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romi
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Como en un espejo

4 de Julio de 2013 a las 10:15

Bubok

COMO EN UN ESPEJO

 

               Algunas personas las conocían, solo unos pocos trataban con ellas y de su vida, sus sueños y angustias, casi nadie sabía nada. Y después de aquel día en que el cielo se las llevó, el tiempo las ha ido borrando y todos, todos, las fueron olvidando. Tanto que hoy en día, nadie sabe ya nada de ellas y menos nadie conocen cómo fueron sus últimos días ni tienen información del lugar donde en aquellos últimos momentos se refugiaron.

 

               Pero es cierto, yo doy fe de ello que, aunque ya hace muchos, muchos años que de los lugares de la Alhambra desaparecieron, siguen por aquí presentes casi tan vivas como en aquellos días finales de sus vidas. No se les ve con los ojos de la cara ni tampoco se puede hablar con ellas pero ahí, en el rincón y tierra que les pertenecía, yo las veo con frecuencia. Acurrucada una con la otra, dándose ánimo, temblando de miedo y mirando para el lado de abajo temiendo que aparezcan. Y la madre, la más valiente y hermosa de cuantas mujeres hayan pisado tierras por donde la Alhambra, abraza fuerte a su niña y le dice:

- Aunque el miedo te coma, sed valiente, respira despacio, no digas nada y deja que pase el tiempo. Quizá una vez más tengamos suerte y pasen de largo y no lleguen.

- Pero mamá, tengo tanto miedo que estoy aterrada. Ni un solo día encontramos la manera de vivir tranquilas y ser libres en este pequeño paraíso nuestro.

- Te comprendo, hija mía pero el cielo nos ayudará, dándonos las fuerzas necesarias para seguir vivas.

 

               Y la madre, con el corazón también lleno de miedo, quería explicarle y no sabía cómo hacerlo. Su pequeña casa, con un trozo de tierra donde crecían hortalizas y otras plantas, se ocultaba un poco más arriba de las torres de la Alhambra. Por donde hoy se encuentran algunos jardines y huertas dentro del recinto del Generalife. Eran de su propiedad estas tierras y vivienda pero un día, los que tenían el poder en los palacios de la Alhambra, se enfrentaron al padre y como éste se hizo fuerte, rebelándose contra lo injusto, prisionero se lo llevaron a las montañas al norte. Salió la madre en su ayuda y a ver que lo arrastraban de la manera más violenta y sin dar razones algunas, les gritó:

- ¿Pero a dónde lo lleváis y por qué de este modo?

- A partir de hoy, ya no molestará más al rey. Y tú, no sigas gritando ni preguntes más que también podemos venir a por ti en cualquier momento. En los recintos de la Alhambra, ya te tienen fichada.

 

               Y al oír esto, el corazón de la madre tembló. Se llenó de miedo y dejó de gritar, se volvió a su rincón, buscó a su niña, se abrazó a ella y desconsolada lloró y lloró. Asustada la niña, dulcemente besó a la madre y le dijo:

- Mamá, tú sed valiente que papá puede volver en cualquier momento. A lo mejor esta tarde misma. Él siempre fue bueno con nosotras y, en todo momento, nos dio lo mejor de su trabajo y de su corazón.

 

               No volvió ni aquella tarde ni al día siguiente ni al otro. Nunca más volvió ni supieron de él. La madre y la niña, sí lo esperaron impacientes y, a escondidas, a veces en su pequeña casa y en otros momentos por entre las plantas de las tierrecillas y huertos frente a la torres de la Alhambra, observaban tristes por si aparecía, temblando de miedo y, aunque lloraban, se daban ánimo y esperaban en el cielo. El cielo, se las llevó un día y poco después, las pocas personas que las conocían, las olvidaron por completo. No pasado mucho tiempo se borró su memoria y desaparecieron las tierrecillas que les habían servido de huerto y la pequeña casa donde se cobijaban. Por el lugar, levantaron algunos palacios, trazaron acequias, sembraron árboles y convirtieron las tierras en fértiles huerta. Y pasado aun más tiempo, por el lugar van y vienen muchos turistas, fotografiando todo cuanto por ahí ahora hay pero todos ajenos por completo a la madre y a la niña, escondidas por aquí en aquellos días.

 

               Yo que con frecuencia recorro estos sitios, sí intuyo que siguen por aquí vivas. Escondidas detrás de un promontorio de tierra, mirando asustadas a las personas pasar cerca de ellas y abrazándose entre sí para darse ánimo. Y al verla y observar la realidad actual, algunas veces me digo que el tiempo las guarda y las refleja como en un espejo frente a la Alhambra, a los turistas y demás personas que por aquí ahora pasan. Como si de alguna manera, emergieran desde el cielo al que se fueron y dejaran ver que son eternidad en este lugar de tierra y polvo. Y en algunos momentos, hasta me parece oír una dulce, alegre y triste canción que dice:    

 

Nos prohibieron la vida

y creyeron

que ganarían

y que nos olvidaría hasta el tiempo,

no sabían

que nos haríamos cielo

y que algún día

seríamos de la eternidad, espejo.

 

 

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