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romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008

Solo quince monedas

26 de Septiembre de 2013 a las 21:15

Bubok

SOLO QUINCE MONEDAS

 

            Llegaron a la puerta de la muralla y el padre dijo a los guardianes:

- El rey me está esperando.

Y los soldados le abrieron paso. La comitiva cruzó el arco de la gran puerta, subieron la cuestecilla, giraron a la derecha y se dirigieron a los palacios, donde el rey los esperaba.

 

               Era un bonito día de primavera, con un sol espléndido, mucha hierba por los campos, nieve todavía en Sierra Nevada y con muchos pajarillos revoloteando por los jardines y entre los árboles. Y ellos, la pequeña comitiva que se presentaba al rey con el padre al frente, venían de una batalla en la guerra entre fronteras. Junto al padre y montado en su caballo negro, estaba el hijo, todavía no sabía él para qué pero el padre sí le había dicho:

- El rey quiere verte y no me preguntes por qué ni para qué.

- Pero me gustaría saberlo.

- Quizá cuando estés frente a él, te lo diga. Yo por mi parte y ahora, quiero cumplir lo que me ha ordenado. Así que monta en tu caballo, despídete de los amigos que tengas aquí en la guerra y sígueme.

 

               Y cuando la comitiva, con el padre, el hijo y un buen grupo de soldados, llegó a los recintos de la Alhambra, todos detuvieron sus pasos ante el palacio del rey. En una ancha estancia, al aire libre y donde corrían fuentes de agua clara y crecían jardines. Ordenó el padre que todos se detuvieran, llamó al hijo, le entregó un pergamino enrollado y le dijo:

- Yo y mis soldados te esperamos aquí. Coge tú esto, preséntate ante el rey y espera que él te diga lo que tiene pensado.

Cogió el hijo, soldado fuerte, alto y recio, el pergamino, caminó despacio hacia el palacio del rey, lo dejaron entrar y, después de atravesar grandes y lujosos salones, al fondo y en un hermoso trono, vio al rey sentado. Se acercó lentamente, saludó, le alargó el pergamino, lo cogió rápido el rey, lo desenrolló y leyó: “Majestad, aquí tiene usted a mi hijo, tal como me había ordenado. Espero que por su parte, me pague lo que habíamos acordado”.

 

               Pidió enseguida el rey papel y escribió en una hoja en blanco, lo siguiente: “Bien, siervo fiel y bueno. Te agradezco que me hayas entregado a tu hijo. Ahora, llévatelo a donde dijimos y ya sabes lo que tienes que hacer con él. Con tu hijo mismo y en una pequeña bolsa de cuero, te entrego parte de las monedas que acordamos. Solo quince monedas de plata y las otras quince, te las daré cuando haya cumplido lo pastado”. Firmó el rey el pequeño escrito y, junto con una bolsa pequeña de cuero con las quince monedas dentro, se lo entregó al hijo diciendo:

- Lleva esto a tu padre y dile de mi parte, que estoy contento porque por fin tú ya estés detenido. Desde este momento, se te acabaron las rebeldías y luchas contra mí y contra mi reino.

Al oír esto, desconcertado el joven preguntó al rey:

- Quiero hablar algo y decir lo que pienso. ¿Me da permiso su majestad?

- No tienes permiso para hablar y retírate ahora mismo.

 

               Saludó el hijo al rey, dio media vuelta, caminó cruzando los salones y al llegar a donde la patrulla y el padre esperaban, entregó a éste el mensaje del rey y la bolsa con las monedas. El padre leyó el mensaje y luego abrió la bolsa y al terminar de contar las monedas, dijo:

- Pongámonos en camino y acabemos cuanto antes con todo esto.

Y la patrulla, con el hijo y el padre, montaron en sus caballos, salieron por la puerta de la muralla y tomaron por un camino que iba dirección al río Darro pero por las partes altas de la colina. En silencio y cabizbajos, caminaron durante mucho rato. Cuando ya el sol estaba un poco caído para el lado de la tarde, al llegar a unos parajes con grandes bosques y hondos barrancos, el padre dijo a los soldados:

- Seguid vosotros escoltando a mi hijo y cuando lleguéis al lugar que conocéis, ya sabéis lo que tenéis que hacer.

 

               La patrulla, obedeció al padre y al poco, se les vio avanzar por el camino hacia los bosques y barrancos, escoltando al hijo. En lo más alto del cerro, se vio la silueta del padre montado en su caballo y mirando, a veces para la Alhambra, luego para donde la patrulla se alejaba y también para las blancas nieves de Sierra Nevada. Y mientras esperaba que los soldados regresaran con la misión cumplida y ya sin el hijo, se decía: “Antes de que la tarde caiga, me presentaré otra vez al rey y le diré que sus órdenes se han cumplido. Que cumpla él también su palabra y me dé las quince monedas que faltan”.      

carlosmaza
Mensajes: 3.048
Fecha de ingreso: 16 de Noviembre de 2008
  • CITAR
  • 26 de Septiembre de 2013 a las 22:03
Caramba con ese padre. Con la historia de la niña de Compostela bien podría hacerse un cuento similar.
romi
Mensajes: 678
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
  • CITAR
  • 27 de Septiembre de 2013 a las 12:02

Clarlos, tienes razón. Ya sabes el dicho que dice: “A veces la realidad supera a la ficción”. Gracias por tu comentario y saludos.

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