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romi
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El hombre violento de la Alhambra

27 de Diciembre de 2012 a las 17:32

Bubok

 

EL HOMBRE VIOLENTO DE LA ALHAMBRA

Navidad 2012

 

               Preámbulo

               Ya próximo a los días de Navidad, el maestro en la clase, dijo a los niños:

- Aunque vosotros, yo y muchas personas, hemos visto la Alhambra más de una vez, todavía nadie conoce uno de sus más extraños y bellos secretos. En estas fiestas de Navidad, un día vamos a juntarnos todos, iremos a los palacios de la Alhambra y allí, en vivo y en directo, os contaré este original secreto que, como he dicho, nadie en el mundo conoce aun.

Y enseguida uno de los niños de la clase, preguntó:

- ¿Qué día será ese, maestro?

- Justo el veintisiete de diciembre. Por la mañana temprano nos juntamos en la misma puerta de los palacios y cuando ya estemos en los recintos donde ocurrió la historia, os revelaré parte del extraño relato.

Puntual todos los niños, el día veintisiete de diciembre por la mañana, esperaban al maestro en la puerta de los palacios de la Alhambra. Cuando éste llegó, después de saludar a los alumnos, les pidió que lo siguieran y cuando estuvieron dentro de los recintos, enseguida ellos le rogaron al profesor que les contara la historia prometida. Al llegar a una gran sala, muy conocida y pisada por todas las personas que ahora visitan la Alhambra, el maestro habló y dijo:

 

               El relato

               - En aquellos tiempos, los reyes de la Alhambra, lo contrataron para que llevara los asuntos económicos de los palacios. Y en Granada y pueblos cercanos, muchos lo conocían y hasta lo llamaban con el sobrenombre de “El violento”. Era grueso, de estatura baja, con bigote y barbas y tenía una cabeza muy gorda. No solo en lo físico resultaba poco atractivo sino que su corazón estaba lleno de odio, le salía la violencia por todas partes y era muy agresivo. Por eso muchos decían de él:

- Es un hombre poco inteligente, disfruta humillando y, sobre todo, es un gran amargado lleno de complejos.

- Es lo que le suele pasar a las personas falta de inteligencia. Que para sentirse algo e infundir temor, intentan dominar a los demás con violencia, desprecio y humillando. Por eso debemos tener mucho cuidado con él. Como algún día tenga un poco de poder sobre nosotros, nos quitará a todos de en medio.

 

               Esto lo decían porque el hombre malo, sabía que muchos lo despreciaban y criticaban, cosa que lo empujaba a comportase con mayor violencia aun. Y como los reyes de la Alhambra tuvieron conocimiento de este hombre, de su agrio carácter y lo muchos enemigos que le rodeaban, dijeron:

- Es la persona indicada para meter en vereda a todos los pobres que nos deben impuestos y a los muchos rebeldes que hay en nuestro reino.

Por eso, nada más contratarlo y nombrarlo gerente de los asuntos en los palacios y parte del reino de Granada, le dieron un gran despacho en los recintos de la Alhambra. En esta sala donde ahora mismo estamos es donde se instalo el hombre violento y enseguida empezó a decir a unos y a otros:

- Todo aquel que no me obedezca y se someta sin rechistar a mis deseos, ya sabe lo que le espera.

Y para meter miedo y que escarmentaran y aprendieran los que siempre estaban criticándolo, ya el primer día ordenó apresar sus enemigos más conocidos. Encarceló a varios y a otros, directamente les quitó la vida. Esta noticia enseguida corrió como la pólvora por todos los recintos de los palacios, toda la ciudad de Granada y gran parte del reino. Muchas personas se empezaron a llenar de miedo y como sabían que los reyes lo protegían y apoyaba, entre sí comentaban:

- ¿A quién acudiremos en estas condiciones para pedir justicia?

 

               Un hombre pobre que por aquellos días trabajaba en los palacios, en una ocasión se enfrentó al hombre violento y le dijo:

- Yo haré siempre lo que usted me diga y me someteré a todas sus órdenes pero ¿puedo darle un pequeño consejo?

El hombre violento sabía que este hombre pobre estaba muy bien considerado entre todos los reyes de los palacios porque era humilde y muy inteligente. Por eso, no se atrevía a ir contra él directamente temiendo que los reyes desaprobaran su proceder y lo destituyeran del cargo. Tenía claro que a los que le habían dado poder, debía adularlos al máximo. De aquí que a la pregunta del hombre pobre, el violento a su vez también preguntara:

- ¿Qué consejo quieres darme?

- Que no deber ser usted tan cruel con las personas.

- Es que necesito que las personas me tengan miedo. Y, además, también necesito vengarme de todos los que siempre me han criticado.

- Pero señor, si usted maltrata y humilla a las personas, en este momento ganará sobre ellas porque tiene poder y los reyes lo apoyan pero si un día, por lo que sea, los que le otorgan poder prescinden de usted, se encontrará sin un solo amigo y con muchos que le odiarán por todos sitios. Su modo de comportarse no es inteligente porque oprimiendo y humillando, cada día lo odiarán más y sus enemigos crecerán.

- Tonterías y tú no te atrevas a criticar mis comportamientos porque puedo ir a por ti en cualquier momento.

 

               El hombre pobre guardó silencio y al día siguiente le pidió permiso al rey para irse de los recintos de los palacios.

- ¿Por qué quieres irte de aquí?

Le preguntó el rey.

- Tengo un huertecillo junto a las aguas del río Darro y me gustaría dedicarme a él y cuidarlo como es debido.

- Pero con esta decisión tu vida se empobrece.

- No me importa, majestad. Yo soy persona que se conforma con poca cosa.

- Pues como quieras.

Y al día siguiente, el hombre se marchó de los palacios a su huertecillo del río Darro. Se decía: “De este modo me alejo de este mal hombre violento y vengativo y de la forma más silenciosas e inteligente. Procurando no encontrarme con él para no darle pie a que vaya contra mí. Sé que ahora mismo él tiene las de ganar y por eso me atacaría en el momento que se le antoje”.

 

               Y como el hombre pobre sí era inteligente, en su corazón tenía la certeza de que un día el hombre violento perdería los apoyos de los reyes y entonces caería en la mayor de las desgracias. Sería su perdición para siempre por la cantidad de enemigos que ya tenía por todas partes. Sin embargo, al irse el hombre pobre de los palacios el violento le dijo:

- Sé que eres romántico y bastante rebelde.  Ahora te vas de estos palacios pero ten cuidado con lo que dices y haces porque puedo hacerte mucho daño.

Guardó silencio el hombre pobre porque sabía que era lo más inteligente.

 

               Al llegar a estas alturas del relato, el maestro que acompañaba a los niños por los recintos de la Alhambra, guardó silencio. Toda la clase lo rodeaba pendiente de las cosas que iban viendo y más pendiente aún de lo que el maestro les contaba. Y al quedar interrumpido el relato, varios de los niños preguntaron:

- Maestro ¿y qué pasó después de todo lo que ya nos ha contado?

- Lo mismo que hasta ahora hemos hecho, venir a estos sitios para vivir aquí casi en directo los hechos, vamos a seguir haciendo.

- ¿Vamos a ver y recorrer los sitios que aún le queda a esta historia?

- Vamos a recorrerlos y ahora mismo. Sobre el terreno os iré contando para que nunca se os olvide los hechos de este acontecimiento.

 

               Rodeado de los niños, el maestro siguió atravesando los recintos de la Alhambra. A media mañana salían por el lado del norte, recorrían los jardines y por las veredas de un empinado cerro, ascendieron. Llegaron a todo lo alto y enseguida, al frente y muy a lo lejos, vieron las brillantes nieves de las cumbres de Sierra Nevada. Más acá de estas cumbres, se veían muchos barrancos, surcados por claros ríos y valle poblados de árboles. El sol los iluminaba y por eso, antes los ojos de los niños, aparecían misteriosos y lejanos. Algunos preguntaron:

- Maestro, en aquellos tiempos, cuando ocurrió la historia que nos está contando ¿eran por aquí las cosas tal como ahora mismo las estamos viendo?

- Más o menos solo que todos estos valles y ríos, estaban llenos de pastores que compartían entre sí su tiempo y preocupaciones.

- ¿Y el río y lugar a donde se marchó el hombre pobre de la Alhambra?

- Ahora mismo lo vemos.

 

               Desde lo más alto del cerro, el maestro comenzó a bajar por las sendas de la umbría. Apartaron las ramas de madroñeras repletas de frutos rojos y maduros, cogieron bellotas de las encinas, apartaron con sus manos espesas matas de retamas y mientras bajaban por la umbría dirección al río Darro, al frente iban viendo las laderas del Sacromonte, la colina del Albaicín, la ciudad de Granada más a su derecha y extendida por la Vega, la Alhambra sobre la alta colina. Y como la visión resultaba, además de grandiosa y bella, muy misteriosa y como lejana, los niños miraban cada vez más mudos y sorprendidos. Preguntaban y preguntaban al maestro y éste, continuamente les decía: 

- En cuanto estemos junto a las aguas del río, sabréis el final de la historia del hombre violento y lo que fue del hombre pobre.

 

               Llegaron a las aguas del río y lo primero que dijo el maestro fue:

- Aquí mismo, junto a esta curva del río y frente a este charco, ocurrieron las cosas.

- ¿Qué cosas, maestro?

- Enseguida las sabréis pero antes, sobre este viejo muro de piedra, mirando al río y un poco de soslayo a la Alhambra, sentaros todos.

El muro no tendría más de medio metro de alto, las piedras estaban llenas de musgo y por el suelo, tapizaba una amplia alfombra de hojas de álamos, amarillas y ocre. El río corría sereno, la Alhambra se veía iluminada por el sol de medio día, ya casi cayendo para el lado de la tarde y el silencio entre los niños, era expectante. Todos miraban al maestro y esperaban con impaciencia que les contara lo que quedaba del relato.

 

               Y habló de nuevo el maestro y dijo:

- Justo donde vosotros estáis sentados ahora mismo, el hombre bueno de la Alhambra, construyó un pequeño refugio. Con techo de monte de estas laderas: retamas, romeros, lentiscos, jaras blancas y ramas de sauce. Y aquí se protegió él. Frente a las tierrecillas de su huerto que estaban donde yo ahora mismo piso, entre vosotros y las aguas del río. Y lo primero que hizo fue labrar estas tierras y sembrarlas con toda clase de hortalizas y árboles frutales. Luego procuró hacerse amigo de algunos pajarillos que por aquí vivían: mirlos, un par de tórtolas, tres o cuatro petirrojos y algún arrendajo. También una pareja de cernícalos que enseguida se hicieron amigos del hombre pobre. Tan amigos que todos aquellos pajarillos venían a comer en sus manos y por las noches, hasta dormían entre las ramas de su refugio de monte.

 

               Pasó un tiempo y el hombre sabio y pobre de la Alhambra, casi se olvidó del administrador violento. Sin embargo un día, un hombre del barrio del Albaicín, vino hasta este refugio, saludó al hombre pobre y enseguida le dijo:

- ¿Te has enterado de lo que le ha ocurrido al violento de la Alhambra?

- No sé nada ¿Qué ha pasado?

- Que los reyes, hartos de sus bravuconerías y descubriendo que cada día creaba más y más problemas y sumaba enemigos a los propios reyes y gobernantes del reino, lo han destituido de todos sus cargos.

- ¿Y qué más ha pasado?

- Los reyes le han dicho que lo único que ahora pueden hacer por él, es darle algún trabajo en los jardines de esos palacios. Y como ese hombre es tan soberbio, para no sentirse tan humillado, se ido de esos sitios.

- ¿A dónde se ha marchado?

- Algunos lo hemos visto por el barrio del Albaicín pero nadie quiere saber nada de él. Ha hecho tanto daño y ha sido tan cruel con tantos, que ni verlo queremos. Es un hombre malo, muy malo.

 

               Al oír esto y saber todo lo ocurrido en los recintos de la Alhambra con el hombre violento, el hombre pobre del refugio de monte ahora en este mismo lugar, se preocupó. Su amigo le preguntó:

- Tú lo conoces y él a ti también. Si viene por aquí ¿qué piensas hacer?

- Ahora mismo no lo sé pero ya se me ocurrirá algo.

Se marchó el hombre del Albaicín y el hombre pobre se quedó asustado. Al poco, se puso a labrar las tierras de su huerto y al caer la tarde, regresó a este refugio suyo y aquí se encontró sentado y justo donde vosotros estáis ahora, al hombre violento de la Alhambra. Al verlo, el hombre pobre se echó a temblar y enseguida su miedo se acrecentó cuando oyó de nuevo la voz del violento que dijo:

- Me han echado de la Alhambra y ahora, cono ni tengo casa ni amigos, no sé a dónde ir. Pedir por las calles me da vergüenza y las personas, cuando me ven, huyen de mí. ¿Tú puedes hacer algo por mí?

- Mucho no tengo yo pero en este refugio podremos vivir los dos. Y de las cosas que salga de mi huerto, también podremos comer los dos.

- Pero yo no puedo rebajarme a vivir en este mísero chozo y comer cuatro hortalizas insípidas.         

Y al oírlo hablar de este modo, con voz desgarrada y como gritando enfadado, el hombre pobre se llenó de miedo. A su mente vinieron los momentos que tiempos atrás había vivido en la Alhambra, sufriendo y aguantando los malos comportamientos de este extraño hombre violento. Y recordó que un día le dijo: “Ten cuidado con lo que dices y haces que en cualquier momento puedo ir a por ti”.

 

               Por eso, con la mayor humildad que pudo, dijo al violento:

- Ahora tengo que ir al barrio del Albaicín a cumplir con un compromiso de una familia que conozco. Me marcho en este momento y vuelvo mañana. Puedes quedarte en este refugio mío, come de lo que tengo aquí y en cuanto vuelva, nos ponemos a buscar una solución a tu problema.

Se marchó rápido el hombre pobre y cuando llegó al barrio contó a sus amigos lo que le había ocurrido y aquella noche se quedó en casa de uno de ellos. Todos le aconsejaron que no volviera a su refugio del río. Pero al día siguiente volvió acompañado de su mejor amigo. Y al llegar a este lugar, lo primero que vio fue una lumbre que aun echaba humo. Sobre las brasas, descubrió algunos trozos de pájaros asados y las plumas de los mirlos, las tórtolas, petirrojos y cernícalos estaban por aquí esturreadas. Enseguida el hombre pobre dijo:

- Ha matado a todos mis pájaros amigos y se los ha comido asados en esta lumbre. Y no solo eso sino que para hacer la lumbre, ha quemado medio refugio mío.

- ¿Pero dónde está ahora mismo?

Lo llamaron y buscaron y no apareció por ningún lado. Sí tres días más tarde, por todo el barrio del Albaicín, muchos comenzaron a decir:

- Cuentan que se lo han encontrado ahorcado en una encina, cerca de un camino y del río que baja de Sierra Nevada.

- Pues que nadie vaya por allí porque ese hombre estaba endemoniado. Ningún ser humano trata a las personas del modo en que él lo hacía.

    

               Conclusión 

               Con estas palabras el maestro dio por concluido su relato. Todos los niños sentados en el viejo muro de piedra, lo miraban y ninguno se atrevía a preguntar nada. Sí pasado un rato, una niña preguntó:

- Maestro, de esta historia ¿qué enseñanza podemos sacar nosotros?

Y el maestro respondió:

- Que quien humilla y trata con violencia a los demás, se destruye a sí mismo y destruye a todo lo que caiga en sus manos. Y, de este modo, no contribuye a que el mundo y las personas seamos cada vez mejores sino todo lo contrario. Y Dios nos ha creado y nos regala el mundo, la naturaleza y a nosotros mismos, para el gozo, la belleza y la paz. Cosas que se consiguen y al mismo tiempo engrandece y nos engrandecen, sembrando amor y tratando a todo y a todos con bondad.

 

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