeado de espesos jardines y mil árboles. Y asombrado el rey descubrió también que las aguas de este lago, por un lado reflejaban las cumbres de Sierra Nevada y por el otro lado, se reflejaban las torres, palacios y murallas de la Alhambra. Y en el mismo centro del gran lago, las dos imágenes reflejadas, parecían fundirse como en un abrazo misterioso. Y justo en este punto, las aguas también parecían dormirse como en una nube transparente para llevarse entre sus reflejos y flecos, las dos imágenes que el lago irradiaba. Al ver tal maravilla, el rey exclamó:

- Parece como si toda la Alhambra y las altas cumbres de Sierra Nevada, se concentraran en el centro de estas aguas para desde ahí, las dos imágenes hechas una, se fueran al corazón mismo de los sueños y del viento. ¿Has imaginado tú esto e intencionadamente así lo has construido?

Y satisfecho el hombre con las palabras del rey y la emoción que sentía, expresó:

- Sí señor. Usted y yo sabemos que la Alhambra sin Sierra Nevada, no sería la gran maravilla que por aquí cada día vemos. Y también tenemos muy claro que estos palacios, murallas, torres y jardines, pertenecen a mundo de los sueños, del paraíso que solo existe en el universo de lo eterno. De verdad ¿le gusta o no el jardín que para usted y los suyos, he diseñado?

- No solo me gusta sino que pienso que este es el vergel más bello del mundo, digno de decorar el más hermoso palacio de la tierra.

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